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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Religión del verbo encarnado

PorAlberto Mensi

Mar 12, 2021
Religión del verbo encarnado-MarchandoReligion.es

La paz es un don precioso que debemos cuidar y preservar, que debemos tratar con gran delicadeza, que debemos considerar como un cristal muy frágil que con gran facilidad puede romperse.

Religión del verbo encarnado. Un artículo de Alberto Mensi

Pero no podemos olvidar que la paz es, en definición de San Agustín: “La paz de todas las cosas, la tranquilidad del orden; y el orden no es otra cosa que una disposición de cosas iguales y desiguales, que da a cada una su propio lugar”.

La tranquilidad del orden, o tranquilidad en el orden, es como la piedra de toque para diferenciar la verdadera paz, del simple silencio de los cañones, el silencio de los cementerios, el silencio de un campo de concentración o el silencio del Gran Hermano.

Fijémonos que al especificar el tema del orden, ya que la tranquilidad de la cual habla el águila de Hipona es una tranquilidad que se da en el orden, habla de una disposición de cosas iguales y desiguales, que da a cada una su propio lugar. Para lo cual es preciso que la inteligencia del hombre diferencie lo que es igual de lo que es desigual.

Alguno me dirá y ¿a qué viene este discursito? Vamos al tema.

El tema es que No existe una religión de los hijos de Abraham.

Pero ¿cómo? ¿No tenemos a Abraham en común cristianos, judíos y musulmanes?

Tanto como podríamos hablar de la religión adámica la de todos los hombres por descender de Adán.

Recuerdo en estos momentos el juramento que en algunas cortes le formulan como pregunta a los testigos: ¿jura decir TODA la verdad, SOLO la verdad y NADA MÁS QUE la verdad?

Y eso es importante porque reducir el argumento de la presencia de Abraham en los antecedentes de las tres religiones y pretender que por ese motivo las tres son manifestaciones diferentes de lo mismo, es una falacia, falaz de aquí a la China.

La religión católica sucesora y heredera de la comunidad fundada por el mismo Jesucristo es la religión del Verbo encarnado.

Creemos en el misterio de un Dios uno y trino, la Santísima Trinidad con lo cual ya tenemos un abismo que nos separa de musulmanes y judíos. Y no podemos silenciar esta verdad de Fe so riesgo de la condenación eterna.

Y esto no es un invento mío, porque esta mañana me levanté de mal humor y desayuné ají en vinagre, son palabras del mismo Cristo: “Quien se avergonzare de Mi y de mis palabras delante de esta raza adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando vuelva en la gloria de su Padre, escoltado por los santos Ángeles”1.

Ningún católico tiene derecho a modificar, silenciar o tergiversar la enseñanza de nuestra Fe, ninguno tiene derecho a acomodarla a gusto del mundo. No somos dueños de la Fe sino criaturas de Dios, redimidos por Cristo a quien debemos servir.

No podemos decir o dar a entender que cristianismo, judaísmo e Islam son lo mismo, sincretizado en una llamada Religión de Abraham.

El pueblo judío es un pueblo formado por Dios para que en él nazca el Mesías, la segunda persona de la Santísima Trinidad hecho hombre para la gloria de Dios y nuestra salvación. Por un misterio, parte de ese pueblo lo siguió y parte de ese pueblo lo rechazó, como enseña San Pablo: “no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no seáis sabios a vuestros ojos: el endurecimiento ha venido sobre una parte de Israel hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado; y de esta manera todo Israel será salvo”2

Los musulmanes profesan una religión cuyos primeros elementos Mahoma abrevó de rabinos judíos y monjes cristianos monofisitas, por lo que se puede considerar una como herejía cristiana, pero niegan el Misterio de la Santísima Trinidad y niegan la Divinidad de Jesucristo. Además de que en algunos de sus textos, que en gran parte se contradicen con otros, repugnan de los cristianos y el cristianismo.

Hay puntos de toque entre las tres religiones pero, las tres religiones son cosas sustancialmente distintas.

¿Pero no debo ser yo caritativo y misericordioso con judíos y musulmanes?

Por supuesto que sí, nadie dice que debemos ser soberbios y arrogantes y echarles en cara su error y menospreciarlos o despreciarlos.

Pero por caridad y misericordia no podemos silenciar la verdad, porque debemos darles a ellos la oportunidad de convertirse y salvar su alma.

Lo contrario, el callar la verdad, el acomodarla al gusto de la gente, como se pueden arreglar los condimentos de una comida, es una total falta de caridad.

Leemos que el Señor le dice al Profeta Ezequiel: “Si Yo digo al impío: “Impío tú morirás sin remedio”; y tú no hablas para apartar al impío de su mal camino, este impío por su iniquidad morirá, pero Yo demandaré su sangre de tu mano. Pero si tú apercibiste al impío para que se convierta de su camino, y si el impío no se convierte de su camino, por su iniquidad morirá; mas tú has salvado tu alma3.

Las verdades de nuestra santa Fe están expresadas en el Credo y explicadas en el Catecismo de la Iglesia Católica.

La religión católica es diferente no sólo de los judíos y de los musulmanes, sino tambien de los cristianos protestantes, porque ellos han querido modificar su contenido.

La unidad de los hombres, que seamos un solo rebaño con un solo pastor no se logrará convirtiendo el rebaño en un zoológico, sino transformando, convirtiendo a los otros animales en ovejas, para formar sí un solo rebaño.

Son sumamente preocupantes los intentos de unidades de humanidad a espaldas de Dios, o inventando un Dios inexistente que en definitiva es sólo expresión de la voluntad humana.

Porque, personalmente creo que eso va a conducir a un amontonamiento de los seres humanos con un barniz de religión en una unidad planetaria a espaldas de Dios.

Por eso vuelve a decirnos con firmeza, con entrañas de verdadera misericordia, Nuestro Señor Jesucristo: “Gloria de los hombres no recibo, sino que os conozco y sé que no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; otro vendrá en su nombre, ¡a ese lo recibiréis!”4.

Que María Santísima nos guarde en Su Corazón Inmaculado para no desfallecer en la próxima tribulación y esperar confiados el regreso de Cristo en gloria y majestad.

Alberto Mensi

1 Marcos 8,38

2 Romanos 11, 25 – 26

3 Ezequiel 33, 8 – 9

4 Juan 5, 43

Nuestra recomendación: La reforma nos deforma

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Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cinco nietos (por ahora)