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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Pedagogía imaginativa

PorGilmar Siqueira

Jun 2, 2021
Pedagogía imaginativa-MarchandoReligion.es

«La manera como imaginamos el mundo es, muchas veces, la manera como el mundo es para nosotros».

John Cuddeback.

Pedagogía imaginativa. Un artículo de Gilmar Siqueira

Empezaré – así a secas – con un ejemplo. Los irascibles saben que no se pueden fiar mucho que digamos de su imaginación; saben que basta un momento de recuerdo molesto para que la rabia regrese de un solo golpe y emponzoñe el alma. La realidad concreta desaparece y en su lugar se planta la imagen del desafecto de tal manera que el irascible puede ponerse a discutir con el “enemigo” en voz alta y con expresión desencajada por la rabia. Luego se da cuenta y siente vergüenza de lo que pasa. Mas no es suficiente: le basta un momento de distracción para que la imagen reaparezca y todo vuelva a empezar.

Hay personas que pasan así casi toda la vida. San Juan Clímaco dijo que «Un hombre irascible es un endemoniado voluntario, el cual tomado por la pasión del furor, contra su voluntad cae y se hace pedazos». Se hace pedazos. El Cura Rural de Bernanos en dado momento escribe en su diario que algunos parecen demonios y se van consumiendo por la rabia (creo que fue algo así, pero lo cito de memoria). El rabioso no destruye al enemigo, sino a sí mismo; padece de un tormento que paradójicamente vuelve a alimentar con su imaginación.

Pero no hablaré aquí del pecado capital. Tomé la irascibilidad no más como un ejemplo del epígrafe: no es difícil saber qué visión tendrá el que esté atacado por la rabia todo el tiempo. El mundo y la gente a su alrededor serán reducidos en buena medida a la rabia; todo lo que haga le dejará un mal sabor de boca porque la imagen – del agravio auténtico o figurado – no le saldrá de la cabeza.

Dije que el mundo y la gente serán reducidos. Aquí hay un importante papel de la imaginación: puede envenenar tanto la inteligencia como la voluntad cuando está podrida, o bien puede cultivarlas para el amor. Claro que también existe la transición de la imaginación corrompida a la esperanzada; y cuando pienso en ello tengo muy presente la visión de Cleto. Quiero hablar de esa transición más detenidamente.

Empiezo por corregirme o cuando menos poner en tela de juicio la palabra transición. Quizás la idea sugiera un cambio total – aunque sucedido gradualmente – en la manera como alguien imagina y ve al mundo. Creo que sí puede haber el cambio gradual – por eso hablo de transición – pero no creo que el cambio será total; por lo menos no se completará en esta vida.

Demasiadas abstracciones, ya lo sé. Regresemos a lo concreto, a la rabia. Además de los consejos que da San Juan Clímaco en el octavo escalón de la Santa Escala, me gustaría hacer hincapié en el elemento imaginativo que alimenta esa pasión en los irascibles: se ponen a imaginar el enemigo y el agravio sufrido, o sea, hacen con que la herida esté siempre en carne viva a causa de la imagen constantemente presente. Podéis pensar en muchos otros ejemplos, más o menos extremos: los obsesionados con el fracaso, los que no creen en el matrimonio o los que tienen el vicio de la pornografía. La imaginación de esas personas está podrida por una imagen distorsionada de la realidad; si todo lo que imaginan es la fealdad de sus vicios, su voluntad será floja al combatirlos y no habrá hueco para la esperanza porque, y aquí vuelvo al inicio del raciocinio, no podrán imaginar algo mejor.

Menudo lío he entretejido en mi “regreso a lo concreto”. Recurriré a Josef Pieper: «Los que no son capaces de ver la realidad con sus propios ojos son también incapaces de escuchar correctamente». Los que miran la realidad desde la rabia, de la desilusión o de lo que sea no la ven. La imaginan – y lo hacen muy mal. Palabras de consejo – aunque verdaderas – serán para ellos un nuevo tormento, una ocasión de tristeza; y como fides ex auditu, ya os daréis cuenta de lo demás.

Aquí viene lo de la transición. Contra imágenes feas el remedio es abrirse a las hermosas. La imaginación – la ilusión – de una nueva vida posible iluminará la inteligencia y estimulará la voluntad. La visión de una mansedumbre conquistada a palos (contra su propia rabia, claro) por el virtuoso se imprimirá en la imaginación del irascible. Primero por su novedad y verosimilitud: este venció la rabia; luego por la contingencia: es posible vencer la rabia; y por fin: yo también podría vencer la rabia.

Pero, a modo de la reina Mary Stuart, tal fin no es más que el inicio: desde el momento en que se imagina algo como realizable, la inteligencia y la voluntad serán robustecidas en su búsqueda. Sin embargo, flaquearán muchas veces. Es curioso como la tentación que ocasiona la caída puede venir de las viejas imaginaciones feas que serán sobrepuestas a las nuevas, a las ilusiones. Habrá siempre una lucha entre ellas porque mucho me temo que las imaginaciones – todas ellas – sean imborrables. Por eso dije que el cambio no será total en esta vida.

Para amar – querer – hay que conocer; y para conocer hay que ver e imaginar. La transición que comento tiene que entrar por los ojos e hincarse en la imaginación a fin de que pueda fecundar la inteligencia y la voluntad. Exactamente así es cómo entran también las malas imágenes; entonces es menester repetir el suceso con las buenas. En resumidas cuentas, la imaginación tiene que ser educada.

Gilmar Siqueira

En el siguiente enlace tienen el libro completo de Gilmar Siqueira disponible para su descarga, por gentileza del escritor: Diario de un dandy

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Gilmar Siqueira

Feo, católico y sentimental