Una exploración de la música de Arvo Pärt-MR

Una exploración de la música de Arvo Pärt

Arvo Pärt, devoto ortodoxo ruso, exiliado de la Rusia comunista en los años 1970, compone música que es un excepcional diálogo entre la esperanza sobrenatural y la total oscuridad y fealdad de la postmodernidad. Muchas de sus composiciones representan una mezcla única de tradición y novedad, pero están enteramente empapadas de una profunda devoción religiosa y de sensibilidad cristiana.

Todo católico interesado en el renacimiento de las artes y en el tema de su lugar y de su expresión frente a la modernidad, debiera descubrir a Arvo Pärt, quizá el más famoso compositor contemporáneo de música “clásica”, incluso en el mundo profano de las artes.

Nacido en la Estonia central en 1935, la educación y experimentación musical de Pärt comenzaron cuando su edad era aún de un dígito. Asistió luego al Conservatorio de Música de Estonia, en Tallinn, donde se graduó en 1963. En sus días de estudiante y durante los años 1960, Pärt trabajó como un sólido compositor para la radio pública, al mismo tiempo que escribía música para films y para el teatro.

Pero el régimen soviético que imperaba en Estonia en aquella época practicaba una estricta censura de la música moderna. Se esperaba no sólo que se eliminara los temas religiosos de las composiciones, sino que los compositores siguieran al pie de la letra el estilo bombástico y neo-clásico que los soviéticos creían que calzaba con su filosofía. Las innovaciones modernas, como el atonalismo, eran mal vistas, como subversivas de la autoridad comunista, debido a que cuestionaban el orden establecido y apuntaban hacia temas existenciales y trascendentales incompatibles con el materialismo comunista. Las innovaciones de otros compositores modernos de más allá de la cortina de hierro atraían también a los artistas de la URSS… pero ¿qué iba a pasar si se desilusionaban del régimen soviético? La barrera con el resto del mundo era, con todo, más tenue en Estonia, ubicada en los bordes del imperio rojo.

En 1968 Pärt compuso su “Credo”, la primera de sus piezas explícitamente religiosas, que lo condujo a ser censurado, aunque no oficialmente, en las salas de concierto comunistas. Pärt cayó entonces en una crisis personal y de creatividad que se conoce como su “gran silencio”. Pärt no compuso casi nada durante casi una década. A mitad de su crisis de “silencio”, Pärt se convirtió del luteranismo a la ortodoxia rusa.

Pärt se sumergió a continuación en el estudio del canto gregoriano, de la polifonía y de otras formas de música antigua. Como resultado de su silencio, de su conversión y del contacto con estas otras formas de música, Pärt se inventó una nueva voz, creando un nuevo estilo y una nueva técnica de composición, conocida como tintinnabuli. Finalmente Pärt emigró a Alemania, donde se sintió más libre para componer basándose en su vida de fe, y volvió a Estonia sólo con la caída de la Unión Soviética.

Tintinnabuli es un método de composición a dos o más voces, basado en una escala octatónica, en que una de las voces se mueve en terceras y cuartas y las otras lo hacen gradualmente (desde una nota a la siguiente nota adyacente). El nombre deriva de la descripción que Pärt hace de esta música como “de campanas”. La composición en que Pärt “descubrió” este nuevo estilo es una de sus más famosas: “Für Alina”, una sencilla y lírica pieza para piano.

Gran parte de la música de Pärt puede ser llamada “minimalista”, pero en él no tiene la connotación nihilista o anti-belleza que puede tener en otros compositores modernos. Aunque a menudo usa las disonancias, ellas surgen en diferentes contextos y por motivos diferentes de los compositores atonales. Prácticamente toda la música de Pärt es profundamente cristiana, y se inspira en una multitud de tradiciones musicales cristianas, poniendo en música textos litúrgicos tradicionales en griego, eslavo eclesiástico, latín o en lenguas vernáculas como alemán e inglés. Inspirándose en las tradiciones litúrgicas tanto latinas como bizantinas, Pärt compone a veces Misas con las partes de la Misa occidental, y otras veces compone en un estilo pseudo-bizantino que recuerda a Rachmaninoff.

El “De profundis” de Arvo Pärt fue escrito en 1980. Se trata de un ejemplo misterioso y emocionante de que lo yo llamaría composiciones de “luminosa oscuridad”. Esta pieza está compuesta para cuatro voces masculinas, órgano y percusión. Las notas profundas, como gruñidos, del órgano, subrayan el trabajoso tema que se eleva con las voces masculinas. Una y otra vez las notas suben y bajan, paso a paso, a medida que el alma angustiada y en la oscuridad trata de formular una plegaria. Personalmente descubrí esta pieza en un momento de intensa confusión y oscuridad en mi vida, y me interpretó instantáneamente. Creo que su juego de luz y oscuridad es sólo inteligible para quienes, como Pärt, han experimentado el exilio y la angustia en su búsqueda de Dios.

Similar en muchas formas al “De profundis” es el “Cantus in Memoriam Benjamin Britten”, pieza enteramente instrumental, que busca también extraer belleza de la disonancia. Esta pieza es un corazón sangriento que se desborda, y es bella a pesar de la angustia. La disonancia y “fealdad” en Pärt son encarnacionales; son el horror de la Pasión que termina en la consonancia de la Resurrección (o, al menos, con la paz del sepulcro), no en el horror de la desesperación.

Otras dos piezas muy populares de Pärt son “Las bienaventuranzas” y el “Magnificat”. La primera tiene texto en inglés y está compuesta para coro y órgano. Las cuerdas, sedosas, tranquilas, con suaves disonancias, abren una vista hacia el consuelo. Como el “De profundis”, está construída en un estilo repetitivo con las palabras de cada bienaventuranza, liberándose de este patrón, repentinamente, cuando Nuestro Señor habla de ser perseguidos por causa de su Nombre. Llega finalmente a un clímax con el “Amen”, antes de que el órgano se entregue libremente a una cascada de arpegios.

El “Magnificat” es una suave pieza coral, que se inspira evidentemente en la tradición del canto gregoriano, alternando voces masculinas y femeninas en frases análogas al tono de salmodia. El poder de la sencillez queda plenamente evidenciado en los acordes simples pero impresionantes, a medida que magistralmente va construyendo un estrato sobre el anterior, tocando lo alto en frases como “Su misericordia se extiende de generación en generación” o “acogió a Israel su siervo”. El uso de disonancias y de frases discordantes no hace más que realzar poderosamente la armonía.

Arvo Pärt es un compositor que merece que se le dedique tiempo, aunque al principio no se entienda lo que está tratando de alcanzar. Su música es una luz de esperanza en la noche de la postmodernidad. Su generalizada popularidad en las salas de concierto en el mundo entero es un testimonio del trascendente poder de su música, que es al mismo tiempo auténticamente moderna e intemporal. El modo cómo maneja los textos claramente religiosos revela su compromiso con la expansión del Evangelio de un modo tranquilo, suave, mediante el irresistible vehículo de la belleza. Debido a que sabe de fealdad y de belleza, Pärt puede iluminar nuestra oscuridad, transformando la negrura con una luminosidad misteriosamente oscura.

Julian Kwasniewski

[Nota del traductor: una composición impresionante de Pärt es su “Pasión según San Juan”, que recomiendo encarecidamente].


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Julian Kwasniewski es músico especializado en laúd renacentista y música vocal, artista y diseñador gráfico, además de consultor de marketing para varias empresas católicas. Sus escritos han aparecido en National Catholic Register , Latin Mass Magazine , OnePeterFive y New Liturgical Movement . Puedes encontrar algunas de sus obras de arte en Etsy .