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Sociedad Misionera de Cristo Rey. Entrevista al Padre Javier Andrés Ferrer mCR

Sociedad Misionera de Cristo Rey. Entrevista al Padre Javier Andrés Ferrer mCR-MarchandoReligion.es

Hoy, nuestra compañera Gabriela de Iglesia Misionera, nos presenta el proyecto «Sociedad misionera de Cristo Rey» y para ello nos trae esta entrevista de la mano del Padre Javier

Sociedad Misionera de Cristo Rey. Entrevista de Gabriela Gorkin al Padre Javier Andrés Ferrer mCR

Buenas noches nos dé Dios Padre Javier. Luego de rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria, me dispongo a comenzar ésta entrevista, muy agradecida al Padre José María Serra que me la posibilitó y a ud que ha sido tan amable, esperando que se encuentre muy bien.

La figura del Padre Alba S.I. (si seguís el enlace vais a poder todos conocer esta alma gigante) siempre me atrajo mucho y leyendo un poquito más ahora, veo ¡Cuán prolífica fue su vida! Vosotros fuisteis formados en el corazón del Padre Alba ya como misioneros, es que recuerdo una vez que recibí una plática sobre san Francisco de Sales, donde explicaba eso, digamos que el molde principal es Nuestro Señor, pero luego, seguidamente el Fundador, es apasionante. Diría como san José educó al Niño Dios, los Fundadores educan a sus hijos…si sus hijos afirman su Fiat

1- Dígame una cosa ¿Qué siente UD al ser llamado a la Sociedad Misionera de Cristo Rey? ¿No es de alguna manera dos llamadas en una desde el principio? ¿Al sacerdocio y a las Misiones?

-El 13 de mayo de 2007, en Aparecida (Brasil) se reunió la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe para profundizar sobre el tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida” (Jn 14, 6).En su discurso inaugural, el Papa Benedicto XVI nos recordaba que “La Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo…. Todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión:

Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16, 15)”.

El llamado a ser misionero está ínsito en la semilla del bautismo. Pero resulta obvio que, una vez que el Señor llama a ”estar con Él y ser enviados a predicar” (Cfr. Mc 3, 14), sería muy mala cosa defenderse de esa labor. Ser sacerdote implica ser misionero.

Hace tiempo escuché a una religiosa que decía lo siguiente:

Cuando vamos a tierra de misión no vamos a hacer cosas, vamos para evangelizar. Tenemos que convencernos de que la persona que va a tierra de misión tiene que llevar a Dios, tiene que evangelizar, ya sea por la sanidad, la enseñanza, por el servicio… no importa cómo pero tenemos que hablar de Cristo y llevar la salvación que Él nos da”.

Esto es esencial. Me uno enteramente a esta afirmación. Como señala el Decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II, el fin propio de la actividad misional “es la evangelización e implantación de la Iglesia en los pueblos o grupos en que todavía no ha arraigado. De suerte que de la semilla de la palabra de Dios crezcan las Iglesias autóctonas particulares en todo el mundo suficientemente organizadas y dotadas de energías propias y de madurez, las cuales, provistas convenientemente de su propia Jerarquía unida al pueblo fiel y de medios connaturales al pleno desarrollo de la vida cristiana, aporte su cooperación al bien de toda la Iglesia.

El principal medio para lograr este objetivo es la predicación del Evangelio de Jesucristo. Por medio de esta predicación, los hombres nos iremos acercando a Jesucristo en sus Sacramentos para poder tener la misma vida de Cristo en nosotros y así ser miembros vivos de su Cuerpo Místico.

Mi llamado a la vocación sacerdotal viene desde muy joven, aunque al principio no me seducía nada la idea. Decía, para mí, que ser sacerdote era muy aburrido. Pero ya veo que la ignorancia es atrevida. No me aburro, ni tengo tiempo. Más bien faltan obreros para la mies que es abundantísima.

Hay tantas almas que se pierden porque no hay quien les oriente por el camino de la salvación. Y luego hay otras muchas que necesitan orientación para seguir y alcanzar la meta que Dios les ha señalado.

2-Nos podría explicar ¿Qué es ser sacerdote misionero? o ¿Qué es dentro de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, las misiones?

Creo que la respuesta anterior casi responde a esta. Pero añadimos, por si no se entendió bien, las palabras del Papa Francisco en 2015. En aquella ocasión el Pontífice explicó que el misionero es aquel “que se hace servidor del Dios-que-habla, que quiere hablar a los hombres y a las mujeres de hoy, como Jesús hablaba a los de su tiempo, y conquistaba el corazón de la gente que venía a escucharlo desde cualquier parte y quedaba maravillada escuchando sus enseñanzas”.

3- Para acercar y atraer a los lectores a la realidad de las misiones ¿Nos podría contar cómo es el día a día en la Misión?

Al inicio, cuando recién hemos llegado a estas benditas tierras, la “misión” nuestra se parecía más a la de un aventurero. Cada día sucedía algo nuevo, aparte de la emoción que tenía llegar de nuevo a unas nuevas tierras, vivir a 2.800 msnm (metros sobre el nivel del mar)y tener que pasar casi los 5000 para ir de una parroquia a otra. Carreteras sin asfaltar, sin letreros ni puestos de gasolina (uno llegaba a los sitios por intuición), y todo por hacer: ni bautizos, ni catequesis, ni cuidado de las Iglesias, raramente había sacristanes, la gente sin casarse… en fin, todo por hacer. De repente, te encontrabas la carretera cortada y tenías que poner unas tablas para pasar, eso si encontrabas tablas que resistieran el peso del 4×4… Como le digo: todo por hacer y casi casi una verdadera aventura.

Recuerdo una de las más angustiosas para mí. Era un paso por alta montaña –unos 3800msnm-. Llegó la lluvia y, al pasar por un pedazo de carretera, el lodo que se había formado en cuestión de minutos atrapaba literalmente el todoterreno, de tal forma que me hundía en él. Cuando salí del carro, media pierna se me perdió en el barro. Era como una ventosa. Era imposible salir de ahí. No obstante, lo intenté por casi media hora hasta que caí rendido. Pensé: dejó aquí el carro y regreso a la carretera principal –siempre estoy hablando de camino de tierra, pero como por esa carretera principal pasaban carros que iban a una mina, podría encontrar auxilio-. A sólo unos metros de donde me encontraba, había como un torrente que se había llenado de agua merced al aguacero que estaba cayendo. Y para lograr ir a la carretera principal, empleé unas dos horas caminando, ya avanzada la noche. Se pueden imaginar cómo me encontraba: aterido de frío, mojado por todas partes y falto de fuerzas. Pero, gracias a Dios, un carro pasó por ahí y me llevaron a la mina donde pude descansar. Al día siguiente, con la salida del sol, se secó el lodo-ventosa y pudimos rescatar mi camioneta. Seguí mi destino como si nada: unas cuatro horas más de trocha (así llamamos a la carretera de montaña sin asfaltar), para, después de algunas horas de catequesis sin mucha afluencia de feligreses, regresar a mi Parroquia por otra trocha: unas 7 horas. Una aventura detrás de otra.

En estos momentos, la cosa ha cambiado mucho. Prácticamente realizo las tareas propias de un párroco. Mucho despacho, mucho confesonario, las Misas, impartir catequesis a los niños, a los jóvenes, a los matrimonios, asistencia a enfermos y moribundos, direcciones espirituales a seglares y religiosas,… en fin: todas esas labores propias de un párroco. Por darle algunos datos, le podría indicar que, en el año 2021, hemos tenido un aproximado de 90 bautismos, unas 14 bodas, 75 confirmaciones y unas 80 primeras comuniones.

Claro, ésto es el fruto de la asombrosa narración del Padre Javier mCR, en los principios de la Misión ¡Gloria a Dios!

Sociedad Misionera de Cristo Rey. Entrevista al Padre Javier Andrés Ferrer mCR

4- En la vida de ningún sacerdote puede anidar el hacer el apostolado como una rutina, pero me imagino que menos aún en un sacerdote en la Misión ¿Es así? ¿Cuánto tiempo le dedicáis a la Oración y a la Adoración?

En su libro «De consideratione» ya advertía san Bernardo que «las muchas ocupaciones, una vida frenética, con frecuencia acaban endureciendo el corazón y haciendo sufrir el espíritu». La oración es la respiración del alma. Sería muy temerario por nuestra parte que dejáramos de lado al Dueño de la Mies por ocuparnos de la mies. Se necesita tiempo para orar y tiempo para adorar.

Nosotros, los misioneros, tenemos tantas cosas que consultar al Señor y tantas cosas que solucionar a sus pies.

Además, estar a los pies del Señor –como aquella santa mujer, María la de Betania- es escoger la mejor parte. Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de que se nos endurezca el corazón.

Empezamos la mañana orando, no sólo con las conocidas “oraciones de la mañana” y las Laudes, sino con un buen rato de oración ante el Santísimo Sacramento. Luego la Santa Misa. En el día, lectura espiritual y el rezo de la Liturgia de las Horas cuando corresponde. No podemos dejar de lado el Ángelus (o el Regina Coeli en tiempo de Pascua). Y nuestro amor a la Virgen Santísima con el rezo del Santo Rosario. Eso día a día. Los viernes tenemos, toda la parroquia, un rato de Adoración ante el Santísimo para expiar por nuestros pecados. También, con los laicos, hemos establecido tres turnos de Adoración Nocturna (dos de mujeres y uno de varones) y dos días al mes, tenemos el Santísimo expuesto todo el día. La gente va llegando espontáneamente y por turno. Nos hemos acostumbrado a hacer la “Guardia de Honor” que pidió el Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque.

¡Abrid vuestros oídos jóvenes! ¡Qué vida apasionante de entrega por las almas! ¡Responded! El Señor no se deja ganar en generosidad…

5-Particularmente veo a las Misiones como el lugar físico donde se puede palpar el crecimiento de la Iglesia, en nuevos bautizados y creo que debe de ser muy entusiasmante, ¿quizá sea lo que le motivó a ser sacerdote misionero?

Todo está por supuesto, pero hay algo que, en mi interior, nunca falta. Es como una pequeña llama que siempre está ahí.Ese fuego lo encendió en mí el Apóstol de las Misiones, san Francisco Javier.

A sus compañeros en Roma les escribía las siguientes letras, creo en enero de 1544, desde Cochín:

Muchos cristianos se dejan de hacer en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: ¡cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos! Y así como van estudiando en letras, si estudiasen en la cuenta que Dios nuestro Señor les demandará de ellas, y del talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando medios y ejercicios espirituales para conoscer y sentir dentro en sus ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: “Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que yo haga? Envíame adonde quieras; y si conviene, aun a los indios”. ¡Cuánto más consolados vivirían, y con gran esperanza de la misericordia divina a la hora de la muerte, cuando entrarían en el particular juicio, del cual ninguno puede escapar, alegando por sí: “Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí cinco más que he ganado con ellos”!

Quizá he abusado un poco del espacio por la cita tan extensa del santo, pero creo que es bastante sugerente. Y ¡créame! Resume muy bien lo que yo también siento.

Encomiendo con mucho amor ésta entrevista al Padre Alba, que desde el Cielo confío que nos ha ayudado mucho. no, Padre Javier, de abusar del espacio, nada de nada, estoy impresionada y segura del bien altísimo que hará la entrevista en las almas. Dios se lo pague y María Santísima.

Ellos le bendigan

Gracias

Unión de oraciones

Gabriela Gorkin

¡Viva Cristo Rey!

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Gabriela Gorkin Klincovich

Conversa judía que halla el sentido de su vida, recibiendo el Bautismo en la Vigilia Pascual del 2001, en intentar darle gloria a Dios, con el auxilio de su gracia, la de la Santísima Virgen María Nuestra Madre y la intercesión de Todos los Santos y ángeles del Cielo.