• Dom. Nov 28th, 2021

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Católica, Apostólica y Romana

Servire est regnare

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MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Servire est regnare. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

SERVIRE EST REGNARE

1. Relato Evangelico (Mc 9, 30-37)

Entretanto iba instruyendo a sus discípulos y les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y le darán la muerte, y después de muerto resucitará al tercer día». Ellos empero no

comprendían como podía ser esto que les decía, ni se atrevían a preguntárselo. En esto llegaron a Cafarnaúm; y, estando ya en casa, les preguntó: «¿De qué ibais tratando en el camino?» Mas ellos callaban; y es que habían tenido en el camino una disputa entre sí sobre quién de ellos era el mayor de todos.

Entonces Jesús sentándose llamó a los doce, y les dijo: «Si alguno pretende ser el primero, hágase el último de todos y el siervo de todos». Y cogiendo a un niño le puso en medio de ellos, y después de abrazarle díjoles: «Cualquiera que acogiere a uno de éstos por amor mío, a mí me acoge; y cualquiera que a mí recibiere no tanto me acoge a mí, como al que a mí me ha enviado».

2. Glosa de los Santos Padres: San Beda el Venerable (672-735)

  • El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y le darán la muerte, y después de muerto resucitará al tercer día». <<Mezcla siempre lo adverso con lo próspero, para que cuando ocurra lo primero no se acobarden los Apóstoles, estando ya preparados para el desenlace. (In Marcum 3, 39)
  • Ellos empero no comprendían como podía ser esto que les decía, ni se atrevían a preguntárselo. <<Esta ignorancia de los discípulos nacía no tanto de falta de inteligencia como de su amor al Salvador, porque no podían creer, sujetos aún a la carne e ignorando los misterios de la cruz, que hubiera de morir aquél que conocían como verdadero Dios. Y como estaban acostumbrados a oírle hablar mediante parábolas y les horrorizaba la idea de su muerte, se deleitaban creyendo que debía ser también una parábola lo que decía de la traición que habían de hacerle y de su pasión. «En esto llegaron a Cafarnaúm».>> (In Marcum 3, 39)
  • En esto llegaron a Cafarnaúm; y, estando ya en casa, les preguntó: «¿De qué ibais tratando en el camino?» Mas ellos callaban; y es que habían tenido en el camino una disputa entre sí sobre quién de ellos era el mayor de todos. <<Parece que la disputa de los Apóstoles sobre la primacía surgió de haber visto que Pedro, Santiago y Juan habían sido llevados con preferencia al monte, y que allí se les había confiado algo en secreto; y que a Pedro según refiere San Mateo (cap. 16) le habían sido prometidas las llaves del reino de los cielos. Viendo, pues, el Señor el pensamiento de sus discípulos, cuida de corregir con la humildad el deseo de gloria, enseñando con autoridad que no debe buscarse la primacía sino por el ejercicio de una sencilla humildad. Por eso sigue: y sentado llamó a los Doce y les dijo: si alguno de vosotros quiere ser el primero, sea el último de todos.>> (In Marcum 3, 39)
  • Y cogiendo a un niño le puso en medio de ellos, y después de abrazarle díjoles… <<Después de esto les presenta como ejemplo la inocencia de los niños.>> (In Marcum 3, 39)
  • «Cualquiera que acogiere a uno de éstos por amor mío, a mí me acoge; y cualquiera que a mí recibiere no tanto me acoge a mí, como al que a mí me ha enviado» <<En lo cual, o aconseja simplemente a los que quieren ser los primeros que reciban en honor suyo a los pobres de Cristo, o que sean niños en la malicia, a fin de que conserven la sencillez sin arrogancia, la caridad sin envidia, y la devoción sin ira. El abrazar al niño significa que los humildes son dignos de su abrazo y su amor. Y añade en mi nombre para que guiados por la razón adquieran en nombre de Cristo la virtud que observa el niño guiado por la naturaleza. Pero para que no se crea que al enseñar que era honrado en los niños se refería sólo a lo que acababan de ver, añade: «Y cualquiera que me acoge, no tanto me acoge a mí, como al que a mí me ha enviado», etc., queriendo ser considerado en igual grado que su Padre.>> (In Marcum 3, 39)

3. Reflexión

Jesús sube a Jerusalén porque en ella se va a cumplir el plan de Dios sobre Él. En la mente de los discípulos no cabe la idea de un Mesías que tenga que pasar por la humillación y la muerte para llegar a la gloria. Ellos discuten sobre los honores de la primacía dentro del grupo. Jesús, sentado, como Maestro, les enseña una norma de vida: la primacía en la Iglesia la lleva el servicio.

Escuchemos la pregunta que los discípulos dirigen a Jesús. Se deciden por fin a hablar. El interés que sienten por su salvación prevalece sobre la confusión que experimentan: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?1

¿Cuál es el alcance exacto de esta pregunta? Sienten ambiciones y aspiran a realizarlas. ¿Quién es el primero, y como se llega a serlo? ¿Cómo se llega a ocupar el primer lugar? O, en otras palabras: ¿Qué se debe hacer en la nueva ley para elevarse y engrandecerse?

Meditemos la respuesta de Jesús: ¡El primer lugar está reservado al más humilde! No refrena Jesús el impulso que mueve a sus discípulos; lo dirige. A su lado, es licito abrigar altas ambiciones.

Contemplemos la conmovedora escena que sigue a continuación. Quiere Jesús grabar para siempre esta doctrina en la memoria de sus discípulos. Tomando un niño por la mano, lo coloca en medio de ellos, y les dice: <<Si no os convertís y no os hacéis semejantes a estos pequeños, no entrareis en el reino de los cielos.>> He ahí vuestro modelo, dice la Sabiduría divina a los que intenta formar. He ahí lo que en mi escuela y en mi Iglesia constituye la imagen de la verdadera grandeza.

El Hijo de Dios se encarnó para herir de muerte al orgullo de este mundo, y para animarnos a que lo hiramos de muerte en nosotros. El orgullo nos cierra la puerta del Cielo; la humildad nos la abre. En la Iglesia de Cristo, el orgullo, aunque ostente corona, relega al hombre al último lugar; la humildad, por el contrario, lo eleva hasta el primero. El Salvador guarda toda la ternura de su corazón y todos los tesoros de su gracia, para lo pequeños y los humildes. Trabajemos, pues, en hacernos pequeños como un niño. Ejercitarse en disminuir ante la propia estimación y en extirpar de nosotros todo cuanto pueda alterar esta gloriosa simplicidad; consagrarse con todo el corazón a adquirir la virtud de la humildad, llegando hasta el menosprecio de nosotros mismo y de todo interés personal, he ahí, según el Evangelio de Jesucristo, la ley de la verdadera grandeza. Quien más sirve, quien mejor sirve – con mayor amor – será el primero entre los discípulos del Señor.

Finalmente, el discípulo de Jesús debe tomar a su cargo, cuidar, con especial esmero, como lo haría con Jesús, a los más débiles, a los más despreciados, como hace Jesús con el niño. Creer en Jesús es recibirlo como enviado del Padre, es recibir al Padre.

4. Oración

Señor y Dios nuestro, que en el Misterio Pascual has revelado tu fortaleza en la debilidad de la Santísima Humanidad de tu Hijo; ayúdanos, fortalecidos por los méritos de tu Hijo, a ser solícitos en el servicio a nuestros hermanos. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 Mt 18, 1

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna