• Dom. Nov 28th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Cómo el rito tradicional romano honra dignamente a los mártires fundadores de la Iglesia de Roma

rito tradicional romano

El rito tradicional romano celebra con gran devoción a San Pedro y San Pablo, otorgando un fuerte énfasis a los santos que sostienen posiciones principales en la historia de la salvación

Cómo el rito tradicional romano honra dignamente a los mártires fundadores de la Iglesia de Roma, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

El rito tradicional romano, con su inconmensurable sabiduría humana, reconocía que el 29 de junio, aunque consagra el martirio de los dos apóstoles gemelos de Roma, Pedro y Pablo, fue naturalmente dominado por la figura de Pedro, primer Papa y cabeza de los apóstoles. La Epístola (Hechos 12, 1-11) y el Evangelio (Mateo 16, 13-19) son puramente Petrinos, enfocada en la liberación de Pedro de prisión “orar sin cesar” en la parte de la Iglesia por él, y en la famosa escena de Cesárea de Filipo, cuando Cristo le confiere la primacía en Kephas o “piedra” a este impulsivo, pero leal pescador, que confiesa Su divinidad mientras tropieza poco después con su humanidad.

Por lo tanto, con caluroso afecto y en un espíritu de cortesía, el antiguo calendario presenta una liturgia separada el día siguiente, el 30 de junio, que se enfoca en San Pablo y su trabajo misionero. Esta vez la Epístola (Gálatas 1, 11-20) y el Evangelio (Mateo 10, 16-22) son Paulinos. La lectura de los Gálatas se adapta brillantemente para el día porque menciona cómo Pablo, que, aunque recibió el Evangelio directamente de Jesucristo, sin embargo, “fue a Jerusalén para ver a Pedro y se quedó con él por quince días.” El Evangelio que predicaron fue idéntico. También sabemos que Pablo en el siguiente capítulo de la misma carta (2, 11-13) nos dice cómo él reprendió a Pedro por su inconsistencia en la aplicación del Evangelio. La perícopa del Evangelio del 30 de junio es el gran pasaje sobre el envío de los discípulos como ovejas en medio de lobos; la necesidad de ser “astutos como serpientes y mansos como corderos”; la necesidad de “guardarse de los hombres”; y la profecía de que los seguidores de Cristo serán odiados, arrastrados a las cortes de los judíos y de los gentiles, y se les daría muerte. En particular el versículo “y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para los gentiles” nos hace pensar fuertemente en Pablo.

También debemos tener en cuenta que el usus antiquior presenta una Misa de Vigilia diferente para la fiesta de San Pedro y San Pablo el 28 de junio, con sus antífonas del Propio y las lecturas. Una vez más, estas se enfocan en Pedro, aunque algunos de los elementos hablan de manera más general de “Tus Apóstoles.”

Así, la tradición con da correctamente tres días, un verdadero triduo, en el cual disfrutar del esplendor de Pedro y Pablo: un día para preparar, un día para pensar principalmente en la Roca, y un día para pensar principalmente en el gran Misionero. Cuando lo miramos más de cerca, vemos cómo los Propios de todos estos tres días mezclan ambos apóstoles: predicadores del mismo Evangelio en vida, testigos del mismo Cristo en la muerte, y copartícipes de la gloria eterna. Así, el 30 de junio, a la Colecta de San Pedro se añade después la Colecta de San Pablo (y lo mismo con la Secreta y la Postcomunión). La liturgia misma, por su misma forma, nos enseña que ellos son santos muy distintos unidos en una sola confesión de la verdadera Fe. Esta unidad-en-la distinción transcurre a través de la Misa en el Oficio Divino entero. Por ejemplo, el maravilloso himno de Vísperas “Decora lux” incluye el verso:

Mundi Magister, atque caeli Janitor,

Romae parentes, arbitrique gentium,

Per ensis ille, hic per crucis victor necem,

Vitae senatum laureate possident.

“Uno Maestro del mundo, el otro portero del cielo, ambos padres de Roma y jueces del más severo tribunal llegan a la mansión eterna, después de morir el uno por la espada y el otro en la cruz.”

En la magnífica antífona del 29 de junio (con la maravillosa música de William Byrd, entre otros) se lee:

Hodie Simon Petrus ascendit crucis patibulum, alleluia. Hodie clavicularius regni gaudens migravit ad Christum. Hodie Paulus apostolus, lumen orbis terrae, inclinato capite pro Christi nomine, martyrio coronatus est, alleluia.

“En este día Simón Pedro subió al patíbulo de la cruz, aleluya. En este día el que guarda las llaves del reino partió de aquí con alegría a Cristo. En este día el Apóstol Pablo, luz del mundo entero, inclinó su cabeza por el Nombre de Cristo, fue coronado con el martirio, aleluya.”

Tal como lo mencioné la semana pasada en mi artículo sobre San Juan Bautista, en el rito tradicional romano se le otorga un fuerte énfasis a los santos que sostienen posiciones principales en la historia de la salvación, y así animan nuestra devoción a ellos. A San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo se les menciona nueve veces en el Orden de la Misa del usus antiquior, esto es, en la parte que se dice dicha cada día y que no cambia, en contraste con los Propios que se cambian. Nueve es un número sagrado que rinde homenaje a la Santísima Trinidad (3+3+3 o 3×3), recordándonos también a los nueve órdenes de ángeles en la jerarquía celestial.

El antiguo rito romano también presentaba una abundancia de octavas, entre las que había una para San Pedro y San Pablo, la que era observada con la Misa de la fiesta o los días de la feria, con conmemoraciones en las fiestas de otros santos y con una gran liturgia en el día de la octava (6 de julio). Todo esto estaba en consonancia con la observación de Dom Prosper Guéranger:

“La veneración de San Pedro y San Pablo están enraizada en la misma fundación del catolicismo. No puede debilitarse sino con gran daño para el catolicismo mismo tanto en las personas como en las almas” (El año litúrgico, quinto día en la Octava)

El Papa Pío XII, en una avalancha de reformas litúrgicas que presagiaron y suavizaron el camino a la revolución litúrgica bajo Pablo VI, despiadadamente purgó las octavas del Rito Romano, disminuyéndolas de dieciocho a solo tres (Navidad, Pascua y Pentecostés). Las octavas de San Juan Bautista y de San Pedro y San Pablo estuvieron entre las bajas. Con el propósito de una simplificación mayor, pero más radical, los reformadores litúrgicos que nos dieron el Novus Ordo removieron casi todas las menciones a Pedro y a Pablo del Orden de la Misa (solo lo conservaron en el Canon Romano si es elegido). Entonces, en cuanto a lo que se refiere al ciclo santoral, ellos hicieron que la Misa del 28 primariamente de San Ireneo, se creo una vigilia nocturna opcional para el día 28 que raramente se utiliza, y se removió la Conmemoración del San Pablo del 30 de junio, colapsando efectivamente todo el 29 de junio, el cual entonces se convirtió en una especie de liturgia que-no-es-ni-de-Pedro-ni-de-Pablo, que no es sino una mezcla confusa. No sería exagerado decir que la evidencia litúrgica de la centralidad de Pedro y Pablo fue sumariamente reducida por cerca del 95{a28caa5256ef5c99ad8018d288d4660307d817b265b2401469694a7ea8a1dee6}, irónicamente, por medio del mayor abuso del poder papal en la historia de la Iglesia. El papado simbólicamente cortó la rama en la cual estaba asentado.

La Iglesia hoy debiera “orar sin cesar” por la liberación de nuestro Pedro, del Papa presente, de la prisión de estas opiniones, actitudes y políticas mundanas. Pueda un ángel del Señor golpearlo al costado, en su corazón; que se libere de sus grilletes y lo conduzca al camino abierto de la verdad evangélica. Debiéramos rezar por nuestro Papa y por nuestros otros obispos líderes para que no sean lobos en medio de las ovejas, sino ovejas en medio de lobos; para que puedan decir y hacer lo que es correcto, incluso si ellos son odiados por ello, llevados ante las cortes y hasta ser condenados a muerte.

La belleza de nuestra observancia tradicional del 28 al 30 de junio aún puede ser saboreada por aquellos que se atreven a recuperarla. Estad entre estos cultivadores del rito apostólico romano atendiendo la Misa tradicional o, si no es posible, entonces mediante el rezo del Oficio Divino tradicional.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/how-the-traditional-roman-rite-worthily-honors-the-founding-martyrs-of-the-church-of-rome

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/