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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Querida mamá, que ninguno se pierda

PorFirma invitada

Abr 24, 2021
Querida mamá, que ninguno se pierda-MarchandoReligion.es

Nuestra compañera Gabriela tiene una petición para la Madre y va referida a ti, a mi, a los que gobiernan los países y, en definitiva, a todas las almas: que ninguno se pierda

Querida mamá, que ninguno se pierda. Un artículo de Gabriela Gorkin

Querida Mamá

Nuestros corazones sean con tu Inmaculado Corazón y nunca se aparten de él.

Santa Eulalia De Mérida Mártir,

a los 12 años,

escapándose de su casa,

fue a ponerse justo debajo del balcón del tirano

y le gritó

¡Viva Jesús!

¡Jesús es Dios verdadero!

¡Jesús es mi Esposo!

Y denunciaba el maltrato a sus hermanos.

Eres la Inmaculada Concepción

Yo te cantaba las únicas dos canciones en hebreo que recuerdo de memoria, te las canté en Sigena, en el Monasterio de las Hermanitas de Belén (que ya no están allí), no en la Iglesia ¿Te acuerdas Mamá? Fue ni bien se entra, había una gran sala y una imagen tuya, ya no recuerdo si era una Inmaculada… Ahí te canté por primera vez y dime… es que a mí me parecía que sonreías y te encantaba ¿Si? Bueno, lo recuerdo muy bien ¡Cuánto me animó a seguir el camino! ¡Madre! la verdad…fuiste mi guía ¡Si! ¡Si! Algún día tenía que decírtelo… La segunda vez que recuerdo de haberte cantado las dos canciones… fue ¡en Fátima ya! Debió ser el… ¡En Mayo! ¡Si! y los primeros días… Había ido sola, me alojé en la Hospedería de las Carmelitas… No habían pasado ni dos meses de mi bautismo, si te contara… ¡pero tú lo sabes todo! Un día recorrí el Vía Crucis y entré en aquella Iglesia tan hermosa, con una enorme Cruz y tu imagen y la de san Juan a cada lado. Cuando entré ¡no había nadie! entonces vencí la vergüenza y te canté, claro, las mismas canciones. Estaba preocupada que alguien entrase, porque no entono muy bien y porque sí, pero recuerdo como si fuera hoy ¡Otra vez me parecía verte sonreír! Me parecía que te hacía sonreír ¡Qué hermoso Mamá! De nuevo, de verdad, fuiste mi guía.

¡Qué error tan grande cometí cuando dejé que se vendiera aquella medallita de oro que mi abuelastra me regaló de niña! Decía “Que ella te guíe” y tenía una estrella ¡Oh María! Si, qué pena que dejé que se vendiese, porque la recuerdo así: “Que Ella te guíe” y la Estrella tú, Estrella de la Mañana, ruega por nosotros… Como te cantan los santos, como san Bernardo “¡Mira a la Estrella, invoca a María!”

Los que no creen en Dios María, dicen que nosotros somos tontos, retrasados, más que anticuados. Muchos de ellos tienen la conciencia ciega de tanta brea negra, capas sobre capas y ya hacen lo que Satanás les manda ¡Ellos no saben que obedecen a su Enemigo! ¡Se creen más listos que los que combatimos bajo la bandera de Cristo!

Moradas de Santa Teresa cap 2,2. Yo sé de una persona a quien quiso nuestro Señor mostrar cómo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona que le parece si lo entendiesen no sería posible ninguno pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se pueden pensar por huir de las ocasiones.

Y así le dio mucha gana que todos lo entendieran; y así os la dé a vosotras, hijas, de rogar mucho a Dios por los que están en este estado, todos hechos una oscuridad, y así son sus obras; porque así como de una fuente muy clara lo son todos los arroyicos que salen de ella, como es un alma que está en gracia, que de aquí le viene ser sus obras tan agradables a los ojos de Dios y de los hombres, porque proceden de esta fuente de vida, adonde el alma está como un árbol plantado en ella, que la frescura y fruto no tuviera si no le procediere de allí, que esto le sustenta y hace no secarse y que dé buen fruto; así el alma que por su culpa se aparta de esta fuente y se planta en otra de muy negrísima agua y de muy mal olor, todo lo que corre de ella es la misma desventura y suciedad.

Ahora por ej con lo del transhumanismo ¡quieren encontrar la fórmula de la vida eterna! Como tienen la conciencia tan ciega, toda negra, no se dan cuenta de que vino tu Hijo Jesucristo y por medio de su gloriosa Pasión, Muerte y Resurrección nos abrió el Cielo y la Vida Eterna toda feliz, para siempre, siempre, siempre.

Es verdad que todos los días hay conversiones, estoy segura que no pasa ningún día sin que las haya ¡Pero qué pena me dan por ej el Presidente de España y sus Ministros! ¡No se dan cuenta de lo apasionante que es combatir bajo la bandera de tu Hijo Jesús y bajo tu Manto María, Madre mía Santísima! También todos estos masones, es que están tan extraviados, tan llenos de la felicidad fugaz y engañosa que da el poder del dinero o las sensaciones placenteras de este mundo material ¡Pero todavía mientras peregrinamos por esta vida, es tiempo de conversión, como una Gran Cuaresma!

Madre, te escribo públicamente para que se sepa que eres mi Madre, que tu Hijo cuando estaba sufriendo lo indecible por mi y por mis heridas y pecados ¡me dio a Ti como Madre! Porque a pesar de mi confianza rota miro la Estrella y te invoco ¡María! ¡María! ¡Madre de Dios y Madre Nuestra!

Por medio de estas líneas, María, Hija de Sión, te pido por ellos, por Gates, Soros, Sánchez, Iglesias y todos los que siguen más o menos sus ideologías. Te pido María, escúchame, te lo ruego, que me conviertas, para que yo pueda ofrecer muchas mortificaciones y penitencias por esas almas y se conviertan muchas, muchas.

2P 9 El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión.

Madre, a veces se me ocurre comparar la vida con un juego de ajedrez por ej, de verdad, de verdad ¡Qué insulso sería jugar al ajedrez con trampas! ¿Cómo es que no se dan cuenta los que combaten bajo la bandera de Satanás? ¡Es tan apasionante combatir día a día por conseguir la corona que no se marchita! 1Cr 9-24 24¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar. 25 Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.

Cuando rezo el Rosario y al final toca la oración Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Y me quedo pensando en qué grande es lo que te pedimos María y te digo ¡Soy hija de las promesas de Jesucristo! Porque a mi, como a muchos, un ejército de almas pequeñas y heridas (porque aunque tantas veces salte mi orgullo, me se muy pequeñita) el Mesías Hijo de Dios y tuyo, nos hace andar aunque esté rota el alma. Esto no sé si es sabido María, que Dios Todopoderoso levanta también a los rotos y rotos y todo nos hace andar. A veces no nos sana, pero nos lleva por la vida de las axilas y no nos suelta.

¡María, gracias, perdóname y ayúdame más y te prometo cantar todos los días las misericordias del Señor!

Te amo hasta el infinito.

Tu hija muy necesitada.

Gaby

Nuestro artículo recomendado: La presencia real de Cristo en la Eucaristía

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