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¿Qué es la cultura?

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¿Les apetece adentrarse en esta pregunta? ¿La cultura se refiere a la música, al arte, al teatro, a la literatura…? Joseph Pearce nos trae la respuesta.

Pueden leer el artículo original en el siguiente enlace: What is culture?

Traducido al español por el equipo de traductores de Marchando Religión

«¿Qué es la Cultura?» Por Joseph Pearce para TheImaginativeConservative

La buena cultura, como el buen hombre, debe reflejar verdaderamente la bondad de su Creador. Los hombres están llamados a ser santos y la cultura está llamada a ser santa también. Necesitamos convertir la cultura del mismo modo que necesitamos convertir al hombre. Tanto la cultura, como el hombre, deben arrepentirse.

¿Qué entendemos por “cultura”? Manuel Alfonseca recientemente se preguntaba por esta desconcertante cuestión en su blog sobre pensamiento crítico: Popular Science “Los políticos y los medios no parecen estar del todo claros sobre el significado de cultura” – escribe – “Cuando la gente habla acerca del mundo de la cultura se refiere usualmente  a cuestiones tan diversas como los espectáculos de música pop, corridas de toros, ópera, teatro, cine, museos, universidades…”. El Sr. Alfonseca se queja de que tan vago lenguaje es “un abuso del lenguaje que mezcla cuatro cosas bastante diferentes, aunque relacionadas: cultura, espectáculos, entretenimiento y educación”.

Procediendo lógica y científicamente, él busca definir sus términos citando el diccionario Cambridge:

  • Cultura: música, arte, teatro, literatura, etc.
  • Educación: proceso de enseñanza-aprendizaje o el conocimiento que se obtiene de esto.
  • Espectáculo: actuación teatral o de televisión, programa de radio que es más entretención que algo serio.
  • Entretenimiento: espectáculos públicos, actuaciones u otras formas de divertirse.

Habiendo hecho las necesarias distinciones, afirma que un acto cultural “debería ser una celebración pública donde los asistentes traten de incrementar su cultura, de obtener el conocimiento que mejore su juicio crítico”. Tales actos culturales deberían incluir un concierto de música clásica, la presentación de un libro, o la visita a  un museo. A la inversa, dice el Sr. Alfonseca, estar viendo películas no es un acto cultural, sino de entretenimiento. Porque, salvo pocas excepciones, “no vemos  una película para acrecentar nuestra cultura, sino para divertirnos” De modo similar afirma que “un festival de pop o una corrida de toros no son eventos culturales, sino espectáculos.”

Concede que “podemos ir a la ópera o al teatro para mejorar nuestra cultura, pero considerada en sí misma la actuación puede no ser un acto cultural, sino un espectáculo especialmente cuando los directores de escena distorsionan un trabajo clásico para expresar su originalidad o causar shock al público.”

Afirma que los profesores universitarios pueden ser considerados como una parte de la cultura, “si ellos ejecutan la popularización”. Sin embargo, ya que esta no es su actividad principal, la que consiste primordialmente en la educación y la investigación, no son, propiamente hablando, parte de la cultura.

“Cuando los medios hablan acerca del mundo de la cultura y ponen ahí a actores, músicos pop (algunos de los cuales confiesan no saber música), e incluso a Djs, ellos realmente están hablando sobre el mundo del entretenimiento”. Entonces, dice el Sr. Alfonseca de un modo lastimoso, “vamos a llamar a las cosas por su nombre”.

Todo esto está muy bien, pero no es plenamente satisfactorio. Surgen más preguntas que respuestas. Esto es suficiente.

En lugar de plantear más preguntas, vamos a sugerir otra vía para entender qué es lo que significa la cultura.

En una palabra, y de acuerdo con el Sr. Alfonseca, la cultura es usada en forma muy ligera y con frecuencia también abusa. Así como en un ser viviente,quese da por sentado con demasiada frecuencia y que, como toda cosa que se da con asiduidad, no se aprecia por lo que es. Por tanto, es hora  de que miremos a la cultura con una visión clara que a menudo está ausente. En otras palabras, es  hora de definir nuestros términos.

Primero, podemos decir que la cultura es humana ( y en el último término, divina). No pertenece o no proviene de otras creaturas animadas. No existe una cultura canina; ni una civilización de chimpancés, ni un planeta de simios. Solamente las personas hacen música, escriben poesía, construyen catedrales o pintan cuadros.

Segundo, podemos decir que la cultura es creativa. Es el arte de hacer.

Para un cristiano el hecho de que algo sea particularmente humano denota el signo de que este hombre, de un modo esencialmente diferente de los otros animales, está hecho a imagen de Dios. Por tanto, la cultura es una marca de la imagen de Dios en nosotros. Pero ¿qué tipo de marca es esta? Es una marca creativa. Es la imagen de la creatividad del Creador en sus criaturas. Nuestra imaginación es la imagen de la imaginación del Creador en nosotros. En consecuencia, existe lo humano y lo divino en la creatividad que crea cultura. Es un don en el que el Dador encuentra expresión creativa en la personalidad de los dotados. En un nivel místico uno puede ver una imagen de la Trinidad y de la Encarnación en esta verdad fundamental de la cultura. La Trinidad es una eterna expresión de Vitalidad Divina. Es la fuente de toda creatividad, y la Encarnación  es la entrega eterna y temporal de esta Divina Vitalidad, este don Fundamental en la humanidad creada de Cristo, para el género humano. En un nivel más profundo, la Trinidad y la Encarnación son los arquetipos de toda cultura. Ellos son las fuentes desde donde brotan todos los manantiales de cultura, y son el fin hacia el cual toda cultura, propiamente ordenada, se dirige.

Esto es tan esencialmente cierto que ha sido reconocida implícitamente por los paganos de la antigüedad e incluso por los ateos de la modernidad, por aquellos que creen en muchos dioses y por aquellos que no creen en Dios en absoluto.

Homero y Virgilio comienzan sus relatos épicos invocando a sus musas, a la diosa de la creatividad, para que derramen sus dones sobre ellos y así pudieran contar sus historias con verdad y belleza. Incluso Shelley, ateo declarado, es forzado a hablar del don de la creatividad en un lenguaje místico. En «una defensa de la Poesía» escribe:

“La poesía no es como razonar. Un poder se ejerce de acuerdo a la determinación de la voluntad. Un hombre no puede decir “compondré poesía”. El más grande poeta de todos los tiempos incluso no puede decir eso porque la mente en la creación es como un carbón descolorido que bajo alguna influencia invisible, como un viento inconstante, despierta el brillo transitorio. Este poder surge desde dentro, como el color de una flor que se desvanece y cambia a medida que se desarrolla, y las porciones conscientes de nuestra naturaleza no son proféticas ni en sus enfoques ni en sus salidas. Esta influencia puede ser duradera en su fuerza y pureza original. Es imposible predecir la grandeza de los resultados, pero cuando la composición comienza, la inspiración ya está casi en decadencia y la poesía más gloriosa que haya sido por siempre comunicada al mundo es, probablemente, una débil sombra de la concepción original del poeta.”

Lo notable acerca de estas palabras de Shelley, un ateo meditando sobre su musa, es el hecho que, al final de la frase citada arriba, él está de acuerdo con las memorables líneas de T.S. Eliot, en “Los Hombres Huecos” : “entre la potencia y la existencia caen las sombras”. Para Eliot, un cristiano, la caída de la sombra es en sí la Sombra de la caída, pero para Shelley, que parece no haber creído en la caída y que simpatizó con el Satán de Milton, la Sombra aún existe. Hay, por tanto, una sorprendente ironía y una divertida convergencia entre los paganos, los cristianos y los ateos acerca de la naturaleza mística del don creativo. El don mismo es puro y espiritual, no solamente para el pagano y el cristiano, sino también para el ateo. Shelley llama a la musa creativa o al don un “espíritu de bien” del cual (o de quien) el poeta es un mero ministro.

Llegado a este punto uno puede ver el surgimiento de obvias objeciones engendrando preguntas incómodas.

Si la creatividad es un don de Dios, ¿por qué permite que un ateo, como Shelley, abuse de su don? Peor aún, ¿por qué Él permite manifestaciones horribles de baja cultura, como los giros dementes tocados como música en MTV, o las obscenidades y blasfemias de mucho arte moderno, o todas otras manifestaciones de nuestro pornocráticozeitgeist? Además, ¿pueden estos efluentes de agua de alcantarilla salidos del alma ennegrecida del hombre ser llamada “cultura”? Y, si es así, ¿Tiene la cultura per se algún valor significativo? En respuesta debemos señalar que Dios no quita el don en el momento en que es abusado. Considere el don de la vida, por ejemplo. Si él retirase el don de la vida en el momento en que pecamos, ¡ninguno de nosotros podría alcanzar la pubertad! Así mismo con la vida y con el amor. El don del amor no es suprimido solamente porque muchos de nosotros abusemos de él egoísta y lascivamente. De hecho, si el don del amor fuera removido en el momento en que se abusara de él, ¡nuestros primeros amores habrían sido los últimos! Así como con la vida y el amor, así también con la libertad. Dios nos da nuestra libertad y Él no nos la quita en el momento que abusamos de ella. Incluso nos deja libres de ir al Infierno si quisiéramos. Y así con la vida, el amor, la libertad, así también con la creatividad. Él nos da nuestros talentos, dejándonos libres para usarlos, para abusar de ellos o para enterrarlos como lo queramos. Él nos da nuestras perlas creativas y nos deja guardarlas o echarlas a los cerdos.

Pero ¿cuál es el significado de cultura? ¿Es cultura el mal arte? Si lo es, ¿qué tiene de especial la cultura?

Estas son buenas interrogantes que a su vez se responden mejor con otras preguntas. ¿Cuál es el significado del hombre? ¿El pecador es aún un hombre? Y si es así, ¿qué tan especial es el hombre? El hombre es especial porque está hecho a imagen de Dios. Un hombre malo aún así está hecho a imagen de Dios, aunque la imagen está quebrada. De un modo similar, la creatividad es especial porque es en el hombre un signo de la imagen de Dios, y la cultura es especial porque es un signo de la imagen creativa de Dios en la sociedad humana y en su punto superior, en la civilización cristiana.

La mala cultura aún porta el signo de la imagen de Dios, aunque esta imagen está distorsionada y quebrada por el abuso o por el pecado. La buena cultura, como el buen hombre, debe reflejar verdaderamente la bondad de su Creador. Los hombres son llamados a ser santos y la cultura está llamada a ser santa. Necesitamos convertir la cultura del mismo modo en que necesitamos convertir al hombre. La cultura, como el hombre, debe arrepentirse. Debe ser reorientada. Debe volver de nuevo hacia su fuente, el Dador de luz y de vida, y la fuente original de toda belleza.

Joseph Pearce

What is Culture?

Esperamos que hayan disfrutado con este gran artículo, «¿Qué es la cultura?», les invitamos a quedarse en nuestra sección cultural


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