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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Mississippi contra el aborto

PorMiguel Toledano

Feb 2, 2021
Mississippi contra el aborto-MarchandoReligion.es

Hace apenas dos años, el estado de Mississippi, en el sur de los Estados Unidos de América, aprobó una ley que pretendía restringir la práctica del aborto, ya muy reducida en ese territorio de la unión. Nosotros dimos cuenta de aquella iniciativa legislativa en un artículo publicado en Marchando Religión.

Mississippi contra el aborto. Un artículo de Miguel Toledano

Bastantes cosas han cambiado desde entonces en la gran nación norteamericana y no precisamente a mejor. La expulsión de Trump de la Casa Blanca y la llegada del católico liberal Biden prestará nuevas alas al aborto, tanto en forma de medidas legales federales como en asignación de fondos económicos para la eliminación de bebés en el seno de sus madres.

Por su parte, la Corte Suprema tiene la oportunidad de pronunciarse sobre la ley de Mississippi de 2018, recurrida por supuesta inconstitucionalidad y sobre la que ha de recaer una primera resolución procedimental a comienzos de febrero, de la que naturalmente informaríamos a nuestros lectores.

Nuestra esperanza en último término es moderada, toda vez que los nueve magistrados, de mayoría netamente conservadora, ya han propiciado un gigantesco fiasco, también del conocimiento de los seguidores de esta página, por lo que se refiere a su protección del homosexualismo y del transexualismo. En este sentido, no cabe hacerse demasiadas ilusiones en el paraíso de la libertad religiosa, cuyo modelo conduce a la más variada fauna de disparates.

En todo caso, el legislador de Mississippi no se da por vencido ni por satisfecho y, el pasado día 18 de enero, inició la tramitación de un proyecto de ley cuyos veintinueve artículos merecen una mención de pundonor en el campo de la defensa de la vida.

La exposición de motivos es relativamente breve pero bastante explícita, incluyendo la mención de que cualquier persona que cause un aborto voluntario será reo de delito de homicidio.

La pena establecida para los culpables es la de prisión de uno a diez años, más multa de 25.000 a 50.000 dólares. En comparación con la permisividad de tantas otras jurisdicciones, ambas sanciones penales podrían resultar disuasorias en la mayoría de los casos.

El artículo 2 protege expresamente a los bebés con deficiencias físicas o mentales, así como a los niños “no queridos” por sus padres.

Vemos cómo a lo largo de la norma se hace referencia al nonato como “child”, niño en el original en idioma inglés. Por consiguiente, con ello se da ya por hecho implícitamente que la condición humana y la protección jurídica que como tal merece el nuevo ser comienza en la concepción.

Además, de forma explícita, el artículo 9 realiza una definición de “ser humano” que engloba al “niño no nacido, en cualquier estado de gestación, desde la concepción a su nacimiento”.

El artículo 12 cierra la puerta al reconocimiento del aborto como derecho. Es éste un extremo interesante por dos motivos principales: Ante todo, porque representa la tendencia contraria a la dominante entre las élites legislativas del mundo liberal, a saber, la lucha por el progresivo reconocimiento del aborto como un derecho y, a mayor abundamiento, como un derecho fundamental en la línea de los derechos humanos de matriz revolucionaria francesa. En segundo lugar, porque dentro de la arquitectura federal estadounidense, el expreso rechazo del reconocimiento del aborto como derecho por parte de un estado federado puede provocar un interesante conflicto con su eventual consagración como derecho federal a cargo del nuevo presidente Biden y sus secuaces. Por cosas parecidas, como por ejemplo el atropello de los derechos regionales desde la capital Washington, comenzó en 1861 una guerra civil; la defensa de las prerrogativas de los estados federados, a pesar de una jurisprudencia posterior no demasiado respetuosa con el texto de la Constitución de 1787, sigue cotizando alto en la mentalidad del pueblo.

Por su parte, el artículo siguiente permite las operaciones que tengan por finalidad el incremento de las probabilidades de que un bebé nazca con vida o la retirada de los restos de un bebé ya muerto en el seno de su madre. El aborto involuntario, naturalmente, queda fuera del ámbito criminal de la ley; por decirlo con terminología técnica en derecho, toda operación para salvar al niño, aunque fuese fallida, o para extraerlo ya fallecido del seno materno (pero lógicamente sin haberle dado muerte previamente de forma voluntaria), constituiría una acción excluida del tipo penal.

Nunca tales actos han merecido reprobación legal o social, antes ni después de la revolución sexual y feminista de 1968, por entenderse que son conformes a la naturaleza de las cosas y que, por consiguiente, no se deriva responsabilidad imputable a quienes concurren en lo que es más un hecho que un acto, constitutivo per se de suficiente tristeza para los padres. En Marchando Religión, ya tratamos este asunto a través de un programa específico, concretamente en una intervención clarificadora del Rvdo. P. D. Juan Luis García Rodríguez.

En efecto, originalmente el término “aborto” (como se hace ahora también con el de eutanasia) fue escogido para crear una cierta ambigüedad entre el aborto natural y el voluntario o provocado, escapando así a su descripción como homicidio o como asesinato y no generando una reacción psicológica negativa en quienes puedan plantearse acabar con sus hijos no nacidos. Más tarde, asentado ya el principio de que en determinados casos es legal el “aborto”, se pasa a un circunloquio todavía más eufemístico, el de “interrupción voluntaria del embarazo”, con el fin de lograr la barra libre, si se me permite la expresión tabernaria, en la aniquilación del nasciturus.

El artículo 17 determina la pérdida de la licencia médica para todo aquél que participe en la realización de abortos; esta sanción viene a unirse a las ya referidas ut supra de pérdida de libertad y multa económica para lograr los deseados efectos disuasorios y de justicia que persigue la ley.

Hasta aquí, las luces del documento. Hay una única sombra en el texto: la excepción del “riesgo serio de salud para la madre”. Esta circunstancia, en la que sí se permitiría legalmente el aborto voluntario, supone preferir la vida de la madre sobre la del niño, como si ésta fuera de menor valor. Dicha jerarquía de un cuerpo sobre otro y del destino de un alma sobre el de otra no admite justificación moral.

Sin embargo, cumple también reconocer que la definición de “riesgo serio de salud para la madre” es bastante estricta. Se exige, para admitirse la excepción, un “juicio médico razonable”, en virtud del cual la mujer se encuentra en una condición “de tal complicación médica que requiere la interrupción de su embarazo para evitar su muerte o un riesgo serio de perjuicio sustancial e irreversible de una función corporal fundamental, con exclusión de consideraciones psicológicas o emocionales”.

Podrá argumentarse que el juicio médico razonable no es estricto: de entrada, se está dejando al criterio de la profesión sanitaria el destino de una vida humana; esto puede parecer especialmente aterrador en una época en la que muchos profesionales de la salud han sido reeducados en la ideología de los “derechos humanos” y en un mundo en el que a menudo se ha soslayado dentro del gremio médico el tradicional juramento hipocrático. Pero aún es extensa, porque está íntimamente unida a su vocación, la restricción de conciencia del profesional que ha desarrollado toda una difícil carrera para salvar la vida de sus semejantes, no para destruirla. Luego, la intervención de la autoridad científica competente ha de ser una garantía y no una excusa.

También puede plantear alguna inquietud el adjetivo “razonable”, que no se compadece con la llamada a una interpretación estricta, o incluso restrictiva, de la excepción. Mas la excepción, por definición, ha de ser restrictiva o, cuando menos, estricta. Y “razonable” no solo quiere decir moderado, medio, centrista, … Sino también conforme a razón; es decir, que el juicio médico para valorar la existencia de la excepción no es puramente subjetivo, sino que objetivamente, conforme a razón, debe existir una situación de gran complicación médica hasta el punto de preverse la muerte de la madre o un riesgo serio de perjuicio sustancial e irreversible para su salud.

Insistimos: Se trata de una sombra en el documento, cuya legitimidad no podemos compartir. Pero nos encontramos lejos también del recurso al “riesgo psicológico” que en 1986 sirvió en nuestra pobre España, como en otros países vasallos del mundialismo, para implantar una despenalización que quería ser un nuevo triunfo del progresismo y el paso, salvo para los incautos, al genocidio de los más débiles.

Estamos, desde luego, ante un proyecto de ley, que por consiguiente todavía debe recorrer todo el trámite parlamentario, incluidas las posibles modificaciones de su articulado, y la sanción definitiva a cargo del nuevo gobernador del estado. Pero no hay duda de que la dirección es positiva -con la salvedad apuntada- y, considerando que el Partido Republicano cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, albergamos amplias posibilidades de que finalmente pueda prosperar.

No obstante, el laberíntico sistema de los “controles y balances” del constitucionalismo estadounidense, que algunos alaban como modélico, permitirá que, aún aprobada, la ley pueda volver a encallar en manos de jueces y abogados. Se genera una gran actividad legal y una discusión permanente en el mercado de las ideas en donde todo se compra y se vende; para que, al final, los niños sigan muriendo en clínicas ubicuas del Atlántico al Pacífico.

No queremos terminar sin realizar un breve pero sentido homenaje al autor del texto, el diputado Dan Eubanks. Fotógrafo y pastor presbiteriano, derrotó a su contrincante en las elecciones locales de 2015 con el 74{a28caa5256ef5c99ad8018d288d4660307d817b265b2401469694a7ea8a1dee6} de los votos y revalidó su escaño en 2019. No concuerdo con el cardenal Müller acerca de que valga más un buen protestante que un mal católico, pero sí es cierto que muchas almas de niños sacrificados preferirán el coraje del predicador de Mississippi frente a la perversa traición del sedicente católico que, desde hace unos pocos días, ocupa el famoso despacho oval.

Miguel Toledano Lanza

Domingo de Septuagésima, 2021

Pueden leer todos los artículos de Miguel hablando sobre el aborto en nuestra sección: Miguel Toledano

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Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibió su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovisión carlista, está casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. Ha publicado más de cien artículos en Marchando Religión. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Actualmente reside en Bruselas. Es miembro fundador de la Unión de Juristas Católicos de Bélgica.