• Mié. Dic 1st, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Literatura y «Exorcismo»

PorGilmar Siqueira

Sep 1, 2021
Buenos libros católicos Un deber de los padres-MarchandoReligion.es

«–¡Ah, Señor! Dadme, dadme la fuerza y el coraje/ ¡de contemplar mi cuerpo y mi alma sin disgusto!».

Charles Baudelaire. Un Viaje a Cyteres

Literatura y «Exorcismo». Un artículo de Gilmar Siqueira

No hablaré del exorcismo propiamente dicho porque no tengo ningún conocimiento del tema; por eso la palabra está entre comillas. Quizás el artículo podría llevar también el título Literatura y Examen de Conciencia sin demasiados perjuicios para el sentido que intentaré darle. Sin embargo he preferido mantenerlo como está; hay cosas que necesitamos aprender a decir, a darles forma, antes de expulsarlas de nuestro corazón.

Creo que la literatura puede ayudarnos a que encontremos las formas de nuestros demonios. Ésta es la otra cara de la admiración que decía antes: debemos plantar cara al hermoso misterio de la realidad en la misma medida que expulsamos las porquerías que llevamos adentro. Las dos cosas no son contradictorias, sino complementarias.

La quejumbre no suele ser una respuesta a algún grave sufrimiento, sino más bien una costumbre morbosa que va poco a poco formando un légamo apestoso y caliente. O bien cálido, porque nos metemos en él sin demasiada resistencia. Lo que se suele llamar pesimismo – y que yo describo como légamo apestoso – no nos tapa solamente la vista de la belleza, pero también de nuestros vicios más grimosos. Claro: una cosa es decir, en abstracto, que yo soy un pecador; otra muy distinta es pintar lo que se ha hecho concretamente. No, amigo lector, el pesimismo no es «realista».

Pero, ¿qué tiene que ver la literatura con todo esto? Nosotros nos confesamos (en el sentido sacramental, pero también en general) por medio de palabras. Si no conocemos las palabras exactas para nombrar a nuestro mal, es casi como si no existiera. Quiero decir: sus efectos permanecen, pero los sentimos a modo de los animales. Dije a modo porque no nos basta con sentir; tenemos que hablar, hablar mucho… quejarnos. En la distracción de las palabras pobres se nos escapa la oportunidad para una confesión auténtica. Hay que saber para decir.

Veamos un fragmento del diario de Charles Du Bos en que comenta su lectura de una carta de Maurice de Guérin a Barbey d’Aurevilly:

Día en que estuve sumergido en la más amarga lasitud y en que Guéran me prestó el único servicio que les pido a mis escritores favoritos: el de nombrar con precisión mi mal. Al hacerme sentir que yo no soy una excepción monstruosa, sólo ellos logran romper el encantamiento maléfico.

Mis escritores favoritos me prestan el mismo servicio. Muchas veces tuve que acudir a la Tabacaria de Fernando Pessoa para nombrar un mal que llevaba adentro, pero que mi ignorancia – y también la cobardía – me impedía nombrar con alguna precisión. Con gran alivio leía que:

Não sou nada.

Nunca serei nada.

Não posso querer ser nada.

À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.

Porque también yo experimentaba «a consciência de que a metafísica é uma consequência de estar mal disposto». Pero no me atrevía a decirlo y, cuando lo intentaba, me era imposible llegar a una precisión como la de Fernando Pessoa. Al hacer mías las formas del gran poeta portugués, todo lo que tenía en las entrañas llegó a la garganta y pude por fin vomitarlo. Sí, lector, esta es la palabra precisa.

Como dijo Charles Du Bos, cuando encontramos nuestro mal nombrado con precisión por otra persona no nos sentimos una excepción monstruosa. Es algo perturbador darnos cuenta – para contarlo – de ciertas cosas que llevamos adentro. El alivio de un mal extirpado; no placer, pero alivio. Curioso alivio que carga al mismo tiempo el horror del descubrimiento y el lenitivo de la compañía; porque el pecado aísla y la confesión avecina (restablece la comunión).

Cuando Charles Baudelaire escribió sus Flores del Mal no hizo propaganda de satanismo, como piensan algunos, sino que nombró todos los males que cargaba para expulsarlos. No pintó un retrato exclusivamente personal o de todos los hombres de su tiempo, sino un retrato que también puede ser nuestro; es el retrato de una alma pecadora. Puedo encontrar en mí los mismos trazos que, sin semejante ayuda, ocultaría en el légamo de la palabrería quejumbrosa. Cito al Padre Castellani, quien me franqueó la puerta para la poesía de Baudelaire y para mi propia alma:

Si el alma no fuera más que bajeza, ni siquiera se daría cuenta de la bajeza; mas si se da cuenta, evidentemente hay en ella una alteza. Esta alteza está invisible en “Las Memorias del Subterráneo”; pero ella es la que produce todas las memorias del subterráneo. Una nobleza terriblemente lastimada y herida resuella allí por la herida.

No hago mías las formas de Baudelaire, Fernando Pessoa, Dostoyevski, Joseph Conrad o Herman Melville para acogerlas en una visión desesperada del mundo (y creo que tampoco lo hicieron sus autores). En realidad es todo lo contrario: las hago mías para – a modo de exorcismo – quitarme de los ojos todo lo que me impide admirarme de la Creación y de mi propia vida. Y todos podemos hacerlo. No en vano dijo el Padre Castellani que «Quien no anda en la Verdad,/ hacia la ruina camina./ La primera medicina/ es saber la enfermedad».

Gilmar Siqueria

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En el siguiente enlace tienen el libro completo de Gilmar Siqueira disponible para su descarga, por gentileza del escritor: Diario de un dandy

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Gilmar Siqueira

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