• Mié. Dic 1st, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La obediencia y la libertad

PorAlberto Mensi

Ago 20, 2021
La obediencia y la libertad-MarchandoReligion.es

Para ser verdaderamente libres nuestra voluntad debe estar totalmente indeterminada a cosa alguna, ni por atracción ni por repulsión debe orientarse a esto o a aquello. Debe tener la posibilidad de poder determinarse a uno o a otro sin ser compelida obligatoriamente. Y quien le dará la señal, el dato para determinarse hacia donde, es la inteligencia cuyo objeto propio es la verdad. De allí la importancia tremenda de educar a la inteligencia en la verdad, formarla, instruirla, enseñarla.

La obediencia y la libertad. Un artículo de Alberto Mensi

Hemos sido creados por Dios para conocerlo, amarlo, adorarlo aquí durante este breve lapso de nuestra vida terrenal para luego amarlo en la beatífica eternidad.

Esta verdad es la piedra clave de nuestra vida intelectual, pretender educar las inteligencias sin referencia alguna de Dios, es como pretender regar una planta sin agua.

Y más grave aún que el negar a las inteligencias la posibilidad de conocer y amar a Dios, mucho más grave es dar por relativo y similar cualquier conocimiento de Dios.

Cuando a una persona se le niega la existencia de Dios, como sucedía en la Rusia Soviética, esa persona tiene un vacío en su interior que clama con gritos desgarradores por aquello que le falta y que no sabe qué es, pero sufre su ausencia. De manera que cuando por cualquier resquicio de ese régimen nefasto se colaba un rayo de la luz divina era suficiente para que la persona comenzara la búsqueda del amado ausente.

Sin embargo en este mundo postmoderno dicharachero y descreído, y para colmo con prelados, sacerdotes y religiosos a los cuales les da lo mismo cualquier religión, para quienes todas las religiones son iguales, que se pone en pie de igualdad a Cristo, Abraham y a Mahoma, lo que se termina produciendo es gente que no cree en nada y no tiene necesidad de nada. Si todas las religiones son verdaderas ninguna religión es verdadera y por lo tanto no tenemos necesidad de ninguna de ellas, me basta con mi propia realización.

Quizás no nos terminamos de dar cuenta pero por ese camino vamos a la entronización del hombre en el sitial de Dios, que será exactamente lo que hará el AntiCristo, y la mayoría de la gente lo venerará convencidos, porque será el máximo ejemplar del endiosamiento del hombre en sus propios corazones. Vuelvo a repetirlo una y mil veces, el pseudo ecumenismo modernista que nos asfixia nos lleva a la destrucción lisa y llana de la religión, porque si todas las religiones son verdaderas ninguna religión lo es. Lo peor de todo, lo más confuso y demoledor es cuando uno ve desde los espacios de la Iglesia Católica desde donde debería darse una palabra de claridad surgir una charada de falacias bonitas como cantos de sirena pero que nos llevan al naufragio.

La Iglesia no fue creada por nuestro Señor Jesucristo para ser una agencia social ni para adecuarse a este mundo cambiante, es la Comunidad de fieles seguidores de Cristo que debe ser sal de la tierra, luz en las tinieblas del mundo. La Iglesia católica fue creada para convertir a los hombres, sacarnos del camino del pecado y llevarnos a la vida bienaventurada.

Por eso el título de este artículo: La obediencia y la Libertad. Dios nos ha creado libres para poder conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida. Para ello nos ha dado inteligencia y voluntad. Para eso se ha encarnado, nos ha redimido, nos ha explicado el camino y nos ha dejado los recursos necesarios para recorrerlo. Por eso debemos servirle, obedecerle en todo lo que nos ha enseñado. Y tenemos la ventaja de contar con una pléyade de santos, santos mártires, santos confesores, santos doctores de la Iglesia que nos instruyen no sólo con sus ejemplos sino tambien con sus palabras. Así la Palabra de Dios encerrada en la Sagrada Escritura es iluminada por la Tradición de la Iglesia, lo que siempre todos, en todas partes han creído y tenido por cierto.

Y esto es sumamente importante en estos tiempos en que muchos prelados, con una convicción y decisión que debería ser usada para mejores causas, levantan su dedito y quieren obligar a los fieles católicos a hacer lo que a ellos se les da la gana, movidos por los vientos de cualquier novedad y de cualquier vana adecuación a este mundo descreído. Pareciera que reeditan el pensamiento que sumió a Alemania en las tinieblas allá por los años 30: «Compórtate de tal manera que si el Führer te viera, aprobara tus actos»1 Es como si nos dijeran: tienes que hacer esto o aquello porque yo te lo digo, obediencia debida, compórtate de tal manera que si el Obispo (o quien sea que mandonea) te viera, aprobara tus actos.

Pero nosotros debemos seguir el ejemplo de Pedro y los apóstoles que respondieron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”2.

La obediencia no es un acto ciego sino que la verdadera obediencia es un acto totalmente claro y luminoso. La obediencia por el temor al qué dirán, o por la necesidad del halago, es tan sólo servil postrarse renunciando a la condición de hijo de Dios, de bautizado.

Como son tiempos terribles los que nos toca vivir, Dios nuestro Señor que nos ama con amor infinito sigue velando por nosotros y sigue suscitando fieles laicos, religiosos, sacerdotes y aún obispos que conservan con delicado amor lo que la Iglesia ha conservado siempre como tesoro invaluable. En medio del río torrentoso no se cambia de caballo, hay que aferrarse al caballo que nos ha venido llevando sanos y salvos hasta ahora.

No podemos olvidar una máxima muy sencilla: si el mundo te aplaude, si el mundo habla bien de vos, si el mundo pondera lo sensato que eres y recomienda que te escuchen: MALA SEÑAL.

Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como vosotros no sois del mundo –porque Yo os he sacado del mundo- el mundo os odia. No es el siervo más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mi, tambien os perseguirán a vosotros… Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió”3

¿Y qué hacemos entonces? ¿Todo está perdido? ¡NO! Cristo Jesús es quien tiene la victoria y su Victoria será por medio de Su Madre Santísima quien ya nos lo ha dicho para darnos tranquilidad y serenidad en medio de las pruebas: POR FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ4.

Una recomendación para estos tiempos aciagos: rezar todos los días las 7 Ave Marías en reparación y desagravio de las siete espadas de dolor que traspasaron el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, sus siete principales dolores. En el próximo artículo nos detendremos en ello.

¡María Santísima Reina y Señora de los Mártires y de los Confesores, ruega por nosotros!

Alberto Mensi

1 Hans Franck, ideólogo nazi, Die Technik des Staates, 1942

2 Hechos de los Apóstoles 5, 29

3 San Juan 15, 18 – 21

4 María Santísima en Fátima

Nuestro artículo recomendado: El camino para restaurar en Cristo

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Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cinco nietos (por ahora)