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La maternidad

PorMarchando Religion

Jul 6, 2021
La maternidad-MarchandoReligion.es

¿Qué sucede en la mujer en el momento de la maternidad física? Toda mujer lleva una madre dentro de sí

La maternidad. Por Raoul Plus, S.J

Traducido por Augusto Pozuelos para Marchando Religión

EL escritor que dijo: «El hombre conquista y la mujer se entrega», estaba en lo cierto. En efecto, ésa es la diferencia entre el hombre y la mujer en su actitud ante la vida.

El  del hombre, es un heroísmo activo; el de la mujer, un heroísmo pasivo. Para el hombre adulto, la vida no es más que una serie de conquistas; va de una victoria a otra, llevado por el entusiasmo hasta que fracasa.

La mujer se dona entera a la vida; se gasta hasta el cansancio por su marido, por sus hijos, por los que sufren, por los desdichados.

Pero este regalo suyo en todo su significado es el parto, un acto supremo de heroísmo pasivo.

Dar a luz un niño no es un logro puramente físico. Una mente, un alma que cobra vida y se une con el cuerpo del niño por nacer, sin que la madre lo advierta, un hombre, un milagro en verdad. Lo más maravilloso es el florecimiento y el crecimiento del amor maternal en la mujer desde el momento mismo de la concepción de su hijo, hasta su nacimiento y durante toda su vida, pero particularmente durante sus días de bebé.

En cierto sentido, toda mujer desde sus primeros años lleva a toda una madre dentro de su ser. De niña juega con su muñeca, y el juego capta su interés sólo porque su imaginación transforma la muñeca de trapo o de porcelana que sujeta con sus ya expertos brazos, en una niña viva.

Tan cierto es esto, que incluso a las almas virginales de quienes se consagran al servicio del prójimo se les puede llamar madre; y realmente lo son, para sus pobres, sus huérfanos, sus enfermos. . .

Pero es bastante evidente que en el momento de la maternidad real, de la maternidad física, se efectúa en la mujer una creación especial. Al mismo tiempo que la leche le sube al pecho, el amor maternal toma posesión de su alma, un amor de una cualidad muy especial que no precede, sino que sigue al parto. Antes de que aparezca el niño, puede haber expectación, anhelo, vaga ternura como el alba que precede al día; todavía no es amor maternal en el sentido más fuerte y estricto de la palabra.

Nace el niño. La mujer, a pesar de haber sido quizá extremadamente perezosa, manifiesta una energía asombrosa por todo lo que concierne a su bebé. Aunque anteriormente haya sido demasiado indolente, ahora se vuelve ingeniosa, atenta, vigilante y casi ansiosa.

Nadie necesita decirle que su pequeño bebé no puede hacer nada por sí mismo y que está expuesto al peligro de muerte en casi todo momento. Se anticipa a sus necesidades, a sus deseos y aparece un ceño fruncido a la menor nube que pasa sobre la cuna. Ningún problema la intimida.

Cuando era niña y mujer joven, se quejaba del sacrificio y se irritaba; ahora está ansiosa por el sacrificio: Horas de vigilia, de levantarse por la noche; si no puede amamantar al niño, prepara fórmulas minuciosas e, incluso más tarde, presta especial atención a los tipos de alimentos que puede comer el bebé. Todo parece venirle de forma natural; parece ser una segunda naturaleza.

Es así, incluso si ha adquirido su conocimiento a través de la formación y el estudio en cursos especiales que puede haber tomado sin ningún entusiasmo especial, ahora lo lleva a cabo con especial entusiasmo y calidez de sentimiento.

Si su bebé está bien formado, hermoso, sano y animado, ella se regocija. Pero si, lamentablemente, está deformado, débil, apático, su amor aumenta. Es como si quisiera colmarlo de amor para compensar al pequeño por todo lo que le falta, como si abrazándolo con más ternura para sí misma pudiera complementar su vida.

Si su hijo se convierte en un hijo pródigo, tendrá por él una asombrosa parcialidad; si ella cree que él es un héroe, ¡es su prejuicio a su favor! ¡Maravillosa contradicción en la que se revela el amor maternal!

Cuán ansiosamente desea que el padre ame al niño. Por otra parte, teme que el padre no sea lo suficientemente firme y se entregue a él con demasiada facilidad. ¡Ahora las más cálidas caricias, ahora el colmo del desinterés nacido del amor maternal!

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