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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

El Notario Herwig Dufaux, defensor de la vida

PorMiguel Toledano

Abr 21, 2020
El Notario Herwig Dufaux, defensor de la vida-MarchandoReligion.es

¿Les dice algo el nombre de Herwig Dufaux? En Marchando Religión no quitamos el ojo de este tema que para nosotros es prioritario: la defensa de la vida.

El Notario Herwig Dufaux, defensor de la vida, un artículo de Miguel Toledano

La Asociación de Juristas Católicos de Bélgica, a la que me honro de pertenecer, organizó el pasado 28 de febrero una conferencia a cargo de Herwig Dufaux, miembro honorífico de la Federación Real del Notariado Belga.

La conferencia llevaba por título “La vida antes del nacimiento: Una elección entre ficción y realidad”, epígrafe a su vez del trabajo que el Notario Dufaux había aportado al Instituto Europeo de Bioética el año pasado.

La intervención se inició con una cita del Prof. Jérôme Lejeune, médico católico en proceso de beatificación, ante el Senado de los Estados Unidos de América en 1981. Para el gran científico francés, el gusto o la opinión no tienen nada que ver con el hecho de que la vida humana se inicia en el momento de la fecundación, realidad que no es hipótesis metafísica, sino evidencia experimental.

A partir de dicha cita, el Notario Dufoux había participado, en los años ochenta del pasado siglo, en la redacción de dos proposiciones de ley ante el Parlamento belga, que tenían por fin dotar de un estatuto legal a la vida surgida en el momento de la concepción.

La primera de ellas reconocía la personalidad jurídica civil del nonato desde la fecundación, modificando el Código Civil al efecto. La segunda elevaba la cuestión a la Constitución, incluyendo una cláusula que reconocía la vida humana desde la concepción.

Ambas proposiciones fueron elaboradas teniendo en cuenta la doctrina y jurisprudencia internacional, así como el estado de la ciencia. Aunque ninguna de las dos alcanzó su objetivo parlamentario, sus mismos postulados siguen siendo plenamente vigentes.

En efecto, el niño concebido es sujeto de derecho y así lo reconoció ya el derecho romano. El problema es que, en muchos países en los que rige un Código Civil de carácter napoleónico y liberal, a menudo se entiende que el reconocimiento de esos derechos del nonato está sometido a la condición de la viabilidad. Hasta que el nacimiento del niño no tenga lugar, dichos derechos existen en potencia, pero no en acto.

Sin embargo, la biología, la genética y la embriología contemporáneas han demostrado la falsedad de dicha ficción bonapartista, exportada con el afrancesamiento generalizado del siglo XIX. El nacimiento no es, a diferencia de la concepción, determinante de la vida humana.

Esta realidad ha sido asumida por hasta seis textos oficiales en el seno del Consejo de Europa, tres de las Naciones Unidas y dos de la Unión Europea, sin que ninguno de dichos organismos internacionales hayan servido, sino más bien todo lo contrario, para garantizar en la práctica los derechos del niño no nacido.

En Bélgica, la ley no se pronuncia sobre la naturaleza del embrión ni sobre el momento a partir del cual goza de protección jurídica. La jurisprudencia belga, cuando ha reconocido derechos a los concebidos no nacidos, se ha visto criticada por un sector de la doctrina, máxime si se trataba de casos anteriores al comienzo de las contracciones en el embarazo.

En Francia, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha consagrado el principio de la viabilidad, sin perjuicio de que existan pronunciamientos de juzgados y tribunales de orden inferior que reconocen la vida desde la concepción. Por el contrario, en la Sala de lo Civil se dictó en 2016 una sentencia que concedió derechos al nonato con anterioridad a su nacimiento.

Por su parte, la Corte Europea de Derechos Humanos (tribunal dependiente del Consejo de Europa), se lavó las manos en 2004, proclamando que era cuestión de los estados adscritos a dicha organización internacional determinar el momento en el que comienza la protección jurídica de la persona, aunque naturalmente exista una supuesta carta de derechos común a todos ellos. Para llegar a dicha conclusión, los jueces europeístas sostuvieron que no existe “consenso” sobre la definición científica y jurídica del comienzo de la vida.

Por lo que se refiere a Italia, dos casos llegaron igualmente a la máxima instancia europea de Estrasburgo. En el primero, de 2015, la Sra. Parrillo quería donar a la ciencia los cinco embriones concebidos por ella y por su difunto marido mediante fecundación in vitro, lo cual estaba prohibido por la legislación italiana, que sí protegía los derechos de dichos “embriones”. Sin embargo, aquí doce de los diecisiete jueces europeístas que intervinieron en la decisión sí vieron la conveniencia de intervenir, apoyando el derecho de los padres biológicos sobre “sus” embriones, que constituían “su patrimonio genético”; los otros cinco jueces formularon un voto disidente recordando que, de acuerdo con la ciencia, precisamente el “patrimonio genético” del embrión es propio y diferenciado desde su concepción.

Dos años después, en 2017, la Corte europea volvió a pronunciarse sobre un nuevo caso procedente de Italia, pero en esta ocasión lo hizo defendiendo los derechos del no nacido. Los hechos fueron los siguientes: Donatina Paradiso y Giovanni Campanelli se fueron a Rusia en 2010 para contratar un vientre de alquiler por 50.000 euros, lo que en Italia no es legalmente posible. De vuelta a su país, el registro civil se negó a inscribir al niño como hijo de los referidos Sres. Campanelli y Paradiso, toda vez que una prueba de ADN corroboró que la pareja había sido timada y que ningún vínculo biológico les unía con aquél, que fue dado en adopción internacional.

En conclusión de todo ello, el Notario Herwig Dufaux insistió en la necesidad de un estatuto jurídico unificado de protección de la vida a partir de la concepción, ante la dispersión, incoherencia y falta de seguridad de la situación actual.

Miguel Toledano

Dominica In Albis, 2020

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Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibió su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovisión carlista, está casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. Ha publicado más de cien artículos en Marchando Religión. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Actualmente reside en Bruselas. Es miembro fundador de la Unión de Juristas Católicos de Bélgica.