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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Civilización de la acedia o del anticristo

PorAlberto Mensi

Abr 30, 2021
Civilización de la acedia o del anticristo-MarchandoReligion.es

¿Cuáles son las características de la acedia? En este artículo nos adentramos en la respuesta

Civilización de la acedia o del anticristo. Un artículo de Alberto Mensi

En el Congresso Tomista Internazionale realizado en Roma entre el 21 y el 25 de setiembre de 2003, el R.P. Horacio Bojorge S.J. un especialista y pionero en este tema ha desarrollado exhaustivamente las características de la llamada Civilización de la Acedia.

De allí vamos a tomar algunos elementos los cuales no están totalmente tomados en forma literal sino que fuimos extrayendo aquellos conceptos que nos parecían más apropiados para nuestro escrito y a veces párrafos enteros los explicamos con nuestras palabras, pero vale en este trabajo el crédito para el R.P. Horacio Bojorge S.J. por ser él la luz que nos guía y le pido desde ya disculpas si en algo que diga o se pueda entender tenga un significado que tergiverse lo que él quiso explicar, atribúyase sólo a mi ignorancia.

ALGUNOS TESTIMONIOS

En 1966 Helmut Schoeck muestra el papel dañino de la envidia en la sociedad: “la política de aquellos que procuran nivelarlo todo, procura instaurar, por lo menos poco a poco, una igualdad utópica”1. La envidia traducida a política es el socialismo. La igualación creciente produce el decrecimiento de la eficacia para el daño de todos.

Refiriéndose a esto Gonzalo Fernández de la Mora afirma que a causa de la envidia: “Aquellos que se rebelan contra el sometimiento a la ideología instaurada, comúnmente los mejores, son eliminados o marginados” 2

René Girard plantea el deseo mimético como el más profundo en los hombres y que permite aprender y crecer, pero también cuando se da como rivalidad u antagonismo surge la violencia.3

Dominique Irigay interpreta esto desde el tomismo: “El punto de partida del sistema, en una perspectiva cristiana, es el hecho de que el hombre no posee el ser. Los santos lo comprueban y piden precisamente su ser al único Ser que se lo puede dar: nuestro Padre, Yahvé, Yo soy4. René Girard estudia las consecuencias de este “no ser” en nosotros, los seres humanos.

ARMANDO EL ROMPECABEZAS

Así tenemos varios elementos que van conformando el rompecabezas que estamos encarando.

Por un lado la cultura es reflejo de una religión mientras que la incultura es reflejo y consecuencia de una irreligión.

Por otro lado ante Dios, fuente del ser contingente, la creatura contingente o se postra en adoración agradecida y gozosa, o se rebela y entristece, son las dos posturas posibles.

La envidia de Dios mismo, la acedia, es el mismo pecado de Caín.

La gravedad de todo esto radica en que la incultura moderna y postmoderna, reflejo y fruto de la irreligión, no se mantiene en el tiempo, más aún, como parásito se alimenta de la crítica mordaz a la religión, vaciándola, anestesiándola, volviéndola estéril, pero para no morir esa incultura debe volverse cultura, que como dice bien el P. Bojorge es reflejo de una religión.

Aquí llegamos entonces a entender las palabras de Nuestro Señor Jesucristo quien les dijo a los judíos que le discutían: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me reciben; si otro viniera en nombre propio, lo recibirán”5 . Clara referencia al Anticristo y a este misterio teológico que divide toda la historia de la humanidad.

El hombre es un ser naturalmente religioso, puede estar en esta irreligiosidad solamente como un sacudirse una religión determinada pero necesita una religión para no sentirse totalmente vacío. Por eso cuando venga el Hijo de la perdición va a requerir del falso Profeta que lo prepare, lo recomiende, vacíe la Religión verdadera dejando tan solo una religión humanista, sin dogmas ni mandamientos, tan sólo con discernimiento psicologista, una religión de Naciones Unidas y de sincretismo religioso, especialmente de las tres principales religiones monoteístas: cristiana, judía y musulmana.

Para ello se ha socavado ya la verdadera religión y por la acedia se deshizo la Fe, la Esperanza y la Caridad en la mayoría de las personas, aún sin darse ellos cuenta, para ello se ha nublado en las inteligencias el concepto de verdad y se lo ha sustituido por lo conveniente, se vació la eternidad en el futuro.

Siguiendo al P. Bojorge vemos lo que el Cardenal Schönborn dice “La crisis más profunda que hay en la Iglesia consiste en que no nos atrevemos ya a creer en las cosas buenas que Dios obra por medio de quienes le aman”.

Víctor Frankl dice que “el reconocimiento de que la depresión se debe a la pérdida del sentido de la vida: Dios. El hombre necesita tener un sentido último. Y ese sentido último ha de ser un bien que no se puede perder. Pero el mundo contemporáneo se edifica teórica y voluntariamente prescindiendo de todo sentido último, prescindiendo de Dios como sentido último. Esa es la raíz de su tristeza característica”.6

La civilización actual, presa de la acedia, niega la pretensión cristiana en la historia, y es condescendiente con la pretensión de excluir los derechos de las mayorías cristianas y encima tildarlas de sospechosas y peligrosas. Se niega a los cristianos el derecho a configurar su mundo y su cultura de acuerdo a su fe.

La civilización actual, para denominar de algún modo este mundo en el que estamos viviendo, por haber dejado de lado la Esperanza tuvo necesariamente que dejar de lado la Verdad, en su soberbia no puede soportar que haya algo o alguien que le diga cómo debe ser el orden general.

No tolera la posibilidad de considerar la existencia de Dios pues quiere hacer lo que desee; en realidad eso es lo que piensa, pero se engaña o es engañada miserablemente por el enemigo envidioso del género humano quien por este camino prepara a las multitudes ávidas de pan y circo para que lo reciban a su médium: el Anticristo, quien debería elevarse hasta el mismo trono de Dios para repetirle el grito del principio: non serviam!

Por eso nuestra Esperanza no se funda en el número ni en las armas ni en el poder económico: nuestra Esperanza se funda en la Palabra que es Cristo, quien tiene la última palabra en este drama magnífico.

¡¡Reina del cielo, alégrate, aleluya, porque Cristo verdaderamente ha resucitado, aleluya!!

Alberto Mensi

1 SCHOECK HELMUT La Envidia. Una teoría de la sociedad. Ed Club de Lectores, Buenos Aires, 1969

2 FERNANDEZ DE LA MORA, GONZALO La envidia igualitaria. Sudamericana Planeta, Barcelona 1984

3 GIRARD RENÉ Mensonge romantique depuis la fondation du monde, Grasset 1978

4 IRIGAY DOMINIQUE Variaciones sobre el deseo, Dominicains en Franche-Comté, Sévres, 1994

5 Jn. 5, 43

6 Frankl, Víctor “El hombre en busca de sentido”, Herder, Barcelona, 1991

Nuestra recomendación: El mal menor es un mal

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Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cinco nietos (por ahora)