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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Optimismo o esperanza (I)

PorAlberto Mensi

Abr 16, 2021
Optimismo o esperanza (I)-MarchandoReligion.es

¿Optimismo o esperanza? ¿Hay que elegir? Si es así, hagamos una elección correcta

Optimismo o esperanza. Un artículo de Alberto Mensi

Ya hemos estado hablando de este tema en artículos anteriores pero creo necesario remarcar algunos puntos básicos porque, en definitiva, está en juego no sólo la acertada elección de medios temporales sino, más aún, nuestra salvación eterna.

El mundo moderno ha corrido y corre detrás de quimeras como el positivismo, el progresismo, el consumismo y ahora el Nuevo Orden Mundial, todas ellas zanahorias para que se mueva el burro.

Cuando uno tiene un burro y éste se empaca, por más que tire o empuje, el burro no va a querer moverse. En cambio si le ponemos sobre la testuz1 atada una caña y colgando de esa caña una zanahoria sabrosa, que esté lo suficientemente cerca de la boca como que pueda llegar a alcanzarla, lo suficientemente lejos, para que no la alcance, entonces el burro empacado va a ir dando pasos para alcanzar la zanahoria que nunca va a alcanzar.

Al igual que el paraíso que estas quimeras nos proponen a nosotros.

El OPTIMISMO es la zanahoria que nos pone el diablo para correr detrás de las quimeras y olvidarnos de aquello que es necesario, imprescindible y verdadera causa final de nuestros actos: la salvación eterna.

El optimismo es la forma y la expresión de la fe en la historia y es necesario en una persona que quiera servir a la liberación para la evocación revolucionaria del hombre nuevo y del mundo nuevo.

El Optimismo es la “virtud teologal” de un Dios nuevo, una nueva religión. Las promesas de ese Dios nuevo se manifiestan en la UTOPÍA que se realiza por medio de la revolución y es hija del dios padre Historia.

El optimismo ideológico de hoy es un acto de fe fundamental en las ideologías modernas.

Por eso el pesimismo es el pecado de todos los pecados. Esta duda ante el optimismo, el progreso y la utopía es un ataque radical al espíritu moderno, un ataque a su credo, finalmente un riesgo a su seguridad.

El entonces Cardenal Ratzinger hace un análisis muy práctico de este optimismo ideológico considerando sus tres características principales siempre sobre el eje de que el optimismo se justifica por la lógica de la historia que marcha su camino moviéndose inevitablemente hacia su último fin:

  • Debe diferenciarse el optimismo ideológico del optimismo de temperamento que es una cualidad natural, es moralmente neutra, la cual si crece con la esperanza se puede convertir en algo más puro y profundo, en cambio si crece en una existencia vacía y falsa se convierte sólo en fachada.
  • El optimismo ideológico se puede sostener tanto sobre una base liberal como sobre una base marxista pues ambas han cambiado al Dios trascendente por el Dios de la Historia. La base liberal es fiel al progreso mediante la evolución y el desarrollo de la historia guiada científicamente. La base marxista es fiel al movimiento dialéctico de la historia y el progreso mediante la lucha de clases y la revolución.
  • La finalidad del optimismo es la utopía de un mundo feliz y libre definitivamente, para siempre; una sociedad perfecta en la que la historia alcanza su meta y así manifiesta su divinidad.

Este optimismo ideológico, tan pernicioso para las sociedades, es hijo de la reforma protestante. Martin Lutero, creía que la Sagrada Escritura era realmente Palabra de Dios y por lo tanto una guía para orientarnos en el camino que el Creador de todas las cosas ha marcado para su obra.

Pero cuando Lutero desguaza la Revelación quedándose sólo con el Libro y dejando fuera como perniciosas la Tradición y el Magisterio Eclesiástico quita el centro de la Revelación pasándola de Dios a la persona individual. Y vale la expresión del Profesor Genta en cuanto a que: “el libre pensamiento es la libertad del macaneo infinito”2

Su soberbia no le permite reconocer ni la Tradición ni el Magisterio como canales donde Dios completa su Revelación, la explica, la aclara. Su yo lo confunde con el Espíritu Santo y lo que él piense eso es de Dios, lo que quiera, eso quiere Dios, lo que planee esa es la voluntad de Dios.

Es un verdadero giro copernicano en la historia de la Humanidad, está abriendo la caja de Pandora. No sé si era esa su intención, si fue consciente de las consecuencias de sus postulados ni siquiera si al verlo le pareciera bien o no, y no viene al caso, la realidad es que se abrieron las puertas a la aparición de innumerables errores de aquellos que partiendo ya desde un error, razonaban con inteligencia pero terminaban sacando consecuencias nefastas de esos errores.

Para el optimismo no tenemos que esperar nada, lo que queremos debemos hacerlo nosotros mismos y así este optimismo se convierte en la fachada de un mundo:

  • Sin esperanza
  • Que esconde su propia desesperación
  • Que vive una desmesurada y terrible angustia ante cualquier situación (tipo Chernóbil o COVID19)
  • Con una angustia que tiene algo de irracional y espectral
  • Que intenta olvidar la muerte, ocultada por el devenir hacia la sociedad perfecta

A diferencia de todo esto vemos que la ESPERANZA:

  • Tiene por fin el reino de Dios, es decir la unión del hombre y del mundo con Dios mediante un acto del Divino amor y poder
  • Su finalidad próxima nos indica el camino, nos confirma la justicia del gran fin, es la persona continua de este amor y poder que nos acompaña en nuestra actividad y nos socorre allí donde nuestras posibilidades llegan al límite.
  • Es justificada por la Encarnación del Verbo.
  • La finalidad de la esperanza cristiana es el don del amor que nos viene dado, más allá de nuestras posibilidades operativas, y es garantizada por la intervención del amor de Dios en la historia, principalmente en la persona de Jesucristo.
  • Esta esperanza se abre hacia un verdadero futuro, más allá de la muerte, y en ella el progreso se convierte en un futuro para mí, para nosotros, para todos.

El problema que vivimos hoy día es que desde el Libre Examen de Lutero se nos fue llevando paso a paso por un relativismo cada vez mayor hasta ese punto en que Genta llama “la libertad del macaneo infinito”.

Se nos aparta de la verdad pues saben los enemigos de Dios que tienen vigencia eterna las palabras de Jesucristo: “Si permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres3

Cuando hablábamos más arriba de Lutero nos referimos a su soberbia, pues para alcanzar la verdad se necesita de humildad, sin lo cual es imposible.

El ejemplo lo tenemos en el mismo Cristo que obediente a su Padre se nos brinda por completo: “el Hijo del Hombre vino, no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.4

Con la humildad se puede encontrar la verdad y la verdad es la piedra de toque.

“Así vemos que todo se ordena a la Verdad: la caridad es la Verdad misma que se derrama; la Esperanza es la expectativa de contemplar la Verdad; la Sobriedad es remover los obstáculos interiores que le impiden al hombre poder contemplar la Verdad; la Fe es creer la Verdad; la Prudencia es obrar la Verdad; la Belleza es la Verdad manifestada o expresada”.5

María Santísima Madre de la Divina Sabiduría, ruega por nosotros.

Alberto Mensi

1 Testuz: nuca de algunos animales

2 Genta, Jordán Bruno Clase Privada de Filosofía y Política 11 julio 1974

3 Jn. 8, 31 – 32

4 Mt. 20, 28

5 Genta Jordán Bruno Clase privada de Filosofía y Política 8 agosto 1974

Nuestra recomendación: El mal menor es un mal

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Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cinco nietos (por ahora)