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Divina providencia

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¿Qué es la divina providencia y qué abarca? Todo esto y más tiene respuesta en este artículo

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Divina Providencia. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

DIVINA PROVIDENCIA

1. RELATO EVANGELICO (Mc 13, 33-34)

«Más en cuanto al día o la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo para revelároslo, sino el Padre. Estad, pues, alerta, velad y orad, ya que no sabéis cuándo será el tiempo. A la manera de un hombre que, saliendo a un viaje largo, dejó su casa y señaló a uno de sus criados lo que debía hacer, y mandó al portero que velase. Velad, pues, también vosotros, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si a la tarde, o a la media noche, o si al canto del gallo, o al amanecer: no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos. En fin, lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: velad».

2. COMENTARIO LITURGICO

La Santa Iglesia aguarda, durante el Adviento con lágrimas e impaciencia la venida de Cristo en su primer Advenimiento. Y así, se hace eco de las ardientes expresiones de los Profetas, a las que añade sus propias suplicas.

Las ansias del Mesías no son, en boca de la Iglesia, un simple recuerdo de los anhelos del antiguo pueblo: tienen un valor real, una eficaz influencia sobre el gran acto de la generosidad del Padre celestial, que no dio a su Hijo.

Desde toda la eternidad, las oraciones reunidas del antiguo pueblo y las de la Iglesia cristiana, estuvieron presentes ante el divino acatamiento; y fue después de haberlas oído y escuchado todas, cuando se decidió a enviar a su debido tiempo a la tierra este celestial rocío que hizo germinar al Salvador.1

3. REFLEXION

Todo lo que Dios creo, lo mantiene y lo dirige con su providencia, “llegando vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobernando de excelente manera el universo” (Sab 8,1). “Porque todo está descubierto y patente a sus ojos” (Heb 4,13) incluso lo que ha de acontecer por una acción libre de la criatura2.

Estas palabras del Concilio Vaticano I nos recuerdan que Dios, que creo el mundo libremente y para su gloria, lo preserva y lo gobierna con amor y solicitud. De esta manera, se rechazaba como contrarias a la fe católica las doctrinas fatalistas y naturalistas que negaban toda providencia de Dios sobre lo creado; como también las de los deístas que, aun afirmando que el Mundo había sido creado por Dios, sin embargo, en un alarde de egoísmo e indiferencia, lo había abandonado por completo a sí mismo, desinteresándose del bien natural y sobrenatural del hombre, su más excelsa criatura.

Reconociendo la falsedad de las tesis que negaban o hacían parcial la providencia divina sobre lo creado, la Iglesia proclama que Dios, en quien no cabe imperfección alguna, gobierna el mundo con su providencia. ¿Y en que consiste esta? Esta consiste en la ejecución en el tiempo del plan eterno de Dios sobre el mundo, a fin de causar el orden, la belleza y la perfección del universo. A este fin, que incluye la salvación eterna del Hombre, Dios encauza todo su poder y sabiduría.

Y esta providencia abarca todas las cosas creadas, desde las más importantes hasta las más insignificantes, como el mismo Señor proclamó en el Sermón de la Montaña: Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta (…) No andéis, pues, agobiados pensando que vais a comer, o que vais a beber o con que os vais a vestir (…) ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso3. Del mismo modo, abarca igualmente lo general y lo particular, lo que afecta al universo y a los hombres: desde el movimiento de los planetas al surgimiento y caída de los Imperios; desde el nacimiento de un niño al tránsito de un anciano; desde nuestras dudas más profundas hasta las preocupaciones más prosaicas. Poniendo de manifiesto que, al contrario de lo que afirmaban los deístas, Dios no se desentiende de su creación, sino que la atiende, la cuida y la gobierna has en sus más mínimos e insignificantes detalles.

Y ¿esa providencia, que abarca toda la creación y quienes la habitan, la ejerce de un modo especial sobre el hombre, como proclama el salmista con admiración: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies4. El Salmo 8, al que pertenecen estas palabras, y que es un verdadero canto a la providencia y predilección divinas sobre el hombre, manifiesta ese cuidado que sobre él ejerce Dios, con la mirada puesta en su eterna salvación. Y para lo cual, le concedió los medios necesarios para cumplir sus designios sobre él, pero permitiendo, en un acto de bondad supremo, que este, desde su libertad y contingencia, pudiera oponerse a ellos.

Cuidado y predilección, que se evidencian en la vida del hombre y en su historia de un modo, muchas veces indirectos, sin estridencias sino con sencillez; pero, en otras ocasiones, cuando así lo tiene Él dispuesto, interviene de un modo directo, sobrenatural, asombrando al hombre con un milagro, con una revelación…, que suscita la contradicción, en aquellos que no creen en Él, pero en quienes confían en su poder y providencia se manifiesta como un signo de su presencia en el devenir cotidiano e histórico.

Y es así, queridos hermanos, como llegamos al misterio cuya preparación iniciamos hoy. Porque en la realización de la Encarnación, no sólo se dio una acción directa y sobrenatural de la Divina Providencia, por medio del prodigio de la concepción del Verbo eterno en el seno virginal de María; sino también indirecta a través de los reyes, profetas, historia y culto del pueblo de Israel, que iban preparando al pueblo judío y a la humanidad para el nacimiento del Salvador. Manifestándose así que Dios, lejos de ser un ser frio y distante, no había abandonado al hombre a su triste destino tras la Caída de Adán y Eva, sino que, haciéndose cercano a través de sus mensajeros y del devenir histórico del Pueblo Elegido, había de introducirse en la historia humana de un modo nuevo y maravilloso, pues, la Vida se hizo visible y habito entre nosotros5.

4. TESTIMONIO DE LOS DOCTORES DE LA IGLESIA

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (1090-1153)

<<En el primer Advenimiento, viene en carne y debilidad; en el segundo viene en espíritu y poderío; en el tercero viene en gloria y majestad; el segundo Advenimiento es el medio por el que se pasa del primero al tercero.>>

Sermón V sobre el Adviento.

5. ORACION

Señor y Dios nuestro, cuya providencia lo abarca todo y a todos, y que nunca nos has abandonado a nuestra suerte; aviva durante este tiempo de Adviento que hoy iniciamos, aquella confianza con que el Pueblo de Israel espero, en las más difíciles circunstancias, el advenimiento de su Señor y Salvador. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 GUERANGER, Dom Prospero: El Año Litúrgico, vol. 1: Adviento – Navidad.

2 DzH 3003

3 Mt 6, 26.31-32

4 Sal 8, 5-7

5 Cf. 1 Jn 2; Jn 1, 14

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna