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MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Abnegación. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

Abnegación

1. Relato evangélico (Jn 2, 13-25)

Y estaba cerca la Pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y halló en el templo vendiendo bueyes y ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Y haciendo de cuerdas como un azote, los echó a todos del templo, y las ovejas y los bueyes, y arrojó por tierra el dinero de los cambistas, y derribó las mesas. Y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí, y la casa de mi Padre no la hagáis casa de tráfico». Y se acordaron los discípulos que está escrito: El celo de tu casa me devorará.

Y los judíos le respondieron, y dijeron: «¿Qué señal nos muestras de que haces estas cosas?» Jesús les respondió, y dijo: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos le dijeron: «¿En cuarenta y seis años fue hecho este templo, y tú lo levantarás en tres días?» Mas Él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos que por esto lo decía, y creyeron a la Escritura y a la palabra que dijo Jesús.

Y estando en Jerusalén en el día solemne de la Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía. Mas el mismo Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos. Y porque Él no había menester que alguno le diese testimonio del hombre; porque sabía por sí mismo lo que había en el hombre.

2. Comentario exegético

San Juan es el único que añade que, ante la escena protagonizada por Jesús, los <<discípulos>> <<recordaron>> que en los Libros de los Salmos estaba escrito: <<el celo de tu casa me devorara.>>

Estas palabras están tomadas del salmo 69, 10. Las solas palabras sugieren en él un celo que le consume por la gloria de Dios. Pero el otro hemisticlio del verso habla de un celo que hace caer sobre el salmista dolores y vituperios. Esto orienta preferentemente, no sólo al celo ardiente interior que Cristo ahora tiene, sino también a las consecuencias de que este celo se seguirán un día para Cristo, cayendo sobre él.

Como el original pone esto en un tiempo pasado, si Juan toma el futuro <<me devorara>>de los mejores manuscritos de los LXX, o si lo modifica él, es para indicar bien cuál es el intento de este celo que consumirá a Cristo.

Es muy probable que, en el pensamiento del evangelista, este versículo contenga un anuncio de la pasión. Este celo por las cosas de Dios, como parte de toda una actuación mesiánico – divina, le acarreará un día la muerte. Además, son muchas las citas de este salmo que se hacen en el Nuevo Testamento relacionándolo la pasión, tan en san Juan (15,25;19,28) como en otros escritos neotestamentarios (Hch 1,20; Rom 11,9; 15,3, etc.)i

3. Reflexión

La penitencia purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad.ii

Con estas palabras de San Agustín, nos anima la Iglesia, en este tiempo de Cuaresma, tiempo penitencial por excelencia, a practicar la abnegación cristiana, materializada en las practicas cuaresmales de la oración, el ayuno, la abstinencia y la penitencia.

Contrariamente, a lo que algunas corrientes espirituales, dentro y fuera de la Iglesia, han predicado, el placer de suyo no es malo. Al contrario, Dios mismo, autor de la naturaleza, lo ha puesto en el ejercicio de ciertas actividades naturales para facilitarlas y estimularlas, concretamente, a las vinculadas con la nutrición y la generación. De esta manera, existe en cada uno de nosotros un anhelo por el placer sensible y corporal, como también espiritual e intelectual, que nace de la búsqueda y consecución de los bienes inmateriales o espirituales.

Este apetito por el placer o concupiscencia era dominado por el hombre en el estado de Justicia Original, viéndose inmune de todo deseo desordenado de placer; sin embargo, perdido este, el hombre perdió el don de la integridad, que le hacía inmune a toda concupiscencia desordenada. Como señala, Santo Tomás de Aquino por el pecado de los primeros padres desapareció la justicia original, que mantenía las facultades inferiores sometidas a la razón sin desorden alguno y hacia que todo el cuerpo estuviera bajo la potestad del alma sin defecto algunoiii. Así, de ser señor de sí y de sus pasiones, el hombre, herido por la Caída en su naturalezaiv, quedo a merced de la concupiscencia que, en no pocas ocasiones, y en contra de las exigencias de la razón, lo empuja hacia el pecado.

Esta situación, generó y sigue generando en el hombre, una lucha interior entre el hombre carnal y el hombre espiritual, que tan vivamente retrata el Apóstol en su Carta a los Romanos: Yo soy un hombre acosado por apetitos desordenados y vendido al poder del pecado, y no acabo de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezcov. Así, el primero se deja dominar por el apetito desordenado por el placer, cerrándose a Dios y a las cosas divinas, que considera superfluas y que desiste en convertirse por considerarlo una tarea imposible y contradictoriavi; mientras que el segundo, se “rebela” contra el desorden de las pasiones y, por el camino de la abnegación, se abre a Dios y a las cosas divinas, que considera de más aprecio que las terrenas.vii

El hombre espiritual, por tanto, es todo aquel discípulo de Cristo que, con el auxilio de la gracia, responde a la llamada del Divino Maestro a la abnegación, con la absoluta certeza de que, cuando una criatura se despoja de todo por amor de Jesús, Jesús la reviste de su santidad y la inunda de sus graciasviii. Y esta llamada, como manifestó el mismo Salvador, no es algo reservado a unos pocos, a unos seres especialmente elegidos para ello, sino que posee un alcance universal, inseparable con la vocación de todo bautizado, y, muy especialmente, realizada a aquellos que con más intensidad viven la lucha contra las tentaciones.

Sin embargo, siendo la abnegación un elemento indispensable de toda vida cristiana, esta tiene que estar rectamente fundada. Desgraciadamente, en no pocos momentos de la historia de la Iglesia, se han visto manifestaciones exageradas de la misma, fruto de una falsa espiritualidad, que nada tenían que ver con su sentido genuino. La verdadera abnegación, nacida de la respuesta del cristiano a la llamada de Cristo de seguirle tomando la propia cruzix, tiene como verdadero y único fundamento, el amor de Dios y al prójimo. La auténtica abnegación cristiana busca en la renuncia voluntaria y en la recta ordenación de las pasiones, la propia negación para amar, por amor, con la fuerza del amorx.

La abnegación cristiana, por lo tanto, encuentra su fundamento en la fuerza afirmativa del amor a Dios y al prójimo. Y, contrariamente a como algunos piensan, fuera y dentro de la Iglesia, no supone, con sus renuncias, una negación de lo humano en favor de lo cristiano, un entristecimiento del carácter del bautizado que lo conduce a un puritanismo hipócrita y desencarnado; no, ese no es el espíritu de la ascesis cristiana. Al contrario, su fin es la recta ordenación del disfrute espiritual y sensible de lo Creado, de aquello que nos atrae de la naturaleza, de las creaciones espirituales y sensibles del hombre, en las que se refleja lo verdadero, lo bello y lo bueno que Dios ha puesto en ellas. En última instancia, nos prepara para alcanzar el fin último del hombre, que no reside en una felicidad sensible y pasajera, sino en un fin que colmara todas nuestras ansias de felicidad, que nuestra alma anhela, y que sólo puede encontrar en Dios, Bien Supremo, Soberano e infinito, que sólo puede ser alcanzado y disfrutado por los limpios de corazón.

4. Testimonio de los Santos Padres

SAN AGUSTIN DE HIPONA (354-430)

<<Los que venden en la Iglesia son los que buscan lo que les agrada y no lo que le agrada a Jesucristo, haciéndolo todo vendible, porque quieren ser pagados. Simón Mago quiso comprar la gracia del Espíritu Santo, porque se proponía venderla. Era de aquellos que vendían palomas, porque el Espíritu

Santo apareció en forma de paloma; pero la paloma no se vende, se da

gratis, porque se llama gracia.>>

Catena aurea

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que, a través de las penitencias cuaresmales, preparas nuestros cuerpos y nuestras almas para participar gozosamente de la eterna bienaventuranza; concédenos la gracia de que, por los méritos de la Pasión de tu Hijo, nos veamos fortalecidos en el camino hacia la Pascua. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

i PROFESORES DE SALMANCA: Biblia comentada (Evangelios Vb), p. 325

ii Sermón 73

iii ST I-II 85,5

iv CCEC 77

v Rom 7, 14-15

vi 1 Cor 2, 14

vii Flp 3,8

viii GERMAN DE S. ESTANISLAO – BASILIO DE S. PABLO: Santa Gema Galgani. Vida de la primera santa del siglo XX, Palabra (5º edición), p. 185

ix Lc 9,23-24

x Subida al Monte Carmelo 1, 14, 2

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna