• Mar. Dic 7th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

En este tiempo de Cuaresma acércate más a la fiesta de las bodas del cielo

tiempo de Cuaresma

El tiempo de Cuaresma es un buen momento para meditar lo que los santos pueden enseñarnos sobre la felicidad en el mundo moderno

 En este tiempo de Cuaresma acércate más a la fiesta de las bodas del cielo, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Una de las peores distorsiones perpetuadas contra los santos por “piadosos” autores, y de la misma manera por enemigos de la Iglesia, es que los santos eran un grupo sombrío, inclinados por el peso de penitencias sombrías, que desterraban la luz del sol de sus aposentos, cerrados a la alegría, a la risa y a la jovialidad.

Cualquiera que sepa sobre los santos, o alguien que haya conocido a una persona santa, ni por un instante los reconocería según tal descripción. De hecho, uno de los signos necesarios para la canonización de una persona ¡es la alegría!

San Francisco de Asís entró en éxtasis con la bondad de Dios presente en la creación, él jugó e hizo payasadas, cantando su alegría mientras caminaba por los caminos de Italia. Santa Catalina de Siena, una estigmatizada, tuvo el suficiente coraje para decirle al Papa que mantuviera su boca cerrada por amor a la prudencia. San Lorenzo hizo una broma sobre la parrilla: “Dame vuelta, estoy listo de este lado.” ¿Y qué decir de los a veces traviesos San Felipe Neri y Santa Teresa de Lisieux? Si uno lee el Magnificat de Nuestra Señora, no hay ni una pizca de melancolía.

Los santos conocían un crucial secreto que la mayoría de las personas ya no conocen: la alegría está enraizada en el amor de Dios. La gente moderna trata de ser feliz sin Dios, pero esto es una auténtica locura, porque Dios es felicidad. Dios es idéntico a la felicidad, Él es infinita bendición, y si nosotros alcanzamos cualquier grado de alegría o paz es solo porque nos hemos acercado más a Él.

Buscar la felicidad en otra parte es el resultado de una ilusión, una decepción.

Debemos tener en mente que Dios no creó el sufrimiento y no quiere que Sus hijos sufran. El sufrimiento es un mal, no es bueno en sí mismo. El mundo como Dios lo hizo es bueno hasta la médula; es el hombre quien introduce el mal en este mundo, y los pecados de ciertos hombres han probado ser la causa de grandes sufrimientos para otros. Dios permite este sufrimiento porque a través de él puede purificarnos de nuestra propia pecaminosidad y hacernos más dignos de su amor ilimitado. De hecho, Dios impone sufrimientos sobre nosotros, y espera que busquemos voluntariamente el sufrimiento de penitencia porque Él sabe que estamos en una seria necesidad de desprendernos de los apegos desordenados a los bienes de este mundo y que creceremos en “sabiduría, estatura y gracia” (cf. Lucas 2, 52) a través de este proceso. Este es el punto central de la Cuaresma: nunca probaremos la alegría espiritual de la resurrección si estamos revolcándonos en la suciedad de nuestros pecados; si estamos manchados con el residuo de pecados pasados o preocupados de nuestras necesidades y comodidades mundanas.

La Escritura nos cuenta que el rey Ezequías “enfermó de enfermedad mortal”, cuando se arrepintió y “se puso a sollozar con gran llanto” (Isaías 38, 1-6). Esta enfermedad y el llanto que trajo consigo fueron su salvación. Jesús dice a sus discípulos de Lázaro (Juan 11, 4): “esta enfermedad no es de muerte”, sino para la vida, porque manifestará la compasión vivificante de Jesucristo, “la resurrección y la vida” (Juan 11, 25). Todo nuestro sufrimiento, unido a la fe, nos acercará más al Salvador que lloró en la tumba de Lázaro, y cuanto más nos acerquemos a Jesús, más nos acercaremos a la fiesta de las bodas del cielo, donde cada lágrima será enjuagada de nuestros ojos (Apocalipsis 21, 4).

Como los santos nos enseñan, el sufrimiento es para ser soportado por amor; por amor a la profundización y extensión del reino de Dios; para amar más Jesús, que sufrió en la Cruz por amor a nosotros, por cada uno de nosotros. Esta es la razón de porqué es soportable y hasta jovial y porqué los santos tienen tal exceso de amor que pueden sufrir voluntariamente en nombre de aquellos que se rehúsan a sufrir.

La felicidad de este mundo moderno es de papel maché y brillantina: atractiva desde la distancia, pero mirada de cerca, es hueca y barata. La alegría del amor, que nunca está exenta de lágrimas, pero que las valen más y los océanos de ellas aún más, es verdadera como el acero y brillante como el oro. No cederá con la siguiente ráfaga de viento, sino que se queda para siempre, arraigada en el Corazón de Cristo, la roca, el cimiento, el horno ardiente del amor. “Encomienda al Señor tu destino, y Él te sostendrá” (Salmo 54, 23).

Nuestra batalla con los misterios de la vida debe ser finalmente toda ofrecida a Dios: la fe silenciará todas las preguntas inútiles y toda lucha vana. “Mi sacrificio, ¡oh, Dios!, es un espíritu contrito. Un corazón contrito y humillado, ¡oh, Dios!, no lo desprecias” (Salmo 50, 19). Tanto nuestros pecados y nuestra ignorancia nos envuelven en la oscuridad, pero la contrición por el pecado y la fe en Dios abren el alma, dejando entrar la luz, la luz de la misericordia y la luz de la verdad.

Un corazón orgulloso se quiebra con la gracia solo para ser abierto hacia algo más grande que lo que orgullo puede poseer. El orgullo espera misericordia con el fin de glorificarse y gratificarse a sí mismo, desea la verdad como posesión propia privada. Pero la verdad se entrega a aquellos que la aman humildemente en sí misma, y la misericordia se concede a aquellos que renuncian al orgulloso deseo de auto-glorificación.

Hay en todo esto una pedagogía divina de trabajo que nos ayuda a confiar nuestras preocupaciones al Señor; a abrir nuestras bocas a la comida que él quiere darnos, que siempre es mejor que la comida que nosotros nos proveemos. Un espíritu quebrantado, un alma hambrienta, es el único espíritu que ha sido sanado, la única alma que será alimentada.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/this-lent-come-nearer-to-the-wedding-feast-of-heaven

Nuestra sugerencia de lectura para ir meditando durante este tiempo de Cuaresma


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/