• Sáb. Nov 27th, 2021

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El principal y primer mandamiento

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¿Cuál es el primer mandamiento? Como siempre encontramos la respuesta leyendo los artículos de D. Vicente sobre la vida de Cristo

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

El principal y primer mandamiento

1. Relato Evangélico (Mt 22, 34-40)

Mas los fariseos cuando oyeron que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a consejo; y le preguntó uno de ellos, que era doctor de la ley, tentándole: «Maestro, ¿cuál es el grande mandamiento en la ley?» Jesús le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma y de todo tu entendimiento. Este es el mayor y el principal mandamiento. Y el segundo, semejante es a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas». 

2. Comentario al Evangelio.

Los enemigos de Jesús se van turnando a la hora de ponerlo a prueba y buscar un fallo, una incoherencia en su mensaje, para ponerlo en evidencia ante el pueblo. Tras contestar a los saduceos sobre la cuestión de la resurrección de los muertos, es el turno de los fariseos, que pondrán a prueba su conocimiento de la Ley. Inician, de modo vehemente, su dialogo con Jesús, felicitándole por su respuesta a los saduceos, no por la verdad de su contestación, sino por haber dejado en evidencia a sus enemigos doctrinales; esta actitud pone de manifiesto su maldad de corazón, su falta de deseo de la Verdad y su falta de caridad, con unos hermanos de fe que profesan opiniones contrarias a las suyas.

La pregunta acerca del mandamiento principal de la Ley esconde una trampa para el Maestro: existían múltiples mandatos y preceptos en la ley mosaica, un verdadero entramado legal que oscurecía las leyes divinas con una serie de mandatos puramente humanos. Jesús, que conoce la Ley, responde a esta cuestión de una manera sencilla y directa: se dirige al principio y fundamento de toda la legislación divina y humana, que es el amor a Dios y al prójimo. De esta manera, Jesús evita la trampa y, obviando la telaraña legal judía, en la que querían atraparlo, confirma, por encima de añadidos y complicaciones humanas, la original disposición divina acerca de la doble dimensión de la Ley: vertical hacia Dios y horizontal hacia el hombre.

3. Reflexión

La sociedad humana (…) tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutar en común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo, nos exhorta el Papa San Juan XXIII1.

Existe en todo ser humano una inclinación natural que le impulsa a amar a la sociedad de los hombres, con quienes comparte una misma naturaleza, la humana, que los une en una natural fraternidad. De ahí nace, el amor a la patria que, como deber social, implica el amor y la piedad hacia ella en cuanto tierra de nuestros antepasados; y que, además, es el espacio natural en que ese amor social desarrolla todo su potencial.

Ese amor natural del hombre a la sociedad de la que forma parte, se manifiesta, en la práctica, de múltiples formas: beneficencia, solidaridad o filantropía son las más comunes de sus expresiones naturales. Sin embargo, ese amor social natural adquiere su forma más perfecta en la caridad social, que es la forma típicamente cristiana del amor del hombre por la sociedad.

¿Qué es la caridad social? Si la caridad es la virtud teologal infundida por Dios en nuestra voluntad, por la que le amamos por sí mismo sobre todas las cosas y a nosotros y al prójimo por Él; la caridad social es esa misma virtud, en cuanto nos inclina, a amar por Él, a la sociedad humana de la que formamos parte. Es la elevación sobrenatural del amor social natural, que supera, en excelencia y eficacia, toda forma de compromiso social humano.

Y decimos esto, porque la caridad social contempla al hombre en su realidad integral, es decir, temporal y espiritual, y, por tanto, abarca todas las necesidades que brotan de esa realidad antropológica. Efectivamente, mientras que la Filantropía contempla al hombre de un modo natural, desligado de Dios y de su gracia, y la Solidaridad se circunscribe a una causa concreta y temporal; la caridad social abarca a todo el hombre, en su condición de hijo de Dios, y todas sus necesidades inherentes al alma y al cuerpo, sin límite de tiempo o lugar. De ahí, su excelencia, como hemos dicho, por ser la expresión integral y social de la virtud teologal de la caridad, expresión operativa del amor a Dios y al prójimo.

Finalmente, no podemos olvidar que, en términos generales, la caridad social, al no distinguirse de la teologal, es obligatoria y necesaria para nuestra salvación. Por ello, del mismo modo que cuando ofendemos a Dios, faltando a alguno de sus mandamientos, pecamos contra la caridad teologal, quien fomenta el odio, la envidia, la discordia y el escandalo social ofende gravemente a Dios y perjudica seriamente a la sociedad. Y ello es especialmente grave cuando, ya sea de palabra, obra u omisión se colabora en el alejamiento de esta y de sus miembros de su fin último, que es Dios, en quien han de ser recapituladas todas las cosas en el cielo y en la tierra.

4. Testimonio de la Tradición

SAN AGUSTIN DE HIPONA (354-430)

<<El que ama a los hombres, debe amarlos, ya porque son justos, o ya para que lo sean. De este modo debe amarse al prójimo, y así es como se ama al prójimo como a sí mismo, sin peligro alguno; ya porque es justo, o ya para que sea justo.>>

De Trinitate, 8,6

5. Oración

Señor y Dios nuestro, principio y fin de toda humana sociedad, en la que los hombres están llamados a desarrollar todo el potencial que Tú has puesto en ellos; haz que, con el auxilio de tu gracia, trabajemos para que nuestra sociedad, nuestra patria, se verdaderamente un espacio de caridad, justicia y libertad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 Encíclica Pacem in terris (1963), n.36

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna