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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La samaritana de Rostand

PorMiguel Toledano

Nov 23, 2020
La samaritana de Rostand-MarchandoReligion.es

Sicar y el pozo de Jacob es la inspiración de la samaritana de Rostand, ¿Quieren saber más sobre la obra de este dramaturgo?

La samaritana de Rostand. Un artículo de Miguel Toledano

El dramaturgo Edmundo Rostand publicó en 1897 su obra “La Samaritana”, inspirada en el relato evangélico de Juan 4, 4-43. La pieza fue estrenada en París nada menos que por Sarah Bernhardt.

Escrita en verso, su autor la configuró como “Evangelio en tres cuadros”, que vienen a corresponder a los respectivos actos del teatro clásico.

El cuadro primero se desarrolla junto al pozo de Jacob, en Palestina, visitado en ocasiones por los espíritus de los grandes patriarcas hebreos, o al menos Rostand se permite dicha licencia al comienzo de la trama. Los samaritanos se lamentan de ser maltratados tanto por los judíos como por los romanos. Esperan la llegada del Mesías y algunos piensan que es Juan el Bautista.

El joven Azriel está enamorado de Fotina, de la que se dice que ya ha tenido cinco amantes; él la espera junto al pozo, donde se supone que ella vendrá a por agua.

En esto aparecen Jesús y sus discípulos, incluyendo a los apóstoles Pedro, Andrés, Santiago, Nataniel y Judas (Iscariote). La mayor parte de los samaritanos no quieren ofrecerles comida ni bebida, pues se trata de judíos, sus acérrimos enemigos.

También Pedro, Andrés y Santiago se muestran muy malhumorados con los samaritanos. Pedro es retratado, a lo largo de la obra, con su proverbial energía. Pero entonces Jesús explica a sus seguidores que deben amar tanto a los gentiles como a los samaritanos.

Para ello, les relata la parábola del buen samaritano, que recogió San Lucas en el capítulo décimo de su evangelio. Este punto es interesante porque Rostand se aparta del relato evangélico, en cuanto que Nuestro Señor aquí no explica la parábola a los fariseos, sino a los mismos apóstoles. A continuación figuran igualmente versificadas la parábola del sembrador y la de la cizaña.

Ya solo, Jesús ve acercarse a una bella mujer, ataviada con un triple collar de oro, cintura de seda, brazaletes en sus tobillos y un ánfora sobre su cabeza. En Zaragoza existe una estatua dedicada a la bella samaritana, pero en este caso su autor la representó con dos cántaros.

La samaritana viene cantando sus amores sensuales, que no coinciden con la verdadera caridad. Jesús la llama; ella se sorprende de que un judío se interese por una samaritana. Él le dice que le dará a beber agua vivificante, pues Él es “mayor que Jacob”. A continuación, le afea haber tenido seis amantes. Ella, sorprendida, piensa que se trata, sin duda alguna, de un profeta, como mínimo.

Jesús, por su parte, advierte cómo una vez más es la gente humilde quien Lo reconoce y Le da por ello gracias a Dios (Padre).

Entonces, Él se revela a ella expresamente como el Mesías. Ella Le cree y entona en Su honor los mismos cantos de amor que utilizaba para sus amantes. Jesús los acepta, al igual que las lágrimas que la samaritana vierte por Él.

Antes de que vuelvan los discípulos, Nuestro Señor explica a la mujer toda su doctrina en parábolas y cae el telón del cuadro.

El cuadro segundo se abre en el mercado de Siquem. Los discípulos tratan de adquirir alimentos, pero los samaritanos se burlan de ellos por su condición de judíos. Apenas pueden Pedro y los demás conseguir que les sea proporcionado nada digno que comer.

Por otra parte, los demás apóstoles han descubierto que Judas les roba; aunque el Maestro lo sabe y lo permite como una suerte de designio divino.

Entre tanto, Azriel arde en deseos de ver a Fotina, a la que la mayor parte de los samaritanos desea expulsar de la ciudad por libertina. La mujer, en lugar de interesarse por su amante, convoca a todos los habitantes, ancianos y sacerdotes samaritanos, para hablarles del Nazareno. Ella piensa que se trata del Mesías. En un primer momento, la muchedumbre no le da crédito.

Los sacerdotes se sorprenden de que una analfabeta sea capaz de citar asiduamente la Sagrada Escritura. La joven se humilla ante todos, acusándose de su pasada vida de pecado y explica que Jesús le ha perdonado sus faltas.

La gente se empieza a interesar por el Nazareno. Un niño, en particular, quiere seguirla, antes que ningún otro. Los sacerdotes, interesados e incrédulos, oponen a la figura de este hombre la de un Mesías guerrero y poderoso, descendiente directo de David. Pero Fotina cada vez convence en mayor grado a los habitantes de la ciudad.

El sacerdote ordena llamar a los romanos, para acusar a la mujer de alterar la paz civil. Al hablar del amor cristiano, la bella samaritana convence prácticamente a todos.

En ese instante, aparece un centurión romano acompañado de sus hombres. Acaba de recibir la acusación -falsa- de que Jesús quiere proclamarse emperador contra Roma. El centurión se marcha con intención de informar al gobernador Pilatos.

En realidad, dicho oficial ya había oído hablar de Jesús. Él mismo lo vio en Jerusalén, seguido de sus doce apóstoles, cuando el judío echó del templo a los mercaderes. Pero lo considera inofensivo para Roma, pues el Nazareno predica que “hay que dar al César lo que es del César”.

Excusados del poder romano, toda la muchedumbre samaritana se decide a seguir a Fotina en busca de Jesús, provistos de ramos de olivo.

El tercer cuadro se abre una vez más junto al pozo de Jacob. Los discípulos acompañan a Jesús, a menudo sin entender lo que les dice. Muertos de sed, beben del ánfora que dejó Fotina tras convertirse al Maestro. Los distintos apóstoles se dan cuenta de que el agua de la antigua pecadora se ha transformado milagrosamente en una bebida deliciosa.

En esto, se aproxima a ellos la muchedumbre de Siquem entera, presidida por la samaritana Fotina. Jesús perdona uno a uno a cuantos pecadores acuden a Él en arrepentimiento. Tan sólo se encoleriza el Maestro con el vanidoso sacerdote que intenta hacerle caer en una trampa. Especialmente cariñoso se muestra el Mesías con los niños. Realiza múltiples milagros y anuncia a los apóstoles que ellos también los harán.

Ante la insistencia de los samaritanos, incluido Azriel, Jesús les promete quedarse dos días con ellos, sabedor de que serán los judíos quienes no quieran seguirle. En cuanto a Fotina, Nuestro Señor le asegura que ella estará muy cerca de Él en el Paraíso, al igual que Magdalena.

La obra finaliza con la preferencia por parte de Jesús hacia las oraciones sencillas frente a la ostentación y efectismo que se achaca negativamente a los sacerdotes – un exceso por parte de Rostand a causa de su contaminación neorromántica. Antes de que caiga el telón definitivamente, Fotina recita una versión rimada del Padre Nuestro.

Miguel Toledano Lanza

Domingo vigésimo quinto después de Pentecostés, 2020

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Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibió su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovisión carlista, está casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. Ha publicado más de cien artículos en Marchando Religión. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Actualmente reside en Bruselas. Es miembro fundador de la Unión de Juristas Católicos de Bélgica.