• Mar. Dic 7th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

El misterio de la Virgen Madre

El misterio de la Virgen Madre-MarchandoReligion.es

Hoy, D. Vicente nos lleva a profundizar en María Santísima y nos recuerda como la Iglesia celebraba en el día primero de enero dos misas y una era en honor de la Virgen Madre

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. El misterio de la Virgen Madre. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Lc 1, 16-21)

Luego que los ángeles se apartaron de ellos y volaron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Pasemos hasta Belén, y veamos este prodigio que acaba de suceder, y que el Señor nos ha manifestado». Vinieron, pues, a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño reclinado en el pesebre. Y viéndole, se certificaron de cuanto les había dicho de este Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron igualmente de lo que los pastores les habían contado. María empero conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón. En fin, los pastores se volvieron, no cesando de alabar y glorificar al Señor por todas las cosas que habían oído y visto, según se les había anunciado por el ángel.

Llegado el día octavo, en que debía ser circuncidado el Niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el ángel antes que fuese concebido.

2. Comentario Litúrgico

Antiguamente, la Santa Iglesia romana celebraba dos misas el día 1º de enero: una por la Octava de Navidad, otra en honor de María.

Más tarde, las reunió en una sola, del mismo modo que unió en el Oficio de este día el testimonio de su admiración hacia el Hijo, con las expresiones de su admiración y tierna confianza para con la Madre.

En su afán de rendir el tributo de sus homenajes a la que nos dio al Emmanuel, la Iglesia griega no espera al octavo día del Nacimiento del Verbo hecho carne. En su impaciencia consagra a María el mismo día siguiente de Navidad, el 26 de diciembre, con el título de Sinaxis de la Madre de Dios, reuniendo esas dos fiestas en una sola, y celebrando a san Esteban el día 27 de diciembre.1

3. Reflexión

Aquellos a quienes Dios elige para una misión los prepara y dispone para desempeñar la misión para la que fueron elegidos (…) Pues bien, la bienaventurada Virgen fue por Dios elegida para ser Madre de Dios, y no hay duda que Dios la hizo idónea para semejante misión.2

Con estas palabras de Santo Tomás de Aquino, quiero dar inicio a esta reflexión sobre el misterio que hoy celebra la Iglesia, que es el de la maternidad divina de María.

Ciertamente, todos y cada uno de los privilegios y dones con que fue adornada la Madre de Dios, le fueron concedidos en vista de su maternidad. Unos la preparan para ella, como su Inmaculada Concepción y virginidad perpetua; y otros son consecuencia de ella, como su gloriosa Asunción a los cielos en cuerpo y alma. La Iglesia siempre los ha entendido en este sentido y nunca como algo desvinculado de su maternidad divina, causa principal de nuestro amor y veneración hacia Ella.

Esta maternidad se realiza en María unida indisolublemente al misterio de su virginidad, que hacen de ella, para escándalo de no pocos a lo largo de los siglos, la Virgen Madre; del mismo modo que es motivo del mismo el misterio del Dios hecho hombre.

Este misterio de la virginidad perpetua de la Santísima Virgen María, siempre en relacion con su maternidad divina, estuvo prefigurado de muchas maneras en el Antiguo Testamento. Los Santos Padres contemplaban este misterio en la zarza ardiente que Moisés hallo en el Monte Sinaí, que ardía sin consumirse para asombro del Patriarca3; o la profecía del Emmanuel4, donde Dios mismo daría, como señal de su predilección por Israel, el prodigio de que una virgen, una mujer que no había conocido varón, concebiría y daría a luz un hijo, sin menoscabo de su virginidad. Esta profecía es a la que san Mateo se refiere como cumplida en la Doncella de Nazaret y la prueba de que la misma, más allá de su posible verificación en tiempos del profeta Isaías, apuntaba a un hecho más notorio y sobrenatural, que el nacimiento de un heredero al trono de David.

Centrándonos en el misterio de la virginidad de la Madre de Dios, se debe afirmar que esta abarca todo el ser de María, es decir, su cuerpo y su alma; pues el Hijo de Dios, que es la Sabiduría divina, habitó en ella, y no sólo en su alma, sino también en su seno5. Es necesaria esta afirmación, ya que podemos correr el peligro de reducir su virginidad a un mero dato biológico o un hecho moral, desvirtuando la grandeza de un misterio que abarca toda la persona de María. Pues, si no existiese virginidad del alma, la del cuerpo es caso fortuito, no virtud; la integridad es meramente corporal, no es gracia; la forma de la virginidad procede del alma; la integridad no merece alabanza sino va unida a la continencia del Espíritu6.

Poniendo nuestros ojos en el alma de María, vemos como su deseo de preservar su virginidad, se manifiesta en la ausencia en ella de toda concupiscencia, que la incitara a pecar contra la castidad. Así, como fruto de su plenitud de gracia, María mantenía las facultades inferiores de su alma sometidas a la razón sin desorden alguno y hacia que todo el cuerpo estuviera bajo la potestad del alma sin defecto alguno7. De tal manera, que se cumplía lo dicho por la Escritura en el Libro de la Sabiduría: La sabiduría no entrara en el alma malvada ni habitara en el cuerpo esclavo del pecado8.

En cuanto a su cuerpo, la virginidad de María se manifestó en la concepción virginal de Jesús, sin concurso de varón; y en el hecho prodigioso de que esa virginidad fuese conservada durante el parto, contradiciendo la realidad fisiológica que acompaña a toda mujer en su alumbramiento. Y si bien del primer prodigio tenemos constancia cierta y manifiesta en la Escritura, del segundo, derivado del primero, es la Tradición de la Iglesia quien nos lo revela, afirmando que el Verbo de Dios esplendor el Padre, entró en la virginal morada y de allí salió cerrado el claustro virginal; porque la pureza de María es un espejo limpísimo, que ni se rompe por el reflejo de luz ni es herido por sus rayos9.

Esta virginidad plena y perpetua de la Santísima Virgen María se vio refrendada por un voto de virginidad, sin duda, inspirado por Dios, y totalmente condicionado a su voluntad. Pues, si este hubiera dispuesto de otro modo realizar la concepción del Verbo eterno, María, humilde y obediente, habría cumplido la voluntad del Señor. Sin embargo, siendo a Dios agradable este voto y habiendo dispuesto la concepción virginal de su Hijo, confirmo a perpetuidad el voto de la Doncella de Nazaret, que ella hizo absoluto antes de la Anunciación.

Y todo ello, queridos hermanos, en unión y con el consentimiento de su esposo San José que, una vez desposado con ella, se unió en tan casta ofrenda. Así, confirmada por el ángel la concepción virginal de Jesús al santo patriarca, este, por amor a María y por respeto a la obra realizada por Dios en ella, respeto siempre a aquella que había sido elegida por Él como Madre de Cristo y Templo del Espíritu Santo; participando hasta el fin de sus días, de la misteriosa fecundidad de su virginidad.

4. TESTIMONIO DE LOS SANTOS PADRES

SAN AGUSTIN DE HIPONA (354-430)

<<Si la integridad de María se hubiera destruido por el que de ella nació, éste ya no nacería de virgen, y toda la Iglesia profesaría falsamente que había nacido de María virgen; la cual (la Iglesia), imitando a su Madre (María), diariamente da a luz nuevos hijos y es siempre virgen.>>

Enchiridion c. 34

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que, en el misterio de la Virgen Madre, manifestantes que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios; haz que meditándolo aspiremos, con el auxilio de tu gracia, a la verdadera fecundidad nacida de la pureza de cuerpo y de espíritu. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 PROSPERO GUERANGE, DOM: El año litúrgico vol. 1 (Adviento-Navidad).

2 ST III, 27, 4

3 Ex 3, 2-3

4 Is 7, 14

5 ST III, 27,4

6 LA CERDA en ALASTRUEY, Gregorio: Tratado de la Virgen Santísima, pp. 474-475

7 ST I-II, 85,5

8 Sab 1,4

9 CONTERSON: Theologia mentis et cordis, L. 10, d. 6, c.2, p. 291

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna