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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La buena y la mala formación de los hijos

PorPadre Ricardo Ruiz

Mar 21, 2021
La buena y la mala formación de los hijos

Un artículo del Padre Ricardo para enseñarnos a educar a nuestros pequeños y a que la formación de los hijos sea la más adecuada, ¿puede destruirse una familia cuando los hijos han acudido a los mejores colegios y han tenido todos los recursos a su alcance?

La buena y la mala formación de los hijos. Un artículo del Padre Ricardo Ruiz

Una familia, católica en proceso de destrucción pide auxilio.

Relato de una experiencia de apostolado, entre las familias que solicitan consultas, formación y conferencias en diversos lugares.

Se trata de una familia conservadora de los EEUU, muy conocida y respetada en su ciudad.

La historia es tan grave, que a todos nos podría ayudar para saber lo que debemos y lo que no deberíamos hacer con nuestros hijos y así corregir o enmendar nuestras actitudes y malos hábitos, ahora que sí es posible.

¿Es posible que una familia se auto destruya siendo católicos de toda la vida, con una situación económica inmejorable, con unos hijos sanos e inteligentes, habiéndose formado en los mejores colegios y universidades?

Les conozco de toda la vida, Jeff, hombre de negocios, nunca deja de trabajar, a pesar que no tiene necesidad por el patrimonio de sus padres. Susan, mujer muy inteligente, trabajadora, siempre en casa cumpliendo con todo y con todos, profesional del deporte en su juventud con varias medallas, también con estudios universitarios.

Mary, la hija mayor con excelentes niveles de estudios, deportista estudiando también música.

Karl, el hijo al cual conocí con 12 años de edad, de gran inteligencia, altísimas notas en los colegios, ejemplar y siempre trabajando con su padre, ahora en la Universidad. Karol, la pequeña, que conocí con 6 años de edad, actualmente 18, era la niña más piadosa y obediente con sus padres que he conocido. Ahora en la Universidad y haciendo mundo.

Una familia de Misa todos los domingos, Rosario en casa todos los días, todos trabajando unidos para mantener su finca y animales, practicando juntos equitación con sus caballos; en fin parecía que las cosas no podían ir mejor.

¿Qué ha sucedido?

En las varias ocasiones que he sido invitado a quedarme en su casa, he convivido con ellos por muchos días y compartido Misas, conferencias para ellos, sus familiares y amigos, comidas, deporte, viajes y agradables veladas de muchas horas en familia: observé, en todos esos momentos, que había una práctica muy estricta en lo que respecta a la religión, la asistencia sin falta a la Misa, el rosario, las normas de disciplina y horarios de la casa, parecían normales, excepto a que no se les explicaba el por qué de todo ello a los hijos.

En principio todo correcto, pero cuando esas normas hacen de la casa casi «un cuartel militar» y no se explica a los hijos las razones y principios de la vida cristiana, sino que todo es obedecer ciegamente bajo amenazas de castigos o solo promesas de premios y sin dar la oportunidad a preguntas y dialogar en familia; eso puede cansar a los hijos y caer en una práctica de la religión y de la moral, como algo que parece impuesto, rutinario e incomprensible, lo cual finalmente, cuando crecen, puede terminar en rechazo de todo lo que se les ha enseñado desde pequeños.

Al llegar la juventud, la edad de las preguntas, la deseada independencia, la rebelión; sin respuestas inteligentes, mas bien autoritarias, suele todo ello suscitar el rechazo hacia toda, o gran parte de su formación anterior.

Observé en varias de mis visitas, que Susan la madre además al ser muy estricta en todo; los propios hijos se lamentaban de que sus amigos del Colegio lo comentaban dándoles el pésame por ello. Es decir, era público y notorio.

En nuestras conversaciones, consciente del peligro que podría suscitar esa situación, sugerí a la madre algunas normas y procedimientos que teníamos en el Instituto de internado, donde fui prefecto de disciplina en Suiza; normas que nos daban buenos resultados para formar y corregir a los niños y jóvenes. Su reacción fue sentirse ofendida, por si yo ‘había insinuado que ella no sabía educar a sus hijos’.

Ante tal reacción, en ocasiones, es muy difícil poder ayudar a ciertos padres de familia, que aunque sean personas creyentes y con buenas intenciones, en lo que respecta a su familia e hijos; asumen, en una buena e ingenua ignorancia, que el solo hecho de ser padres, les otorga «una especie sabiduría infalible, con la que nunca se equivocarán en nada.»

Precisamente en esos mismos días otra mujer conocida por esta misma familia, la cual ya había perdido a su marido y sufría la grave rebeldía de sus hijos, me confiaba reconociendo con humildad: «Nosotros los padres de familia no tuvimos escuela de como educar a nuestros hijos; aprendemos en el camino y cometiendo varios errores. Pero en ocasiones aprendes la lección cuando ya no hay posibilidad de arreglar nada, porque ya es demasiado tarde.»

Es la realidad de la vida, cuando escuchas a una madre o padre de familia, durante horas y horas, unos dramas familiares tan dolorosos, se hace aún más duro escuchar cuando por sus actitudes o ideologías, tienes que asumir que no se dejarán ayudar, incluso algunos no aceptan ni siquiera una sugerencia, solo pretenden desahogarse un poco.

¿Cuál es la situación actual?

La hija mayor, con 20 años, se encuentra tan distanciada de su madre que tuvo que marcharse de casa. Tuve que intervenir, hablando con ambas, para al menos calmar la situación. Lo más que se ha logrado, es que ahora sí estén en contacto telefónico, mientras Mary sigue sus estudios universitarios y reside en otra ciudad cercana.

Mark, con 18 años de edad, para salir lo antes posible de casa, decidió casarse lo precipitadamente. Pero su matrimonio ha fracasado tan sólo dos años después a pesar de tener ya una hija. Ahora mismo ya convive con una nueva novia…

Karol con 16 años, que era la más piadosa y dócil, ha decido salir de casa, dedicarse a viajar y hacer mundo, se ha tatuado su cuerpo con imágenes esotéricas y de dragones; de la religión prefiere no saber nada.

Finalmente, Susan y Jeff han decidido vivir separados y ahora están en trámites de abogados para decidir su futura situación.

¿Qué ha sucedido en esta familia católica, de Misa dominical, rosario cotidiano y tan disciplinada en sus hábitos?

1- Aunque vi siempre buena voluntad en sus vidas, nunca vi que conocieran su catecismo, no leían nunca vidas de santos ni la Biblia; se sentían seguros de que haciendo el mínimo esfuerzo, con una formación muy ligera, sería suficiente para todo.

2- Creo que inculcar mucha devoción a los hijos con poca o nula formación, provoca hastío y cansancio en ellos, ya que no saben el motivo y el por qué hay que rezar e ir a Misa. Lo dice un antiguo proverbio: “El estudio sin oración crea herejes; la oración sin estudio, termina en fanatismo.» Los Santos siempre han enseñado que es necesario que haya un equilibrio entre ambas realidades.

3- Con la misma perspectiva antes mencionada, es muy contraproducente obligar a los niños y a los jóvenes a rezar e ir a Misa, sin explicarles antes los motivos profundos del por qué hay que hacerlo. De lo contrario, en el futuro ellos tomarán una actitud muy adversa y de inquina contra la religión. Por lo mismo, es más sabio y eficaz enseñar a los hijos desde pequeños a que ellos solos quieran rezar sin ser forzados; es decir, provocar el ellos el gusto por la oración y los actos de piedad, misericordia y limosna; en lugar de sólo obligarlos.

4- Aunque los padres son personas de buena voluntad, sin embargo observé que entre ellos había poca paciencia, muy poca humildad. Había riñas de no dirigirse la palabra durante semanas enteras, por motivos nimios o cosas de niños. Esa actitud en los padres junto a una vida de muchos rosarios y muchas misas; hace que los hijos se decepcionen y tomen los actos de piedad como una costumbre puramente externa, solo para aparentar «piedad», pues al no ver humildad, caridad y paciencia en familia; unidos a tanta oración, también con el tiempo, eso les provoca un rechazo de la vida de piedad y de la religión.

5- Cuando los hijos llegan a la adolescencia y comienza a haber en sus mentes muchas preguntas y dudas sobre la vida en general y sobre la fe; si los hijos no han recibido instrucción solida y profunda con lecturas adecuadas, como lo son las vidas de Santos, catecismo para adultos, Biblia explicada y diálogos profundos y amigables en privado y en común con sus padres; suele entonces brotar una decepción por la religión y un grandes enfriamientos, sobre todo si tienen amistades de jóvenes no creyentes, de vida disoluta o poco moral, los cuales les empiezan a influenciar y a sembrarles dudas en sus mentes.

6- En la edad adolescente, también suele surgir el ansia y deseos descontrolados de independencia de pensamiento y de hábitos. En tal edad es gravemente importante informarse y formarse para dar a los hijos adolescentes, respuestas fundadas, lógicas y con argumentos muy demostrados. Si sólo se les responde: «porque tienes obligación de obedecer», «porque aquí yo mando», «porque si no, te vas de mi casa», o » hasta que cumplas 18 años estás bajo mi autoridad…»; todo eso no les convence ni les ayuda a ser dóciles a sus padres. Son argumentos muy poco inteligentes. Es necesario hablar con ellos con toda paciencia y calma para explicarles con cariño paternal pero con autoridad a la vez, el por qué de algo que les puede hacer daño y que las decisiones son por su propio bien, aunque ahora con su edad no lo comprendan; lo entenderán más tarde con los años. Es necesario enseñarles a razonar y a tener sentido común. Si muchas familias se destruyen y dividen tan fácilmente, a menudo una las causas, es que cada uno quiere imponer su propia lógica, y en realidad nunca han sabido lo que es la lógica ni el sentido común.

En resumen, con dolor constaté en ese caso relatado, que en realidad aunque había buena fe en general en esta familia, pero había poca formación doctrinal, poca comunicación, mucha actividad, mucho confort material, mucha vida de sociedad pero poco tiempo para hablar entre ellos mismos, poca paciencia, un fuerte orgullo para no reconocer cada uno sus errores y para no saberse escuchar los unos a los otros; eso explica que no me aceptasen ni sugerencias ni consejos a pesar de repetirme continuamente me consideraban un miembro más de la familia y que necesitaban mi presencia. Y finalmente, toda esa situación lleva a una caridad débil, lo cual produce una unidad familiar aparente y una unidad muy frágil.

He visto tantas familias muy «confiadas» y tranquilas por el sólo hecho de que sus hijos estaban en un colegio religioso «de alto nivel», ignorando que también ahí hay amigos de sus hijos que los llevan por muy malos caminos, eso sí, que aparentan ser muy católicos. Amén de que en la actualidad muchos colegios supuestamente católicos, son más dañinos que los colegios públicos, ya que han caído en el catolicismo modernista, que ha deformado la religión, según advirtió ya hace muchas décadas el Papa Pio X, en su encíclica Pascendi y así inculcan con buenismo una concepción muy liberal de la vida.

Finalmente muchos de esos niños los he visto ya en su adolescencia caer en gran corrupción y pérdida de la fe. En varios casos advertí a los padres de familia sobre el grave peligro que había para sus hijos en tales colegios o institutos con fama de «católicos». Pero evidentemente no fui escuchado «porque como no estoy casado, no puedo tener mucha experiencia sobre formación de hijos», dicen algunos… Después de unos años cuando ya era demasiado tarde y los hijos se habían perdido, escapando de casa, había embarazos no deseados, repudio total de sus padres; entonces sí han venido a pedirme ayuda o a reconocer que no quisieron escucharme cuando aún los podrían haber salvado.

Por lo que no cesaré nunca de repetir:

1- La educación tus hijos la reciben en casa y no en el colegio, por muy bueno que parezca.
2- Si a los hijos desde pequeños se les enseña a perdonar, a pedir perdón, a ayudarse con caridad los unos a los otros; de mayores siempre se querrán y permanecerán unidos.
3- Si a los hijos desde pequeños nunca se les permite faltar al respeto a sus padres, ni que les traten de igual a igual; de mayores tampoco les faltarán y siempre permanecerá el respeto filial. ¿Por qué los padres no pueden ser sólo amigos de sus hijos? Pues, porque los hijos se quedarían sin padres.
4- Enseña a tus hijos a amar la oración y las obras de piedad y no sólo obligarlos con amenazas o premios; de lo contrario, solo lograrás que tomen rechazo a la religión el resto de sus vidas.
5- Si a tus hijos les hablas mucho de respeto, buenas formas, pero como padres no dais ejemplo ni os respetáis delante de ellos; lograréis el efecto contrario.
6- Si los hijos ven todos los días como sus padres en sus conversaciones familiares, critican y menosprecian a otros miembros de la familia, a los amigos o vecinos; ellos imitarán ese espíritu crítico al doble e incluso más: «Crea cuervos y te sacarán los ojos.»
7- La única y verdadera unión que nunca podrá romperse, es la caridad y la paciencia mutua, la cual sólo produce la oración diaria y de corazón, siempre en familia con naturalidad.

«Sólo la familia que rece unida; permanecerá unida.»
S. S. Pío XI.

+San Juan Bosco, formador y protector de los niños y jóvenes, ruega por nosotros+

P. Ricardo Ruiz V.

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.