Gaudí sabía de cruces

«La creación continúa incesantemente por medio del hombre, pero el hombre no crea… Descubre». Esta frase resume las obras de Antoni Gaudí, sobre todo su obra maestra, la Sagrada Familia. Su arquitectura parece extraordinaria —y lo es—, pero su origen la encontramos en la naturaleza. Gaudí se inspiró en algo perfecto; volvió al origen, y fue esa originalidad su gran maestra.

Desde muy pequeño, Gaudí se acostumbró a vivir en la naturaleza y a observarla. Debido a su mala salud, tuvo que pasar largas temporadas descansando en la casa que su familia poseía en la localidad de Riudoms. Es inevitable recordar el bosque de piedra al mirar la fachada del lugar donde por enfermedad pasó parte de su infancia, una etapa marcada por una enfermedad que incluso le impedía asistir a clase. Allí estuvo, rodeado de un entorno natural que seguramente no solo observaba, sino que, inconscientemente, estudiaba. Como poseía una sensibilidad innata hacia la naturaleza, logró, mediante la técnica, armonizar formas delicadas y coloridas con materiales toscos como el hormigón o el hierro, imitando así la fauna y la flora. Utilizó el entorno natural como un lenguaje de conexión entre su obra y la del Creador: para él, un árbol no era solamente un tronco, sino la columna perfecta. Basta con mirar hoy la recreación del gran bosque de columnas en el interior de la Sagrada Familia, las cerámicas de flores amarillas de la Casa Vicens o su gran puerta de hierro forjado que imita las hojas de la palmera que allí crecía. La naturaleza era su libro, y supo estudiarla antes incluso de empezar la carrera de arquitectura. Encarnó a la perfección lo que él mismo enseñaba: “el amor y la técnica”.

En lo que se refiere a la gran cruz (1) de la Torre de Jesucristo, cabe recordar que Gaudí ya había proyectado otras cruces de menores dimensiones que podemos encontrar en la Casa Batlló, en el Park Güell y en la Torre Bellesguard. Todas ellas tienen una forma tridimensional de cuatro brazos que une, en su simbolismo, la fe cristiana y la naturaleza. Pero aquí hablaremos de la gran cruz que culmina la esperada torre dedicada a Jesucristo. Para empezar, considerando los tiempos que corren de retirada de símbolos religiosos, se ha logrado construir, y además se ha hecho tal y como la quiso Gaudí que la cruz no perdiera su luz, ni de día ni de noche.

«…La cruz será de cristal; de día, reflejará la luz del sol y, por la noche, por medio de unos potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad».

Cuarto Àlbum del Temple Expiatori de la Sagrada Família, 1927-1929

La torre está coronada con una cruz tridimensional de cuatro brazos, revestida de vidrio y cerámica esmaltada en blanco, elementos resistentes a la intemperie y muy resplandecientes. Mide 17 metros de altura y 13,5 metros de ancho, convirtiéndose en el punto más alto del edificio al alcanzar los 172,5 metros. Esto convierte al templo en la iglesia más alta del mundo (2), respetando así el deseo de Gaudí de que su obra se elevara sobre la ciudad de Barcelona, pero sin superar la obra de Dios; es decir, que la Sagrada Familia quedara por debajo de los 177 metros de la montaña de Montjuïc, la más alta de la ciudad. En el futuro, tal y como indican los Àlbums del temple, se utilizarán focos en las torres de los evangelistas y los apóstoles para iluminar la gran cruz por las noches.

Aunque las obras de la Sagrada Familia no se han dado por finalizadas, sí se ha coronado la idea más preciada por Gaudí: la verticalidad, es decir, la arquitectura ascendente. Esa verticalidad es teología hecha piedra y la encontramos en cada rincón de la basílica, pues cada detalle nos invita a alzar la mirada. Una prueba de ello es que Gaudí no concibió el templo para que lo recorriéramos en horizontal, de derecha a izquierda. Las 18 torres y la jerarquía que las componen son el ejemplo perfecto de cómo Gaudí, con su genialidad, nos saca de la horizontalidad y nos conduce, al menos visualmente, hacia lo más alto: hacia la culminación de aquello que corona la historia de la salvación humana.

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Luciana Días

El título del artículo es inspirado del libro «Gaudí, el arquitecto del alma», de mi amigo José Manuel Almuzara

1. Montaje de la cruz: datos clave: Se fabricó en Alemania durante el 2025 y se montó casi totalmente en la Sagrada Familia. La cerámica esmaltada blanca, la piedra interior y los cristales se ejecutaron en varias fábricas y talleres de Cataluña.
La cruz llegó de Alemania en módulos, que se premontaron en una plataforma de trabajo a 54 metros de altura encima de la nave central. Se fueron subiendo montados en siete piezas: el brazo inferior, el núcleo central, los cuatro brazos y el brazo superior, que se ha colocado hoy, 20 de febrero del 2026.
Dentro del brazo superior se encontrará la escultura del Agnus Dei que ha creado el artista Andrea Mastrovito. El cordero que Gaudí quería que hubiera en medio de la cruz se situará en lo alto del brazo superior, perfectamente visible desde el interior de la cruz.(https://blog.sagradafamilia.org/es/)

2. Durante más de un siglo ha sido la Catedral de Ulm en Alemania la más alta del mundo, su aguja gótica alcanza una altura de 161.5 metros.

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Author: Luciana Dias
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