Historia de un palio

Historia de un palio que debe ser contada para honrar la Divina Providencia de Dios Santísima Trinidad.

Hay un antiguo monasterio que fue de carmelitas descalzas, donde vive una mujer que a la sazón es la cuidadora de la Iglesia y del patio. Hace tres años los jóvenes devotos de la Santa Misa de siempre, Juventutem Valentia, le pidieron al Párroco de la parroquia más cercana un palio porque querían hacer en el patio una pequeña procesión. El señor Párroco que es muy generoso, con su gran corazón les dijo que sí, pero cuando fue a mirar en la Parroquia, se dio cuenta que por diversas razones de aquel palio solo quedaban los cuatro varales.

Entonces sucedió lo inesperado, un día estando tres de estos jóvenes, el Sr. Párroco y Sofía saliendo de la Iglesia, iban lamentándose que no había palio y fue ahí cuando el Párroco lanzó la siguiente propuesta a la cuidadora:

Sofía ¿Por qué no lo haces tú?

¡Qué grandísimo susto se llevó Sofía! Se lo pensó un poco, solo un poco, como un segundo, que ella no era costurera, que sólo se las ingeniaba para pegar un botón y alguna cosa más, pero le vino al corazón quién iba a ir debajo ¡Y entonces dijo que si! Éste fue el inicio según me cuentan de esta grandiosa aventura, si, muy grandiosa.

Sin embargo la conciencia de Sofía no estaba tranquila porque atisbaba someramente la envergadura del proyecto, no sé trataba de coser un pañuelito ¡era un palio! Así que una de las cosas que hizo fue plantear otra vez el asunto sincerándose con el señor Párroco, explicándole que ella no sabía coser. Entonces el señor Párroco, llevándose a cabo esta conversación en la Sacristía, le contestó: — No te preocupes Sofía, yo quiero un palio sencillo, no para la S.I. Catedral, sino para nuestra Parroquia. Así que ya no hubo marcha atrás y Sofía al día siguiente fue a la tienda de tela a pedir presupuesto y ya que estaba, pedir consejos de todo tipo. Por ejemplo, coincidió que tuvo que ir a una de las tiendas más conocidas de la ciudad para recoger un encargo y ni corta ni perezosa aprovechó para pedir consejo también.

Así y de otras maneras comenzó a actuar la Divina Providencia, porque se enteró de la diferencia entre un palio de 4 varales y otro de 6, cosa que había visto claro está, pero como nunca miró con la intención de coser un palio…. ¡Cómo se iba a detener en pensamientos de ese tipo si no sabía coser! Sin embargo es llamativo un recuerdo que Sofía tenía de su juventud en su tierra natal, era la heroica historia de unas mujeres, que habían unido todo su esfuerzo en la confección de la bandera de la Patria, contra viento y marea y ella veía que Dios la animaba con ese recuerdo a imitarlas, casi le parecía que cobraba sentido y vida, en su propia historia.

Así que ella confío en Jesús, el Hijo de Dios, que como para Él era, Él le iba a ayudar. Recordaba una y otra vez el momento que había quedado congelado en su memoria en la sucesión de instantes:

«Sofía ¿Por qué no lo haces tú?» y en su corazón sonó «Es para Él, para mi Jesús» y dijo que sí. Aunque incomparable, algo parecido a cuando el arcángel Gabriel le anunció a María que iba a ser la Madre de Dios.

Entonces María dijo: “He aquí la esclava del Señor: Séame hecho según tu palabra” Y el ángel la dejó

Lc 1, 38

Sofía compró la tela y con mucho viento en contra, indecisión, inseguridad y miedos que soplaban muy fuerte, siguió adelante con las velas desplegadas a las favorables corrientes de aire de Dios Espíritu Santo. Se halló un día en la sacristía del antiguo Monasterio ¡cortando la tela! Tenía que ser en cinco partes, el techo y cuatro laterales. La verdad es que en sí misma la estructura era muy sencilla, un techo y cuatro laterales… Los recuerdos de su madre cosiendo y de alguna experiencia más cercana en el tiempo y su imaginación artística, hacía que ella lo visualizara ¡ya acabado! Pensó, primero surfilar, después hacer dobladillos y luego unir las partes…

¡Pobrecita! Se afligía mucho… Su padre le había dejado a Sofía una buena herencia en cuanto al sentido del deber cumplido, en fin, cuando das tu palabra, hay que cumplirla y el Señor Párroco la animaba. Sucedió que llegó la Semana Santa y el palio no estaba ni por asomo acabado, o sea que pasó el primer año y Dios derramaba el don de la santa paciencia en él.

No sabe Sofía cómo pasó otro año más, en el cual fue adelantando muy poco, pero con mucho esfuerzo de voluntad. Durante el mismo, asistió a los oficios de Semana Santa en una Ermita llamada Santa Lucía, donde el Jueves Santo, para la procesión del Sagrario al Monumento se usó ¡un palio! Ella lo estudió con mucha atención y se dió cuenta que al que estaba haciendo le había recortado los laterales mucho más largos que a ese… entonces se decidió a hablar con el sacerdote que oficiaba y ¡contarle todo!

¡Cómo dispone Dios las cosas en su Divina Providencia!

Imbuida todavía por los sentimientos profundos del Jueves Santo, Sofía se acercó al sacerdote y ¡Oh sorpresa! Él se entusiasmó mucho con el proyecto y ella descubrió asombrada que a él le cautivaba el tema y tenía mucha sabiduría en todo lo que tuviese que ver con la vestimenta litúrgica.

Esto marcó gracias a Dios bendito tres veces, una nueva etapa en la confección del palio, Sofía palpaba la mano providente de Dios Santísima Trinidad y animada siguió adelante. Es para Jesús, se decía…

¡Anhelos profundos por ser la secretaria de la Secretaria del Rey de Reyes nacían en el corazón de Sofía!

Don Bernardo fue al antiguo monasterio a ver a Sofía y al palio, ella albergaba el temor de que le diga que se había metido en camisa de once varas y que mejor lo dejara. Objetivamente era la verdad que era de esperar ¡pero sucedió lo contrario! Don Bernardo observó las telas cortadas y objetó con la seguridad de quien sabe de palios, inclusive providencialmente en el pasado había participado en la confección de uno, que esa tela era muy fina, que si lo hacía sólo con esa, no más estrenado se iba a rasgar.

— ¡No, no, esto así no puede ser! No te preocupes, yo te voy a traer tela, otra tela. Y los laterales, claro que sí, son muy largos ¿A ver el metro? Si, si, con la mitad ya está bien, pero le haremos un bonito dibujo ¿No? Cuando te traiga la tela, también te traeré un molde con un bonito dibujo, para que tú lo tengas cuando cortes los laterales. Quedarán algo así, mira.

Y lo dibujó sobre un papel, hacía una punta seguida de un arco, que se repetía unas cuatro veces en los lados más largos y la mitad en los lados más cortos. Don Bernardo le dijo a Sofía que además del fleco dorado, le colgarían unas borlas y delante llevaría el anagrama de Jesús y detrás el de María. Apenas vio al Sr Párroco se lo contó todo muy emocionada, claro, en principio iba a ser un palio con los laterales rectos, ella había pensado en el fleco nada más. Desde ya, no iba a ser un palio de Catedral, pero se perfilaba como mucho más hermoso que la idea original. Sofía estaba perpleja, pero pensaba en su Amor y seguía adelante, además adivinaba a veces en la expresión del Sr. Párroco a un niño entusiasmado y esto la animaba, pensaba que era muy hermoso ver así a un sacerdote.

La confección del palio se había hecho más trabajosa ¡todo era doble! O sea 8 laterales y dos techos, iban en pares ¡Porque la primera tela don Bernardo no la había desechado! Sofía se afanaba mucho, le pedía a Jesús ayuda,

¡UN MILAGRO!

Desde el principio, cuando había pronunciado su humilde fiat, varias veces al irse a dormir, recordaba la película de la Cenicienta, cuando por la noche los ratoncitos le cosieron el vestido para poder ir al día siguiente al Palacio Real y le pedía a Dios que por la noche los ángeles lo hicieran, pero al día siguiente ahí estaba. Sofía debía ocuparse de otras cosas también y además, sobre todo, de hacer frente a sus demonios.

Un día que estaba cociendo, se lo sabía todo de memoria, en teoría y lo iba repasando ¡Estaba en el tercer año ya! El número tres tiene mucha fuerza ¿a la tres la vencida? ¿Iba a ser así? La verdad, pensaba ella, que sólo Dios tenía en sus manos la confección del palio, pues lo veía imposible. El tiempo iba pasando, parece que la desesperación se adueñaba de la pobre Sofía, entonces se le ocurrió pedir ayuda, visitó tres Comunidades de religiosas, en todas la recibieron muy bien, pero no la podían ayudar. Llamó a don Bernardo, que vino otra vez al antiguo monasterio y consiguió tranquilizarla y animarla; por ejemplo ella tenía mucho miedo que los laterales al juntarlos no coincidieran y echara al traste todo ¡Ay con los miedos que lidió Sofía! El fleco tenía que coserse metido entre tela y tela y luego los laterales dentro del techo, también entre tela y tela ¡y todo a mano! Pensaba Sofía, son dos sacerdotes y ninguno me dice que abandone, pues esto tiene que ser que Jesús lo quiere y seguía pidiendo el milagro

¡Y el milagro llegó!

¡Si! ¡Llegó!

Un día vio Sofía tan claro que no iba a poder, que se puede decir que abandonó el trabajo. En la Iglesia necesitaba hacer una funda para un almohadón para un reclinatorio que estaban usando los fieles para confesar en la Santa Misa del Domingo. Comentando esta necesidad, una mujer le dijo que para su madre iba a ser muy fácil coserlo, así que se llevó el almohadón y la tela. El ángel de la guarda le soplaba algo al oído, pero ella todavía no caía en la cuenta ¡Cuánto le costamos a Dios! A las dos semanas le trajeron el almohadón y estaba bellísimo. Cuando lo vio se dijo: «Voy a preguntarle a esta señora si sería tan amable de ayudarme con el palio»

Bendito sea Dios ¿veis? No hay que desistir, pues la Divina Providencia nunca falla.

Pero esta señora que tenía máquina de coser y sabía coser, le dijo a Sofía que necesitaba que ella esté presente cuando cosiera el palio, para que entre las dos vayan saliendo adelante. Así siguieron unas semanas en las cuales Sofía fue a casa de ella, entre las montañas. Vivió momentos inolvidables, aprendió junto a ella lecciones de vida, de templanza y paciencia que nunca olvidará, porque maduraron su alma en Cristo Jesús, Nuestro Señor. Más el demonio sembró la discordia y a unos 10 días del Corpus Christi, cuando se iba a estrenar el palio, éste vino de vuelta en una bolsa, con los cuatro laterales acabadísimos y preciosos, pero sin estar unidos al techo. Sofía le comunicó todo ésto al Sr. Párroco y le dijo que hasta a una modista se lo iba a llevar…

Entonces Dios proveyó, el Sr. Párroco pensó en una feligresa que con total generosidad se unió a la empresa. Estábamos a lunes y el miércoles ella tenía que viajar a Inglaterra y en tan sólo un día y medio, lo acabó. Sonaron en el corazón de Sofía, los acordes finales de la más hermosa de las Sinfonías.

¡El palio estaba acabado! Ella lo miraba, hablaba con esa señora, todo sucedía de verdad ante sus atónitos ojos. Se sentía feliz e inmensamente agradecida, a Dios y a todos los que le ayudaron en esta empresa. Feliz…

«Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, decid: “Somos siervos inútiles, lo que hicimos, estábamos obligados a hacerlo”»

Lc 17, 10

PD: Todavía encontró tiempo Sofía de coserle las borlas que aún faltaban poner. Y muchas cosas más que no he escrito, porque aún hoy sigue sucediendo eso de que no entrarían en la tierra todos los libros que se necesitarían escribir para contar todas las misericordias que Dios, Santísima Trinidad, hace al alma del que lo busca con sincero corazón.

«Jesús hizo también muchas otras cosas: si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir» Jn 21, 25

Gabriela Gorkin

Les invitamos a conocer nuestra sección misionera de la mano de Gabriela: Misiones MR

https://es.catholic.net/op/articulos/58185/cat/912/el-significado-del-palio.html


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Author: Gabriela Gorkin Klincovich
Conversa judía que halla el sentido de su vida, recibiendo el Bautismo en la Vigilia Pascual del 2001, en intentar darle gloria a Dios, con el auxilio de su gracia, la de la Santísima Virgen María Nuestra Madre y la intercesión de Todos los Santos y ángeles del Cielo.