• Lun. May 23rd, 2022

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

VIII Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa N.O

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Numquid potest caecus caecum ducere?

VIII Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa Novus Ordo. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Lc 6, 39-45)

Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

2. Comentario Litúrgico: Dom Prospero Gueranger, OSB (1805-1875)

Mística del tiempo de Septuagésima

El numero septenario es el fundamento de estos misterios. “Hay dos tiempos, dice san Agustín en su explicación del salmo CXLVIII: el uno se desarrolla ahora entre las tentaciones y tribulaciones de esta vida; el otro transcurrirá en seguridad y alegría eternas. Celebramos ambos: el primero antes de Pascua, el segundo después de Pascua. El tiempo antes de Pascua expresa los apuros de la vida presente, el tiempo después de Pascua significa las bienaventuranzas que gozaremos un día. Esta es la razón de por qué pasamos el primer periodo de qué hablamos en ayuno y oración mientras el segundo está consagrado a canticos de alegría y entre tanto se suspenden los ayunos.”

El Año Litúrgico (Septuagésima, Cuaresma y Pasión), vol. II

3. Reflexión

Sé para mí un Dios protector y un lugar de refugio para que me salves; porque tú eres mi fortaleza y mi auxilio; y por el amor de tu nombre serás mi guía y me sostendrás. En ti, Señor, espero; jamás me vea confundido; líbrame por tu justicia, y sálvame.i

En el Evangelio de San Lucas el discurso sobre la caridad está seguido de algunas aplicaciones prácticas que esbozan la fisonomía de los discípulos de Cristo, los cuales, como dice san Mateo, deben ser luz del mundoii.

Es imposible alumbrar a los otros, sino se tiene luz: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?iiiLa luz del discípulo no proviene de su perspicacia, sino de las enseñanzas de Cristo aceptadas y seguidas dócilmente porque el discípulo no está por encima del maestroiv.Sólo en la medida en que asimila y traduce en vida la doctrina y ejemplos del Maestro hasta llegar a ser una imagen viviente del mismo, puede el cristiano ser guía luminosa para los hermanos y atraerlos a él.

Es un trabajo que empeña la vida en un esfuerzo continuo por asemejarse cada vez más a Cristo. Esto requiere una serena introspección que permita conocer los propios defectos para no caer en el absurdo denunciado por el Señor: ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?v

Nunca suceda que el discípulo de Jesús exija de los otros lo que no hace o pretenda corregir al prójimo lo que tolera en sí mismo tal vez en forma más grave. Combatir el mal en los otros y no combatirlo en el propio corazón es hipocresía, contra la que el Señor descarga con energía intransigente. El criterio para distinguir al discípulo autentico del hipócrita son las palabras y las obras.

Ya el Antiguo Testamento había dicho: El fruto manifiesta el cultivo del árbol; así la palabra, el pensamiento del corazón humano. Jesús toma este símil ya conocido de sus oyentes y lo desarrolla poniendo en evidencia que lo más importante es siempre lo interior del hombre del que se deriva su conducta.

El hipócrita puede enmascararse cuanto quiera; antes o después el bien o el mal que tiene en el corazón desborda y se deja ver. He aquí, pues, el punto importante: guardar cuidadosamente el <<tesoro del corazón>>, extirpando de él toda raíz de mal y cultivando toda clase de bien, en especial, la pureza y la intención buena y sincera.

Pero es evidente que al discípulo de Cristo no le basta un corazón naturalmente bueno y recto; le hace falta un corazón renovado y plasmado según las enseñanzas de Cristo, un corazón convertido totalmente al Evangelio.

El empeño es arduo, porque la tentación y el pecado también en el corazón del discípulo están siempre al acecho. Para animarle recuerda san Pablo que Cristo ha vencido al pecado y que su victoria es garantía de la del cristiano: Pero, ¡gracias sean dada a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!vi

4. Oración

Señor y Dios nuestro, que para salvar al hombre pones tus ojos en lo que tiene en su interior y no en su apariencia; concédenos, inspirados por el ejemplo y la doctrina del Apóstol San Pablo, poner nuestra confianza en el poder transformador de la Gracia de Cristo. Que vive y reina. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

***VIII Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa N.O

i Salm. 30, 3-4,2

ii Lc 5, 14

iii Lc 6, 39

iv Lc 6, 40

v Lc 6, 41

vi 1 Cor 15, 57

Pueden consultar el Evangelio en nuestra sección: Evangelio del Domingo

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna