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Vía Crucis III Viernes de Cuaresma

PorMarchando Religion

Mar 18, 2022
Vía Crucis III Viernes de Cuaresma-MarchandoReligion.es

Durante todos los viernes de Cuaresma, en MR, les proponemos con nosotros, el rezo del Santo Vía Crucis

Vía Crucis III Viernes de Cuaresma:Eucaristía, María, Cruz. Vía Crucis con San José María Robles Hurtado.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús! ¡Perdón! ¡Misericordia! ¡Yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Eucaristía, María, Cruz.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús! ¡Perdón! ¡Misericordia! ¡Yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Eucaristía, María, Cruz.

¿Quién podrá dignamente describir los latidos del Corazón divino, signo de su infinito amor, en aquellos momentos en que dio a los hombres sus más preciados dones: a Sí mismo en el sacramento de la Eucaristía, a su Madre Santísima y la participación en el oficio sacerdotal?

Ya antes de celebrar la última cena con sus discípulos, sólo al pensar en la institución del Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, con cuya efusión había de sellarse la Nueva Alianza, en su Corazón sintió intensa conmoción, que manifestó a sus apóstoles con estas palabras: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer»; conmoción que, sin duda, fue aún más vehemente cuando «tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a ellos, diciendo: «Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía». Y así hizo también con el cáliz, luego de haber cenado, y dijo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derramará por vosotros»».

Con razón, pues, debe afirmarse que la divina Eucaristía, como sacramento por el que Él se da a los hombres y como sacrificio en el que Él mismo continuamente se inmola desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, y también el Sacerdocio, son clarísimos dones del Sacratísimo Corazón de Jesús.

Don también muy precioso del sacratísimo Corazón es, como indicábamos, la Santísima Virgen, Madre excelsa de Dios y Madre nuestra amantísima. Era, pues, justo fuese proclamada Madre espiritual del género humano la que, por ser Madre natural de nuestro Redentor, le fue asociada en la obra de regenerar a los hijos de Eva para la vida de la gracia. Con razón escribe de ella san Agustín: “Evidentemente Ella es la Madre de los miembros del Salvador, que somos nosotros, porque con su caridad cooperó a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son los miembros de aquella Cabeza”.

Al don incruento de Sí mismo bajo las especies del pan y del vino quiso Jesucristo nuestro Salvador unir, como supremo testimonio de su amor infinito, el sacrificio cruento de la Cruz. Así daba ejemplo de aquella sublime caridad que él propuso a sus discípulos como meta suprema del amor, con estas palabras: “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos”. De donde el amor de Jesucristo, Hijo de Dios, revela en el sacrificio del Gólgota, del modo más elocuente, el amor mismo de Dios: «En esto hemos conocido la caridad de Dios: en que dio su vida por nosotros; y así nosotros debemos dar…

Y para que la devoción al Corazón augustísimo de Jesús produzca más copiosos frutos de bien en la familia cristiana y aún en toda la humanidad, procuren los fieles unir a ella estrechamente la devoción al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios. Ha sido voluntad de Dios que, en la obra de la Redención humana, la Santísima Virgen María estuviese inseparablemente unida con Jesucristo; tanto, que nuestra salvación es fruto de la caridad de Jesucristo y de sus padecimientos, a los cuales estaban íntimamente unidos el amor y los dolores de su Madre. Por eso, el pueblo cristiano que por medio de María ha recibido de Jesucristo la vida divina, después de haber dado al Sagrado Corazón de Jesús el debido culto, rinda también al amantísimo Corazón de su Madre celestial parecidos obsequios de piedad, de amor, de agradecimiento y de reparación. (Extracto Carta Encíclica Haurietis Aquas de Pío XII )

Vía Crucis con San José María Robles Hurtado.

San José María Robles Hurtado (1888-1927) fue un sacerdote, escritor, fundador y mártir mexicano. Escribió esta hermosa devoción que ensalza el Misterio de la Eucaristía unido al Viacrucis, dando a la Pasión del Señor un sentido de unidad con Su Presencia Perpetua en el Pan de Salvación.

Santo Vía Crucis.1

Por la señal…

Oración Preparatoria.

Creo firmemente, Dios mío, que estoy en vuestra presencia divina; os adoro desde el abismo de mi nada y os doy gracias con todo mi corazón por los incontables beneficios que os dignáis a concederme.

Señor, tened piedad de mí por vuestra misericordia infinita.

¡Perdón, Señor; misericordia!

Os suplico, Jesús mío, que me otorguéis la gracia de practicar digna, atenta y devotamente este santo ejercicio, imprimiendo en mi alma vuestros dolores infinitos y las virtudes de las cuales sois ejemplar divino en vuestra sacratísima Pasión y en el Santísimo Sacramento.

Abrasad con vuestro amor mi helado corazón; obligadme a corresponderos y unidme estrechamente con Vos, en la Eucaristía.

A Vos acudo también, Madre afligidísima, a Vos que fuisteis la primera en recorrer esta senda del dolor, para que llenéis mi alma de los mismos sentimientos que entonces experimentasteis.

Padre eterno, uno este santo ejercicio a los méritos infinitos de vuestro Hijo y a los dolores de mi adorada, Madre, y así unido, me atrevo a presentarlo a vuestra soberana Gracia.

Dignaos aceptarlo según las intenciones del Corazón Eucarístico de mi Salvador, y aplicad, os ruego humildemente, todas las indulgencias que ganare en sufragio de las almas del Purgatorio. Así sea.

Acto de contrición: Señor mío Jesucristo…

Al principio de cada estación se puede decir:

V/. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Y al final de cada estación:

V/. Señor, pequé.

R/. Tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores.

V/. Bendita y alabada sea la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo

R/. Y los Dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz.

  1. JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Contempla, alma mía a tu Divino Redentor en el Pretorio. Es cruelmente azotado, coronado con agudas espinas, burlado y sentenciado a muerte. Jesús todo lo sufre por ti en silencio y con amor infinito.

Vuelve ahora tu mirada al Sagrario. Considera el silencio de Jesús y el amor sin medida que te tiene.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra pasión!

Vos inocentísimo, y yo el abominable reo que merece sentencia de muerte eterna…. Pero no la deis contra quien tanto os ha costado; os prometo no más pecar, imitaros en vuestro silencio en medio de mis penas y volveros amor por amor.

  1. JESÚS SE ABRAZA CON LA CRUZ

Jesús es cargado con la pesadísima cruz de nuestras iniquidades. Con cuánto amor las recibe, las abraza, las estrecha contra su divino Corazón y las lleva por nosotros.

También en el Sagrario, ¡Qué cruces tan pesadas cargamos sobre Jesús! Nuestras frialdades, ultrajes y tal vez sacrilegios. Y Jesús abraza estas cruces con amor infinito.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Es cierto que os he cargado con las cruces de mis iniquidades; pero yo os prometo aliviaros con mi respeto, alabanzas al amor y reparaciones a Vos en el Sagrario, y con la aceptación amorosa de todas las cruces que os dignéis mandarme.

  1. JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ.

Jesús cae por primera vez bajo el peso de la cruz. Nuestro Salvador yace por tierra; su rostro divino, confundido con el polvo.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Cómo me angustio, Dueño mío, al considerar vuestra caída bajo el peso de la Cruz y las incontables que habéis sufrido, con tanta paciencia, viniendo sacramentado a mi corazón. Perdonadme, Señor, y ya me apresuro a levantaros con mi arrepentimiento y a consolaros con el firme propósito de jamás acercarme a la Mesa de los Ángeles sin una fervorosa y digna preparación.

  1. JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

María encuentra al Hijo de sus entrañas en la calle de la amargura.

El Sagrario es frecuentemente calle de amargura para María; ahí contempla a su Jesús de nuevo perseguido y llagado.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Virgen dolorosa y Madre tiernísima, cese vuestro llanto, cese vuestra agonía. El verdadero culpable y verdugo, os ofrece sus lágrimas y su dolor, y os promete no olvidar vuestras penas, amaros con todo el corazón y, unido a Vos, amar sin medida a vuestro Hijo en la Eucaristía.

  1. EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A CARGAR CON LA CRUZ.

Desde el Tabernáculo, Jesús está continuamente pidiendo un Cirineo que lo consuele y repare con amor.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Si hasta ahora he sido vuestra cruz, de hoy para siempre seré vuestro Cirineo; he oído vuestras angustias quejas y me determinan a deciros desde lo íntimo de mi alma: «Y quiero sacrificarme por Vos, víctima vuestra quiero ser; dadme vuestra cruz, dadme vuestro amor, nada más os pido».

6.LA VERÓNICA E NJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

La Verónica enjuga con su velo el rostro de Jesús.

Aunque pocas, no faltan almas abrasadas de amor por la Eucaristía; almas que tienen su morada en el Sagrario y ahí, como otras Verónicas, dulcifican las amarguras de Jesús con sus constantes reparaciones.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia;yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Bien conocéis y sufrís hondamente mi debilidad y bajeza al obrar a impulsos de mis pasiones y del respeto humano. ¡Cuántas veces, a la sombra del qué dirán, os he abandonado y he renegado de Vos! ¿Qué hacer ahora? Venceré mis pasiones, pisotearé el respeto humano y viviré con Vos en el Sagrario. 

7.-JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Jesús cae por segunda vez en tierra. Con qué dificultad se levanta, le falta el aliento. Y a medida que decrece su fortaleza, se multiplica la crueldad de sus verdugos. A golpes, le obligan a proseguir.

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

He abusado de vuestro amor paciente; me he escudado con vuestra misericordia para ofenderos con más saña y libertad. Perdón, mil veces perdón, y haced que vuestras misericordias las aproveche en lo venidero para reparar, con todos mis actos, los sacrilegios que sufrís en el Santísimo Sacramento.

8.-JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Jesús consuela a las hijas de Israel. ¡Oh, caridad incomparable del Salvador! Hállase sumergido en el mar amargo de todas las angustias y de todos los dolores, y, no obstante, olvida sus propios tormentos para consolar a las afligidas mujeres que lloran por Él.

Como Consolador divino, aparece Jesús en el Sagrario. A los que sufren, a los que lloran, a los fatigados por la cruz, a todos sin excepción llama y dice: “Venid a Mí y yo os aliviaré”. Ve, alma mía, vuela al Corazón de Jesús que te espera en su prisión de amor.

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Consoladme, Jesús mío; Vos no ignoráis mis necesidades y mis angustias. Enseñadme, como a las hijas de Jerusalén, a llorar primero mis pecados que se han multiplicado sobre los cabellos de mi cabeza, para llorar después con un corazón muy puro, vuestra sacratísima Pasión. 

9.-JESÚS CAE POR TERCERA VEZ 

Jesús cae por tercera vez en tierra.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Os agradezco la paciencia que me habéis tenido:¡Cuánto me amáis y a qué precio tan subido me habéis rescatado! A vuestro ejemplo, os prometo levantarme siempre que tenga la desgracia de caer, subir gozoso el Calvario que me preparéis y reparar con especialidad las ofensas que recibís de vuestras almas predilectas.

10. JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

¡Arrancan a Jesús sus vestiduras, renovando todas sus llagas y exacerbando todos sus dolores!

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Me avergüenzo y arrepiento de mis impurezas, causa de vuestra afrentosa desnudez, y os pido, por vuestra pena, que imprimáis en mi alma un odio constante e inmenso a vicio tan detestable y bestial. Desnudadme de todo apego a las criaturas y cubridme con el ropaje de vuestra gracia, para abrigaros con él siempre que tenga la felicidad de recibiros en mi pecho.

11. JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ 

Jesús fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Taladran después con gruesos clavos sus santísimos pies y manos.

Contempla, alma mía, a tu Padre; te espera con los brazos abiertos.

El amor tiene como clavado a Jesús en la Eucaristía. “Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Para enseñarme a obedecer, Vos, nuestro Dios, os sujetáis a vuestros verdugos,y yo, vilísima criatura a Vos mismo desobedezco, como otro ángel rebelde

12.-JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Jesús muere en la Cruz. Alma mía, no los soldados, sino tus propios pecados, han arrancado la vida a tu Salvador,

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Yo, inhumano, os he dado la muerte, y Vos, misericordiosísimo, me habéis dado la vida y vida eterna. «¿Qué devolveré al Señor por todos sus beneficios?»

Aquí estoy, Señor, dispón de mí según vuestra divina voluntad. Mas no sé ni puedo deciros.

13.-JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

Bajan de la Cruz el cuerpo divino del Salvador y lo depositan en los brazos de su afligidísima Madre.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Virgen dolorosa, yo quiero reparar mi crimen y así mitigar vuestro quebranto. Para conseguirlo, adoptadme por hijo, hacedme participante de vuestros dolores y dadme con largueza vuestra compasión y amor siempre que tenga la felicidad de recibir a vuestro Jesús en la Eucaristía, para consolarlo y amarlo dignamente.

14.-JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

La Santísima Virgen deja el cuerpo de su Hijo en el sepulcro y ahí deja también su purísimo corazón, como guardia fiel que cuida el más rico de los tesoros.

Alma mía, enciérrate con Jesús en el Sagrario, haz ahí tu morada eterna. Jesús es tu tesoro, tu corazón, tu bienaventuranza.

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Recibid, en reparación de mis crímenes que claman venganza al Cielo, mi última y la más fervorosa y humilde de mis promesas: llorar mis pecados, nunca más ofenderos, vivir con Vos en el Tabernáculo y trabajar cuanto pueda, por vuestra gloria.

Corazón Eucarístico de mi Dios, si tengo que separarme del Sagrario por mis deberes, concededme el inmerecido don de que mi alma jamás se separe de este divino Nido, testimonio el más elocuente del infinito amor que me tenéis. Ahí en el Sagrario, quiero vivir eternamente.

ORACIÓN FINAL.

Amabilísimo Redentor mío, con el alma transida de dolor os he seguido, paso a paso, en vuestros sufrimientos infinitos; he visto vuestro rostro ensangrentado, vuestras sienes heridas, vuestros hombros surcados, vuestra espalda desgarrada, vuestros pies y manos atravesados, vuestro Corazón abierto de par en par, y todo vuestro cuerpo exangüe y sin parte sana. Mis pecados, con furia infernal, os han destrozado a Vos, Víctima inocentísima y divina.

A la vez que os contemplaba en el Pretorio, en la Calle de la Amargura y en el Gólgota, os veía también en el Sagrario, y pude descubrir, Jesús mío, que aquí, donde no debíais de tener sino gratitud, el servicio y la alabanza de vuestros hijos, tenéis de ellos y particularmente de mí, cruces, espinas, clavos, azotes, hiel y vinagre de nuestras frialdades, ultrajes, sacrilegios y mil otras abominaciones que sólo Vos, de paciencia y misericordia infinitas, podéis tolerar.

¡Ah!, cuánto me pesa haberos ofendido ¡Ahora, especialmente, os agradezco las gracias que en este santo ejercicio me habéis otorgado, y las resoluciones que me habéis hecho formar! Dadme vuestro auxilio poderoso para cumplirlas fielmente. No tengo, Señor, sino este miserable corazón, pero animado de muy buenos deseos, os lo entrego

Y Vos, Madre mía, reina de los mártires, no me olvidéis. Asistidme en mi postrera agonía y, en vuestras manos, presentad mi alma a Jesús. Así sea.

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

1 Fuente: Iglesia Salvador de Toledo.

Nuestra recomendación: Meditación de la Pasión

Pueden encontrar más meditaciones del Vía Crucis en la web de nuestros amigos: El Salvador de Toledo


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