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Vía Crucis II Viernes de Cuaresma

PorMarchando Religion

Mar 11, 2022
Vía Crucis II Viernes de Cuaresma-MarchandoReligion.es

Durante todos los viernes de Cuaresma, en MR, les proponemos con nosotros, el rezo del Santo Vía Crucis

Vía Crucis II Viernes de Cuaresma

La penitencia sin amor es imperfecta. Vía Crucis con San Francisco de Sales.

No Jesucristo sin Cruz, sino Jesucristo con su Cruz y en la Cruz”

Cualquiera que estudie detenidamente la vida de San Francisco de Sales encontrará que, desde sus primeros años, fue un modelo de santidad que no era severo y triste, sino amable y accesible a todos, pudiendo decir con toda verdad sobre él: su conversación no tiene nada de amargura, ni vivir con él da aburrimiento, sino alegría.

Aunque brillaba en todas las virtudes, gozaba de un espíritu de mansedumbre tan excelso que podría decirse con razón que ésta era su virtud propia y característica.

Esta virtud, que brotó en el corazón de Sales como el fruto más dulce de la caridad, alimentada en él por el espíritu de la compasión y la condescendencia.

Es bien conocida su bondad para recibir a todos, pero particularmente a los pecadores y apóstatas que acudían en masa a su casa para reconciliarse con Dios y enmendar su vida; su predilección por los reos encarcelados, a quienes buscaba consolar con mil iniciativas caritativas en sus frecuentes visitas… Aquella dulzura de alma se mostraba en cualquier tiempo o circunstancias, tanto prósperas como adversas; ni los herejes mismos, por mucho que lo acosaran, lo experimentaron menos afable o menos accesible.

Para lograr la conversión de tantos miles de personas, más que su gran doctrina y su vigorosa elocuencia, le valió su inalterada dulzura en el cumplimiento de los diversos oficios del sagrado ministerio…Luego se le vio recorrer valles profundos y trepar por desfiladeros escarpados para llevar a esos pueblos la luz de la fe y el consuelo de la esperanza cristiana; llamar a los que huían de él; rechazado brutalmente, no darse por vencido; amenazado, reintentar la empresa; expulsado con frecuencia de la posada, pasar noches en la nieve y al aire libre; celebrar aunque nadie quiera asistir; continuar el sermón, incluso cuando los oyentes se marchasen, sin perder jamás nada de su serenidad de ánimo, de su afable caridad hacia los ingratos; y venciendo finalmente con esto la resistencia de los adversarios más obstinados.

Sin embargo, quienquiera que piense que esto en Sales fue un privilegio de una naturaleza dotada por la gracia de Dios con las bendiciones de la dulzura como leemos de otras almas afortunadas, estaría equivocado. De hecho, Francisco, por su misma complexión, era de carácter vivaz y dispuesto a enojarse. Pero, proponiéndose como modelo para imitar a aquel Jesús que había dicho: Aprende de mí que soy manso y humilde de corazón y a través de la constante vigilancia y violencia que se hacía a sí mismo, supo reprimir y contener los movimientos del alma, de tal manera que llegó a ser un retrato vivo del Dios de paz y dulzura. (Encíclica Rerum Omnium perturbationem de Pío XI).

La penitencia sin amor es imperfecta.

En uno de los capítulos1 de la maravillosa obra “Tratado del amor de Dios”, San Francisco de Sales nos explica que la penitencia sin amor es imperfecta:

“Todos los motivos de compunción vienen enseñados por la fe y la religión cristiana y, por tanto, la penitencia que de ellos proviene es grandemente laudable, aunque imperfecta.

Es cosa muy razonable arrepentirse de los pecados; aún más, es imposible no arrepentirse cuando se reflexiona atentamente. Con todo, se trata de penitencia imperfecta, en la que no interviene aún el amor divino. ¿No comprendes, Teótimo, que todos los actos de arrepentimiento se fundan en el interés de nuestra alma, de su felicidad, de su hermosura interior, de su honor y dignidad, en una palabra, en el amor que nos profesamos a nosotros mismos, amor, desde luego, legítimo, justo y bien ordenado?

Y ten presente que no he dicho que esos arrepentimientos estén en pugna con el amor de Dios, sino que no lo abarcan; no lo rechazan, pero no lo presuponen; no están contra él, pero existen sin él; no lo excluyen, pero tampoco lo incluyen. La voluntad que abraza lo bueno simplemente, es muy buena, pero si lo abraza rechazando lo mejor, es desordenada, no porque acepte lo primero, sino porque rechaza lo segundo.

De la misma manera, el voto de dar hoy limosna es bueno, pero el voto de no darla más que hoy es malo porque menosprecia lo mejor, que es darla hoy, mañana y siempre que se pueda. Es cosa buena ciertamente, no se puede negar, arrepentirse de los pecados para evitar el infierno y conseguir el paraíso; mas quien tomara la resolución de arrepentirse nada más que por esto, y por ningún otro motivo, desecharía voluntariamente lo mejor, que es dolerse del pecado por amor de Dios. ¿Qué padre vería con buenos ojos el que su hijo le quisiera servir, pero sin que en ello tomase parte el amor?… Comenzar a aprender es cosa muy laudable; pero quien comenzara con intención de jamás perfeccionarse, obraría contra toda razón.

En conclusión, el arrepentimiento que no se opone al amor de Dios, aunque todavía no lo posea, es bueno y deseable, pero imperfecto, porque no puede proporcionar la salvación hasta que se haya alcanzado el amor y se haya mezclado a él. De forma que así como el apóstol dijo (1 Cor, 13,3) que si entregase su cuerpo a las llamas y todos sus bienes a los pobres, no teniendo caridad, todo le sería inútil, nosotros podemos decir con toda verdad que, aunque nuestra penitencia fuese tan grande que el dolor hiciese a nuestros ojos deshacerse en lágrimas y derretir nuestro corazón de pesar, sin el santo amor de Dios de nada nos serviría para la vida eterna.

La perfecta penitencia obra dos efectos diferentes: en virtud de su dolor eficaz nos separa del pecado; en virtud del amor, de donde toma su origen, nos reconcilia y une con Dios, de tal manera que, a medida que nos aleja de la culpa por la compunción, nos aficiona a Dios por la caridad.”

Vía Crucis con pensamientos de san Francisco de Sales. 2

Por la señal…

Monición inicial: Meditamos el santo viacrucis con algunos pensamientos de san Francisco de Sales, obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia. Un verdadero pastor de almas, que hizo volver a la comunión católica a muchos hermanos que se habían separado y con sus escritos enseñó a los cristianos la devoción y el amor a Dios. Fundó, junto con santa Juana de Chantal, la Orden de la Visitación, y en Lyon entregó humildemente su alma a Dios el 28 de diciembre de 1622.

Él decía: “La vía de la cruz, del sufrimiento y de la aflicción es una vía que nos conduce a Dios y a la perfección de su amor, si somos fieles a ella.” Con este espíritu demos comienzo a nuestra oración:

Acto de contrición: Señor mío Jesucristo

Al principio de cada estación se puede decir:

V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Y al final de cada estación:

V/. Señor, pequé.

R/. Tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores.

V/. Bendita y alabada sea la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo

R/. Y los Dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz.

I. ESTACIÓN: Jesús condenado a muerte.

“Pilato, después de haber hecho azotar a Jesús, se lo entregó a los soldados para que lo crucificaran.” (Mt 27, 26)

Pensamiento: La Cruz es de Dios, pero es una cruz, porque no nos adherimos a ella. Cuando uno está decidido a aceptar la cruz que Dios nos da, ya no es cruz. Si la Cruz es de Dios, ¿por qué no la queremos?

II. ESTACIÓN: Jesús carga con la Cruz.

“Después de haberse burlado de él, le quitaron la capa, le devolvieron sus vestidos y lo sacaron afuera para crucificarlo.” (Mt 27, 31)

Pensamiento: La Cruz es santificada por haber sido el instrumento del que Jesús se sirvió para nuestra redención.

Todos los cristianos que aspiran al cielo deben tomar la Cruz del Señor y deben seguirle. Esto significa caminar sobre sus pasos, imitar sus virtudes, hacer su voluntad y no rebelarse contra él.

III. ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir conmigo, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la entregue por mi causa, la conservará.” (Mt 16, 24-25)

Pensamiento: Fijaos en la infinita bondad del Salvador, que quiso morir de la muerte de los hombres, para hacernos vivir, según la pretensión de Adán, de la vida de Dios. Pero para tener la humildad de nuestro Señor, escuchamos lo que dice San Pablo: «Aun siendo el Hijo de Dios, se anonadó a sí mismo»

¡Oh Dios, qué maravilloso es que el Verbo eterno se anonade a sí mismo y renuncie a su propia gloria por criaturas que corresponden tan poco a su amor!

IV. ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su Madre.

“Simeón bendijo a María, su madre y le dijo: él está para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y será señal de contradicción, a fin de que se manifiesten los secretos de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.” (Lc 2, 34-35)

Pensamiento: La Madre de Cristo busca al Hijo, que es la vida de su vida. ¿Y por qué lo busca? Para estar siempre cerca de él, su Hijo y su Dios.

V. ESTACIÓN: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz.

“Cuando salían encontraron a un hombre de Cirene, conocido por Simón, al que obligaron a llevar la cruz.” (Mt 27, 32)

Pensamiento: “El evangelista no nombra a la mayoría de las personas que se encuentran en la pasión: pero recuerda el nombre de Simón, que lleva la Cruz detrás de nuestro Señor.

La Cruz es la puerta real para entrar en el templo de la santidad… Amad esta Cruz: es preciosísima si la miras con ojos de amor.

VI. ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

“Por ti he sufrido insultos y la vergüenza me cubre el rostro; soy un extraño para mis propios hermanos y un forastero hasta para los hijos de mi madre.” (Sal 68, 8-9)

Pensamiento: Considero la manera en que el Señor sufre… En su interior sufre voluntariamente, pacientemente, con amor.

La Cruz es una medicina capaz de curar todos nuestros males.

VII. ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera.” (Mt 11, 28-30)

Pensamiento: Él sufre para testimoniar su amor hacia nosotros. ¡Oh, qué grande es!

Señor, no sé si siento amor por ti, pero si lo siento, es muy poco: porque se contenta con una lágrima, y cree que es suficiente cuando ha dado un suspiro.

Dios mío, quiero y confieso querer amarte y darte todo mi corazón.

VIII. ESTACIÓN: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.

“Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él.” (Lc 23, 27)

Pensamiento: Cristo a veces ha demostrado que ama nuestras lágrimas cuando se derraman por amor… Si tenemos lágrimas, lloremos entonces, simplemente, porque no podríamos verterlas para un fin más digno.

IX. ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez.

“Yo soy el buen pastor… y doy la vida por mis ovejas…Nadie me quita la vida: la ofrezco yo por mi propia iniciativa, pues tengo poder de entregarla e igualmente poder de recuperarla.” (Jn 10, 14-18)

Pensamiento: Mi iniquidad es tan grande…: Señor, ¿quién me liberará de este laberinto si no tú?

Podríamos estar realmente desanimados si nos apoyáramos en nuestra fuerza, pero es necesario confiar en la fuerza de Dios.

X. ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestidos.

“Los soldados se repartieron los vestidos de Jesús a suerte.” (Mt 27, 35)

Pensamiento: El Cristo despojado nos enseña a complacerlo: despojar nuestro corazón de toda clase de afectos y pretensiones de amor o desear a alguien más que a él.

XI. ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz.

“Llegados al lugar llamado del Calvario, le dieron a beber vino con vinagre; él lo probó, pero no quiso beberlo. Lo crucificaron, y junto con él a dos ladrones, uno a la derecha u otro a la izquierda.” (Mt 27, 33-38)

Pensamiento: El Hijo de Dios está clavado en la cruz: ¿quién lo puso allí? Ciertamente el amor. Ahora bien, dado que murió de amor por nosotros, lo menos que podemos hacer por él es vivir con amor.

Quien quiera besar a Cristo debe subirse a la cruz y pincharse con las espinas de su corona.

XII. ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz.

“Desde el mediodía hasta las tres de la tarde sobrevinieron tinieblas sobre toda la tierra. Hacia las tres, Jesús exclamó con voz potente: “Elí, Elí, lamá sabactaní”, que significa “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y, dando un fuerte grito, expiró. (Mt 27, 45-50)

Pensamiento: Nuestro Señor escogió la muerte de la cruz para testimoniar su amor hacia nosotros…

Era el sacrificio que, ofrecido a sí mismo al Padre, se inmoló en el amor, por causa del amor y para el amor.

XIII. ESTACIÓN: El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz.

“José de Arimatea tomo el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana blanca y lo depositó en una tumba nueva, que se había hecho excavar para sí en una roca; corrió la rueda que cerraba el sepulcro y marchó. (Mt 27, 67-60)

Pensamiento: El amor atrae todos los dolores, tormentos, sufrimientos, males, heridas, pasión, y la cruz de nuestro Señor en el corazón de su santa Madre.

La espada de la muerte que atravesó el cuerpo del Hijo amado también atravesó el corazón de esta adorable Madre.

XIV. ESTACIÓN: Jesús es sepultado

“Al día siguiente de la Parasceve (preparación para la Pascua) se reunieron los sumos sacerdotes y los fariseos con Pilato, y le dijeron: Señor, nos hemos acordado que ese impostor cuando estaba en vida dijo: “Resucitaré al tercer día”. Manda, pues, que el sepulcro esté vigilado hasta el tercer día…Pilato les dijo: Vosotros disponéis de guardia propia; id y vigilad como lo creáis mejor. Y ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellaron la piedra y pusieron vigilancia.” (Mt 27, 62-66)

Pensamiento: El amor y la muerte en la pasión del Salvador se entrelazan.

Debemos morir, a todos los demás amores para vivir en el amor de Jesús, y no morir en la eternidad.

«Jesucristo es un Señor tan grande, rico y poderoso, que no tiene necesidad de nuestros bienes. ¿Qué presentes podremos, pues, hacerle, si todo el mundo es suyo. He aquí el más grato presente que podemos hacerle: un corazón limpio, contrito y humillado. Él no quiere de nosotras más que el corazón.”

Que el Señor nos dé la gracia para vivir y morir en el Sagrado Corazón”

Santa Juana Francisca de Chantal.

Grupo hijos de María.

1 Capítulo II, 19, La penitencia sin amor es imperfecta.

2 Fuente del blog http://misagregorianatoledo.blogspot.com/

Nuestra recomendación: Meditación de la Pasión

Pueden encontrar más meditaciones del Vía Crucis en la web de nuestros amigos: El Salvador de Toledo


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