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Vía Crucis: I Viernes de Cuaresma

PorMarchando Religion

Mar 4, 2022
Vía Crucis I Viernes de Cuaresma-MarchandoReligion.es

Durante todos los viernes de Cuaresma, en MR, les proponemos con nosotros, el rezo del Santo Vía Crucis

Vía Crucis: I Viernes de Cuaresma

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

El rezo del Via Crucis.“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.”(Mt 16,24; Lc 9,23)

Recuerden que el buen Jesús les está mirando, y le dice a cada uno en particular:“Casi todos me abandonan en el camino real de la Cruz. Los idólatras, se burlan de mi Cruz como de una locura; los judíos se escandalizan de ella (Cor 1, 239), los herejes la destrozan como causa despreciable. Más aún, mis propios hijos, mis propios miembros vivificados por mi Espíritu, me han abandonado, convirtiéndose en enemigos de mi Cruz. (Is 1,2, Flp 3, 18). ¿Acaso ustedes también quieren dejarme huyendo de mi Cruz?.Tengo muchos amigos de mi mesa, pero muy pocos de mi Cruz.” (Carta a los amigos de la Cruz, San Luis María Griñón de Montfort)

La importancia del Via Crucis según el beato Dom Columba Marmion.(De la obra Sufriendo con Cristo).

Según explica el beato Dom Columba, no hay práctica más útil para nuestras almas que el Via Crucis hecho con devoción. La Pasión es el “santo de los santos”, la obra por excelencia de nuestro Pontífice supremo.

Y nos dice el beato :” si cada día, durante unos instantes, interrumpiendo vuestros quehaceres, abandonando vuestras preocupaciones, acallando en vuestros corazones el ruido de las criaturas, acompañais a Jesús por el camino del Calvario con fe, humildad y amor, con verdadero deseo de imitar las virtudes que nos enseña en su pasión, podeis estar seguros de que vuestras almas recibirán gracias extraordinarias, que las transformarán poco a poco, asemejándolas a Jesús, y Jesús Crucificado. Y ¿no es en esta semejanza en lo que San Pablo hace consistir toda la santidad?”

La compunción del corazón.

(Extracto de la obra Jesucristo vida del alma, cap VIII del beato Dom Columba Marmion).

Nos explica el beato que la compunción es una disposición del alma que la mantiene habitualmente en la contrición y que si hay tantas almas que no adelantan en el camino del amor de Dios es porque no están animadas por esta disposición de espíritu.

Según él, algunos encuentran admirable, y lo es, lo que llaman la parte positiva de la vida espiritual, a saber: el amor, la oración, la contemplación y unión con Dios; pero nos recuerda el beato que no hay que olvidar que éstas sólo se hallan aseguradas en un alma purificada de todo pecado y de todo hábito vicioso, y que se esfuerza por amortiguar las causas del pecado y de las imperfecciones, mediante una vida llena de generosa vigilancia.

Cuando tenemos un sentimiento de verdadero pesar inspirado por el amor y lo mantenemos en el alma en toda su viveza, crea en ella un estado de oposición a toda complacencia en el pecado.

Entre el espíritu de compunción y el pecado existe una irreductible incompatibilidad, porque fortifica al alma en el horror al pecado y en el amor de Dios.

Además, la compunción nos lleva a aprovecharnos mejor de los sacramentos, porque nos mueve a recibirlos con más humildad y arrepentimiento, nos fortalece contra las tentaciones y también es origen de viva caridad con el prójimo. Si en nuestros juicios somos severos y exigentes con los otros, si descubrimos con ligereza las faltas de nuestros hermanos, es porque carece nuestra alma del sentimiento de compunción, porque el alma que lo posee vé en sí misma los pecados y debilidades de que adolece, lo cuál basta para destruir en ella el espíritu de vanagloria y hacerle compasiva con los demás.

Nos explica el beato, que para adquirir este maravilloso bien, primero de todo hay que pedírselo a Dios. Y a la oración que pide a Dios la compunción deben acompañar los medios espirituales que puedan ayudar, y ninguno más eficaz que la frecuente meditación de la pasión de nuestro divino Salvador.

Del Pretorio al Calvario. (Cap 9 Sufriendo con Cristo Beato Dom Columba Mamion).

  1. Jesús es condenado a muerte por Pilatos.

Jesús está de pie ante el gobernador romano. Jesús, inocente, pero cargado con los pecados del mundo. Jesús está de pie, porque es nuestro Jefe, y como dice San Pablo, “da testimonio de la verdad de su doctrina, de la divinidad de su persona y de su misión”; sin embargo, acata interiormente la sentencia pronunciada por Pilatos y se entrega. Se humilla, obedeciendo hasta la muerte. Así como la desobediencia de un solo hombre, Adán, ha sido la causa de la pérdida de muchos, así también la obediencia de uno sólo, Cristo Jesús, nos establecerá en la justicia.

Maestro divino, que la fuerza de vuestra gracia produzca en mi alma este espíritu de sumisión que haga que me entregue sin reserva y queja alguna a la voluntad de lo alto.

  1. Jesús es cargado con la cruz.

En este momento, Jesús aceptaba el aumento de sufrimientos que añadía esta pesada carga a sus hombros magullados, los tormentos indecibles con que sus sagrados miembros serían afligidos en los momentos de la crucifixión. Aceptaba los amargos sarcasmos, las odiosas blasfemias, que sus peores enemigos, triunfantes en apariencia, descargarían sobre Él. En este momento, Cristo Jesús aceptaba la cruz por todos sus miembros, por cada uno de nosotros: Vere languores nosotros ipse tulit, et dolores nosotros ipse portavit . Entonces unió a los suyos todos los sufrimientos de su Cuerpo Místico. Aceptemos, pues, nuestra cruz en unión con EL, para ser dignos discípulos de este Divino Jefe: aceptémosla sin razonar y sin murmurar.

Jesús mío, yo acepto todas las cruces, todas las contrariedades; que la unción de vuestra gracia me dé fuerzas para llevarlas.

  • III. Jesús cae por primera vez.

Jesús, extenuado por los sufrimientos de alma y cuerpo, sucumbe bajo el peso de la cruz. La Omnipotencia cae de debilidad. Esta debilidad de Jesús honra su poder divino. Por ella, expía nuestros pecados, repara las rebeldías de nuestro orgullo, y “levanta al mundo, impotente para salvarse”: Deus qui in Filii tui humilitate jacentem mundum erexisti. Además, en este momento nos merecía la gracia de humillarnos por nuestras faltas, de reconocer nuestras caídas, de confesarlas sinceramente; nos merecía la gracia de la fortaleza que sostiene nuestra debilidad. Pidamos misericordia a Dios en los momentos en que nos sintamos débiles ante la cruz y la tentación. Será precisamente cuando reconozcamos nuestra flaqueza, cuando brillará en nosotros el triunfo de la gracia, la única que nos puede salvar: Virtus in infirmitate perficitur.

Oh Cristo Jesús, caído bajo vuestra cruz, yo os adoro. Vos os mostráis abatido de debilidad, para enseñarnos la humildad y confundir nuestro orgullo. No me abandonéis a mis fuerzas, porque yo no soy sino debilidad, que vuestra fuerza se adueñe de mí, para que no sucumba en el mal.

  • IV Jesús encuentra a su Madre Santísima.

Para María llegó el momento en el que debía realizarse plenamente la profecía de Simeón: “Una espada traspasará tu alma”. Se dirige al Calvario, donde sabe que su Hijo va a ser crucificado. En el trayecto, se encuentran. ¡Qué dolor tan inmenso al verle en tan lastimoso estado! Sus miradas se cruzan, y el abismo de los sufrimientos de Jesús llama al abismo de la compasión de su Madre.Jamás un hijo ha amado tanto a su madre como Él. Él sigue su camino hacia el lugar del suplicio, porque ésta es la voluntad de su Padre. María se asocia a este sentimiento y toma parte en los sufrimientos de Jesús, siguiéndole hasta el Gólgota.

Pidamos a la Virgen que nos asocie a la contemplación de los sufrimientos de Jesús y nos haga partícipes de la compasión que Ella le demuestra, a fin de lograr tener odio al pecado que ha exigido tal expiación.

  • V Simón Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Jesús está agotado. Quiere que le ayudemos a llevar su cruz. Simón nos representa a todos, y es a todos nosotros a quienes Cristo pide que compartamos sus sufrimientos. Sólo con esa condición se es discípulo de Él: si alguien quiere venir en pos de mí, que tome su cruz y me siga. El Padre ha dispuesto que parte de los dolores quedaran para el Cuerpo Místico de su Hijo, que parte de la expiación recayera sobre sus miembros: Adimpleo ea quae desunt passionum Christi in carne mea pro corpore ejus, quod est Ecclesia. Mas, al mismo tiempo, en este mismo momento nos ha merecido la gracia de la fortaleza para soportar generosamente las pruebas; ha puesto en su cruz la unción que hace a la nuestra tolerable; pues llevando nuestra cruz, es en verdad la suya la que aceptamos. El une nuestros sufrimientos a su dolor, y por esta unión, les da un valor inestimable. Es lo que san Pablo nos da a comprender en su epístola a los Hebreos, para animarnos a soportarlo todo por amor a Cristo.

Jesús mío, yo acepto de vuestra mano las partículas de vuestra Cruz que Vos escogéis para mí; yo acepto la contrariedades, penas y dolores que Vos permitáis .

  • VI. Una mujer enjuga la faz de Jesús.

La tradición cuenta que una mujer, movida a compasión, se acercó a Jesús y le tendió un lienzo para que enjugara su faz adorable. Él nos ha devuelto la gracia que nos hace hijos de su Padre, ofreciéndose en lugar nuestro en su pasión. Desfigurado como está por nuestros pecados, Cristo en su Pasión continúa siendo el Hijo muy amado, objeto de todas las complacencias de su Padre. Nosotros somos semejantes a Él en ésto, si conservamos en nosotros la gracia santificante, que es el principio de nuestra semejanza divina. Además, nos asemejaremos también a Él practicando las virtudes que nos enseña en su Pasión, compartiendo el amor que Él tiene a su Padre y a las almas, su paciencia, su fortaleza y su mansedumbre.

Oh Padre celestial, en compensación de los insultos que vuestro Hijo Jesús ha querido sufrir por nosotros, glorificadle, ensalzadle, dadle este esplendor que ha merecido, cuando su faz adorable era desfigurada para salvación nuestra.

  1. Jesús cae por segunda vez.

Consideremos a nuestro divino Redentor cayendo otra vez bajo el peso de su cruz. Dios puso sobre sus hombros los pecados del mundo. Posuit Dominus in eo iniquitatem ómnium Nostrum. Son nuestros pecados los que le aplastan. Él los ve todos en conjunto y en detalle; los acepta como suyos. Como Verbo eterno, Jesús es todopoderoso; mas quiere experimentar en Él toda la debilidad de una humanidad abatida; esta debilidad, completamente voluntaria, honra la justicia de su Padre celestial y nos merece la fuerza. No nos abandonemos jamás al orgullo; por más progresos que creamos haber realizado, tengámonos siempre por débiles para llevar nuestra cruz en seguimiento de Jesús: Sine me nihil potestis facere. Solamente la virtud divina que nos viene de Él es nuestra fuerza:Omnia possum in eo qui me confortat; más ella no nos será dada, si no la pedimos con frecuencia.

¡Oh Jesús, hecho débil por mi amor, aplastado bajo el peso de mis pecados, dadme la fuerza que hay en Vos, para que Vos seáis glorificado en mis obras!

  • VIII Jesús habla a las mujeres de Jerusalén.

Seguía a Jesús una muchedumbre inmensa del pueblo y mujeres que, golpeándose el pecho se lamentaban de su suerte… Volviéndose Jesús a ellas, les dice: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, antes bien llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos..

Jesús conocía las exigencias inefables de la justicia y santidad de su padre. Y recuerda a las hijas de Jerusalén que esta justicia y esta santidad son perfecciones adorables del Ser divino…Imploremos la misericordia de Jesús para el día en el que aparecerá, no como víctima, gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, sino como juez soberano…

Oh Jesús mío, tened compasión de mí! Oh, Vos que sois la viña, concededme la gracia de estar unido a Vos, a fin de que produzca frutos dignos de Vos; que no sea yo por mis pecados como “rama muerta, buena sólo para ser arrancada y echada al fuego”.

  • IX Jesús cae por tercera vez.

Como víctima que se ha entregado, por amor, es quebrantado por el abatimiento que descarga sobre Él esta justicia santa.

Oh Jesús mío, enseñadme a aborrecer el pecado, concededme que sepa unir a vuestros sufrimientos todas mis penas.

  • X. Jesús es despojado de sus vestiduras.

Se han repartido mis vestiduras y han echado suerte sobre mi túnica”. Jesús es despojado completamente y puesto en la desnudez de una pobreza absoluta, ni siquiera puede disponer de sus ropas; puesto que en cuanto sea levantado en la cruz, los soldados se las repartirán y echarán suerte sobre su túnica. Jesús se abandona a sus verdugos, como víctima por nuestros pecados.

Oh Jesús mío, despojadme de todo apego que me separe de Vos.

  • XI Jesús es crucificado.

Y le crucificaron con otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. Le crucifican entre dos ladrones: Factus obediens usque ad mortem. Se entrega por nosotros. Jesús, siendo Dios, nos veía a todos en estos momentos. El se ha ofrecido para rescatarnos, puesto que es a EL, pontífice y mediador, a quien el Padre nos ha confiado. Quia tui sunt. ¡Qué sublime revelación del amor de Jesús hacia nosotros! Y este amor, es también el amor del Padre y del Espíritu Santo porque Ellos son uno.

Oh Jesús,haced que me adhiera sin reserva a vuestra ley y no permitáis que jamás me separe de Vos.

  • XII. Jesús muere en la cruz

Y exclamando con voz potente, dijo Jesús: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho estas palabras, expiró. Después de tres horas de sufrimientos indecibles, Jesús muere. La única ofrenda digna de Dios, el único sacrificio que rescata al mundo y santifica las almas se ha llevado a cabo. Él ha querido derramar hasta la última gota, haciendo que fuera traspasado su Corazón, para manifestar la extensión de su amor. Y es por todos nosotros por quienes la ha derramado. Cada uno puede repetir en verdad aquella ardiente palabra de San Pablo: Me amó y se entregó por mi.

Pidámosle nos atraiga a su Corazón sagrado por la virtud de su muerte en cruz; pidámosle “morir a nuestro amor propio, a nuestra voluntad propia, fuente de tantas infidelidades y pecados, y vivir para aquel que murió por nosotros.”Ut et qui vivunt, jam non sibi vivant, sed ei qui pro ipsis mortuus est”.

Oh Padre, glorificad a vuestro Hijo pendiente en el patíbulo. Puesto que El se anonadó hasta la muerte y muerte de cruz, exaltadle; que toda rodilla se doble ante Él. Que toda lengua confiese que vuestro Hijo Jesús vive para siempre en la gloria eterna.

  • XIII El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y devuelto a su madre.

El cuerpo martirizado de Jesús es entregado a María. No podemos imaginarnos el dolor de la Virgen en este momento. Jamás madre alguna amó tanto a su hijo como María ha amado a Jesús; su corazón de madre ha sido formado por el Espíritu Santo para amar a un Hombre Dios. Jamás corazón humano ha latido con tanta ternura para el Verbo encarnado, como el corazón de María. Pues ella estaba llena de gracia, y su amor no encontraba obstáculo a su expansión. Echémonos a sus pies para pedirle perdón de los pecados que fueron la causa de tantos sufrimientos.

Oh Madre, fuente de amor, dadme a comprender la fuerza de vuestro dolor, para compartir con Vos vuestra aflicción; haced que mi corazón arda de amor a Cristo, mi Dios, a fin de que no anhele sino complacerle.

  • XIV Jesús es depositado en el sepulcro.

Habiendo bajado de la cruz el Cuerpo de Jesús José de Arimatea lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro abierto en la roca. Apenas quedará tres días en el sepulcro; por su propia virtud, Jesús saldrá triunfante de la muerte, resplandeciente de vida y de Gloria.

Jesús, Señor mío, que yo sepulte en vuestra tumba todos mis pecados, todas mis faltas, todas mis infidelidades. Concededme el saber renunciar a todo cuanto me aleja de Vos, renunciar a Satanás, a las máximas del mundo, a mi amor propio.

Jesús mío, vos habéis recorrido este camino por amor a mí, llevando vuestra cruz. Os pido que llenéis mi corazón de aquellos sentimientos que rebosaban en el vuestro durante estas horas santas.

Que la imagen de Cristo sufriente se imprima en nuestro corazón.

Grupo hijos de María.

Nuestra recomendación: Meditación de la Pasión

Pueden encontrar más meditaciones del Vía Crucis en la web de nuestros amigos: El Salvador de Toledo


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