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V Viernes Cuaresma: Vía Crucis con San Rafael Arnaiz Barón

PorMarchando Religion

Abr 1, 2022
V Viernes Cuaresma Vía Crucis con San Rafael Arnaiz Barón-MarchandoReligion.es

Jesús mío, mi dulce amor, ¡no permitas que me aparte de Ti!…¡ Virgen María no me abandones!

San Rafael Arnaiz.

Fragmentos de cartas a familiares y amigos de San Rafael Arnaiz

Todo con María y por María

Me decías en tu carta, hablando de María, que habías estado a sus pies, y que la Salve no se te olvidaba; las dos cosas están muy bien, pero es poco…

Cuando empecé a amar a María, me propuse no escribir nada a nadie sin, por lo menos, mencionar una vez a la Virgen, y he llegado a la costumbre de que siempre que escribo, primero me encomiendo a Ella, después busco algún resquicio en las ideas para hablar de Ella con cualquier motivo, y después, cuando acabo, le doy las gracias por todo…

Dice San Bernardo que todo lo recibimos por mediación de María, y es verdad.

Me he propuesto que ames mucho a la Señora, porque veo es lo primero que tienes que hacer para ser santa: ese es el medio más rápido para empezar a amar a Dios, amar a su Madre. ¿Ves tú algún otro?

Coloquio con Dios

¿Cómo es posible vivir así, Dios mío? ¿Cómo es posible resistir tanta gracia, tanto consuelo, tanta luz y caridad como nos das? Muy miserables debemos ser cuando para amarte como “uno” nos tienes que dar lo infinito. Qué paciencia tienes, Señor; a otros les hubiera bastado la centésima parte de lo que nos das, para que se hubieran entregado del todo; y, sin embargo, a pesar de nuestra resistencia a tu gracia, a pesar de la resistencia a tu amor, te empeñas en seguir en tu obra, y en querer conseguir un poco de nuestro amor. ¡Qué ciegos somos, que torpes, cuánto lodo y barro tenemos encima que nos impide volar hacia Ti!

Pero nunca es tarde, Dios mío; lo que hemos tardado tanto tiempo en darte te lo vamos a dar ahora de lleno. ¡Qué poquita cosa somos y cómo nos quiere Dios! Nunca lo sabremos bastante.

Fray María Rafael. Oviedo, 11 de noviembre de 1935.

Vía Crucis con pensamientos de San Rafael Arnaiz.

Señor, quisiera amarte como nadie…Déjame vivir Señor al pie de la Cruz… de día, de noche, en el trabajo, en el descanso, en la oración,…siempre, sin pensar en mí, sin nada querer ni desear más que mirar enloquecido la sangre Divina que inunda la tierra.

María, Madre mía,¡ sé mi ayuda y sé mi guía!

Oraciones iniciales

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. Oh buen Jesús, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe, por los siglos de los siglos. Amén.

Por la señal, de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

I Estación: Jesús es condenado a muerte.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Quién piensa en ser apreciado de los hombres cuando veo a mi Jesús olvidado de sus amigos, despreciado y escupido!…

Jesús necesita corazones que, olvidándose de sí mismos, adoren y amen con locura su corazón dolorido y desgarrado por tanto olvido.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

II Estación: Jesús carga con la Cruz.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Señor, quisiera amar con locura tu Cruz; no permitas que de ella me aparte!

Si los hombres sospecharan lo que es renunciar a todo por Ti! ¡Qué tesoro tan grande es el no ser nada ni nadie ¡¡Qué tesoro tan grande es la Cruz…Y qué bien se vive abrazado a ella!

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

III Estación: Caída de Jesús.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Ilumina Señor mis tinieblas para conocerme mejor y ver mis miserias, mis pecados,…

Envíame tu luz para comprender, la santa compunción para llorar, la fe para sólo en ella confiar, la esperanza para sostener mis flaquezas… y por encima de todo, lléname Señor, de tu inmensa caridad.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

IV Estación: El encuentro de Jesús con la Santísima Virgen.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Virgen Santísima, Madre de los Dolores!

Cuando mires a tu Hijo ensangrentado…déjame a mí que humildemente recoja tu inmenso dolor y déjame que, aunque indigno, enjugue tus lágrimas…

Dios, es tan bueno conmigo… En el silencio me habla al corazón, me va enseñando poco a poco, a no buscar la perfección más que en Él…Mostrándome a María: He aquí la única criatura perfecta… En ella encontrarás el amor y la caridad.

¡Cómo es posible vivir sin amor a María! ¡Virgen María! Dile a Jesús que me perdone, Él lo hará bendita Madre, si Tú se lo pides…

Señora, te ofrezco toda mi voluntad y sumisión a los divinos deseos de tu Hijo, para que Tú se la presentes a Jesús. Recíbelo todo, Madre mía, a pesar de ir a tus manos, no con toda la pureza que yo quisiera; pero mira, Señora, no la ofrenda en sí, que nada vale, sino mi intención , que bien quisiera fuera de tu agrado. Así sea.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

V Estación. Jesús ayudado por el Cirineo.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Señor, déjame llevar tu Cruz.

¡Cruz de Jesús!… Un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría… Esa Cruz que es mi único descanso…¡Cómo explicarlo…quien esto no haya sentido, ni remotadamente puede sospechar lo que es!

¡Oh si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo!

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

VI Estación: Verónica limpia a Jesús.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Al ver tus llagas, Señor, sólo un pensamiento domina el alma… Amor… Sí… Amor para endulzar tus heridas, amor para aliviar tanto y tan inmenso dolor…

Quisiera pasar esta vida tocando el suelo solamente con los pies, con el corazón abrasado en amor divino y mantenido de esperanza.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

VII Estación Segunda caída de Jesús.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Soy un pobre hombre… Nada soy y nada valgo… ¿Qué se puede esperar del lodo, del barro miserable?

Nada deseo, nada quiero; sólo cumplir mansamente la voluntad de Dios… y subir hasta Él en brazos de la Santísima Virgen. Así sea.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

VIII Estación. Jesús consuela a las santas mujeres.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Déjame Señor llorar, pero llorar de ver lo poco que puedo hacer por Ti. Lo mucho que te he ofendido estando lejos de tu Cruz…

Déjame llorar el olvido en que te tienen los hombres…, aún los buenos…

Dios mío, enséñame a amar tu Cruz..

Quisiera que tu vida fuera mi única regla. Tu amor, mi único alimento…mi única razón de vivir. Ah, Señor, morir o vivir, lo que Tú quieras, ¡pero por amor!

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

XIX Estación. Tercera caída de Jesús.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Necio es el que mira este mundo y busca en él su descanso…No encontrará la paz.

¡Dichoso el que busca la paz en las llagas de Jesús!

Sólo el que a sí mismo renuncia y toma cada día su cruz encontrará lo que busca…pero no en la tierra, pues aunque es verdad que también en la tierra hay flores…, son flores de tierra que no satisfacen a los amadores de Cristo.

Solo Dios…, Solo dios Nada deseo fuera de Dios.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

X Estación. Jesús es despojado de sus vestidos.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

¡Cristo Jesús! Enséñame a padecer,… enséñame esa ciencia que consiste en amar el menosprecio, la injuria… Enséñame esa ciencia que Tú desde la cumbre del Calvario muestras al mundo entero.

Más yo sé…una voz interior, muy suave me lo explica todo…algo que siento en mí, viene de Ti y me descifra tanto misterio que el hombre no puede entender… es el Amor…en eso está todo… ya lo veo Señor… no necesito más , no necesito más,…¡es el Amor!

Llena Señor, mi corazón… ¡Señor, sólo Tú!

¿Qué importa la salud?…¿ Qué más da el sitio éste o aquél, ser querido o despreciado, ser pobre o ser rico?… Todo eso es nada…, no quiero nada… Sólo quiero hacer Tu Voluntad…Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, y esconder a todos el pequeño volcán de mi corazón, que quisiera morir abrazado a la Cruz.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

XII Estación Jesús muere en la Cruz.

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Déjame Señor, vivir junto a Tu Cruz…Qué alegría tan grande es poder vivir al pie de la Cruz. Allí encuentro a María, a San Juan y a todos tus amadores.

Allí no hay dolor, pues al ver el Tuyo, ¡Quién se atreve a sufrir?… Allí todo se olvida… Al ver tus llagas, Señor, sólo un pensamiento domina el alma, Amor…Sí… Amor para endulzar tus heridas.

¡No permitas Señor que de Ti me aparte!

¡Señor, quisiera morir de amor a los pies de Tu Cruz y subir hasta Ti en los brazos de la Santísima Virgen.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

XIII Estación Jesús en los brazos de su Madre

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino que además nos dejó a María… ¿Cómo no bendecir a Dios con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el Cielo y la Tierra a la Santísima Virgen?…

¡Qué grande es Dios!… ¡Qué bien hace las cosas!… Lo que al principio nos cuesta, lo que tantas lágrimas nos ha hecho derramar… Bendita soledad con Cristo. Es nuestro mayor consuelo en la Tierra…

¡Infinita bondad del Eterno, que sin merecerlo, nos coloca en esas regiones de las soledades, para allí hablarnos al corazón!… ¡Infinita paciencia la de Dios, que día tras día, noche tras noche, va persiguiendo a las almas, a pesar de las caídas de éstas, a pesar de las ingratitudes y los egoísmos, a pesar de los obstáculos que continuamente le ponemos, a pesar de escondernos muchas veces, no a su castigo, sino vergüenza da decirlo, a su gracia…

La Virgen del mayor dolor… La Virgen María, estrella que guía a los navegantes, nos conducirá e iluminará en la noche de nuestras soledades.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

XIV Estación. Jesús en el sepulcro

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Para el alma enamorada de Dios, para el alma que ya no ve más arte, ni ciencia que la vida de Jesús; para el alma que ha encontrado en la tierra el tesoro escondido, el silencio no le basta, ni su recogimiento en soledad; le es necesario ocultarse a todos, le es necesario ocultarse con Cristo, buscar un rincón de la tierra, donde no lleguen las miradas profanas del mundo, y allí estarse a solas con su Dios.

No busquemos mitigación al dolor en el consuelo de las criaturas; no llenemos al mundo de tristes gemidos, ni hagamos llegar a nadie la más pequeña parte de nuestra aflicción. ¡Bendito Jesús! Llevemos allá adentro y sin que nadie se entere, ese secreto que Tú das a las almas que más te quieren…, esa partecita de tu Cruz, de tu Sed, de tus Espinas…

Ocultémonos con Cristo para sólo a El hacerle partícipe de lo que mirándolo bien “sólo es suyo”…, el secreto de la Cruz.

Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí. Se reza a continuación un Padrenuestro

Aprendamos de una vez, meditando en su vida, en su Pasión y en su Muerte, que sólo hay un camino para llegar a El…, el camino de la Santa Cruz.

Jesús mío, mi dulce amor, ¡no permitas que me aparte de Ti!…¡ Virgen María no me abandones!

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología y Espiritualidad

Nuestra recomendación externa: El Salvador de Toledo


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