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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

VI Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa N.O

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Beati

VI Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa Novus Ordo. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Lc 6, 17.20-26)

Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas.>>

2. Comentario exegético: San Ambrosio de Milán (340-397)

¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

Aunque la abundancia de riquezas implica las solicitudes al mal, también en ellas hay más de una invitación a la virtud. Sin duda alguna, la virtud no tiene necesidad de ayudas, y la contribución de los pobres es más digna de elogios que la liberalidad de los ricos; sin embargo, a los que Él condena por la autoridad de la sentencia celestial no son los que tienen riquezas sino los que no saben usarlas. Pues, si el pobre es más digno de elogio cuando él da de buen grado y no se detiene ante los cerrojos de la escasez en perspectiva, no considerándose pobre si tiene lo suficiente para su condición; del mismo modo el rico es más reprensible, pues él debía al menos dar gracias a Dios de lo que ha recibido y no tener encerrado e inútil un bien que ha sido dado para la utilidad común, ni encubrir tesoros escondidos en la tierra. El mal no está en la fortuna, sino en el sentimiento.

Y aunque, durante toda su vida, el avaro sufre una solicitud inquietante, una espera angustiosa – suplicio que nada lo sobrepasa – conservando con un temor angustioso lo que alimentará el despilfarro de sus herederos, sin embargo, puesto que los cuidados de la avaricia y el deseo de atesorar son como el aliciente de una vana alegría, teniendo su consuelo en la vida presente, pierden las recompensas eternas.

Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, L. V, 69

3. Reflexión

Me cercaron los lazos de la muerte, me aprisionaban las ataduras del sepulcro; en mi angustia invoque al Señor, y él oyó mi voz desde su templo santo. Te amaré, Señor, fortaleza mía; el Señor es mi firmeza, y mi refugio, y mi libertador.1

El cristiano no funda su esperanza ni en sí mismo, ni en los otros hombres, ni en los bienes terrenos. Su esperanza se arraiga en Cristo muerto y resucitado por él. Si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida – dice san Pablo –, somos los hombres más desgraciados2. Pero la esperanza cristiana va mucho más allá de los límites de la vida terrena y alcanza la eterna, y justamente a causa de Cristo, que resucitando ha dado al hombre el derecho de ser un día participe de su resurrección.

Con este espíritu se han de entender las bienaventuranzas proclamadas por el Señor, las cuales exceden cualquier perspectiva de seguridad y felicidad terrenas para anclar en lo eterno.

Con sus bienaventuranzas Jesús ha trastocado la valoración de las cosas: estas ya no se ven según el dolor o el placer inmediato y transitorio que encierran, sino según el gozo futuro y eterno.

Sólo el que cree en Cristo y confiando en Él vive en la esperanza del reino de Dios, puede comprender esta lógica simplísima y esencial: Dichosos los pobres… Dichosos los que ahora tenéis hambre… Dichosos los que ahora lloráis… Dichosos vosotros cuando os odien los hombres3.

Evidentemente no son la pobreza, el hambre, el dolor o la persecución en cuanto tales los que hacen dichoso al hombre, ni le dan derecho al Reino de Dios; sino la aceptación de estas privaciones y sufrimientos sostenida en la confianza en el Padre celestial.

Cuando el hombre carente de seguridad y felicidad terrenas se abra más a la confianza en Dios, tanto más hallará en Él su sostén.

Al contrario, los ricos, los hartos, los que gozan, escuchan la amenaza de duros ayes, no tanto por el bienestar que poseen, cuanto por estar tan apegados a ello que ponen en tales cosas todo su corazón y esperanza.

El hombre satisfecho de las metas alcanzadas en esta tierra está amenazado del más grave de los peligros: naufragar en la autosuficiencia, sin darse cuenta de su precariedad y sin sentir la necesidad urgente de ser salvado de ella. El reino de la tierra le basta hasta el punto de que el reino de Dios no tiene para él sentido alguno. Por eso dice de él el profeta: Maldito quien confía en el hombre y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor4.

Las bienaventuranzas del Señor se ofrecen a todos, pero sólo los hombres desprendidos de sí mismos y de los bienes terrenos son capaces de conseguirlas.

3. Oración

Señor y Dios nuestro, que llamas bienaventurados a los que con fe y fortaleza soportan el hambre, la injusticia y la persecución, a fin de alcanzar el reino de los cielos; concédenos que, llenos de tu gracia, podamos sobrellevar la cruz de cada día para alcanzar la gloria de la resurrección. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

*VI Domingo Tiempo Ordinario ciclo C Misa N.O

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

1 Salm. 17, 5 – 7, 2-3

2 1 Cor 15, 19

3 Lc 6, 20-22

4 Jr 17, 5

Pueden consultar el Evangelio en nuestra sección: Evangelio del Domingo

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna