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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Las vacunas COVID, el bien común y la licitud moral: una respuesta al Profesor de Mattei, parte III

PorFirma invitada

Jun 3, 2021
Las vacunas COVID, el bien común y la licitud moral una respuesta al Profesor de Mattei, parte III-MarchandoReligion.es

Con este artículo damos por finalizada la respuesta de Ferrara a De Mattei sobre la licitud moral de las vacunas y el llamado bien común. Como dijimos en los artículos anteriores, la libertad de elección es libre y personal de cada uno, nosotros nos limitamos a informar en ambas direcciones. Al final del artículo ponemos todos los enlaces que hemos publicado en nuestra página sobre este tema.

Agradecemos a Lifesitenews que nos permiten la publicación del artículo y a nuestra compañera y traductora, Beatrice Atherton su esfuerzo en este trabajo

Las vacunas COVID, el bien común y la licitud moral: una respuesta al Profesor de Mattei, parte III. Un artículo de Christopher Ferrara para Lifesitenews

Artículo original: https://www.lifesitenews.com/opinion/covid-vaccines-the-common-good-and-moral-liceity-a-response-to-professor-de-mattei-part-iii

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Por Christopher A. Ferrara

Tal como han mostrado los dos artículos de esta serie, el argumento del Profesor De Mattei para la “Licitud moral de la vacunación” (LMV), es decir, de las vacunas COVID derivadas de abortos, falla en todos sus aspectos:

Primero, la cooperación material con el aborto no es remota ni pasiva, sino que más bien constituye una participación directa en una “estructura de pecado”: una malvada empresa comercial cuya existencia depende de una continua explotación de cuerpos de niños asesinados.

A este respecto, debemos tener en cuenta el hecho científico de que, en cada célula, en las comercialmente explotadas líneas de células de niños asesinados, está la memoria viviente de su existencia; porque cada una de aquellas células contiene el ADN que hubiera determinado todas sus características físicas, expresadas de diferentes maneras en las células somáticas de acuerdo con el código genético en el ADN implementado por el divino milagro de la red reguladora de genes. (nota 1) Debe notarse también que, a pesar de las declaraciones de asidua purificación de la vacuna generada por células fetales, fragmentos del ADN en aquellas células aún encuentran su camino en ciertas vacunas derivadas de abortos, causando contaminación con pares de base potencialmente mutagénicos. (nota 2). Este hecho agrega una repugnancia moral absoluta a estas vacunas.

Segundo, la cooperación material está directamente relacionada con los receptores de las vacunas derivadas de abortos que son conscientes de su inseparable conexión con el asesinato y la continua exploración de los restos de las “víctimas”, que LMV más bien desestima imperiosamente como “un problema que es enteramente periférico.” (LMV, pág. 52)

Tercero, incluso si la cooperación con el mal fuera meramente remota y “pasiva”, no existe una grave o proporcional razón para justificar recurrir a vacunas COVID derivadas de abortos en particular, ni por el bien común. (Cf, Parte I) o por el bien individual (Cf. Parte II), porque además su incapacidad para inhibir el contagio viral está oficialmente admitida, y por sus efectos dañinos, tanto conocidos como desconocidos, que superan a cualquier supuesto beneficio para la vasta mayoría de los individuos.

En cuanto al tercer punto, también hemos mostrado (Cf. Parte I y II) que incluso si la posición contraria de LMV sobre el primer y segundo punto fueran concedidas en favor de la discusión, la falta de una razón grave o proporcional para recurrir a las vacunas derivadas de abortos hace que el argumento de LMV sea, en su conjunto, una mesa de dos patas que se tambalea a causa de la falta de la tercera. Por esto debe recordarse que, sin una razón grave o proporcional, no es admisible ni siquiera la supuestamente “remota” cooperación con el mal.

Una sorprenderte confesión:

Pero ahora, para nuestra mayor sorpresa, encontramos que aparte de estos cuatro ángulos de LMV, el Profesor De Mattei ha admitido que él mismo rechaza colocarse cualquiera de las vacunas COVID derivadas de abortos, precisamente porque él no solo cree que no sean gravemente necesarias para la protección de su salud, sino por el contrario, duda de su eficacia y ¡teme que ellas podrían hasta ser dañinas! Aquí está la sorprendente confesión en su contexto completo (énfasis agregado):

“Pero ¿esta vacunación es realmente útil o podría, en cambio, ser perjudicial? Ese es otro asunto. La verdad es que nos enfrentamos con vacunas que todavía no han sido suficientemente probadas, cuya capacidad para hacer frente con eficacia a las múltiples variantes del Covid no es conocida. ¿Cuáles serán entonces las consecuencias de estas vacunas en el cuerpo humano, por ejemplo, con respecto a la fertilidad? A estas preguntas no es la moralidad, sino la ciencia la que debe responder. Y para dar una respuesta segura será necesario esperar meses, o tal vez, años. Por tanto, podemos entender la prudencia de aquellos que, al tiempo que lo consideran lícito, no estiman útil ser vacunados. Y yo estoy entre ellos.” (nota 3)

Esta confesión, desde luego, oscurece por completo el argumento del Profesor De Mattei para la “licitud moral de la vacunación”, porque niega cualquier declaración de grave necesidad para recurrir a las vacunas derivadas del aborto, e incluso sugiere una grave necesidad para con prudencia evitarlas. En cuanto a su afirmación de que “no es la moralidad, sino la ciencia la que debe responder” el asunto de la utilidad y seguridad de las vacunas, vemos aquí otra instancia más de polémica confusión. Porque si la ciencia no puede dar una respuesta fiable a este asunto, y si la prudencia aconseja esperar para ver la postura hacia la vacuna, entonces el asunto ya casi ha sido respondido moralmente: no existe una grave necesidad demostrable para tener que inyectarse con una vacuna derivada del aborto.

Así que, el Profesor De Mattei mismo evidentemente no ve la necesidad de la vacuna, y de esta manera se abstiene por prudencia. Y por una buena razón: informes de severos eventos adversos que siguen a la indiscriminada vacunación de todos y cada uno de ellos, se amontonan en el sistema de reportes del VAERS, particularmente entre aquellos que, sin ningún sentido, han sido vacunados después de recuperarse del virus, a pesar de haber adquirido inmunidad. De hecho, como el renombrado médico y experto en seguridad de las vacunas, Dr. Peter McCullough (nota 4) observó en el video de una entrevista predeciblemente removido de Youtube (nota 5), las pruebas abreviadas para la vacuna que precedieron a su “autorización de uso de emergencia” (EUA) excluyó a las personas recuperadas de COVID, personas con células anticuerpos T (que ofrecen una protección permanente), mujeres embarazadas, mujeres en edad fértil que no usan anticonceptivos, y niños. En lo que respecta a todos estos grupos, que representan a decenas de millones de americanos, no hay datos, mucho menos datos confiables, sobre la seguridad o la eficacia.

Sin embargo, como observa el Dr. McCullough en la misma entrevista, existe un misterioso esfuerzo global de los “expertos” en salud pública, los establecimientos médicos, los medios y los políticos (Cf. Parte II) para suprimir e incluso criminalizar todos los modos de tratamiento que no sean la vacunación universal, hecha compulsivamente a través de varias formas de coerción como la pérdida del empleo y los “pasaportes sanitarios”. Anthony Fauci, con locura, recomienda que incluso los niños menores de 4 sean vacunados con las sustancias derivadas de abortos todavía en fase experimental. En respuesta, el Dr. Harvey Risch de la Escuela de Salud Pública de Yale advierte contra este “irracional” consejo, notando que la vacuna no es de ningún beneficio a los niños, sino que solo presenta riesgos. Esto se ve en los datos que VAERS que ahora se muestran, además de todos los eventos adversos entre los adultos, “niños de quince años que tienen ataques al corazón, de dos años muriendo el día después de la vacunación y de seis meses muriendo por la vacuna de la madre del niño…a través de la leche materna.” (nota 6)

Por lo tanto, el Profesor De Mattei se ha aventurado mucho más allá de su competencia y se ha enredado a sí mismo en un escándalo, por la publicitada declaración del LMV contrariamente a su propia conducta en privado, que “incontable número de doctores…sabiendo todos los aspectos problemáticos de las vacunas, sin embargo, afirman que, desde el punto de vista de la salud, no vacunarse sería, por lejos, peor que vacunarse.” Y que, “cientos de miles de inmunólogos, virólogos, especialistas en enfermedades infecciosas y epidemiólogos…recomiendan la vacuna” versus “una pequeña minoría que está en desacuerdo con ellas.” (LMV, pág.50) El Profesor De Mattei tiene un deber moral de retractarse de estas temerarias garantías de seguridad de las vacunas, dado el contexto de un consejo moral publicitado en forma prominente al mundo católico en su totalidad, consejo, además, que está plagado de altivo desdén hacia los católicos que no están de acuerdo con él. Debiera también retractarse, con disculpas a la “pequeña minoría” (que incluye a tan eminente autoridad como el Dr. Risch de Yale), de la calumnia sobre que “esta minoría está, generalmente hablando, constituida por doctores con poca autoridad, que buscan exposición en los medios…” (ibid.) De hecho, ahora sabemos que el Profesor De Mattei está de acuerdo con esta misma minoría. Su polémica contra esta es, entonces, inexcusable.

Pero vamos a suponer, en beneficio del debate, que el Profesor De Mattei no ha desacreditado su propio argumento con este sorprendente despliegue de autocontradicción. Vamos a responder los puntos restantes de LMV como una conclusión a esta serie.

Analogías retóricas, distinciones arbitrarias

LMV propone varias analogías para apoyar su argumento, y que la cooperación con el aborto aquí solo es “remota” y por eso moralmente aceptable por una razón grave (que él mismo ha admitido que en realidad no existe):

Primero, LMV sugiere que, si bien una enfermera no puede entregarle al abortista un escalpelo para asistir en un aborto, la enfermera debe entregarle el mismo escalpelo para salvar la vida de la mujer, si ella está muriendo durante el procedimiento. (LMV, págs. 24-25) Esto no es en ningún sentido cooperación con el aborto, sino más bien directa cooperación para salvar la vida de una víctima de aborto.

Segundo, LMV propone que, “en el caso de una señora de la limpieza que se necesita para barrer la habitación en la que se lleva cabo la operación, la cooperación sería igualmente lícita.” (LMV, pág. 25) No, no lo sería. Es moralmente inadmisible tout court estar en un empleo de una empresa que mata niños. ¿Daría el Profesor De Mattei el mismo argumento en favor de una señora de la limpieza que barre la habitación que los judíos tenían justo antes de ser gaseados por las SS? Ahí, por lo menos, se daría el argumento de la cooperación bajo coacción: barre la habitación o muere. Pero ¿Cuál es la excusa de la señora de la limpieza para proporcionar su servicio a un carnicero de seres humanos en el abortivo Planned Parenthood?

Tercero, LMV afirma que “el dueño de un pedazo de tierra que encuentra un tesoro enterrado por un ladrón de hace doscientos años atrás no está obligado a rastrear a los descendientes de los dueños originales y devolver el tesoro.” (LMV, pág. 52). Primero que todo, esta proposición es eminentemente debatible, dependiendo de las circunstancias; por ejemplo, ¿son localizables los descendientes? Pero un ladrón de hace doscientos años difícilmente se compara con el asesinato de niños cuyos restos están todavía siendo comercialmente explotados a través de unas interminables células replicadas cuyo ADN contiene el código genético heredado de sus identidades corporales. No sorprende que la autoridad de esta falsa analogía de LMV sea literalmente un casuístico sitio web.

Cuarto, en un inaceptable abuso del Evangelio, LMV invoca a nada menos que a San Pablo para una afirmación: inyectarse con vacunas derivadas de abortos es moralmente equivalente a adquirir carne que ha sido sacrificada a los ídolos. (LMV, pág. 67; citando a 1 Cor. 8, 4) Pero el mismo San Pablo refuta esta falacia en la misma cita que LMV replica: “acerca de comer las carnes sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y que no hay más Dios que uno solo” (1 Cor. 8, 4) Es decir, el ídolo por el cual las carnes fue sacrificada no existe, y entonces las carnes no (de las que se habían extraído las partes quemadas antes de la venta) estaban contaminadas por este acto sin sentido. Pero el niño que fue sacrificado para hacer vacunas existió “en el mundo”, y el asesinato de este niño es la condición sine qua non para que la vacuna sea inyectada en el cuerpo de uno, mientras que el sacrificio a los ídolos no tenía nada que ver con la existencia de la carne como producto comercializable.

Quinto, y hasta más abusivamente, LMV cita a Nuestro Señor mismo, hablando de las leyes Mosaicas de la dieta, para la afirmación: “No es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre”, sino que más bien lo que lo hace impuro es “lo que sale de la boca”, en forma de palabras y actos pecaminosos. (LMV, pág.71, citando a Marcos 7 y Mateo 15). De acuerdo con esta lógica uno podría beber una preparación que contenga células de un niño abortado por razones de “salud”, porque nada que entra por la boca puede hacer impuro al hombre.

¿Sinceramente el Profesor De Mattei cree que San Pablo, e incluso Nuestro Señor, aprobarían la inoculación con vacunas derivadas de abortos como cooperación “remota” con el mal, cuado él mismo se abstiene de ellas porque las considera innecesarias y potencialmente dañinas? ¿O no es esta exactamente la clase de casuística farisea que Nuestro Señor condenó?

Las restantes analogías de LMV no necesitan que nos detengamos en ellas: el pago de los impuestos, usar el internet, abrir una cuenta bancaria, o comprar bienes que pueden haber sido producidas por el trabajo de esclavos, con dificultad pueden ser comparados con la completa voluntaria y evitable elección de tener que uno mismo inyectarse con una vacuna derivada de abortos por la que, más encima, no existe una necesidad probada, sino más bien hay una evidencia de serio daño potencial, como el mismo Profesor De Mattei concede.

Hay otra instancia en la falacia del argumentum ad populum: existen muchos males con los que inevitablemente entramos en contacto en nuestra vida diaria, así que ¿por qué no agregamos las vacunas derivadas de aborto a la lista? Sin embargo, tal como el Obispo Athanasius Schneider ha observado de esta sofistería: “Esta cadena concreta de crímenes horribles – asesinato, recolección de tejidos y de partes del cuerpo de niños no nacidos abortados, y la comercialización de sus restos a través de la fabricación y testeo de vacunas y medicamentos – queda fuera de toda proporción con otros crímenes, v.gr, beneficiarse del trabajo de esclavos, pagar impuestos, etc. Incluso los más impresionantes ejemplos históricos en apariencia, que algunas veces se aducen para justificar la licitud moral del uso de las vacunas manchadas con el aborto, son incomparables con la problemática que nos ocupa.” (nota 7)

Pero vamos a considerar una analogía apropiada que pone en evidencia la debilidad de la falsa distinción de LMV entre la concatenación histórica y la moral. Supóngase que ciertas vacunas derivadas de abortos fueron desarrolladas, producidas o probadas con células obtenidas de víctimas del holocausto nazi. ¿Se apresuraría el Profesor De Mattei a afirmar una mera concatenación “histórica” entre los asesinatos de los judíos y las vacunas que resultaron de aquellos asesinatos? Seguro que no, pero ¿por qué? La respuesta, al parecer, es que el Profesor De Mattei, como la población en general, ha sido inconscientemente insensibilizada al horror del asesinato en masa por medio del aborto, mientras que el horror del asesino en masa de los judíos, y con toda razón, permanece vívido en la mente de las personas.

Quizás, sin embargo, el Profesor de Mattei en realidad defendería las vacunas derivadas del holocausto, sobre la base de que ellas involucrarían solo una conexión “histórica” con el holocausto que “no existe a nivel moral.” Curiosamente, él cita la opinión de un rabí, Polak, y un grupo de eruditos en Yad Vashem, el museo del holocausto, para la afirmación de que era moralmente permitido a los doctores consultar un libro de dibujos anatómicos basado en los cuerpos de las víctimas del holocausto, con la condición de que el origen del libro fuera condenado. (LMV, págs. 41-44). Aquí LMV introduce otra distinción arbitraria: una “apropiación del mal, más que una cooperación con él, dado que la acción en cuestión no es facilitar, sino tomar ventaja del acto de otro.” (LMV, pág. 44). Pero ¿no estamos formalmente cooperando con el mal apropiándonos de sus frutos y, de este modo al menos, expresando implícitamente la aprobación del mal mediante el cual fueron producidos? De acuerdo con LMV, citando la opinión de la teología moral: “No todas las veces que nos beneficiamos de la mala acción de alguien hacemos de nuestro beneficio un signo formal de cooperación con el mal.” (LMV, pág. 45)

Pero eso justo es más casuística inapropiada (no toda casuística es inválida): consultar dibujos de anatomía basado en el cuerpo de víctimas del holocausto difícilmente pude ser comparado a tener que uno mismo inyectarse con una vacuna desarrollada de células de la misma víctima. Al pagar por tener que inyectarse el cuerpo con vacunas que podrían no haber sido producidas sin el asesinato de un inocente y que pueden incluso estar contaminadas con el ADN restante de la víctima asesinada, es estar necesariamente aprobando, al menos en forma tácita por las acciones de uno, el sine qua non de este asesinato. Las protestas verbales de oposición al asesinato, quizás hasta en el mismo momento de la inyección, serian un ejercicio de hipocresía apenas velado. Para evitar tal hipocresía es porque incluso los mismos gobiernos laicos permiten la abstención religiosa de las vacunas manchadas con el aborto. (Cf. Parte II).

El postulado de LMV de que la inoculación con vacunas que no existirían sino por el asesinato “no pertenecen a un acto ejecutado en el presente” (LMV, pág. 44) depende en su totalidad de la arbitraria distinción entre concatenación histórica y la moral con el mal, y su restricción meramente verbal del “acto” involucrado en un caso aislado de asesinato en el pasado (Cf. Parte II), convenientemente disociado de la continua explotación de las líneas de células resultantes y de la compra y el uso personal de los «productos» resultantes por parte del cliente.

Asimismo, basado en el argumento de LMV de que “todo acto debe ser juzgado en sus consecuencias directas e inmediatas, no sobre sus vínculos históricos, incluso si fueran cercanas”, el Profesor De Mattei también tendría que defender, en principio, la licitud moral de recurrir a todos y cada uno de los productos médicos que “salvan vidas” o “preservan la salud”, o a los procedimientos en los que el aborto tiene un rol, incluyendo aquellos resultantes de los actuales experimentos en las partes del cuerpo de los niños asesinados, vendidos y comerciados como bienes de consumo para la industria médica y farmacéutica. Según él, no existiría una conexión moral incluso entre los abortos actuales o la experimentación en los restos de las víctimas y las acciones de los clientes que meramente “se apropiarían” de los “productos” resultantes más que la cooperación con el mal. El cliente solo necesita tener alguna demanda razonable de “grave necesidad”. Pero aquí, tal como hemos visto, el Profesor De Mattei ha negado tal demanda.

En suma, al aceptar una vacuna derivada del aborto en el propio cuerpo siendo conscientes de su origen en el aborto se está, a sabiendas y directamente y no remotamente, cooperando en un sistema de vacunación que no podría existir sin el asesinato de inocentes. El sistema es una estructura de pecado. De esta manera, incluso si los “argumentos desde la razón” de LMV fueran inherentemente plausibles, ellos fracasarían por la negativa de LMV a reconocer que esta estructura de pecado es totalmente inmoral desde el momento en que el acto del aborto no puede ser separado limpiamente por una sutileza casuística.

Un error en el planteamiento de la cuestión

A continuación, volvemos a la respuesta del Profesor De Mattei a lo que considera “la discrepancia utilitaria” de los católicos que se oponen a la vacuna: vr.gr., que, a causa de algunos serios potenciales efectos secundarios, algunos de los cuales son aún desconocidos (recordar las advertencias de la FDA al respecto), los riesgos del uso de las vacunas derivadas de abortos superan a sus supuestos beneficios y, por tanto, debieran ser evitadas (LMV, págs. 48-53). El Profesor De Mattei argumenta que aquí “la discusión pasa del nivel moral al nivel científico”, que no concierne a la teología moral.

Por el contrario, tal como ya se notó, una evaluación de los riesgos versus los beneficios no son un mero cálculo utilitario, sino que más bien – de acuerdo con los requisitos del propio argumento del Profesor De Mattei – son esenciales para determinar si una grave necesidad justifica la cooperación “remota” con el mal. Difícilmente se puede argumentar una grave necesidad para tener que recurrir a vacunas derivadas de abortos que podrían hacer más daño que bien, especialmente ¡cuando el que presenta el argumento que no quiere saber nada de las mismas vacunas!

De todos modos, es una cuestión puramente fáctica que ni el Magisterio ni el Profesor De Mattei tienen derecho a decidir. Es una materia opinable y la presión de la prueba cae sobre el que defiende la licitud moral de aquellas vacunas, argumento del que el Profesor De Mattei se ha descalificado a sí mismo. En todo caso, la presión no se satisface con vagas alusiones a un “indeterminado número de doctores”, o desestimando las voces disidentes como vanos buscadores de publicidad, “antivacunas”, teóricos de la conspiración, rigoristas y fanáticos religiosos.

LMV nunca se refiere a la decisiva objeción de que las vacunas COVID derivadas de abortos no tendrían un beneficio demostrable para los jóvenes y sanos, o aquellos que ya han sido expuestos al virus y recuperados, o aquellos que nunca fueron sintomáticos, el grupo que comprende a la mayoría de la población, incluso si ellas fueran efectivas. Para la vasta mayoría, por tanto, las vacunas derivadas de abortos representan un riesgo sin beneficio y así difícilmente pueden ser gravemente necesarias. De hecho, la misma idea de inyectar a todo hombre, mujer y niño con vacunas experimentales que, hasta la FDA advierte, poseen serios riesgos cuyo alcance no está aún determinado para un virus con un 99.7{a28caa5256ef5c99ad8018d288d4660307d817b265b2401469694a7ea8a1dee6} de tasa de sobrevivencia, es el colmo de la locura institucional, un fanatismo cuasi religioso enmascarado de ciencia, como quedaría claro en la exposición de la Parte II sobre la bizarra campaña para “reunir” al mundo a través de la vacunación.

Ignorando todo esto LMV pontifica sobre “la pesada responsabilidad moral” de “aquellos que escriben en blogs, haciendo circular argumentos sin la evidencia suficiente…” (LMV, pág. 51). Pero, es el Profesor De Mattei quien, seguro que, sin darse cuenta, está presentado un argumento utilitarista sin la suficiente evidencia. Un argumento del cual él mismo evidentemente no está convencido, v.gr. que las vacunas derivadas de abortos salvan vidas, que es decir que tienen utilidad, que a su vez significa que se pueden justificar a pesar de su relación con el asesinato en el útero. ¿Qué es este argumento sino el clásico principio utilitarista de Bentham y Mill: “el mayor bien para el mayor número de personas”?

Peor, aunque sin quererlo, el Profesor De Mattei ha hecho el cálculo utilitario que, por un bien mayor, se debe aceptar que algunos de los vacunados, incluso si nunca necesitó la vacunación en primer lugar, tengan que sufrir serias lesiones o la muerte a causa de un experimento de vacunación universal medicamente absurdo, relativo a un virus que ha demostrado ser fatal a solo los 2/10mo. del 1{a28caa5256ef5c99ad8018d288d4660307d817b265b2401469694a7ea8a1dee6} de la población, asumiendo incluso que son exactas las cifras de muertes que se ha demostrado están infladas (Cf. Parte I). Desde luego, el Profesor De Mattei no tiene el riesgo de estar entre aquellas víctimas, ya que él no quiere saber nada con las mismas vacunas el que él defiende sobre el fundamento de “grave necesidad”.

Con respeto le sugeriría al autor de LMV ponderar su propia pesada responsabilidad moral por la división que su publicación ha ayudado a provocar entre los fieles católicos, particularmente dando un perentorio y altanero tono hacia los católicos que no quieren tener nada que ver con el aborto y tampoco con las vacunas derivadas de él, una convicción que él más bien desestima abiertamente como “sentimentalismo” (LMV, pág. 63).

¿Una norma del Magisterio?

A continuación, nos volvemos hacia los documentos vaticanos enumerados en la Parte I de esta serie. La parte I refiere a que LMV comienza por evitar el argumento de autoridad en base a esos documentos, dado que el Profesor De Mattei admite que los recientes pronunciamientos morales de Roma son dudosos y hasta abiertamente erróneos, en especial los del presente pontificado. Sin embargo, en sus páginas finales el Profesor De Mattei en forma abrupta cambia el modo precisamente a un argumento de autoridad. Citando los mismos documentos, el Profesor De Mattei ahora arremete contra “quien difunde una contienda que entra en conflicto con el Magisterio Ordinario” y “sugiere medidas más rígidas que las de la ley.” (LMV, págs. 63, 70) Él entonces declara con franqueza que la posición que defiende es “no una opinión, sino una norma establecida por la Congregación para la Doctrina de la Fe, de acuerdo con los principios de la filosofía y teología moral tradicional.” (LMV, págs. 70, 73).

Dejando de lado la polémica autocontradicción de LMV (una de varias) podemos ver que, tras un detenido examen, los citados documentos no imponen tal “norma”, sino más bien son afirmaciones tentativas, ambiguas y dependientes de evaluaciones contingentes de hechos médico-científicos, que no están más en la competencia del Magisterio que lo que están las opiniones del Papa Bergoglio sobre el cambio climático. Por otra parte, los citados documentos tienden en varios aspectos a socavar los “argumentos de la razón” de LMV. Los consideraremos brevemente en orden cronológico:

Como ya se señaló, la nota del 2005 de la Pontifica Academia para la Vida mina en forma radical el argumento de LMV para la licitud moral de las vacunas derivadas del aborto. El documento no solo señala la disponibilidad de vacunas alternativas éticamente aceptables no mencionadas por LMV, también declara que “doctores y padres de familias tienen el deber de recurrir a vacunas alternativas (¡si ellas existen!)” y que “hay la grave responsabilidad de usar vacunas alternativas…” Es más, incluso donde las vacunas alternativas no están disponibles, solo un “serio riesgo” para la salud de los hijos o “de la salud de la población total”, que de ninguna manera se muestra aquí, podría admitirse justificar el recurrir a una vacuna elaborada ilícitamente. Sin embargo, incluso entonces tal cooperación con el mal sería el resultado de una “coerción moral de la conciencia de los padres, que son forzados a actuar contra su conciencia…”

Esta difícilmente es una instrucción para la “licitud moral de la vacunación” como tal. Pero, de acuerdo con el Profesor De Mattei, la conciencia de uno estaría en un error si considerara a las vacunas derivadas del aborto como malas: “un acto materialmente bueno, como recibir la vacuna, puede constituir una falta cuando es ejecutado contra el juicio de una conciencia errónea que lo considera malo.” (LMV, pág. 70) Aquí, irónicamente, el Profesor De Mattei es “más rígido” que la CDF, que reconoce el derecho a la abstención y ciertamente no admite su opinión acerca de que solo una conciencia errónea podría considerar como malo el “acto materialmente bueno” de ser vacunado con una vacuna derivada del aborto.

La Instrucción Dignitatis Personae de la CDF del 2008 tampoco sostiene las opiniones de LMV. El tratamiento completo de la cuestión de la utilización de las vacunas derivadas de abortos consiste en la siguiente observación tentativa (énfasis agregado):

“Razones de particular gravedad podrían ser moralmente proporcionadas como para justificar el uso de ese “material biológico”. Así, por ejemplo, el peligro para la salud de los niños podría autorizar a sus padres a utilizar una vacuna elaborada con líneas celulares de origen ilícito, quedando en pie el deber de expresar su desacuerdo al respecto y de pedir que los sistemas sanitarios pongan a disposición otros tipos de vacunas.” (nota 8)

Como ya se ha mostrado, en primer lugar, el COVID no reviste virtualmente ningún peligro para la salud de los niños, y mucho menos un peligro que pudiera ser evitado solo recurriendo a las vacunas derivadas de abortos, cuya inyección en los niños, sin riesgo real de contraer el virus, no solo es medicamente absurda, sino que conlleva riesgos, tanto conocidos como desconocidos, sin los correspondientes beneficios. De nuevo, lo mismo es cierto para la vasta mayoría de las personas, cuyo riesgo de morir a causa del virus, con una tasa de sobrevivencia en general del 99,7{a28caa5256ef5c99ad8018d288d4660307d817b265b2401469694a7ea8a1dee6}, es ínfima.

Mientras que para los ancianos vulnerables son notables ya las numerosas profilaxis y medidas de tratamiento, junto a previsiones sensatas no diferentes de aquellas aplicadas a la influenza, que hacen inválido cualquier reclamo de grave necesidad, en especial porque las vacunas han fracasado manifiestamente en la propagación del virus y nunca han demostrado que marquen la diferencia entre la vida y la muerte de nadie (Cf. Parte I).

Estos hechos explican el alza enteramente justificada de las “dudas sobre la vacuna” y la correspondiente campaña de ilícita coerción para los no vacunados, mientras va creciendo en número de personas el darse cuenta de que las vacunas simplemente no son necesarias para sobrevivir al COVID-19 y esta política de control social, médicamente innecesaria, es conducida por el fanatismo por la vacuna. Cualquiera que esté convencido ipso facto no puede tener un reclamo de grave necesidad justificando el recurrir a las vacunas. Tampoco en ausencia de un riesgo serio demostrable para la salud, podría ser moralmente lícito administrar una vacuna derivada del aborto “por si acaso” pudiera proporcionar algún beneficio limitado como la reducción de los síntomas. De otra manera, se podrá justificar igual de bien tomar suplementos nutricionales derivados de abortos con el fin de promover en general la salud, tal como lo hacen algunas personas. (nota 9)

De hecho, Dignitatis Personae narra el mismo principio que debería impedir cualquier uso de vacunas derivadas de abortos: “Cuando el delito está respaldado por las leyes que regulan el sistema sanitario y científico, es necesario distanciarse de los aspectos inicuos de esos sistemas, a fin de no dar la impresión de una cierta tolerancia o aceptación tácita de acciones gravemente injustas. De lo contrario, se contribuiría a aumentar la indiferencia, o incluso la complacencia con que estas acciones se ven en algunos sectores médicos y políticos.” (nota 10) ¿Cómo se “distancia” de los aspectos malignos de la industria de la vacuna y evita “cualquier apariencia de aceptación” teniendo inyectadas en el cuerpo vacunas derivadas de abortos y hasta defendiéndolas como moralmente lícitas, si no moralmente obligatorias, a pesar de su origen en el asesinato?

Dignitatis Personae además debilita la posición de LMV al rechazar el así llamado “criterio de independencia”, de acuerdo con el cual aquellos que hacen uso del ilícito “material biológico” para investigación y desarrollo científico son éticamente irreprochables, porque están al margen de aquellos que han provisto el material que usan: “El criterio de independencia no es suficiente para evitar una contradicción en la actitud de quienes dicen desaprobar las injusticias cometidas por otros, pero al mismo tiempo aceptan para su trabajo el “material biológico” que otros obtienen mediante tales injusticias.” (nota 11) Entonces, ¿cómo puede el usuario final evitar la misma actitud contradictoria que el científico que desarrolló la vacuna que el usuario final adquiere para inyectarla en su cuerpo mientras vanamente proclama que “desaprueba las injusticias cometidas por otros”?

En cuanto a la Nota del 2017 de la Pontificia Academia para la Vida, este documento no tiene una pretensión de autoridad. Escrito en conjunto con una asociación médica italiana y la oficina de la pastoral para la salud de la conferencia episcopal italiana, expresa una mera opinión que “creemos que todas las vacunas clínicamente recomendadas pueden ser usas con la conciencia tranquila y que el uso de tales vacunas no significa un tipo de cooperación con el aborto voluntario.” Dado que el Profesor De Mattei públicamente, y en forma correcta, declaró, en el mismo año que la Nota fue publicada, que el Papa Bergoglio “promueve, alienta y favorece errores y herejías en la Iglesia,” (nota 12), él difícilmente puede declarar que un católico que, no está de acuerdo con el punto de vista de este documento del mismo pontificado, está “promoviendo un criterio que entra en conflicto con el Magisterio ordinario de la Iglesia” o está siendo más rígido que la Iglesia.

Debe recordarse que en otros temas morales el Profesor De Mattei ha sido siempre “más rígido” que el Papa. Y con razón, frente a un rebelde pontificado que subestima en forma temeraria el Magisterio perenne con sus puntos de vista personales, incluyendo la posibilidad de dar la Comunión a adúlteros públicos (contra lo que el Profesor De Mattei ha conducido la principal oposición); la supuesta inmoralidad de la pena de muerte y, lo más pertinente aquí, el catastrófico desatino moral, confirmado por el Vaticano como la opinión de Bergoglio, que se puede emplear la anticoncepción como “el menor de dos males” en “casos de emergencia o gravedad”, como evitar contraer el virus Zika durante el embarazo. (nota 13)

Llegamos, finalmente, a la Nota de la CDF del 2020. Si se lee con atención, no impone obligación alguna de aceptar el punto de vista que LMV defiende. El documento establece que “cuando no estén disponibles vacunas Covid-19 éticamente irreprochables (…) es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción.” Pero esta afirmación se matiza en forma decisiva contra los argumentos de LMV en el siguiente párrafo, que hace referencia al concepto de la supuesta cooperación con el mal remota y pasiva: “El deber moral de evitar esa cooperación material pasiva no es vinculante si existe un peligro grave, como la propagación, por lo demás incontenible, de un agente patógeno grave.”

En otras palabras, como se señaló al inicio de la Parte III, hay un deber moral de evitar hasta la más remota y pasiva cooperación con el mal a menos que exista un “grave peligro, como la propagación, por lo demás incontenible, de un agente patógeno grave.” Pero por todas las razones ya mostradas, no existe un grave peligro de un incontenible “serio agente patógeno” a diferencia de un virus cuya letalidad, a pesar de toda la histeria de los medios, ha sido confinada a un pequeño segmento de la población más anciana, cuya tasa de mortalidad por todas las causas apenas se ha visto afectada por COVID-19 (Cf. Parte I). En todo caso, como hasta el Profesor De Mattei admite a través de su propia conducta, las vacunas derivadas de abortos no son necesarias para proteger la salud; son potencialmente dañinas y pueden evitarse por prudencia.

Por otra parte, la Nota del 2020 está plagada de ambigüedades: ¿qué es exactamente “un serio agente patógeno”? Si el concepto de “grave peligro” no es diluido hasta el punto de perder su sentido, debe significar el peligro de muerte masiva o de daño permanente. Si no, el recurrir a las vacunas derivadas de aborto podría ser justificarse para cualquier enfermedad que cause meras inconveniencias.

La Nota del 2020 también presenta un análisis más bien confuso de los “diferentes grados de responsabilidad” en la cadena de eventos conducente a vender y a usar las vacunas derivadas de abortos, incluyendo esta no muy útil observación, citada de Dignitatis Personae: “en las empresas que utilizan líneas celulares de origen ilícito no es idéntica la responsabilidad de quienes deciden la orientación de la producción y la de aquellos que no tienen poder de decisión.” ¿Qué significa esta afirmación? ¿Los empleados que realizan la actual producción de vacunas derivadas de abortos son moralmente irreprochables porque ellos “no tienen voz” en las decisiones administrativas? Bajo esa lógica, los trabajadores de una fábrica habrían sido irreprochables moralmente por la decisión gerencial de fabricar Zyklon B para usarlo en las cámaras de gases de los Nazis. Como con nuestra hipotética señora que barre el piso de una cámara de gas, esos trabajadores al menos tenían el argumento de la coerción: fabricas el gas o te disparo. Pero ¿qué excusa al científico que usa células de víctimas asesinadas para crear el “producto” vacuna? ¿qué excusa tienen los trabajadores para fabricarlas, la empresa que los comercializa para lucrar y los clientes que las compran?

Sin embargo, últimamente la Nota del 2020 no hace sino extinguir la posición de LMV sobre la grave necesidad con la siguiente afirmación: “Sin embargo, quienes, por razones de conciencia, rechazan las vacunas producidas a partir de líneas celulares procedentes de fetos abortados, deben tomar las medidas, con otros medios profilácticos y con un comportamiento adecuado, para evitar que se conviertan en vehículos de transmisión del agente infeccioso. En particular, deben evitar cualquier riesgo para la salud de quienes no pueden ser vacunados por razones médicas o de otro tipo y que son los más vulnerables.” Cualquier persona tiene el derecho en conciencia a rechazar la vacuna, a pesar del postulado del Profesor De Mattei de que tal conciencia estaría equivocada. La única obligación que la Nota reconoce es la de hacer todo lo posible para evitar infectar a los demás, lo que es cierto durante todo el brote de una enfermedad infecciosa. Y si el ejercicio de la simple prudencia es suficiente para la protección del bien común, como de hecho lo es, no existe una grave necesidad de bien común para recurrir a las vacunas derivadas de aborto. Mucho menos se pude justificar, como lo hace el Profesor De Mattei, el derecho del Estado a imponer la inoculación obligatoria con una vacuna que no muestra ser una barrera al contagio viral en primer lugar. (Cf. Parte I).

En suma, al argumento de LMV para una “norma establecida por la Congregación para la Doctrina de la Fe”, no le va mejor que su “argumento de la razón”, cuya falta de una base fáctica en la grave necesidad depende de analogías inapropiadas y de distinciones arbitrarias entre la conexión histórica y la moral con el mal; o de “apropiaciones” de los resultados de un acto malvado versus la cooperación en el mismo, todo ello mientras ignora la actual total malignidad de una industria de la vacuna que constituye una estructura de pecado que se funda en el asesinato de inocentes.

Defender una estructura de pecado mientras se menosprecia a sus oponentes

En los mismos argumentos que presenta LMV, vemos las consecuencias últimas de esta estructura de pecado: que habitúa a la sociedad a asesinar en el útero materno, reduciendo a los católicos a hablar solo de boca en su contra, mientras participan de sus frutos, hasta defendiéndolos como moralmente aceptables y ¡menospreciando públicamente a los hermanos católicos por pensar de otra manera! El Profesor De Mattei va más lejos al declarar (LMV pág. 60) que sería “socavar nuestra credibilidad” condenar las vacunas derivadas de abortos o “hacer una cruzada” contra ellas, a pesar de que, hasta la ley de 44 estados, según el derecho natural, reconoce el derecho de los ciudadanos a ver las vacunas derivadas de abortos como lo que son: un mal intolerable en el cual no se quiere hacer parte. (Cf. Parte II).

Peor aún, como se señaló en la Parte I, el Profesor De Mattei sugiere que existe el deber de someterse a la vacunación obligatoria, con las vacunas derivadas de abortos, por el “bien común”, descartando las objeciones a la masiva vacunación obligatoria como “un argumento liberal.” (LMV, pág. 54) Esto lo propone a pesar de la Nota de la CDF del diciembre 2020 (como se señaló en la Parte I), que declara que “es evidente para la razón práctica que la vacunación no es, por regla general, una obligación moral y que, por lo tanto, la vacunación debe ser voluntaria.” (nota 14)

Si bien el Profesor De Mattei concede que “los ciudadanos tengan derecho a buscar evitar esta vacunación si ellos consideran que la posición de la autoridad es infundada” (LMV, pág. 54) él ensucia su argumento con un demagógico desprecio por aquellos que, precisamente, ejercitan este derecho por razones morales: son los “antivacunas” (nota 15) que niegan la existencia de la pandemia (pág. 49); que defienden “una macro-conspiración para dañar a la humanidad” (pág. 50); son culpables de “sentimentalismo” (pág. 64) y de “rigorismo” (pág. 71); tienen conciencias débiles, mal formadas y erradas “emancipadas de cualquier referencia a la autoridad” (págs., 64, 69, 70); los médicos científicos entre ellos son “doctores con poca autoridad, que buscan la exposición en los medios” (pág. 50); los doctores que rechazan vacunar están “asumiendo una grave responsabilidad” (pág. 63). Todo esto de la pluma de alguien que declina participar de la misma vacuna que él defiende como gravemente necesaria y, por tanto, legítima como “remota” participación con el mal.

Agravando la ofensa, el Profesor De Mattei recién acaba de lanzar una velada crítica de fanatismo religioso a aquellos que se oponen al régimen de vacunas COVID, incluyendo a este autor. En un correo masivo enviado el 16 de mayo y dirigido a los miembros de la Academia Juan Pablo II para la Vida Humana y la Familia (JAHLF), en la que toma nota de esta respuesta a LMV, el Profesor De Mattei escribe:

“Con respecto al ataque a mi estudio sobre la licitud moral de la vacunación de mi amigo Christopher Ferrara, yo solo señalo que él es un brillante y muy ocupado abogado y quizás él ha leído mi estudio apresuradamente. Si lo lee con más cuidado, se daría cuenta de que yo ya tengo respondidas todas las objeciones que el plantea. También estoy muy ocupado al presente día y no tengo tiempo para desarrollar este debate. En todo caso, yo no sigo la religión “antivacunas” y me esfuerzo por aplicar la recta razón al seguir la auténtica enseñanza de la Iglesia».

Entonces, la respuesta del Profesor De Mattei a esta crítica es que él ha sido “atacado” por un abogado que no ha sabido leer bien atentamente LMV. (Siempre menciona que tu oponente en un debate es un abogado para así implicar que sus argumentos deben ser de alguna manera sospechosos). Por otra parte, este abogado es el portavoz de la “religión antivacunas”, mientras que el Profesor De Mattei defiende la razón correcta, que él no tiene tiempo para explicar más en el mismo debate que él mismo ha provocado.

Pero ¿cómo puede el Profesor De Mattei no haberse dado cuenta de las señales, específicamente religiosas, de la lunática cruzada para inocular al mundo con las mismas vacunas que él mismo evita? Por ejemplo, la imagen de Nuestro Señor en el “Cristo Redentor” de Brasil ha sido usada como pantalla en la que se proyectó el lema “Las vacunas salvan” en varios idiomas a lo largo y ancho de los brazos extendidos del Redentor, bajo el cual también se proyectó “Unidos por (o a través de) las Vacunas”. (nota 16) La organización patrocinadora literalmente se llama “Unidos por las Vacunas” (Unidos Pela Vacina), no por el Cuerpo místico de Cristo, cuya imagen fue expuesta en un blasfemo abuso de Su Divina Persona por la propaganda secular. Un video de esta espantosa exhibición muestra a una fila de jóvenes, que no tienen necesidad alguna de las vacunas COVID, de pie en el frontis de la más famosa estatua del mundo mientras están ataviados con sus camisetas de “Unidos por la vacuna” y unas grandes mascarillas blancas, las cuales seguramente tampoco tienen necesidad de usar.

Como parte de esta Liturgia de la Vacuna, incluida la vestimenta facial, ellos levantan juntos sus brazos en un extraño saludo, ¿para qué? Y luego aplauden encantados como aturdidos asistentes de algún campo de reeducación maoísta.

Conclusión:

Al final, el argumento de LMV para la “licitud moral de la vacunación” es un ejercicio de argumentación áridamente abstracta, que carece de la carne y de los huesos del contexto fáctico en el cual se ha levantado esta controversia. El contexto debe ser visto con los ojos de la fe, que no puede ignorar la amenazante estructura de pecado que es la industria de las vacunas.

En este punto decisivo, el sensus fidei – el instinto espiritual del católico – es realmente evidente en el documento de oposición a las vacunas COVID-19 de diciembre del 2020, del obispo Schneider, cardenal Janis Pujats, arzobispo Tomash Peta, arzobispo Jan Pawel Lenga, y el definitivamente heroico (dada su situación política americana al ser un obispo ordinario del lugar) Obispo Joseph E. Strickland. Prescindiendo de los pocos concluyentes documentos vaticanos recién discutidos, y rechazados por la distinción casuística entre la concatenación histórica y la moral con el mal, estos prelados ponen al descubierto la esencia inmoral del asunto, esto es, una manifestación de la “cultura de la muerte” en la cual los católicos no deben participar de ninguna manera:

“Cualquier vínculo con el proceso de aborto, incluso el más remoto e implícito, ensombrecerá el deber de la Iglesia de dar testimonio inquebrantable de la verdad de que el aborto debe ser rechazado por completo. Los fines no pueden justificar los medios. Estamos viviendo uno de los peores genocidios conocidos por el hombre. Millones y millones de bebés en todo el mundo han sido sacrificados en el útero de su madre, y día tras día este genocidio oculto continúa a través de la industria del aborto y las tecnologías fetales y el impulso de gobiernos y organismos internacionales para promover tales vacunas como uno de sus objetivos. Los católicos no pueden ceder ahora; hacerlo sería tremendamente irresponsable. La aceptación de estas vacunas por parte de los católicos, sobre la base de que sólo implican una “cooperación remota, pasiva y material” con el mal, les haría el juego a sus enemigos y debilitaría el último baluarte contra el mal del aborto.”

“(…) Nuestra sociedad ha creado una religión sustituta: la salud se ha convertido en el mayor bien, un dios sustituto al que se deben hacer sacrificios. En este caso con una vacuna basada en la muerte de otra vida humana. (…) El Señor dijo que en el fin de los tiempos incluso los elegidos serán seducidos (Cf. Marcos, 13,22). Hoy, toda la Iglesia y todos los fieles católicos deben buscar urgentemente fortalecerse en la doctrina y la práctica de la fe. Al enfrentar el mal del aborto, más que nunca los católicos deben “abstenerse de toda apariencia de mal” (1 Tesalonicenses 5, 22). La salud corporal no es un valor absoluto. La obediencia a la ley de Dios y la salvación eterna de las almas deben tener primacía. Las vacunas derivadas de las células de los niños no nacidos cruelmente asesinados son claramente de carácter apocalíptico y posiblemente presagien la marca de la bestia (Cf. Apocalipsis 13, 16).” (nota 17)

En su propia declaración individual (publicada el 1 de abril 2021) el obispo Schneider proporciona la mejor ilustración de toda la literatura del mal sistémico que LMV se esfuerza por defender:

“En la famosa novela de Dostoievski, “Los hermanos Karamazov, Ivan Kamarazov pregunta una cuestión fatal: “Dime derechamente, te pido me respondas: imagina que tú mismo estás construyendo el edificio del destino humano con el objeto final de hacer feliz a las personas, dándoles paz y descanso al fin, pero para esto debes inevitable e inexorablemente torturar solo a una criaturita, la misma niña que estaba golpeando su pecho con sus puñitos, y levantas tu edificio sobre los cimientos de sus lágrimas no correspondidas, ¿estarías de acuerdo en ser el arquitecto en tales condiciones?” (nota 18)

Desde luego que es lamentable que el Profesor De Mattei, por lo demás un formidable oponente de los errores de la modernidad, se haya visto obligado a sí mismo a defender la inoculación con vacunas, que son “el final” de un edificio cuya construcción comienza con la tortura de no solo una, sino de muchos pequeños cuyas células son luego replicadas sin fin para obtener beneficios. Lo ha hecho recurriendo al desprestigio demagógico de la posición contraria – dificilmente un indicio de confianza en sus propios argumentos – agravando su ofensa contra aquellos que han sido amigos y a liados en el movimiento para la restauración de la Iglesia y el del Estado en medio de una civilización moribunda. La defensa del Profesor De Mattei de la participación “remota” en un elemento clave y aún creciente de la cultura terminal de la muerte de esa civilización es tan inexplicable como hiriente para con el mismo movimiento en el cual él participa. Haría bien en considerar retractarse de “La licitud moral de la vacunación”

LifeSiteNews agradece a Catholic Family News por la republicación en su sitio

Por Christopher Ferrara

[1] Es de biología elemental que “Casi todas las células del cuerpo de una persona tienen el mismo ADN.”

[2] “Las vacunas fabricadas con líneas de células de fetos humanos contienen altos niveles inaceptables de fragmentos contaminantes de ADN. El genoma humano en forma natural contiene regiones que son susceptibles a la doble formación de roturas de hebra y mutagénesis por inserción de ADN.” Theresa Deisher, Ph.D., et als., “Epidemiologic and Molecular Relationship Between Vaccine Manufacture and Autism,” Spectrum Disorder Prevalence, Issues in Law & Medicine, Volumen 30, Número 1, 2015.

[3] Mi traducción del italiano original: My translation from the original Italian: “Ma questa vaccinazione è veramente utile e non potrebbe essere invece dannosa? Questo è un altro discorso. La verità è che ci troviamo di fronte a vaccini non ancora sufficientemente testati, di cui non si conosce la capacità di far fronte con efficacia alle molteplici varianti del Covid. Quali saranno poi le conseguenze di questi vaccini sull’organismo umano, ad esempio riguardo alla fertilità? A queste domande non è la morale, ma la scienza che deve rispondere. E per dare una risposta sicura bisognerà attendere mesi o forse anni. Si può comprendere dunque la prudenza di chi, pur ritenendolo lecito, non ritiene utile vaccinarsi. E io sono tra questi.”

[4] Entrevista con el Dr. Peter McCullough, Tucker Carlson Today, 7 de mayo, 2007.

[5] Ver https://www.youtube.com/watch?v=eK74zhBlQSk.

[6] “Fauci dice que él recomienda que los niños de cuatro años sean vacunados” Fox News, Laura Ingraham interview, 20 de mayo, 2021.

[7] Obispo Athanasius Schneider, “Resistiendo a las vacunas manchas con el aborto y a la cultura de la muerte,” Crisis Magazine, 1 de abril 2021.

[8] Congregación para la doctrina de la fe (CDF), Instruction Dignitatis Personae (8 de septiembre, 2008), n. 35.

[9] Por ejemplo, existe un suplemento nutricional que emplea polvos de restos fetales. Ver Susan Donaldson James, “Chinese-Made Infant Flesh Capsules Seized in S. Korea,” ABC News, 7 de mayo, 2012.

[10] CDF, Dignitatis Personae, n. 35.

[11] Ibid., n. 35.

[12] Roberto de Mattei, “Una respuesta a Edward Peters en “Buenos Aires Letter & Authentic Magisterium,” OnePeterFive, 19 de diciembre, 2017.

[13] John-Henry Westen, “El Vaticano afirma que el Papa está hablando acerca de usar anticonceptivos para evitar el Zika,” LifeSiteNews, Feb. 19, 2016.

[14] Nota sobre la moralidad en el uso de vacunas contra el COVID-19 CDF,https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20201221_nota-vaccini-anticovid_sp.html 21 de diciembre 2020.

[15] https://adelantelafe.com/diez-preguntas-a-los-antivacunas/

[16] Ver https://twitter.com/Reuters/status/1393979558769143808.

[17] https://www.infocatolica.com/blog/caritas.php/2012130723-293-declaracion-sobre-la-ilic

[18] Schneider, op. cit.

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Las vacunas contra el COVID, el bien común y la licitud moral: una respuesta al Profesor de Mattei, parte 1

Vacunas COVID, el sentido común y la licitud moral: una respuesta al Profesor de Mattei, parte II

Sobre la ilicitud moral del uso de vacunas a base de células derivadas de fetos humanos abortados

La vacuna del Covid: Consideraciones éticas sobre su aplicación

Ciencia: el campo cedido por Católicos al mundo

Católicos antes las vacunas SARS-COV-2

Las cadenas del mal


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