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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Un flujo bendito. A pesar de todo.

PorAldo Maria Valli

Abr 15, 2020
Un flujo bendito-MarchandoReligion.es

¿Saben a qué se refiere Aldo María cuando habla de «un flujo bendito»? Se van a sorprender, hoy, nuestro vaticanista nos acerca a las Misas en streaming

Un flujo bendito. A pesar de todo. Un artículo de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https: //www.aldomariavalli.it/2020/03/28/un-flusso-benedetto-nonostante-tutto/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Queridos amigos de Duc in altum, os propongo aquí mi intervención en la sección La viga y la pajita de Radio Roma Libre.


Desde que ya no es posible ir a la iglesia a Misa, mi mujer y yo participamos en la celebración eucarística diaria transmitida en streaming por nuestra parroquia. La cita es a las 18:30 entre semana y a las 10:30 los domingos. El párroco, para evitar el problema de la acústica (en la iglesia había demasiado eco), celebra la Misa en lo que antes era el despacho parroquial, en una atmósfera muy íntima.

Nosotros seguimos la Misa a través del ordenador, que se encuentra en una habitación normalmente utilizada para trabajar, estudiar y jugar. Despejando la mesa de folios, bolígrafos y objetos varios, lo situamos sobre una tela blanca bordada, al lado de un icono de la sagrada familia y de una vela encendida.

Debo decir que al principio estas celebraciones me provocaban un poco de tristeza. Me parecían pseudo-Misas. Más que pensar en la oportunidad que me proporcionaban, me concentraba en lo que ya no había. Sin embargo, ahora el momento de la Misa doméstica se encuentra entre los más bellos de la jornada. ¿Supone resignarme? No lo creo. Simplemente trato de quedarme con lo bueno que existe en esta situación.

El párroco obviamente está solo y la celebración se reduce a lo esencial. Una Misa “pobre”, podría decirse. Y, sin embargo, encuentro que es riquísima, porque nos permite volver la mirada de la mente y del corazón a lo que es verdaderamente importante, sin distracciones, sin oropeles. Todo protagonismo humano (que a veces, en las misas “normales”, se manifiesta en el celebrante y en nosotros los fieles, incluso si estamos animados de las mejores intenciones) queda eliminado. Queda sólo la relación entre nosotros y nuestro Señor en virtud de la mediación del sacerdote.

Incluso la Comunión espiritual, al principio, me resultaba algo “de menos”. Ahora, sin embargo, mientras la recito, me doy cuenta de que a veces, cuando iba a recibir la Eucaristía, verdaderamente estaba demasiado distraído. Advertimos la importancia de la Comunión, al igual que la del aire que respiramos, cuando nos falta, pero la Iglesia, madre amorosa, no nos deja sin recursos.

Otra causa mía de perplejidad, por lo que se refiere a la Misa por streaming, era la siguiente: ¿no veis, me decía, que de esta manera, con estas celebraciones domésticas y virtuales, el mundo nos dará otro empujón a los creyentes hacia la marginalidad de la vida social? ¿No veis que cualquier día nos dirán que, puesto que la fe es un hecho individual, la única Misa permitida es ésta doméstica, con tal de no molestar más de la cuenta al mundo que nos rodea?

Admito que esta impresión no ha desaparecido del todo. Sin embargo, ahora tiendo a agradecer la posibilidad que me ha sido dada, más que a temer lo que pueda suceder en el futuro.

En inglés, stream es un arroyuelo y el verbo to stream significa fluir. Agradezcamos a Dios por dejar fluir las Santas Misas hacia nuestras casas con este flujo bendito. Y preparémonos al gran día en que podremos volver finalmente a rendirle culto en su casa.

Los problemas son muchos y evidentes. Estamos prácticamente en arresto domiciliario, mientras la ciencia y la política no hallan respuesta. Nos encontramos en una situación que hasta hace pocas semanas era inimaginable salvo como un mal sueño. La sensación de quedar abandonados a nosotros mismos es fuerte.

Muchos lectores de mi blog Duc in altum me escriben para denunciar la falta de voces creíbles y valerosas por parte de la Iglesia jerárquica, la cual, salvo por ciertas proclamaciones de una Iglesia en salida y por los hospitales de campaña, aparece ahora atrincherada en los palacios y lejana de los fieles que sufren.

Es verdad. Pero hay también una Iglesia que, en silencio, sin salir en las noticias, está cerca de los que sufren. Hay muchos buenos sacerdotes que, guardando la obediencia, se las ingenian para encontrar el modo de continuar siendo hombres de Dios y cercanos a su grey. Dejar llevarse por la tristeza o, peor aún, por el resentimiento sería como ceder al Enemigo tentador, que en una situación como la actual ve una oportunidad ideal para apropiarse de nuestras almas.

Todo esto no significa que debamos dejar de pensar, no significa que debamos hacernos dóciles robots en las manos de los que quieren tenernos bajo secuestro. Mantengamos, no obstante, nuestra confianza. De esta fea historia deberemos salir más fuertes, no más cautivos.

Aldo Maria Valli

Un flujo bendito-MarchandoReligion.es

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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/