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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Con alas de águila (II). Tiempo de tribulación

PorAlberto Mensi

Nov 20, 2020
Con alas de águila (II). Tiempo de tribulación-MarchandoReligion.es

Continúa el libro del Apocalipsis y hoy, nuestro articulista, nos habla del tiempo de tribulación. Consagrémonos a María

Con alas de águila (II). Tiempo de tribulación. Un artículo de Alberto Mensi

En el anterior artículo culminábamos con el pasaje del Apocalipsis en el que se le dio a La Mujer dos alas grandes de águila para huir a la soledad, o al desierto según otras traducciones.

Y esto se da en una referencia de tiempo, tiempos y medio tiempo, que algunas traducciones citan como un tiempo, dos tiempos y medio tiempo.

Esta última forma está más relacionada con la cita de Apocalipsis 11,3 acerca de los dos testigos que profetizan 1260 días, el patio del Templo hollado por 42 meses o la profecía de Daniel 7,25.

Todos ellos nos dicen de un tiempo de tribulación para los fieles, donde no podrán comprar ni vender ni realizar ninguna transacción habitual si no llevan la marca de la bestia en su frente y en su brazo, tiempo terrible que el Señor abreviará porque si no ni los elegidos podrían resistir y perseverar.

Personalmente creo que esa abreviación es fruto del ruego de nuestra Madre Santísima que vela por cada uno de Sus hijos.

Este texto de las dos alas del águila grande que le permiten a la Mujer huir al desierto tiene multiplicidad de explicaciones y análisis por parte de los comentadores bíblicos. Pero me limitaré a algunas reflexiones prácticas, sin entrar a discutir las exégesis que existen hasta hoy día.

El desierto podríamos comprenderlo de dos maneras:

Por un lado el desierto literal, el espacio de la nada, ya sea el Sahara, la Siberia, la Pampa o lugares similares. A este lugar podrían huir algunos pero a muchos se les haría muy difícil. Igualmente no podemos descartar el desierto tomado literalmente como sucedió con los primeros anacoretas de la Tebaida y tantos otros lugares similares.

Por otro lado tenemos el desierto en cuanto a que está privado de contacto y relaciones con otras personas, y en este sentido es algo que más o menos podemos todos. Y esto lo hemos visto en las cuarentenas de aislamiento social con motivo de la declarada pandemia.

Pero aquí vemos dos actitudes diferentes: por un lado hay gente que se deprime por esta situación, que sufre el aislamiento, que cuenta desesperadamente los días para salir de él; por otra parte hay gente, las menos, que aprovechan este tiempo para reordenar las prioridades de la vida, que al estar encerradas en casa buscan ordenar las horas del día y los días, para salir de la vorágine de las ciudades modernas y la multiplicidad de obligaciones, algunas necesarias y otras no tanto, y de esta manera centrarse en lo urgente y en lo realmente necesario.

Cuando el ángel avisó en sueños a San José que debía tomar al Niño y a Su Madre y huir a Egipto, él no lo dudó y le salvó la vida.

Cuando los judíos recordando las advertencias de Jesús vieron cómo se empezaba a cerrar el cerco sobre Jerusalén, no dudaron, huyeron y les salvó la vida.

Cuando vemos los signos de los tiempos y vemos que se van acercando momentos tan difíciles, no hay que dudar y actuar.

La Iglesia debe ser fermento de la sociedad y eso significa que debe marcarle el rumbo y llevarla a la conversión a Dios, por eso cuando cada vez más vemos a los hombres de la Iglesia reordenando la Iglesia conforme al espíritu del mundo, llenándola de novedades, apartándola del camino que le marcó Jesucristo y transformándola en una ONG simpática a los ojos de los poderosos del mundo, es cuando debemos aferrarnos más a La Mujer.

Es la hora de consagrarnos al Corazón Inmaculado de María y vivir como tales.

Es la hora de tomar el Catecismo de la Iglesia Católica, el catecismo de siempre no los libritos edulcorados que abundan ahora, y ver qué ha dicho siempre la Iglesia sobre tal y cual tema.

Rogar con humildad y confianza a Aquella que es Sede de la Sabiduría con el Santo Rosario y meditando la Palabra de Dios.

María Santísima no se deja ganar en generosidad, si nos confiamos a Ella de manera plena y total, Ella nos tomará y llevará al lugar seguro en la tribulación.

Somos todo tuyo Reina nuestra y Madre nuestra, y todo lo que tenemos Tuyo es, sé Tú nuestra luz y guía en todo.

Alberto Mensi

Nuestro artículo recomendado: El obstáculo, ¿Cuál será el Katéjon?

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Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cinco nietos (por ahora)