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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Tercer Domingo después de Pentecostés

PorPadre Ricardo Ruiz

Jun 30, 2019
Meditación Evangelio-Pentecostés

Evangelio del día. Tercer Domingo después de Pentecostés. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Lucas, XV

En aquel tiempo: Se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para oírle. Lo cual censuraban los fariseos y los escribas, diciendo Éste recibe a los pecadores y come con ellos. Mas Jesús propúsoles esta parábola ¿Quién hay entre vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se había perdido hasta encontrarla Y. en hallándola, la pone sobre sus hombros muy gozoso y, en llegando a su casa, llama a sus amigos vecinos, y les dice: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja, que se había perdido.

Os digo, que así también habrá más gozo en el cielo por un pecador que haga penitencia, que por noventa y nueve justos que no han de ella menester. O ¿qué mujer, teniendo diez, si pierde una, no enciende la lámpara y barre la casa, y lo registra todo hasta dar con ella? Y en hallándola, convoca a sus amigas y vecinas y dice: Regocijaos conmigo porque he hallado la dracma que había perdido. Así os digo que habrá gran alborozo entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia. 

Tercer Domingo después de Pentecostés . Meditación

En este domingo el texto de San Lucas nos relata como los fariseos se escandalizan porque N. S. Jesucristo trata, convive y come con pecadores y publicanos.

Digo escandalizan, verbo en tiempo presente, porque es una realidad que aún sigue sucediendo hasta hoy en día, en los más puritanos de la ley y lamentablemente también en muchos que se consideran católicos a sí mismos.

El corazón del ser humano puede llegar a ser tan duro y cerrado, que es necesario que el Redentor les hable con parábolas como a los fariseos, poniéndoles así el ejemplo del pastor, que por salvar una oveja perdida, puede momentáneamente aparentar que deja, momentáneamente, las 99 que están bajo su cuidado, a ver si con esa comparación se les quita la dureza de corazón.

También nos pone el ejemplo de la entrega y vehemencia con que una mujer busca su dracma perdida. Nos quiere decir con ello, que para las cuestiones monetarias, nuestras posesiones materiales y sobre todo nuestras finanzas, no perdonamos a nada ni a nadie y desgraciadamente no ponemos el mismo interés y vehemencia cuando se trata de salvar a una persona en desgracia, salvar su reputación delante de los lobos que la difaman, de hacer un sacrificio para salvar un alma de la perdición eterna, incluso ni la nuestra propia.

Es por ello que hoy San Gregorio Papa, comentando el Evangelio, nos dice lo siguiente : “Los hombres que se escandalizan de los pecadores y suelen ejercer una terrible y cruel justicia sobre ellos, suelen ser falsos religiosos, porque el hombre verdaderamente justo: nunca separa la justicia de la Misericordia.”

A la mayoría de los mártires católicos de los primeros siglos se los torturó y se les cortaron sus cabezas no por amor a la justicia, sino por amor a los dioses paganos, o por fidelidad al emperador, y así se les condenó con aparente justicia y sin misericordia.

A Santa Juana de Arco se la quemó viva, por autoridades de la época, en nombre de la justicia y sin misericordia. Sin embargo, quinientos años más tarde se reconoce su inocencia y se le canoniza…, prueba de que la autoridad, no siempre anda por rectos caminos.

Enrique VIII ordenó ejecutar a Santo Tomás Moro, Primer Canciller del Reino y a tantos católicos; siempre con aparente justicia y sin misericordia, pero el verdadero motivo era que no aceptaban su soberbia y la nueva religión que él se acababa de inventar.

Y se seguirá repitiendo la historia porque a el hombre corrupto no le interesa aprender de ella:
“El hombre es como el perro que vuelve al vómito.” Proverbios, XXVI,11.

Por ello las bienaventuranzas lo proclaman entre lo más excelso e importante: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” San Mateo, V, 7.

N. S. Jesucristo sabe que los más duros de corazón y que se presentan como la máxima autoridad religiosa, se les detecta inmediatamente por su falta de misericordia; esos son precisamente los fariseos. Y el fariseísmo significa la más profunda corrupción de la religión.

Es la razón por la cual en el Evangelio las palabras más terribles están reservadas para ellos.

Un juez justo de verdad y con buena conciencia, siempre escucha a ambas partes, a las dos versiones antes de juzgar. Y siempre antes de emitir un veredicto intenta comprender las circunstancias de los implicados para así hacer la sentencia lo más justa posible; porque le mueve el amor a la justicia y no unos intereses oscuros.

Un buen católico nunca juzga sin antes informarse, sin escuchar las dos partes y sobre todo no se precipita con orgullosa pasión, porque sabe que como juzgue, será así un día juzgado.

“La caridad, todo lo cree, todo lo soporta, la caridad no piensa mal del prójimo.” San Pablo, Corintios, XIII, 4.

Hay personas que sólo por sus acciones de misericordia han salvado al más y la suya propia:

En la historia de Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia, refiere Mons. Dabert, que cuando era obispo auxiliar del Santo, salían por los pueblos de la diócesis a hacer visita pastoral. El arzobispo siempre procuraba ir bien cargado de fardos de lienzo y paño y una gran bolsa llena de dinero para entregar a los pobres de las parroquias que visitaban.

Ocurrió que un día al llegar a un pueblo, desapareció la bolsa del dinero. Sospecharon primero si la habrían olvidado en la parroquia anterior, entonces mandaron recado para averiguarlo. Lo encomendaron al Señor en la oración y finalmente apareció en el fondo de una valija, pero no a la mitad, como ellos la habían dejado, sino completamente repleta de dinero.

Al volver a Valencia después del viaje el Santo arzobispo comentó sonriendo: «Esas son las maravillas que obra nuestro Señor en bien de los pobres; esto me sucede con harta frecuencia cuando a menudo les doy limosnas con mi propia mano.»

No olvidemos pues, en palabras de San Gregorio Magno, aquellos que presumen de mucha justicia y legalismo sin misericordia aunque ostenten una alta autoridad; suelen ser fariseos que no representan a Dios.

El verdadero, pastor, el verdadero obispo o simple sacerdote, va a buscar a la oveja perdida, no importa donde esté, sin pretextos de falsa justicia, ni de legalismos burocráticos y sin importarle ‘el qué dirán’. A menudo el supuesto “pastor obediente” anda más perdido que la misma oveja.

Todo esto debería hacernos reflexionar sobre la importancia de practicar las obras de misericordia y ayudar sobre todo a los que sufren persecución e injusticia; ya que ello nos podría salvar el alma en el momento de nuestra muerte de camino a la eternidad.

“Aquel que salve una sola alma, cubrirá la muchedumbre de sus pecados.” Santiago, V, 20.

«Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.»

P. Ricardo Ruiz Vallejo +

Meditación Evangelio-Pentecostés

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.