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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

«Vocaciones, santificación de los sacerdotes y fidelidad a la Misa de siempre. Ésa es nuestra misión”. Habla el superior de la Hermandad de san Pío X

PorAldo Maria Valli

Oct 21, 2020
Vocaciones, santificación de los sacerdotes y fidelidad a la Misa de siempre. Ésa es nuestra misión”. Habla el superior de la Hermandad de san Pío X-MarchandoReligion.es

El quincuagésimo aniversario de la fundación de la obra de monseñor Marcel Lefebvre, la encíclica Fratelli tutti, el caso Becciu, la situación del sacerdocio católico, la interpretación del Concilio Vaticano II, las relaciones de la FSSPX con Roma. Son muchos los temas tratados por don Davide Pagliarani, superior general de la Hermandad de san Pío X, en una entrevista publicada en el sitio web de la Hermandad. Extraigo amplios pasajes.

«Vocaciones, santificación de los sacerdotes y fidelidad a la Misa de siempre. Ésa es nuestra misión”. Habla el superior de la Hermandad de san Pío X. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/10/18/vocazioni-santificazione-dei-sacerdoti-e-fedelta-alla-messa-di-sempre-ecco-la-nostra-missione-parla-il-superiore-della-fraternita-san-pio-x/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión


¿Qué representa para la Tradición el quincuagésimo aniversario de la Hermandad sacerdotal de san Pío X?

Ante todo, este jubileo es la ocasión para agradecer a la Providencia por todo lo que nos ha concedido en estos cincuenta años, ya que si esta obra no viniese de Dios no habría resistido al paso del tiempo. Es a Él, en primer lugar, a quien debemos atribuir todo esto.

Pero para nosotros este jubileo es también y sobre todo una oportunidad para reavivar nuestro ideal de fidelidad a todo cuanto hemos recibido. En efecto, después de tantos años, puede haber un cansancio comprensible. Se trata por tanto de volver a encender nuestro fervor en la lucha por la instauración del reino de Cristo Rey: que reine ante todo en nuestras almas, y por tanto también en torno a nosotros. Sobre este particular debemos trabajar, en la estela de monseñor Lefebvre.

El 24 de septiembre, a petición nuestra, el cuerpo de monseñor Lefebvre fue trasladado a la cripta del seminario de Ecône. A pesar de la crisis del coronavirus, muchos sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles participaron en la ceremonia. ¿Cómo vivió esa jornada?

Este traslado fue solicitado en el último Capítulo general, en 2018, y estoy muy contento de que se concretase en el curso de dos años. Aunque corresponda sólo a la Iglesia canonizar un día a monseñor Lefebvre, pienso que merece ya toda nuestra veneración y un lugar de sepultura digno de un obispo santo. En este año jubilar, este gesto quiere ser la expresión de gratitud de todos los miembros de la Hermandad sacerdotal de san Pío X hacia quien la Providencia eligió como instrumento para salvaguardar la Tradición de la Iglesia, la Fe, la Santa Misa, y para dejarnos como herencia todos estos tesoros. El hecho de volver a contemplar el cadáver de nuestro fundador después de treinta años y de ver a nuestros sacerdotes portarlo a sus espaldas como el día de su funeral fue particularmente conmovedor. He visto a compañeros ancianos conmoverse hasta las lágrimas.

¿Los contactos con el Vaticano continúan estancados?

No depende de la FSSPX, ni de su superior general. El mismo Vaticano ha preferido por el momento no retomar las discusiones doctrinales que la Hermandad había propuesto para exponer mejor su posición, y para mostrar su adhesión a la fe católica y a la Sede de Pedro.

Lo que asombra es que al mismo tiempo el Vaticano nos pida ante todo regularizar nuestra situación canónica: esto crea una situación inextricable e intrínsecamente contradictoria, puesto que la posibilidad de un reconocimiento canónico de la FSSPX queda a su vez constantemente sujeta a exigencias de naturaleza doctrinal, las cuales, una vez más, siguen siendo absolutamente inaceptables para nosotros.

Añado que, sean cuales sean las opiniones de cada uno al efecto, es importante no caer en una preocupación excesiva por estos asuntos extremadamente delicados, como a veces ha sucedido. Debemos tener presente que, como la Providencia nos ha guiado y asistido desde nuestra fundación, así, en su momento, no dejará de ofrecernos signos suficientes y proporcionados que nos permitirán tomar las decisiones que exijan las circunstancias. Estos signos serán tales que permitirán fácilmente observar su evidencia por parte de la Hermandad y la voluntad de la Providencia se manifestará claramente.

Durante este año 2020 la crisis del Covid-19 ha golpeado también a la Iglesia y condicionado sus actividades. ¿Qué opina de ello?

Es interesante ver que con la crisis del Covid, la jerarquía eclesiástica ha perdido una ocasión de oro para llevar a las almas hacia la verdadera conversión y la penitencia, lo que notablemente resulta más fácil cuando los hombres redescubren, de algún modo, su propia naturaleza mortal. Además, habría sido la ocasión para recordar a la humanidad, presa del pánico y de la desesperación, que Nuestro Señor es «la Resurrección y la Vida».

La jerarquía, por el contrario, ha preferido interpretar la epidemia en clave ecológica, en perfecta coherencia con los principios queridos al Papa Francisco. En la práctica, el Covid no sería sino el signo de la rebelión de la Tierra contra una humanidad que habría abusado de ella a través de la explotación desproporcionada de sus recursos, la contaminación de las aguas, la destrucción de los bosques, etc. Esto es deplorable e incompatible con un análisis en el que siguiese existiendo un mínimo de fe y de conciencia de lo que es el pecado, cuya gravedad se mide en cuanto ofensa a la majestad divina, y no basándose en la contaminación de la Tierra.

En su mensaje para la Jornada mundial de oración para la protección de la Creación (Jubileo de la Tierra, 1 de septiembre de 2020), el mismo Papa nos enseña la conclusión moral a la que debe conducirnos la pandemia: «La actual pandemia nos ha llevado de algún modo a redescubrir estilos de vida más simples y sostenibles. […] Ha sido posible constatar cómo la Tierra logra recuperarse si la permitimos descansar: el aire ahora está más limpio, las aguas más transparentes, las especies animales han vuelto a muchos lugares de los que habían desaparecido. La pandemia nos ha conducido a una encrucijada. Debemos disfrutar este momento decisivo para poner término a actividades y finalidades superfluas y destructivas, y cultivar valores, relaciones y proyectos generativos». En suma, la crisis Covid nos empuja una vez más a la «conversión ecológica», piedra angular de la encíclica Laudato si’. Como si la santidad coincidiese con el respeto del planeta.

Los últimos dos años han estado marcados por el Sínodo sobre la Amazonía y por la Declaración de Abu Dabi, a lo que Ud. ha respondido con una declaración de 24 de febrero de 2019. ¿Cómo ve la situación actual, después de estos acontecimientos?

Las últimas enseñanzas del Papa Francisco parecen más bien confirmar definitivamente la dirección errónea emprendida al comienzo de su pontificado. El 3 de octubre, en efecto, el Papa ha firmado la encíclica Fratelli tutti, que debe ser el faro de la segunda parte de su pontificado, después de que Laudato si’ haya sido el punto de referencia de la primera. Esta encíclica es un verdadero y cierto desarrollo de la Declaración de Abu Dabi, en la que se inspira. Esta última, recordémoslo, reconoce como expresión de la voluntad de Dios la diversidad de las religiones, todas llamadas a construir la paz: he aquí el resultado catastrófico del ecumenismo, del diálogo interreligioso, de la libertad religiosa y, sobre todo, de la negación de la realeza universal de Cristo y de sus derechos intangibles.

Se trata de un texto extenso que trata diversos argumentos, pero con una unidad de base bastante clara: de hecho, este largo discurso del Papa se desarrolla de forma bastante ordenada y coherente en torno a una idea fundamental, esto es, la ilusión de que puede haber una verdadera fraternidad universal incluso sin referencia, directa o indirecta, a Cristo y a su Iglesia. En otras palabras, en torno a una “caridad” puramente natural, una suerte de filantropía vagamente cristiana, a la luz de la cual se relee el Evangelio. En efecto, leyendo esta encíclica se tiene la impresión de que la filantropía nos da la clave para interpretar el Evangelio, no siendo el Evangelio el que nos proporciona la luz para iluminar a los hombres. Sin embargo, esta fraternidad universal es una idea de origen liberal, naturalista y masónico, y sobre esta utopía apóstata se ha construido la sociedad contemporánea.

Obispos como monseñor Schneider y monseñor Viganò han subrayado la relación de causa-efecto entre el Concilio Vaticano II y la actual crisis. ¿Qué piensa de estas posiciones? ¿Se debería «corregir» el Concilio (mons. Schneider) u «olvidarlo» (mons. Viganò)?

Ni que decir tiene que nos alegramos mucho de estas reacciones, puesto que obispos ajenos a la FSSPX, y sin ninguna relación directa con ella, por fin llegan, con otros medios y a través de otras vías, a conclusiones similares a las de la Hermandad, y sobre todo a conclusiones capaces de hacer reflexionar e iluminar a tantas almas confusas. Esto es muy alentador.

Pienso que sin embargo no se podrá “olvidar” el Concilio sic et simpliciter, porque se trata de un acontecimiento histórico de la máxima relevancia, casi como la caída del Imperio romano o la Primera guerra mundial. Más bien, deberá ser seriamente discutido y ciertamente corregido en todo cuanto contiene de incompatible con la Fe y la Tradición de la Iglesia.

La Iglesia misma resolverá la delicada cuestión de la autoridad de este concilio atípico y extraño y establecerá el mejor modo para corregirlo. Pero lo que es cierto es que un error en cuanto tal – y el Concilio contiene varios – no puede en modo alguno ser considerado como la voz de la Iglesia y atribuírsela: esto se puede y se debe decir ya. Además, los acontecimientos de los últimos años, a partir del pontificado de Benedicto XVI, han demostrado a los hombres de buena voluntad que todo esfuerzo hermenéutico, tendente a interpretar «el error» para convertirlo en «una verdad mal comprendida» no puede sino fracasar irreparablemente. Es un callejón sin salida en el que es inútil adentrarse.

Hoy la Misa tridentina se celebra también fuera de la FSSPX, por otras comunidades, cosa que no existía cuando fue fundada la Hermandad. Al mismo tiempo, hay también sacerdotes que descubren este rito. ¿Cómo ve este desarrollo de la situación?

Tengamos en cuenta que, sobre todo en los últimos años, un cierto número de sacerdotes, descubriendo la Misa de siempre, ha emprendido un camino que les ha llevado poco a poco a la grandeza de su sacerdocio y, más en general, del tesoro de la Tradición. Se trata de un desarrollo muy interesante porque la Santa Misa realmente guía todo esto. Recuerdo bien el testimonio que recibí un día por parte de un sacerdote que había elegido, no sin encontrar fuertes oposiciones, celebrar únicamente la Misa tridentina. Me lo refirió y subrayó cómo, celebrando esta Misa, llegó a reconsiderar todo su sacerdocio y, en consecuencia, todo aquello a lo que estaba llamado a hacer como sacerdote: predicaciones, consejos a las almas, catequesis. Esto es muy bonito y no podemos sino alegrarnos por esta regeneración, que tiene lugar en el alma misma del sacerdote.

Dicho esto, es imperativo mantener la Misa tridentina por el profundo motivo de que es la expresión de nuestra fe, en particular en la divinidad de Nuestro Señor, en su Sacrificio redentor, y en consecuencia en su realeza universal. Se trata de vivir la Santa Misa entrando completamente en todos estos misterios, y muy particularmente en el misterio de caridad que aquélla encierra. Esto es incompatible con una fe tibia, centrada en el hombre, sentimentaloide, ecuménica; o bien con una apreciación puramente estética de las riquezas del rito tridentino, como a veces sucede sin embargo entre los que se encontrarían tentados de disociar el uso del rito tridentino de la necesidad de vivirlo realmente, de penetrarlo, y sobre todo de dejarse asimilar por Nuestro Señor y por su caridad.

En definitiva, digámoslo: la Misa misma se hace casi estéril si no nos lleva a vivir en Cristo:  per Ipsum, et cum Ipso, et in Ipso. De poco vale si no produce en nosotros el deseo de imitar a Nuestro Señor mediante el don de nosotros mismos. Generosidad que se revela imposible en un contexto empapado del espíritu del mundo, o inclinado siempre al compromiso con éste. La fecundidad de la Misa es tanto mayor cuanto más disponga un ardiente espíritu de sacrificio a que las almas se entreguen generosamente al Cristo.

Recientemente los medios de comunicación han dado una notable resonancia al escándalo relativo al cardenal Becciu. ¿Qué opina de ello?

Ni que decir tiene que no corresponde a la FSSPX definir cómo se ventilan responsabilidades en este episodio, ni investigar el mismo. Dicho esto, como hijos de la Iglesia, no podemos sino deplorar este escándalo que, por desgracia, la sacude y humilla. Esto nos provoca una inevitable tristeza, porque se oscurece la santidad de la Iglesia. Sin embargo, debemos recordar que en la Iglesia siempre existirán escándalos de este tipo, que Dios permite misteriosamente, en su Sabiduría, para la santificación de los justos. Por tanto, estaría fuera de lugar escandalizarse de modo farisaico, a la manera de los protestantes.

Además, pienso que es importante destacar la atención insólita que los medios seculares prestan a la Iglesia en este ámbito. Esta atención supera a la que dedican a otros acontecimientos de la vida de la Iglesia, o a la que los emperadores de la Edad Media podían prestar a los Papas de su tiempo. Si se lee entre las líneas de muchos artículos de periódico dedicados a este tema, se reconoce un cierto placer, una malsana satisfacción. Parece que el mundo laico no pueda dejar pasar una ocasión tan excelente para escupir sobre el rostro de la Esposa de Cristo, a la que sin embargo había jurado indiferencia. Esto nos debería hacer reflexionar, y sobre todo debería hacer reflexionar a todos los que viven en la ilusión de que hoy la Iglesia puede vivir en paz frente a un mundo que se ha hecho efectivamente laico y teóricamente respetuoso con todos. No es así. Detrás de la retórica liberal existe siempre el deseo de ver a la Iglesia no purificada, sino desacreditada y aniquilada. No hay acuerdo posible con este mundo.

¿Cómo puede la FSSPX proporcionar un remedio, en la medida de sus posibilidades, a la crisis actual?

En primer lugar, en el plano doctrinal, la FSSPX es consciente de no poder variar en sus posiciones. Guste o no, las mismas son un punto de referencia para todos aquellos que buscan la Tradición en la Iglesia. Por tanto, en un espíritu de servicio a los demás y a la Iglesia misma, debemos mantener la lámpara sobre el candelero, sin esconderla.

En el plano práctico, los miembros de la Hermandad deben demostrar que su adhesión al Santo Sacrificio de la Misa constituye la adhesión a un misterio de caridad que debe reflejarse en toda la Iglesia. Esto significa que una Misa verdaderamente vivida, que nos permita penetrar en el misterio de la Cruz, es necesariamente apostólica y nos llevará siempre a buscar el bien de nuestro prójimo, incluso del más lejano, sin distinción. Es una actitud fundamental, una disposición moral de benevolencia que debe permear todas nuestras acciones.

El objetivo de la Hermandad es el sacerdocio católico y todo lo relacionado con él. Por esto Ud. se preocupa principalmente de las vocaciones, de la santificación de los sacerdotes y de la fidelidad a la Misa de siempre. ¿Cuáles son actualmente sus preocupaciones?

Son exactamente las que ha señalado. Estoy convencido de que para lograr mantener estos tres objetivos con todo el corazón, las gracias y luces que necesitaremos para nuestro futuro y para las decisiones que debamos tomar nos serán dadas en el momento oportuno.

Manteniendo el sacerdocio, mantenemos lo que la FSSPX y la Iglesia tienen más en su corazón. Toda vocación, de hecho, tiene un valor infinito. Una vocación es innegablemente la gracia más preciosa que Dios puede dar a un alma y a su Iglesia. Por tanto, el seminario es el lugar más sagrado que se puede imaginar o encontrar en la tierra. El Espíritu Santo continúa operando allí como en el Cenáculo, para transformar las almas de los candidatos al sacerdocio y hacer de ellos apóstoles. Debemos continuar a emplear todos nuestros esfuerzos e invertir en esta obra nuestras mejores energías morales y humanas. Todo lo que construyamos sobre el sacerdocio de Nuestro Señor y para perpetuar el sacerdocio de Nuestro Señor subsiste por toda la eternidad.

¿Cómo anima a los sacerdotes y fieles adheridos a la Tradición?

Querría recordarles que la Providencia siempre ha guiado a la FSSPX y siempre la ha protegido en medio de mil dificultades. Esta misma Providencia, siempre fiel a sus promesas, siempre vigilante y generosa, no puede abandonarnos en el futuro, porque dejaría de ser lo que es – lo que es imposible, porque Dios seguirá siendo siempre el mismo.

En otras palabras, después de cincuenta años de existencia de la FSSPX, nuestra confianza está si cabe más enraizada aún en los innumerables signos de esta benevolencia manifestados en todos estos años.

Pero prefiero dejar la última palabra a Nuestro Señor mismo: «No temáis, pequeña grey, porque a vuestro Padre place daros el Reino» (Lc 12,32).

Menzingen, 11 de octubre de 2020

Fiesta de la Divina Maternidad de la Santísima Virgen María

Fuente:  fsspx.news


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Aldo Maria Valli, No tendrás otro Dios. Reflexiones sobre la declaración de Abu Dabi, con la participación de Nicola Bux y Alfredo Maria Morselli (Chorabooks)

Aldo Maria Valli, Casos extraños. Historias sorprendentes e inesperadas de una fe vivida (Fe & Cultura)

Aldo Maria Valli, Las dos Iglesias. El sínodo sobre la Amazonía y los católicos en conflicto (Chorabooks) 

Aldo Maria Valli (editor), ¿No nos dejes caer en la tentación? Reflexiones sobre la nueva traducción del “Padre nuestro”, con participación de Nicola Bux, Silvio Brachetta, Giulio Meiattini, Alberto Strumia (Chorabooks)


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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/