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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Carta desde Argentina. Tercera parte, consideración sobre el próximo cónclave

PorAldo Maria Valli

Feb 17, 2021
consideración sobre el próximo cónclave-MarchandoReligion.es

Carta desde Argentina. Tercera parte, consideración sobre el próximo cónclave

Queridos amigos de Duc in altum, concluyo la serie Cartas desde Argentina, publicadas en la página de internet Wanderer, con un texto que hace referencia al próximo cónclave.

Carta desde Argentina. Tercera parte, consideración sobre el próximo cónclave. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/02/10/lettera-dallargentina-3-uno-sguardo-sul-prossimo-conclave/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión


Pocos se atreven a negar que Bergoglio dejará la Iglesia, al final de su pontificado, en un estado de postración posiblemente único en la historia. Aprovechando el impulso del Vaticano II, ha dado literalmente al traste con dos mil años de teología y espiritualidad cristiana. Y o no se da cuenta de ello o no le desagrada hacerlo.

Por tanto, ¿cómo será la Iglesia después de Francisco? Es un asunto en el que cabe detenerse a sabiendas de que entramos en el terreno de la especulación y de que podemos equivocarnos con facilidad.

Conviene comenzar con una premisa. En la Iglesia obra el Espíritu Santo y, por consiguiente, nuestras posibles disposiciones y previsiones tienen siempre un valor muy relativo. Por ejemplo, el papa es elegido por cardenales asistidos por el Espíritu Santo; sin embargo, éstos son muy libres de aceptar o rechazar tal asistencia. Todo análisis que pretenda ofrecer una perspectiva sobre el futuro debe, en consecuencia, tener en cuenta siempre las incertidumbres derivadas de la acción del Paráclito y de la libertad de los hombres.

La muerte de Francisco se acerca inexorablemente, como ocurre con todos nosotros. Y se acerca igualmente la llegada de su sucesor después de un cónclave temido por todos.

Nadie conoce el resultado de esa congregación escarlata, por lo que cuanto nosotros podemos decir no son sino conjeturas. Pero sí podemos realizar un análisis de los datos con los que contamos, incluidos los nuevos cardenales anunciados el último domingo de octubre de 2020. Son 128 los cardenales electores, ocho más de los previstos conforme al derecho canónico. De ellos, 16 fueron creados por Juan Pablo II, 39 por Benedicto XVI y 73 por Francisco. Estos datos explican una parte de la cuestión, pero no toda. Podríamos caer en la tentación de dar por descontado que los cardenales que deben la púrpura a Bergoglio votarán masivamente por el candidato que, con toda la sutileza propia de estos casos, sea ungido por el papa reinante antes de morir. Pero no necesariamente ocurre así; prueba de ello es lo que sucedió en el último cónclave: no todos los cardenales ratzingerianos votaron a Scola, el candidato de Ratzinger. Y esto confirma la incertidumbre de los resultados, porque a causa del secreto del cónclave no sabemos cómo se mueven las distintas fuerzas.

No obstante, podemos encontrar algunos indicios observando el desarrollo de reuniones como en el caso de los Concilios. Y vemos que la masa de obispos se mueve al ritmo establecido por un puñado de líderes. O sea, que las reuniones episcopales se componen típicamente de un grupo reducido de peces gordos y un rebaño de borregos. Basta ver lo que pasó durante el Concilio Vaticano I, según lo explicó bien O’Malley, o cuanto ocurrió en el Vaticano II, aún mejor explicado por de Mattei: los obispos apenas se enteraban de las cuestiones en juego, aplaudían a la mayoría y votaban a favor de aquellos que cosechaban más aplausos. Y estamos de acuerdo en que éste es el modo habitual de comportamiento de todos los órganos colegiales, desde los comités académicos de las universidades a las cámaras legislativas de la nación, pasando por las reuniones de propietarios del último de los edificios de vecinos.

No he hecho, ni pretendo hacer, un análisis detallado de los cardenales nombrados por Bergoglio, pero vaticino algunas hipótesis. Él, como viejo zorro político y experto en la dinámica de los órganos colegiales, es previsible que se haya cuidado bien de llenar de borregos el sacro colegio, añadiendo de vez en cuando un jefe que, llegado el momento, pueda resultar a su vez elegido, o al menos constituirse en king maker. Y pienso que esta maniobra es plausible a causa de dos hechos fácilmente demostrables.

El primero y más universalmente conocido es que Francisco se ha distinguido por haber instituido un colegio cardenalicio con dos características principales: la mediocridad y el color. Los cardenales creados por Bergoglio son apéndices de sí mismo. Con la fácil y discutible excusa de que toda la Iglesia debería estar representada por el color púrpura, Bergoglio se ha afanado en hacer cardenal al obispo de Tonga, isla remota y perdida en medio del Pacífico, así como, recientemente, al vicario apostólico de Brunei. No conozco a estos prelados y no puedo decir nada en referencia a ellos, pero el sentido común indica que han pasado su vida ocupados y preocupados en favor de una grey pequeña y maltrecha, sin apenas oportunidad de hacer frente a los peligrosos lobos vaticanos, en medio de los cuales serán lanzados. Auguro que con este tipo de cardenales, que son la mayoría, pasará lo mismo que en los Concilios: serán intimidados con facilidad o comprados por los king maker y votarán por aquél que se les diga.

Bergoglio, por el contrario, se ha asegurado de no nombrar cardenales a los titulares de las sedes tradicionalmente purpuradas. Uno de los casos más llamativos es París. Su arzobispo, monseñor Michel Aupetit, cuyo nombramiento episcopal fue aplaudido hasta por la Hermandad sacerdotal de san Pío X, no es cardenal todavía, aun cuando desde su elección han tenido lugar ya dos consistorios. Y Aupetit, obviamente, no se dejaría calentar la cabeza por bergogliano alguno en los pasillos del cónclave.

¿Qué cabe esperar? La posibilidad de que sea elegido un cardenal cercano a la tradición es nula. Nadie elegiría, por ejemplo, al cardenal Burke o al cardenal Sarah. ¿Debemos prepararnos para lo peor? Así parece. Sin embargo, hay que considerar dos factores. Primero, aunque Francisco elija cardenales que le sean vergonzosamente fieles, lo cierto es que la fidelidad termina cuando su objeto desaparece. Como se ha dicho, Bergoglio no participará en el próximo cónclave y su muerte disolverá la lealtad mafiosa en las relaciones del porteño (en el español original, para referirse a los naturales de Buenos Aires).

En este frente nada hay decidido. El segundo es que las instituciones, como los seres vivos, tienen una tendencia indestructible a la supervivencia y todo el mundo sabe que la Iglesia, desde un punto de vista puramente humano, no soportaría otro pontificado como el de Francisco. Más bien, al contrario. No sería extraño que la elección se ajustase al movimento del péndulo y, para compensar la devastación de los últimos años, fuera escogido, por mera cuestión de instinto, un moderado o un conservador, bien versado en teología y provisto de algún residuo de fe católica.

La emoción no faltará.

Fuente: Wanderer

El texto anterior fue publicado los días 6 de febrero y 8 de febrero de 2021.

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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/