• Mié. Dic 1st, 2021

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Sínodo del Amazonas: ¿Por qué la noción de “inculturación” del documento de trabajo es una falsa propuesta?

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El profesor Peter Kwasniewski comenta el tema que ha causado más polémica durante esta semana, que no es otro que el Sínodo del Amazonas y la noción de inculturación

Sínodo del Amazonas: ¿Por qué la noción de “inculturación” del documento de trabajo es una falsa propuesta? Por Peter Kwasniewski

Artículo original: https://www.lifesitenews.com/blogs/why-amazon-synod-working-docs-notion-of-inculturation-is-a-false-approach

En décadas recientes ha habido una gran y profunda confusión sobre el concepto de inculturación. Podemos ver esta confusión asomándose de nuevo sobre la superficie con el nuevo Instrumentum Laboris o documento de trabajo sobre el venidero Sínodo del Amazonas (ver aquí el documento oficial en español publicado por el Vaticano http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2019/06/17/ins.html )

La inculturación ha sido tomada en el sentido de que la fe católica y su práctica deben ser cambiadas para amoldarse a una cultura indígena, y que debe asimilar de esta cultura sus propios credos y prácticas. En otras palabras, el catolicismo es visto como una materia prima y la cultura foránea como un agente de transformación. El Instrumentum Laboris nos dice, por ejemplo:

“En función de una “saludable ‘descentralización’” de la Iglesia (cf. EG 16) las comunidades piden que las Conferencias Episcopales adapten el ritual eucarístico a sus culturas. (126d)”

Citando de nuevo a Evangelii Gaudium, el Instrumentum Laboris dice:

“Por eso “hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la trasmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales…” (124)”

El documento continúa con un extraño autoritario pasaje, culminando con un lenguaje marxista utópico:

La celebración de la fe debe realizarse de manera inculturada para que sea expresión de la propia experiencia religiosa y vínculo de comunión de la comunidad que celebra. Una liturgia inculturada será también caja de resonancia para las luchas y aspiraciones de las comunidades e impulso transformador hacia una “tierra sin males”. (125)

¿Cómo lucirá tal liturgia? El documento nos lo dice:

“Se sugiera que las celebraciones sean festivas, con la propia música y danza, y en lenguas y con vestimentas autóctonas, en comunión con la naturaleza y con la comunidad (…) Se pide superar la rigidez de una disciplina que excluye y aleja, por una sensibilidad pastoral que acompaña e integra”

El lenguaje de “comunión con la naturaleza y con la comunidad” es decididamente naturalista y horizontalista, en desacuerdo con el carácter sobrenatural y vertical de la religión revelada de Cristo y de su acción de culto: la formal, objetiva, solemne, pública adoración conocida como la sagrada liturgia. Notamos también una desviación de la unánime enseñanza de todos los Papas de la Iglesia Católica, incluyendo a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, que subrayaban, con el Vaticano II, que, a la música tradicional de la Fe, el Canto Gregoriano y la polifonía, deben dárseles el lugar predominante, como de hecho hicieron los mismos primeros misioneros que plantaron la cruz en el suelo de Sudamérica, instruyendo a los nativos a ser músicos y compositores.

La “inculturación” descrita en el documento de trabajo del Sínodo del Amazonas es una falsa propuesta, enraizada en el indiferentismo religioso, en el relativismo dogmático y en el experimentalismo litúrgico. Irónicamente, si se aplicara esta propuesta solo colonizaría a los no-europeos con la moderna propuesta europea del autodesprecio del ex – cristiano, un odio dirigido únicamente a su pasado europeo y a las tradiciones de la Iglesia.

En realidad, las culturas paganas a las que los misioneros católicos les llevan la Fe están necesitadas de conversión y de elevación. Cualesquiera sean los elementos que puedan ser tomados de estas culturas, una vez purgados debidamente de pecado y de error, permanecen como la materia con respecto a la “forma” impartida por la Fe católica vivificante. Es la Iglesia el agente, forma y meta en cualquiera verdadera inculturación, ya que la cultura es la materia que recibe la forma del agente por el amor de la salvación en Cristo.

Muchas culturas, por ejemplo, se beneficiaron de la inserción de la Misa Romana en su integridad y plenitud. Los japoneses y los chinos reaccionaron a la belleza y a la majestad de la liturgia tradicional latina como era celebrada por los misioneros, recibiéndola como una sublime expresión una religión divinamente revelada, poderosamente transmitida en las ceremonias y textos. Con el tiempo, las culturas hostiles son superadas por los testimonios persistentes de una religión más definitiva, más coherente y bella que cualquiera de las falsas religiones improvisadas por un género humano caído.

En cualquier caso, nunca se necesita buscar, como meta, el tomar elementos prevalecientes de una cultura pagana e incorporarlos a la sagrada cultura. Si existen elementos meritorios de elevación al dominio sacro, eso sucederá lenta y sutilmente, con un fino discernimiento y discreción. Estar corriendo detrás de estos elementos en una especie de desesperada persecución por la relevancia está condenada a fracasar. Es una especie de meretricio en pos de una relevancia efímera, una prostitución a la era presente y a su malevolente príncipe.

La inculturación, tal como ha sido entendida y practicada por los revolucionarios litúrgicos, es una más de las tácticas de Satán para desestabilizar y desnaturalizar a la Iglesia de Dios, para aguar sus distintivos, para envenenar y contaminar su culto divino y la cultura humana. No es esto lo que hicieron los grandes misioneros jesuitas, dominicos y franciscanos. Ellos llevaron adelante la Fe católica con todo el esplendor de su verdad permanente, y por esta luz ellos convirtieron naciones y bautizaron todo lo que era noble y bueno en su pueblo.

Las cosas que son realmente verdaderas, buenas y bellas en los nativos y en su civilización se ordenarán frente a las puertas de la iglesia y suplicarán ser admitidas. Tales cosas demandarán la paz, y rogarán perdón, y se ofrecerán como corderos al sacrificio. Entonces podremos tomarlas en nuestros brazos y hacer de ellas vehículos de la gracia. Pero no de otra manera. Tal como dice San Agustín. “El que no cree, es verdaderamente demoníaco, ciego y mudo; y él que no ha tenido conocimiento de la fe, ni la confiesa, ni alaba a Dios, está sujeto al demonio.” La Iglesia no va al ciego ni al mudo para pedirle consejo sobre como ella debe dar culto o sobre lo que debe creer. Ella no va a estar sujeta al demonio por una necesidad desesperada de bautismo y a rogarles un asiento en la mesa de Belial.

Sin embargo, el Instrumentum Laboris deja de lado los elementos tradicionales de evangelización, salvación y santificación:

La apertura no sincera al otro, así como una actitud corporativista, que reserva la salvación exclusivamente al propio credo, son destructivas de ese mismo credo. Así lo explicó Jesús al Doctor de la Ley en la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 30-37). El amor vivido en cualquier religión agrada a Dios. “A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien” (EG 246).

En este notable texto, se dice que los cristianos son “insinceros” si no son tan “abiertos al otro”para admitir que su cristianismo está falto de algunas verdades o de bondad que los no-cristianos, a su vez, pueden ofrecer. Es más, el dogma de fe extra ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación, es descartado como una “actitud corporativa”, destructiva del credo propio de uno, a pesar del hecho que nadie puede, en efecto, ser salvado si no pertenece a la Iglesia y no la confiesa ni explícita ni implícitamente, y que la salvación no existe en otro Nombre más que en el Jesucristo.

El documento, entonces, afirma fatuamente que “el amor vivido en cualquier religión agrada a Dios”, aunque el Nuevo Testamento deja claro que solo el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, al que llamamos caridad, es el amor que a Dios le agrada y que le hace ver a Su amado Hijo en nuestras almas.

En resumen, el Instrumentum laboris es otro ejemplo de texto Modernista y de lo peor de este ya deshonrado pontificado. Para mayor comentario de este problemático documento, ver el texto de Robert de Mattei, “La Iglesia Amazónica del Papa Francisco”https://rorate-caeli.blogspot.com/2019/06/de-mattei-dear-cardinals-and-bishops-do.html y de Julia Meloni, “El largo juego del Sínodo de Amazonía es más radical de lo que piensas”. https://onepeterfive.com/amazon-agenda/

Por Peter Kwasniewski


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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/