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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Sexto Domingo después de Pentecostés

PorPadre Ricardo Ruiz

Jul 21, 2019
Meditación Evangelio-Pentecostés

Evangelio del día. Sexto Domingo después de Pentecostés. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Marcos, VIII

En aquel tiempo: Hallándose una inmensa turba en torno a Jesús y no teniendo qué comer, llamó a sus discípulos, y les dijo: Lástima me da esta multitud, porque tres días hace que me siguen, y no tienen qué comer, y si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán en el camino, pues algunos han venido de lejos.

Respondiéronle sus discípulos: ¿Quién será capaz de procurarles pan abundante en esta soledad? Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete.

Mandó entonces a la gente sentarse en el suelo, Y tomando los siete panes, dio gracias y los partió, y dio a sus discípulos para que los distribuyesen entre las gentes; y se los repartieron. Como tenían algunos pececillos, bendíjolos también, y mandó distribuírselos.

Comieron hasta saciarse, y de las sobras se recogieron siete cestos, siendo los que habían comido como cuatro mil; y los despidió. 

Sexto Domingo después de Pentecostés . Meditación

Una gran muchedumbre seguía a Jesucristo, salieron de la ciudad y se fueron hasta el desierto para seguirle, ya llevaban tres días siguiéndole y tenían hambre. El se apiada de ellos, con siete panes da de comer a más de 4000 personas.

San Ambrosio, padre de la Iglesia, nos dice que no se le ha dado pan a los ociosos, a los cómodos ni a los tibios sino a aquellos que abandonaron las comodidades de la ciudad para ir a escuchar su doctrina, ¡para ir a buscar la verdad en el desierto!

Ha de quedar claro que nunca realizó la multiplicación de los panes en las ciudades sino en el desierto, en la montaña, en el descampado. ¡Cuantos en la historia se marcharon al campo y a la montaña e incluso al desierto para poder llevar una mejor vida y para asegurar la salvación de sus hijos!

San Antonio Abad, abandonó las comodidades de la ciudad y se fue a vivir una vida eremítica en medio del desierto, para proteger su alma del mundo, para poder hacer más oración, para poder formar en la vida monástica a los que buscan a Dios con entrega total. Vivía en gran austeridad, era vegetariano y con su gran austeridad de vida llegó a los 115 años de edad.

También se fue al desierto a buscar a N. S Jesucristo y este le alimentó del pan de vida eterna con el que nunca muere y se transforma en vida eterna. El santo no huyó del mundo para buscar pan material, sino el eterno: “Quien coma de este pan, vivirá eternamente.” San Juan, VI, 51.

Fueron varias las multiplicaciones de los panes, aunque sólo sepamos de pocas por medio de los Evangelios. De las que conocemos, en una fueron cinco mil, en el relato de hoy cuatro mil.

Los modernistas condenados por San Pio X, niegan sistemáticamente la existencia del milagro y lo reducen a sólo símbolo o leyenda. Los hay que afirman en su racionalismo y falta de fe, que nunca hubo multiplicación de los panes, sino que hubo mucha austeridad y “comieron sólo miles de migajas…” Pero su aversión al milagro es más que evidente, ya que el Evangelio es suficientemente claro cuando advierte que “se llenaron siete cestos de sobras.”

¿De dónde entonces han sacado la historia de las miles de migas y no de panes? del racionalismo, error herético que consiste en buscar una explicación racional materialista a todo lo que sea o aparente algo sobrenatural. El racionalismo también ha sido condenado por la Iglesia en varias ocasiones en su Magisterio infalible.

Y los panes eran siete…. el número más emblemático, sagrado y profético en la Biblia. Siete los días de la creación, siete los días de la semana, siete los dones del Espíritu Santo, siete los vicios o pecados capitales, etc.

Siete son los panes porque con ellos nos va a alimentar en el desierto y destierro de esta vida con los siete sacramentos, fuentes de fuerza espiritual, gracia y salvación para poder llegar con Él a la vida eterna. Es exactamente el significado profético del relato histórico de el Profeta Elías: “Comió de aquellos tres panes y así pudo caminar durante cuarenta días y cuarenta noches.” I, Reyes, XIX, 13.

Se narra en la vida de San Alfonso María de Ligorio, que en una ocasión el procurador del Convento le vino a comunicar preocupado, que solamente había tres panes para toda la comunidad aquél día.

El Santo le respondió: «No os inquietéis, porque si Dios alimenta a los pajarillos del cielo, también nos alimentará a nosotros.» Poco después llamó un mendigo a la puerta y pidió ayuda, San Alfonso ordenó que le diesen dos panes de los tres que quedaban. Se marchó después a la sacristía, se puso el sobrepelliz y la estola, fue ante el Sagrario e hizo unas oraciones. Y con todo respeto se acercó al Sagrario, y dando tres toques sobre la puerta, dijo: «Señor Jesús, la comunidad hoy no tiene que comer.»

Poco más tarde llamó un caballero a la puerta del Monasterio para entregar un gran donativo para la comunidad.

En varias ocasiones cuando a Santo Domingo de Guzmán se le habían multiplicado las vocaciones y no tenía que darles de comer, muchos de la comunidad fueron testigos que bendecía los únicos tres panes que había en el convento; pero nadie comprendía como después habían comido más de cuarenta sin faltarles nada.

Los panes de Elías profetizan la multiplicación de los panes del Evangelio y estos a su vez profetizan la multiplicación de la Eucaristía proveniente del Sacrificio de la Misa. Gracias a esos panes de la Eucaristía podemos atravesar con fuerza y sin desfallecer esta vida llena de desiertos, días agobiantes y noches gélidas; simbolizados en los cuarenta días y las cuarenta noches del profeta.

Es por ello que muchos hombres no pueden guardar los diez mandamientos, y se quejan de que son demasiado duros e imposibles, porque pretenden poder ponerlos en práctica sin la ayuda de la fuerza que dan los panes: es decir sin la fuerza que nos dan los siete sacramentos que fueron concebidos precisamente para darnos esa fuerza necesaria, en especial la Confesión Sacramental, la Comunión Eucarística y la asistencia a la Misa: esto es el verdadero mensaje de la multiplicación de los panes.

Pero aún si en tiempo de persecución o apostasía faltase la Eucaristía y la Misa por cierto tiempo, así también es posible salvarse y guardar los diez mandamientos con la ayuda y fuerza de la oración cotidiana: cuando los misioneros en Japón fueron todos masacrados, los católicos se quedaron sin sacerdotes y sin sacramentos durante más de doscientos años; sin embargo, conservaron su fe muy fielmente ¡gracias al rezo fiel del Santo Rosario!

“Salus pigri non dabitur!” No se dará la salvación a los perezosos! Aquellos que temen a la vida austera y pobre, provocan un camino más arriesgado y difícil para su propia salvación.

Bendita austeridad del desierto, del campo y la montaña que contradice a la pereza y a la ociosidad la cual es “madre de todos los vicios”. Pues hay que ganarse el pan de cada día para que tengamos honor y dignidad en la vida: “La mujer trabajadora, no come ociosa el pan.” Proverbios, XXXI, 27.

La austeridad de la vida en el campo y en el desierto no favorece la ociosidad y nos hace más sanos en hábitos de vida.

“¡BENDITA POBREZA QUE NOS LO QUITAS TODO, PARA LLENARNOS DE VIRTUDES !“ San Francisco de Asís.

Vayamos al desierto del Señor a buscar su pan de vida y así vivir con Él eternamente.

P. Ricardo Ruiz Vallejo

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.