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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Segundo Domingo después de Pentecostés

PorPadre Ricardo Ruiz

Jun 23, 2019
Meditación Evangelio-Pentecostés

Evangelio del día. Segundo Domingo después de Pentecostés. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Lucas, XIV

En aquel tiempo: dijo Jesús a los fariseos esta parábola: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado para que avisara a los convidados: Venid, ya está preparado. Y empezaron a excusarse uno tras otro. El primero le dijo: He comprado un campo Y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas.

Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. Volvió el criado y se lo contó a su amo. Entonces el dueño de la casa, indignado, dijo a su criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. Y dijo el criado: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Y el amo dijo al criado: Sal por los caminos v senderos, e insísteles hasta que entren, y se me llene la casa. Porque os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Segundo Domingo después de Pentecostés . Meditación

“Cierto hombre hizo una cena y convidó a muchos.” San Lucas, XIV, 15.

San Gregorio Magno, nos advierte que la invitación a esta cena significa el incitar en nosotros el deseo de las cosas celestiales, simbolizado en una cena.
Si toda nuestra preparación y sufrimientos en esta tierra fuesen solo para una gran cena allá arriba, seria un ‘cielo’ muy pequeño. Es obvio que es una parábola para representar lo espiritual y que existirán las dos realidades pero ante todo la adoración y después el deleite de las cosas creadas:
“…Y después de haber adorado a tu Señor Dios, te regalarás con todos los bienes que el Señor tu Dios te haya dado.” Deuteronomio, XXVI, 11.

Pero hay quienes también se preocupan de que el cielo pueda ser tan, tan espiritual que nos vayamos a quedar sin cenas…Es verdad que en otros pasajes del Evangelio se habla de “la mesa celestial o del banquete”, y eso les despierta el entusiasmo a algunos que aún no han descubierto el gusto por las realidades espirituales. Para su tranquilidad, en el cielo los bienaventurados serán elevados en su perfección pero su naturaleza no será destruida sino más bien perfeccionada, como lo enseña Santo Tomás de Aquíno. De hecho Jesucristo después de su resurrección al aparecerse a los discípulos les pide algo de comer. Y ellos le trajeron pescado y miel. Él lo comió delante de ellos para que constatasen que no era un fantasma, sino un cuerpo real, con naturaleza humana asumida por la divinidad gloriosa. Así en el cielo nuestra naturaleza seguirá ejerciendo sus funciones naturales aunque lo principal de la bienaventuranza será el amor y adoración de Dios. Sin embargo los cuerpos gloriosos pueden prescindir de las necesidades naturales sin disminuir ni dañar la naturaleza creada.

El caso de los grandes místicos que se han alimentado durante días o años sólo con la sagrada comunión son un ejemplo, aunque sea excepcional; tal portento es posible cuando Dios lo quiere, ya que para Él todo es posible.

Hoy el mensaje más importante del Evangelio es la aceptación o el rechazo de los hombres a esa gran cena, Cenam Magnam, a la que nos invita el Señor. Primero están descritos los que con toda clase de pretextos y excusas, rechazan la invitació:

“He comprado una granja y necesito ir a verla.” Significa aquellos que ponen como pretexto no tener tiempo para Dios, porque tienen que cuidar de sus bienes materiales. El otro ha comprado cinco yuntas de bueyes y tiene que ir a probarlas. Eso tampoco le deja tiempo para su Dios. Como si Dios nos pidiese que dejemos el deber del trabajo por cumplir con Él, otro verdadero pretexto. Otro pone como excusa el deber con su cónyuge, porque se acaba de casar. Es verdad que en ocasiones la mujer o el marido se convierten en un obstáculo grave para que su cónyuge cumpla con sus deberes con Dios y con la Iglesia; y la respuesta nos la da el mismo Evangelio en otro pasaje, “Quien ama a su padre o a su madre más que a mi, no es digno de mi.
San Mateo, X,34.

Es decir, quien ama a su marido o a su mujer más que a Dios mismo, tampoco es digno de Él. Cuando hay que escoger entre un familiar o amigo y la verdad de Dios, es necesario escoger a Dios, cuando el marido, la mujer o algún pariente o amigo me propone obrar y vivir en contra de los diez mandamientos, entonces hay que saber decir no y escoger a Dios, antes que a los hombres; si me quiero salvar eternamente: ese es el verdadero mensaje para nuestras almas.

Pero lo asombroso es que cuando ya han llegado muchos invitados y aún hay muchos sitios vacíos de aquellos que rechazaron la invitación, el Señor les dice pues Id a buscar por todas partes hasta que esto se llene. Y aquí viene el escándalo de los fariseos y de ciertos católicos puritanos, porque el Señor invita a menudo a pecadores arrepentidos a su cena.

“Id a las Plazas y a los barrios de la ciudad.” Dios no es clasista e invita también a los viandantes de las calles, a los de los barrios de la ciudad, a los pobres y sencillos, con tal de que tengan la humildad de aceptar su invitación. A los pobres, lisiados, a los cojos y a los ciegos. Muchos seres humanos que no reúnen condiciones para escalar la alta sociedad son invitados a la cena celestial, ¿cual es la única condición para poder entrar a la cena? Llevar puesto el traje o vestido adecuado, que significa el estado de gracia y el cumplimiento de los diez mandamientos. Ese es el único traje requerido.

Es por ello que San Pablo nos pide tanta paciencia con el prójimo… ¿cuantos ciegos vemos a nuestro lado e incluso dentro de nuestra propia familia, que no quieren ver, por cierto tiempo; enceguecidos por sus vicios, sus prejuicios, orgullitos personales o por la ignorancia? ¿Cuantos tenemos a nuestro lado, cojos por falta de formación o falta de sentido común y lógica en sus mentes, con los cuales hay que tener tanta paciencia…?
Pero cuando ya han venido todos esos, resulta que aún hay lugar para más invitados. Entonces ahora se escandalizarán más los puritanos, porque el Señor pide a sus siervos que traigan también a los de los caminos, de los cercados, e incluso los impelen.

¿Quien se atreve a invitar a su cena a los desconocidos, sucios y harapientos de los caminos? Sólo un Señor lleno de misericordia, como lo es Dios. Ya que Él puede darse el lujo de limpiarlos, lavarlos con sus sacramentos, después cambiarles los harapos por un hermoso vestido, que significa la gracia santificante; de esa manera gana su confianza y ya no son más unos ‘desconocidos’.

Y aquellos que están en los cercados. Significa aquellos que están fuera de los límites, los transgresores, los pecadores, los infractores, los publicanos, ¿acaso San Mateo no fué un publicano?, y también a aquellos que nosotros ya damos por condenados; cuando para Dios hay tiempo para convertirlos, incluso en los últimos instantes de su agonía, si muestran un sincero arrepentimiento. Por ello se invoca también a la Santísima Virgen con el título de “Refugio de los pecadores.” Si la Iglesia no fuese también ese refugio de pecadores, nadie se salvaría…

Para escándalo de los fariseos, el Señor de la cena está invitando también a los proscritos, a los no aprobados por la sociedad ni por la jerarquía, a los que no tienen “permisos”, como San Juan Bautista, quien predicaba “al otro lado del río Jordán”, Símbolo de oprobio, o el mismo Jesucristo que ‘no tuvo permiso’ de los fariseos ni de la sinagoga para predicar ni para hacer milagros, ni para cumplir con su misión.

Cómo anillo al dedo queda la anécdota en la vida de San Juan Bosco al Evangelio de este domingo: Él santo en una ocasión, corriendo el año 1855, tiene la inspiración para ganarse la confianza y la salvación de los presos de la Prisión de Turin llamada la Generala, precisamente los pecadores, los transgresores y proscritos de la sociedad; de proponerle al director de la Prisión sacarlos a pasear, llevarlos a Misa y después prepararles un paseo con una gran comida. El director dijo que ni hablar, que era una gran locura diciéndole ¿Y usted cree que estos van a ser tan tontos que volverán a la prisión?

El santo que no sabía desanimarse por nada, recurrió a las autoridades civiles y por fin un día consiguió el permiso de llevarse a los reclusos a un día de paseo. Estos no solo le prometieron y dieron su palabra de que no escaparían, sino que además advirtieron a los compañeros de prisión que si alguno intentaba escapar, ellos mismos le darían una paliza. San Juan Bosco los llevó primero a Misa en la iglesia de Stupinigi, al almuerzo en el campo y finalmente volvieron a la prisión por la tarde. La impresión del director fue enorme al contar los presos y constatar que no faltaba ni uno sólo a pesar de que no se les puso vigilancia ni custodia alguna.

Parece que San Juan Bosco se tomó muy a la letra eso de buscar en las calles a los proscritos y olvidados y ello para un doble banquete, primero el celestial de la Misa y después el del campo. La caridad por salvación de las almas lo hizo ingenioso.

San Juan Bosco, Ruega por nosotros!

Ave María, refugio de los pescadores: intercede por nosotros+

P. Ricardo Ruiz Vallejo +

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.