• Mar. Dic 7th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

San José, modelo

PorAldo Maria Valli

Mar 22, 2021
San José, modelo-MarchandoReligion.es

En nuestra página hemos batido récords dedicando artículos al Santo Patrono, San José y continuamos hablando de su figura con un artículo de Don Alberto Strumia publicado en la página de nuestro vaticanista.

San José, modelo. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/03/19/san-giuseppe-un-modello/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Por don Alberto Strumia

¿Cómo acercarnos a la figura de san José, del cual celebramos su memoria litúrgica? Os invito a leer o releer, “absorbiéndola”, la exhortación apostólica Redemptoris custos, de san Juan Pablo II, dedicada a san José, de la cual extraeremos aquí algunos puntos de reflexión.

Modelo

En dicho texto encontramos la palabra “modelo” («san José es modelo», núms. 21 y siguientes), trazada de la siguiente manera: «Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida diaria, que cada uno debe alcanzar según su propio estado y que cabe promover como modelo accesible a todos » (núm. 24). Modelo quiere decir que, “por analogía”, nosotros podemos obrar en cierta medida como él, en nuestra respectivas condiciones y vocaciones. ¿De qué forma es José “modelo”, es decir, ejemplificación como “método” en la vida de fe? Es modelo de “participación en la encarnación del Verbo”. También él, junto con María, fue directamente implicado en la Encarnación del Verbo.

1 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” a través de la paternidad legal

«Su paternidad se expresa concretamente “por haber hecho de su vida servicio y sacrificio en el misterio de la encarnación y en la misión redentora aparejada al mismo; por haber utilizado la autoridad legal que le correspondía sobre la sagrada Familia [como padre anagráfico de Jesús] para hacerle don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo» (núm. 8).

Él la ejerció de forma “única” y no “delegable” como padre anagráfico o “legal” (“putativo”) de Jesús, ante la sociedad humana.

Nosotros (permítaseme la paráfrasis) la ejercemos al hacer de nuestra vida sacrificio y servicio en el misterio de la encarnación y en la misión redentora aparejada al mismo; al utilizar la autoridad legal [la paternidad también es legal, social, educadora y no sólo biológica] que a nosotros nos corresponde durante la vida y en nuestra familia, para hacerle don total de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestro trabajo. La legalidad sanciona la dimensión pública de la confianza que corresponde al “depósito que hemos de custodiar” según se nos ha atribuido como esposos, padres o sacerdotes.

2 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” mediante el trabajo

De José podemos aprender a trabajar como colaboradores activos del Creador («El hombre, creado a imagen de Dios, participa a través de su trabajo en la obra del Creador», Laborem exercens, núm. 25) y Redentor («Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora con el Hijo de Dios, en cierto modo, en la redención de la humanidad», Laborem exercens, núm. 27), en la medida en la que se nos confía y se nos exige, de modo único e irrepetible. Precisamente, la Iglesia ha puesto esto de relieve mediante la conmemoración litúrgica de san José obrero, el 1 de mayo. En el Evangelio, José es “carpintero”, trabajador.

3 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” mediante su condición de esposo de María

Si en María la participación en la encarnación del Verbo, y por tanto en el plano de la Redención, es primero biológica, física y corpórea y, a la vez, existencial y espiritual también (hasta el punto de merecer el título de “corredentora”), en José esa misma participación se produce al haber tomado a María como esposa, haciendo posible para ella – como también para él – su vocación familiar, y respetando totalmente su virginidad, a la cual él también él fue llamado. «Precisamente, en dicho misterio José de Nazaret “participó” como ninguna otra persona humana, con excepción de María, madre del Verbo encarnado. Aquél participo junto con ella, comprometido en la realidad del mismo acontecimiento salvífico, y fue depositario del mismo amor, que a través del poder del Padre eterno “nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por obra de Jesucristo” (Ef 1,5)» (Redemptoris custos, núm. 1).

«José no sólo escucha la verdad divina acerca de la inefable vocación de su esposa, sino que además reitera la verdad acerca de su propia vocación» (núm. 19).

En la vida, cuando se está unido de tal modo, la vocación de uno se convierte en la vocación del otro. Es la vocación de ser padres de un hijo consagrado a Dios; la vocación del esposo que se une a la esposa y viceversa; la vocación de ser padres de un hijo o hija no eligido de modo individualista, sino recibido como don de Dios; y es la vocación de ser hijos de nuestros padres. ¡Por eso no tiene sentido hacer las cosas en una probeta!

«Se puede decir que la actuación de José le unió de modo muy especial a la fe de María: aceptó como verdad procedente de Dios lo que ella ya había aceptado en la Anunciación» (núm. 4).

4 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” como custodio del misterio de la Encarnación contenido en la Sagrada Familia y en la Santa Iglesia

«Por tanto, él fue particular depositario del misterio que estuvo “oculto durante siglos en la mente de Dios” (cfr. Ef 3,9), como lo fue María» (núm. 5).

«De tal misterio divino José fue, junto con María, el primer depositario» (núm. 5).

«Cabe también decir que José es el primero que participó en la fe de la Madre de Dios y que, obrando así, sostuvo a su esposa por cuanto se refiere a la fe en la Anunciación divina» (núm. 5).

El apoyo es recíproco: «El matrimonio con María es el fundamento jurídico de la paternidad de José. Dios eligió a José como esposo de María para asegurar la protección paterna de Jesús. De ello se deduce que la paternidad de José […] pasa por el matrimonio con María, o sea por la familia» (núm. 7); «“le fue concedido no sólo ser compañero de vida, testigo de su virginidad y tutor de su honestidad, sino también poder participar, a través del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella” [León XIII, Quamquam Pluries]» (núm. 20).

Los esposos participan cada uno en la vocación del otro: cada uno se compromete en la llamada de Dios al otro. Aquéllos de vosotros que estéis casados debéis tratar de pensar del mismo modo y comportaros así en la forma de trataros, de hablaros, de quereros. El matrimonio cristiano es el encuentro entre dos fieles en el mismo Señor Jesucristo, que custodiado como hijo en el hogar, por parte de los esposos, y en la Eucaristía por parte de los sacerdotes.

Si esto se aprende en la escuela de vida que es el hogar, con mayor razón también fuera de casa, en el trabajo, en la comunidad eclesiástica y en el mundo.

No es casual que José, “custodio de la Sagrada Familia”, haya sido declarado también “custodio y patrono de la Iglesia”, que es la extensión de la Sagrada Familia a lo largo de la historia.

«Pío IX, deseando confiarla a la protección particular del santo patriarca José, le declaró “Patrono de la Iglesia católica” [Quemadmodum Deus]» (núm. 28).

«José fue en su época legitimo custodio natural, cabeza y defensor de la Familia divina … Por tanto, es muy conveniente y sumamente digno que el bienaventurado José, del mismo modo que en su momento tutelaba santamente toda acción de la familia de Nazaret, cubra ahora y defienda con su celestial patrocinio a la Iglesia de Cristo” [León XIII, Quamquam Pluries]» (núm. 28).

Y custodiando a la Iglesia, la hace custodia del “depósito de la fe”. El “depósito” debe custodiarse, siendo tan precioso que no se eche a perder, para que podamos admirar la fe como tesoro que es y aprendamos a conocerla para así aprender a vivir conforme a ella.

5 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” como hombre “justo”

«Junto con Su asunción de la humanidad, en Cristo fue también “asumido” todo lo que es humano y, en particular, la familia, como primera dimensión de Su existencia en la tierra. En este contexto fue también “asunta” la paternidad humana de José» (núm. 21).

En un primer momento, «“José, su esposo, que era justo y no quería repudiarla, decidió dejarla secretamente” (Mt 1,19)»; pero «dicho hombre “justo” que, en la línea de las más nobles tradiciones del pueblo escogido, amaba a la Virgen de Nazaret y se había unido a ella con amor matrimonial, vuelve a ser llamado por Dios a este amor [de esposo]» (núm. 19) para llevar a cabo una obra de “justicia” mayor que la que estrictamente le corresponde en calidad de esposo – como había imaginado – y ser así colaborador en la Redención de Cristo, es decir, en la restitución de la “justicia” perdida por el género humano a causa del pecado original. Por esto, «“José obró según le había ordenado el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa” [Mt 1,24]» (núm. 19).

«Lo que hizo constituye una purísima “obediencia a la fe”» (núm. 4).

El fundamento de una vida familiar y sacerdotal serena reside en esta obediencia inteligente y afecta a Cristo, recordando permanentemente que es parte de nuestro hogar. En una casa cristiana, no se razona sin Él. Se trata de una obediencia compartida que reina de por vida, tanto en matrimonios así constituidos como en toda vocación de consagración a Dios.

6 – Modelo de “participación en la encarnación del Verbo” como hombre “silencioso” que “actúa”

De José no relatan los Evangelios ni una sola palabra, presentándolo como hombre de “silencio” y al mismo tiempo “laborioso”. Hombre de ora et labora (según la posterior fórmula benedictina).

«Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José “hizo”; sin embargo, permiten descubrir en sus “acciones”, y a veces en el silencio, un clima de profunda contemplación. José estaba en contacto diario con el misterio “oculto durante siglos”, que “hizo su morada” bajo el techo de su hogar» (núm. 25).

Querría concluir con palabras de Benedicto XVI a propósito del silencio de José.

«Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, custodia la Palabra de Dios, que conoce a través de las Sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio tejido de constante oración, oración de bendición divina, de adoración a Su santa voluntad y de confianza sin reservas en Su providencia. No es exagerado pensar que precisamente de Su “padre” José aprendiese Jesús – en el plano humano – esa fuerte interioridad que es presupuesto de la verdadera justicia, la “justicia superior” que Él enseñaría un día a sus discípulos (cfr Mt 5,20).

¡Dejémonos “contagiar” por el silencio de san José! Lo necesitamos mucho, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece ni el recogimiento ni la escucha de la voz de Dios. […] Cultivemos el recogimiento interior, para acoger y custodiar a Jesús en nuestra vida» (Angelus, domingo 18 de diciembre de 2005).

Fuente: albertostrumia.it – video YouTube

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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/