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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

«Parece que Dios es español al obrar tan grande milagro»: Salve Madre

PorFirma invitada

Dic 7, 2020
Parece que Dios es español al obrar tan grande milagro Salve Madre-MarchandoReligion.es

En el día de la Inmaculada podemos entonar la Salve que se atribuye a San Pedro de Mezonzo y podemos también adentrarnos en la historia completa de como nuestra Madre llegó a convertirse en patrona de la Infantería

«Parece que Dios es español al obrar tan grande milagro»: Salve Madre. Un artículo de Pedro González

Flandes fue un avispero para España durante unos 80 o 90 años. Desde mediados del s. XVI a mediados del s. XVII. El César Carlos I de España y V de Alemania le había legado ese territorio a su hijo, el gran Felipe II, por varias razones, entre otras, porque pensaba muy acertadamente que el Sacro Imperio Romano Germánico sería incapaz de defender Flandes frente a los protestantes calvinistas y Francia. Flandes vendría a ser lo que en la actualidad es Bélgica y Holanda. Allí se había difundido extraordinariamente la herejía calvinista, con el apoyo de gentes oriundas de España -que no españolas, porque lo que en aquel tiempo hacía ser español no era sólo el haber nacido en España sino el profesar la Santa Fe- , que habían sido expulsadas en 1492. Esas mismas gentes son las que apoyaban al turco, a los hugonotes franceses, lo que financiaban la impresión de obras heréticas y su transporte oculto hacia España, etc.

Como consecuencia de la difusión del calvinismo, Flandes se convirtió en escenario de numerosas batallas entre católicos -fundamentalmente representados por los legendarios Tercios españoles- y los herejes. El hecho que vamos a narrar tuvo lugar en el marco de una de esas continuas guerras que asolaron los Países Bajos. Año 1585. Entre los días 7 y 8 de diciembre, en la isla de Bommel. Interior de la HOlanda actual, está rodeada por los ríos Mosa y  Waal, equidistante de Amsterdam y Roterdam, y con un pequeño monte en ella, el monte de Empel.

El Tercio mandado por Francisco de Bobadilla se encuentra en dicha isla. Son 5.000 soldados, con muy escasos víveres y munición, y sin suficientes prendas de abrigo. Están rodeados por los calvinistas flamencos. Pero es tal el  miedo que le inspiran los españoles -ya habían demostrado en innumerables ocasiones ser la mejor infantería que habían visto los siglos- que solicita ayuda a Francia. Ésta, que también sabe de sobra lo que eran los Tercios, declina la solicitud. «Que los flamencos se las apañen solos». Los Tercios eran sumamente diestros en toda clase de estrategias y tácticas, y sabían vencer con un número escasísismo de bajas propias: en muchas ocasiones vencían causando al enemigo miles de bajas por sólo unas decenas de bajas españolas.

El general holandés decide cortar todas las vías de salida de la isla con barcos y barcazas armadas con cañoñes y con infantes. Los flamencos ofrecen una capitulación honrosa a los españoles: pueden conservar sus armas y sus banderas, y retirarse al punto que deseen sin ser molestados. Bobadilla dio la siguiente contestación que se hizo famosa: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos».

Entonces, el mando holandés decide volar los diques de los ríos Mosa y Waal a fin de que se anegase la isla en la que están los españoles. Éstos deciden refugiarse en el montecillo de Empel. El problema ahora es que en ese punto concreto son objetivo fácil de la artillería holandesa emplazada en los barcos situados en los ríos. Los hombres del Tercio se afanan en excavar refugios para protegerse de las bombas. Estamos en la noche del día 7 de diciembre de 1585. La pala de uno de ellos impacta con algo duro, que parece ser una piedra. Sigue excavando y cuál sería su sorpresa al descubrir que es una tabla con la imagen de la Inmaculada Concepción. Pronto se propaga la noticia entre los nuestros. Aquellos hombres eran católicos firmes aunque no fueran santos. El descubrimiento les enardece y eleva su moral de combate en un momento en el que la situación era desesperada y sin perspectivas de cambio. Hay que añadir que la devoción a la Inmaculada Concepción estaba muy arraigada  en España desde hacía siglos, mucho antes de que fuera definida esa verdad de fe en 1854. De hecho, esa advocación había estado presente durante gran parte de la Reconquista frente al Islam. La religión de paz.

Los españoles improvisan un altar, a base de piedras y barro, colocan sobre él la gloriosa bandera blanca con la cruz de S. Andrés (o de Borgoña), y rezan diversas oraciones, entre otras, la Salve, compuesta -según parece- por S. Pedro de Mezonzo, obispo de Santiago de Compostela en el s. X.

Después de los actos piadosos, Francisco de Bobadilla, maestre de campo de ese Tercio, se dirige a sus hombres con las siguientes palabras: «¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota; este milagroso hallazgo  viene a salvarnos. ¿Queréis que abordemos de noche las galeras, prometiendo a Ntra. Señora ganarlas o perder todos la vida, sin quedar ni uno solo». Todos exclamaron estruendosamente que sí. Los flamencos pensaban que los españoles estarían enloqueciendo por  su situación  de frío, hambre, con poca munición, etc.

Pero si el hallazgo había sido  misterioso, mucho más lo fue el hecho de que un viento  gélido vino de repente sobre ese lugar. Las aguas empezaron a congelarse. Los barcos holandeses empezaron a retirarse pues en caso contrario quedarían bloqueados. La situación daba un vuelco a favor de los nuestros. El plan de Bobadilla se puso en marcha: salir en tromba y lanzarse sobre los barcos y fortificaciones que tenían los herejes. Así se hizo. Todas las fortificaciones cayeron fácilmente y los barcos que no habían tenido tiempo de retirarse fueron capturados. Más de 2.500 herejes fueron hechos prisioneros. Era el amanecer del 8 de diciembre.

El hecho fue considerado como milagroso. La noticia llegó a Roma y cuando la supo, con todos sus pormenores, Sixto V, exclamó que si no era un milagro, se le aproximaba. El mismo general flamenco dijo: «Parece que Dios es español al obrar tan grande milagro».

No podemos asegurar si los dos hechos (hallazgo y corriente glacial de aire) fueron un milagro o no. Extraños sí lo son. Es posible que la tabla fuera escondida por algún natural del país a la vista de los destrozos de imágenes de santos y Vírgenes que llevaban a cabo los calvinistas, y que pasado el vandalismo, pensara recuperarla más tarde. Puede ser. Pero por lo que respecta a la corriente, es inexplicable. El Instituto de Meteorología de Holanda publicó un documento en el que se decía que ese viento glacial con la consiguiente congelación de las aguas del Mosa y del Waal, alrededor de la isla de Bommel, es algo insólito, que no se ha visto en aquel sitio.

Después de la victoria, la Inmaculada fue nombrada patrona de todos los tercios españoles. Hasta ese momento, cada Tercio tenía su santo patrón o patrona. Y en 1892, la regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, firmaba la orden por la que oficialmente se convertía la Inmaculada en patrona de la Infantería española.

Pedro González

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