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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Los errores de Pedro, aunque sean graves, no nos autorizan a revocar el mandato petrino

PorAldo Maria Valli

Mar 3, 2021
Los errores de Pedro, aunque sean graves, no nos autorizan a revocar el mandato petrino-MarchandoReligion.es

Un artículo que dio la vuelta al mundo y aquí la respuesta de nuestro vaticanista sobre el mandato petrino

Los errores de Pedro, aunque sean graves, no nos autorizan a revocar el mandato petrino. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Articulo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/02/24/gli-errori-di-pietro-per-quanto-gravi-non-ci-danno-il-potere-di-revocare-il-mandato-petrino/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Queridos amigos de Duc in altum, mi artículo “Roma sin papa” (disponible en este enlace) ha tenido amplia resonancia, tanto en Italia como en el extranjero.  Entre las numerosas páginas web que lo han publicado se encuentran LifesiteNews (aquí), The Remnant Newspaper (aquí), OnePeterFive (aquí), Diesirae (aquí).

Entre otras respuestas, el articulo ha provocado un comentario de don Alberto Strumia (que he trascrito ut infra) con el que concuerdo plenamente.

Don Alberto, a la luz del comportamiento de Jesús, nos recuerda al efecto que los errores de Pedro no dan derecho a los hombres a revocar el mandato petrino. “Sólo Cristo tiene el poder de intervenir y sabe cómo hacerlo”. Además, nunca conviene olvidar que “la tentación de atacar a la Iglesia en nombre del escándalo desencadenado por errores doctrinales y de justificar a quienes, en nombre de estos errores, provocan un cisma no puede incurrirse sin daño objetivo para quienes en ello participan, daño que a su vez repercute a cuantos les siguen”. Por tanto, termina diciéndome don Alberto, quédate en tu lugar, porque no debes olvidar que de ello depende el destino de tu alma.

Agradezco sinceramente a don Alberto que se preocupe del destino de mi alma (no doy por descontado que un sacerdote tenga tal diaria preocupación).  Me permito sólo una precisión. Quizás por el título que elegí, mi texto ha sido interpretado por muchos como una reflexión acerca de si Bergoglio es o no papa y mis palabras han sido consideradas con un carácter sedevacantista.

En realidad, la cuestión que constituye el núcleo del articulo (con todas mis limitaciones, pero también con la pasión que se deduce del bautismo) se refiere a otro problema, a saber, cómo es el Dios propuesto por Bergoglio. En mi modestísima opinión, nos propone un dios disminuido, un dios aguado, un dios que no es padre, sino compañero. Un dios que no perdona, sino que disculpa, un dios que no desea salvar al hombre, sino exonerarlo, un dios que no indica la ley divina, sino que trata de atenuarla. Mientras Dios, el Dios de la Biblia, es en efecto paciente, pero no laxista; es amoroso, pero no permisivo; es considerado, pero no complaciente. En una palabra, es padre misericordioso en el sentido más pleno y auténtico del término, porque la primera y más alta forma de misericordia no es justificarlo todo, sino mostrar el camino de la Verdad y de la santidad. A continuación, he escrito que esta distorsión insidiosa operada por Bergoglio nace culturalmente en el terreno de la crisis de la figura paterna y hunde por tanto sus raíces en la revolución del sesenta y ocho. Ésta es la cuestión. Por lo demás, no tengo competencia alguna para afirmar si Bergoglio es o no papa. Me parece que lo es, pero que no actúa como tal. Si no actuar implica no serlo es algo que dejo a los especialistas. Repito: lo que me duele es ver que el papa, pastor supremo, distorsiona a Dios plegándolo a la lógica del relativismo, imperante en el mundo. Circunstancia confirmada por el hecho de que el mundo aplaude a Bergoglio.

Y todo esto precisamente cuando, enfrascados como estamos en la melaza buenista y empantanados en las arenas movedizas del relativismo, necesitaríamos una guía sólida, a la altura de mostrarnos la Verdad. 

El título de mi artículo (“Roma sin papa”) probablemente sea desorientador. Culpa mía. Quizás hubiera sido mejor titularlo “Un Dios compañero no nos vale. Necesitamos a Dios Padre”. O a lo mejor “Perdonar es una cosa, disculpar otra”. O si acaso “La misericordia, la verdadera, es mostrar el camino de la Verdad, no disculpar”. Al elegir el titulo cedí al sensacionalismo, pecado grave en un periodista.

Y aquí va la bonita intervención de don Alberto Strumia.

A.M.V.




Si Jesús no suspendió el primado de Petro…

Reflexionando acerca de la figura del Apóstol Pedro y del primado que Cristo le confirió en primera persona, me ha llamado particularmente la atención el hecho de que Jesús nunca se lo revocó durante Su permanencia en la tierra. Ni siquiera después de haberlo acusado de haberse dejado llevar por la lógica del demonio con palabras que expresaban un pensamiento de los hombres contrario al de Dios. ¡Jesús llegó incluso a llamarlo “Satanás”!

Podría haberlo echado y sustituido por otro, como probablemente nosotros habríamos considerado necesario hacer. Al mismo tiempo, Jesús se preocupó de garantizar en primera persona que «las puertas del infierno no prevalezcan contra ella [la Iglesia]» (Mt 16,18). Por tanto, se reservó a sí mismo el derecho y el poder de intervenir si y cuando fuese necesario para mantenerla fiel, al menos en lo que le corresponde.

Por supuesto que a Satanás cuando se aparece como ángel («hasta Satanás se aparecerá como ángel de luz », 2Cor 2,14), a los lobos disfrazados de ovejas («Guardaos de los falsos profetas que os visitarán vestidos de ovejas, pero que en realidad son lobos feroces », Mt 7,15) y a los pastores que se han desviado del camino («Hasta los sacerdotes se preguntaron: ¿Dónde está el Señor? Los amos de la ley no me conocieron, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaron en nombre de Baal y siguieron a otros dioses inútilmente», Jr 2,8) no se les debe obedecer cuando imponen normas o doctrinas manifiestamente contrarias al Evangelio y al depósito de la fe («Juzgad vosotros mismos si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Él », Hch 4,19).

Sin embargo, los errores, aun siendo graves, no nos dan derecho a revocar el mandato petrino y sólo Cristo tiene el poder de intervenir y sabe cómo hacerlo. La tentación de atacar a la Iglesia en nombre del escándalo desencadenado por errores doctrinales («¡Me escandalizas porque no piensas como Dios, sino como los hombres!», Mt 16,23) y de justificar a quienes, en nombre de estos errores, provocan un cisma no puede incurrirse sin daño objetivo para quienes en ello participan, daño que a su vez repercute a cuantos les siguen.

Se puede llegar a producir una distinción complicada entre cisma “legal” y cisma “ontológico”, para justificar una separación que termina por no reconocer al mismo Obispo de la diócesis y/o al Papa, hasta el punto de no nombrarlo en la celebración de la Misa. De forma mediata, apunto la posibilidad del paso aún más grave a la solicitud de ordenación ilícita de nuevos Obispos, o si acaso de justificarla únicamente cuando se ha verificado anteriormente. Luego resulta difícil ir marcha atrás, como nos ha ensenado la historia.

Necesitamos una unión objetiva con la Iglesia de Cristo, unión garantizada mediante las reglas que Él mismo estableció. No podemos asumir que estamos por encima de dichas reglas y al mismo tiempo estar seguros de permanecer en tal unión. A veces parece infiltrarse, incluso entre los “mejores”, la tentación de ceder a esta presunción, buscando escapatorias para autojustificarse.

Le corresponde sólo a Dios resolver la situación. Y hay que orar a Dios por ello. Incluso si esta lógica es difícil, como lo fue para Abraham. Pero ya sabemos lo que ocurrió: «Abraham respondió: “¡El mismo Dios proporcionará el cordero para el sacrificio, hijo mío!”» (Gn 22,8).

Sin duda, es más seguro «obedecer a Dios antes que a los hombres » (Hch 5,29) sabiendo cuál es nuestro lugar, sin asumir que nos corresponde ocupar el del Señor; y confiarnos a la Virgen María cuyo Corazón Inmaculado triunfará en su momento («Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre su estirpe y la suya: ella te aplastará la cabeza y tú le morderás el talón», Gn 3,15).

Don Alberto Strumia



Los extractos del Evangelio sobre este punto los conocemos bien. En todo caso, he aquí las citas, a los debidos efectos técnicos y mnemotécnicos.

Concesión del primado (Mt 16,18-19), (Jn 21,15-17); escándalo de Jesús y desprecio de Pedro (Mt 16,22-23), (Mc 8,32-33), (Lc 22,31-34); profecía de la negación (Mt 26,34), (Mc 14,30), (Lc 22,34), (Jn 13,38); negación de Pedro (Mt 26,69-75),  (Mc 14,66-72), (Lc 22,56-62), (Jn 18,25-27).

Les invitamos a ver nuestro debate sobre el matrimonio, la eutanasia, el aborto…


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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/