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V Viernes Cuaresma. Meditación quinta palabra: «Tengo sed»

PorMarchando Religion

Abr 1, 2022
V Viernes Cuaresma. Meditación quinta palabra Tengo sed-MarchandoReligion.es

Les recordamos que en MR tienen las meditaciones de todos los viernes de Cuaresma. Hoy, nos adentramos en la quinta palabra: «Tengo sed»

V Viernes Cuaresma. Meditación Quinta palabra: «Tengo sed»

Meditación Quinta Palabra: “Tengo sed “.

No dejemos que las preocupaciones y la soberbia de la vida presente se apoderen de nosotros, de modo que renunciemos al empeño de conformamos a nuestro Redentor, a través de sus ejemplos, con todo el impulso de nuestro corazón.”(San León Magno, papa, Sermón sobre la Pasión del Señor)

Tengo sed. (Jn. 19, 26)

Sabiendo Jesús que todas las cosas estaban cumplidas, dijo:- Tengo sed-.

Estaba allí una vasija llena de vinagre, y un soldado, tomó una esponja, y empapándola en el vinagre, la puso sobre una caña, y la juntó a la boca de cristo para que bebiese…

Además de esta sed corporal, tuvo nuestro Señor sed insaciable de tres cosas. La primera, una sed insaciable de obedecer, con la cuál deseó cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas…La segunda, fue un entrañable deseo de padecer por nuestro amor… Y la tercera, sed de la salvación de las almas que con su Pasión redimía, deseando que Su Sangre aprovechase a todos, y que todos sirviesen a su Padre.

Oh alma mía, mira que tu Señor está diciendo que tiene sed de que seas obediente, paciente, humilde y caritativa; dále de beber lo que te pide por aliviar su trabajo.

Tomad Salvador mío, el vaso de mi corazón, en el cual os ofrezco unos fervientes deseos de serviros. “

(Pequeño extracto de la Meditación XLIX, del V.P. Luis de La Puente, de la Sed que Cristo nuestro Señor padeció en la Cruz.)

Extracto del sermón de A. Royo Marín sobre la Quinta Palabra de nuestro Señor en la Cruz. 1

Momentos después de pronunciar el Divino Mártir del Calvario su Cuarta Palabra, desgarradora, abrió de nuevo sus labios divinos para decir: «Tengo sed».

Y nos recuerda Royo Marín que toda la tradición católica está de acuerdo en decirnos que, además de la sed material, tenía una sed espiritual verdaderamente devoradora. Nuestro Señor Jesucristo, en esta palabra, alargando su mano de mendigo, nos pedía un poquito de amor, un poquito de correspondencia a su infinita generosidad.

En esta palabra se nos presenta como divino mendigo del amor del pobre corazón humano.

Jesucristo, desde lo alto de la Cruz, estaba contemplando el panorama de toda la humanidad. Con su ciencia divina nos tenía presentes a todos, a cada uno en particular.

Y veía claramente las almas consoladoras de su Divino Corazón, las que apagarían su sed ardiente, las que se entregarían a Él como almas víctimas para que pudiera asociarlas al Misterio Redentor.¡Cuántas monjitas de clausura, cuántas almas grandes entregadas totalmente a Dios y sufriendo con la sonrisa en los labios persecuciones, calumnias, enfermedades, maledicencias, incomprensiones de todas clases, dolores y tormentos inefables! Son las almas víctimas, las almas consoladoras del Corazón de Cristo. Veía a Teresa de Jesús en éxtasis, a Santa Catalina de Siena con las llagas en los pies, en las manos y en el corazón… Veía a San Pablo con aquel ímpetu apostólico que arrolló al mundo entero…Veía a todos los apóstoles a través de todos los siglos. Veía a las almas consoladoras de su Corazón, las que le daban un poquito de agua y le consolaban en su amargura.

Pero veía también a tantos millones de almas seducidas por el mundo, el demonio y la carne corriendo desenfrenadamente tras los placeres de este mundo.

Cristo veía a todos los hombres del mundo que han sido, son y serán hasta el fin de los siglos. Nos veía individualmente a todos…

Y nos recuerda el gran teólogo:

Los verdaderos amantes del Corazón de Jesús: ¡esos sí que aciertan! Van a buscar el agua de la felicidad en la fuente limpia y cristalina de donde brota, que es el Corazón de Cristo: ¡éstos sí que aciertan! ¡Porque solamente en Dios está la verdadera felicidad.

¡Pero la inmensa mayoría de los hombres no lo entienden y corren con desenfreno detrás del mundo, del demonio y de la carne. ¡Pobrecitos! No saben lo que hacen. Han equivocado el camino, Son sedientos de Dios, sin saberlo ni sospecharlo!

¡Venid a Cristo todos los sedientos de felicidad!

¡Ah!, pero para que Cristo nos sacie esa sed devoradora de felicidad que atormenta nuestro propio corazón, es preciso que le demos nosotros a Él un poquito de agua para apagar su sed.

Porque Cristo tiene sed de agua, pero sobre todo tiene sed de amor y nos pide a cada uno de nosotros una limosna caliente, la limosna de nuestro corazón: «Dame, hijo mío, tu corazón».

Y prosigue Royo Marín:

¡Muchacho que me escuchas! ¡Pobrecito! Cristo te pide un poquito de agua. Cuando tus pasiones rujan, cuando tu sangre juvenil te esté hirviendo en las venas, cuando te parezca que ya no puedes más, ¡fíjate en el Crucifijo! Fíjate cómo te está diciendo, ¡te lo está diciendo a ti!: «¡Dame un poquito de agua, que tengo mucha sed!¡Un poquito de pureza!… ¡Sé valiente, sé hombre!».

Y tú, padre de familia, el que tasas la natalidad porque no quieres tantos hijos, porque te resultan demasiado incómodos; tú, que estás pisoteando la Ley de Dios sin escrúpulo ni remordimiento.¡Todavía estás a tiempo! Estás haciendo un mal negocio. ¡Dale un poquito de agua a Jesús, que. te lo pide desde la cruz! Cumple tus deberes de esposo, tus deberes de padre, cueste lo que cueste, aunque te resulte duro; te lo pide Jesús desde lo alto de la cruz.

Y tú, rico, aunque tus riquezas sean legítimas y nada te remuerda la conciencia, acuérdate de que un vaso de agua fría dado en nombre de Cristo no quedará sin recompensa.

¡Acuérdate de los pobres, que son los predilectos de Jesús!

¡Pon dinero a rédito en los bancos del cielo, entregándoselo a los pobres, y de esta manera darás un poquito de agua a Jesús moribundo!

Y nosotros, los sacerdotes de Cristo: espíritu de sacrificio, espíritu de abnegación. Lancémonos con todas nuestras fuerzas a la conquista de las almas para que vayan al cielo, para que nadie se condene. ¡De día y de noche, como el buen pastor, en busca de las ovejas extraviadas!

Y a todos los que me escucháis, sacerdotes o seglares, hombres o mujeres, ricos o pobres, jóvenes o ancianos, a todos, en nombre del divino Mártir, os pido una limosna: ¡Agua! ¡Un poquito de agua para Jesús, que se nos muere de sed!

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

1 El texto completo está en el libro Meditación de la Pasión de A. Royo Marín O. P.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología y Espiritualidad

Nuestra recomendación externa: El Salvador de Toledo


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