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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Covid 19, ¿Preparados para morir?

PorSonia Vázquez

Mar 30, 2020
Preparados para morir-MarchandoReligion.es

Un virus aparentemente mortal, empezó en China y se propaga por todo el mundo, ¿Estamos preparados para morir o aún es pronto?

Covid 19, ¿Preparados para morir?, un artículo de Sonia Vázquez

Ni besos ni abrazos, ni salir a la calle, ni pasear, ni ver a nuestros padres, ni ver a nuestros amigos, quizás nos prohíban hasta sonreír, pero lo que no podrán es apartarnos jamás del Amor de Dios, si nuestro amor es verdadero. Podrán cerrar los Templos pero seguiremos unidos a Cristo con la Comunión espiritual y con nuestra oración diaria.

En España estamos viviendo la gran tragedia del covid-19, coronavirus, toda la población está afectada, tanto haya contraído el virus como no, nadie es indiferente a lo que estamos viviendo, pero la pregunta es si estamos preparados para morir. Ayer leía en una red social que hay personas que niegan la realidad de todo esto, supongo que serán los mismos que afirman que la tierra no es redonda. En cualquier caso, yo les invito a venir a España o a Italia y vivirlo en primera persona, es una experiencia única y nunca mejor dicho, porque tiene uno todos los boletos para no vivir más experiencias, si contrae el virus. El virus mata.

Ni guapos ni feos, ni ricos ni pobres, ni reyes ni plebeyos, ni creyentes ni ateos, todos podemos contraer el virus. Inicialmente cuando empezó en China, a la mayoría nos resultó indiferente, nunca pensamos que toda la población de un país, como por ejemplo España, líder en servicios sanitarios, pudiera estar metida en su casa por un enemigo invisible. De algo hay que morir, es una certeza, pero todavía no habíamos pensado en ello, siempre es pronto para pensar en la muerte, ¿verdad?

Hace dos días, como quién dice, en España se estaba firmando la ley de la eutanasia, pero hoy, curiosamente, nadie quiere morirse. Ojalá esto nos sirva para entender que la vida es el don más preciado que Dios nos dio y no es el hombre quién de ponerle fin con una inyección. El problema del virus es que no discrimina, no elimina a los que molestan, elimina a todos, pese a que para relajar un poco a la población, el gobierno dice que es a los que están flojitos de salud, como los ancianos, pero en estos momentos sabemos que no, todos somos susceptibles de pim pam pum, adiós, hasta el presidente del gobierno.

¿Está el presidente y el resto de la nación preparados para dar cuenta ante el Altísimo? Con el virus se nos presenta un buen momento para cambiar de vida, para resetearnos. Todos podemos y debemos hacerlo, desde el rey hasta el panadero.

Me llaman y me escriben muchas personas preguntándome como estoy y como lo llevo, cosa que es de agradecer. Seré franca, somos carne humana y como tal, yo tengo mis momentos de debilidad. Incredulidad, terror, asimilación y aceptación, esas pueden ser las fases que uno puede pasar. En mi caso, debo decir que en el primer momento antes de decretarse el estado de alarma me puse en el peor escenario, me imaginaba los titulares del periódico, “una organista que toca en distintas iglesias de La Coruña ha contagiado a miles de personas” y esa idea, aunque parezca irrisoria me quitaba hasta el aire, ya no sabía si la falta de oxigenación era porque me había infectado o es que estaba en medio de un ataque de ansiedad.

Superada esa primera fase y tras nuestro confinamiento, pasé a la segunda, mi pensamiento se centró en que no iba a contagiar a nadie pero iba a morir sin velatorio ni una pobre misa por mi alma y le entregarían a mi esposo una caja con mis cenizas, ya que para colmo de males me incinerarían. Los pensamientos que me atizaban la cabeza no podían ser más funestos. Unido a estas locas ideas que me rondaban tuvimos un grave accidente familiar que para mí ya fue el remate de los peores pronósticos y como dice Murphy ,“Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal” y no sólo esto, sino que saldrá peor. Así que una noche me desperté en medio de esa tormenta en la que uno sólo puede decir, “Señor, sálvanos que perecemos” y Él, nunca nos abandona, siempre está para sostenernos. Los Católicos somos guerreros y un guerrero nunca pierde la batalla si confía plenamente en Dios. El Señor nos levanta del polvo.

De todo lo malo, Dios quita algo bueno. En estos momentos mi fortaleza reside en la Santa Misa Tradicional a la cual acudo diariamente vía internet, en la Comunión espiritual y en mi esposo, que aunque tiene que acudir a trabajar diariamente lo hace con Cristo y en Cristo y cuando llega a casa todo ese amor que ha derramado por los demás, se transforma en Gracia en nuestro hogar. Dios está con nosotros, somos felices en la tribulación, esto no es estar contentos como idiotas, quiere decir que estamos alegres en Cristo que es nuestro sostén.

Nuestro pobre mundo lleva años viviendo alejado de Dios. En mayor o en menor medida, cada uno se ha fabricado un catecismo a la carta según su forma de vida y otros, ya ni eso, han vivido completamente ajenos a la religión. Primeras Comuniones y bodas que se trasladan de fecha a octubre porque lo que importa no es el Sacramento sino el fiestón. Así está el pueblo de Dios a día de hoy.

Estamos a tiempo de cambiar de vida tantos los gobernantes como el mismo clero, desde el Papa hasta el párroco. Ayer pasaban unas imágenes de un vídeo del Papa en el que decían que detrás de su Santidad estaba Nuestra Señora…¡no me extraña, ya no va de ruta por los santuarios de moda, ahora ha decidido aparecer directamente detrás del mismo Papa, en vista de cómo está todo. Dejémonos de pachamamas y abrazos con los budas de turno y miremos a Cristo, al Cristo que murió por nosotros en la Cruz. A mí que no me pidan que a las seis de la tarde me ponga a “orar” en común con todas las religiones, no, yo a las seis me voy a la Santa Misa y pido por la conversión de los pecadores y del mundo entero, empezando por esos a los que ahora llamamos “hermanos”, ¡venga ya, que vamos a morir, recemos por su conversión! Ni con el agua al cuello nos dejamos de estupideces.

Fornicación a mansalva, amancebamiento, adulterio, cambios de sexo, corrupción, asesinato de bebés en el vientre materno, asesinato de enfermos, eliminación de todos los símbolos católicos de los lugares públicos, curas que bendicen uniones homosexuales…suma y sigue, ¿quieren más? Esto es lo que estamos viviendo en el siglo XXI…Hasta Covid es suave para toda esta perversión.

Yo creo que es muy generoso el Señor al no habernos aniquilado de un plumazo, posiblemente es lo que merecíamos, pero con el coronavirus se nos presenta una ocasión de empezar de cero, quizás de hacer un buen análisis de nuestro interior y de confesar por fin todas esas miserias que tenemos dentro y que, ¡quién sabe si hasta no se ocultan en la Confesión!. Si nos descuidamos, muchas veces vamos al Sacramento esperando nuestra canonización y la condenación de los demás. Lo primero, cambiemos nosotros mismos.

Es un buen momento para dar un giro, empecemos por nosotros y después, como buenos apóstoles busquemos transformar el mundo, transformar a los demás.

Rechacemos a los políticos que no propongan un mundo católico, digamos en voz alta lo que es pecado para que nuestros hijos vean en sus padres un ejemplo cristiano, denunciemos las leyes y formas de vida que atentan contra Dios, no seamos temerosos de los gobernantes, seámoslo de Dios.

Volvamos a la Santa Misa Tradicional, la Misa Tridentina, confesémonos frecuentemente, recibamos la Comunión de rodillas y en la boca, como quién reconoce a su Rey, invitemos a los demás a nuestros hogares y que al entrar, vean que en nuestras casas reina Cristo. No tengamos miedo a decir, “Viva Cristo Rey”.

Hace tres años que vivo en una casa en el campo y no se puede decir que yo esté bajo cuatro paredes viviendo un encierro en estos momentos…salgo al campo, observo las flores, los árboles, todo lo que me rodea me habla de Dios, lo percibo con aquella fuerza con la que él mismo San Francisco decía, “ya basta, Señor, todo me habla de ti” y es así, queridos míos, la naturaleza nos muestra la Obra de la Creación en estado puro. Las flores permanecen ajenas a un virus que posiblemente se ha creado en un laboratorio con un fin exterminador. El Buen Dios cuida esas flores y les da lluvia y sol para que continúen su crecimiento, plenitud y muerte. Permanezcamos nosotros así, dejándonos hacer por Él, como flores en sus manos. Crecimiento, plenitud y muerte en Cristo, esa debe ser la vida del Católico.

Menos wasapp, menos películas, menos comer, menos maledicencia, menos discutir, menos periódico, menos pasatiempos, menos mundanidad y más Dios…Vivamos una cuarentena única y exclusivamente de Dios y amanezcamos en Pascua Florida…Recemos, que falta nos hace a todos, tanto al Papa como a los Obispos, a los políticos, a ti y a mi… ¡Recemos! Y si el virus nos coge, como se suele decir: “que nos coja confesados”.

Sonia Vázquez

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Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai