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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Las misas por streaming: el orden de los usuarios

PorGustavo Nozica

Abr 25, 2020
Las misas por streaming el orden de los usuarios-MarchandoReligion.es

Debido a la situación actual de pandemia, se han popularizado las misas por streaming, en nuestra página recogemos artículos con distintas opiniones unos a favor y otros en contra. Lean y extraigan sus propias conclusiones

Las misas por streaming: el orden de los usuarios, un artículo de Gustavo Nózica

El propio Espíritu convocará y reunirá a la gente

Eric Voegelini

El covid-19, entre otras cosas abrió un debate que sospecho encubridor de otras tensiones, el virus, divide entre quienes consideran fundamentalistas, fariseos o incluso de animales atávicosii a los cristianos que queremos ir a misa, y aquellos que decimos que esa no es una orden válida, y que rogamos a los obispos por una misa pública y la posibilidad de morir asistidos por los sacramentos correspondientes.

Aplacemos un rato esa controversia y observemos un raro efecto de este acontecimiento, uno, el éxito de las misas retransmitidas. Un efecto y una oferta impensable en otras décadas, incluso entre tradicionalistas. No hace falta hacer una esmerada genealogía para recordar hasta no hace mucho las críticas a los usos litúrgicos de la televisión. Críticas por demás atendibles que sospechaban un reemplazo y la banalización del evento más sagrado del cristianismo, el sacrificio incruento del altar, la misa. En los setenta, cuenta Michael Davies, citando al sociólogo Paul Williams, que “los sacerdotes modernistas comenzaron a aparecer sin censura en televisión defendiendo un variado abanico de enunciados permisivos” iii. No era solo el televisor, ni tampoco unos cuantos progresistas aprovechando los beneficios de la ciencia. El televisor trajo un modo diferente de ver. El dispositivo presupone una teoría que no es la de su mero armado. Se ha escrito mucho sobre esto también. La suerte del televisor no es muy diferente a la del sismógrafo o una heladera. Ambos obedecen a una estricta teoría de constitución y de posibilidad. El televisor no se construyó con las ganas de ver representaciones en una pantalla cuadrada, así como el origen del sismógrafo no obedece a una demanda por medir temblores -y ni tampoco necesariamente “al creciente perfeccionamiento”iv, o a la genialidad de su inventor. No es lo mismo el televisor, el cine, que nos cuenten algo, leer el mismo relato en un soporte escrito, o sobre un vidrio, mirarlo en streaming, o estar presente, en donde no haga falta la aclaración “en vivo”.

¿Pero mirar una linda misa celebrada con devoción por que sería un inconveniente? ¿Por qué sería un problema ver una misa de rito romano tradicional? El streaming, justo ahora, nos permite ver una bella y poco accesible misa de ritual dominico. Imaginemos la emoción que efectivamente nos causaría a muchos, una misa de rito cartujo o mozárabe, tan difíciles en su acceso al común de los cristianos, por diferentes razones. Podríamos sospechar que a esta oportunidad de la misa en directo, le faltaría eventualmente una escucha adecuada. Antes se decía, ahora no tiene mucho sentido con el nuevo misal, que se iba a “escuchar misa”. –Ciertamente esa escucha no es la de autómata o automática- Con el streaming la misa se mira. San Benito, inspirador de grandes liturgistas, comienza su regla con la solicitud de oír, y después de pedir la “Escucha”, insiste con el oído en una imagen muy potente, “e inclina el oído de tu corazón”. No pide ninguna mirada, mi la opcionalidad de ver para elegir.

¿Podemos acaso pensar en escuchas iguales, asistiendo a misa cerca del altar en donde el sacerdote realiza el sacrificio incruento, o sentados en el sillón del living iluminados por miles de lámparas led moviendo sombras y contrastes?

Es cierto que se trata de un hecho nuevo, en este punto, que hay ordenes sanitarias impartidas por los gobiernos de casi todos los países del mundo para que sus poblaciones salgan lo menos posible a la calle. Y un celoso acompañamiento de la Iglesia Católica no planteando ningún tipo de excepcionalidad o alternativa al modelo sanitario de la mayoría de los Estados. Eso también es una novedad. En este acontecimiento, las misas retransmitidas se han convertido en un éxito sin precedentes en el mundo de los usuarios. Nos referimos a las misas novus ordo, pero siguiendo la fuerza expansiva del efecto nos encontramos, también, con una gran cantidad de oferta de misas de rito romano tradicional.

El acontecimiento es tan singular que incluso las misas televisadas en los setenta, eran con público en el set de grabación. En las misas por streaming parece haber menos apariencia incluso de comunidad. A la comunidad no se la ve, es invisible, son los usuarios que no se conocen. En el origen de esta modalidad se encuentran muchos elementos, desde la voluntad de retransmitir la misa de navidad de 1948 desde Notre Dame de Paris, hasta la regularidad de las misas televisadas a partir de 1949, o la práctica instructiva devocional de las misas novus ordo durante el pontificado de Pablo VI. Pero especialmente, en una pluralidad de causas, que harán posible él éxito de los usos litúrgicos de los medios de comunicación, nos encontramos con un documento de 1971 que regimenta su sentido. Se trata de la Instrucción Communio et Progressio, Las misas televisadas, que por caso no difieren demasiado en términos constitutivos, de la participación en streaming, tienen su posibilidad de existencia en la asunción de determinados postulados redactados en la Instrucción de 1971. De modo que el usuario de ahora y el televidente de ayer se encuentran en una misma superficie de movimientos o utilidades posibles y otras imposibles.

En ambos casos es imposible una comunión que no sea abstracta. Joaquín de Fiore no lo hubiera pensado mejor. Aún más, el usuario, ya sea de una misa de rito romano tradicional, o mozárabe, o dominico, como de una misa novus ordo, aun cuando en su entorno social pueda decir pensar contrariamente a los postulados de la Instrucción, cuando mira una misa por streaming, no deja de consentirlos o usarlos necesariamente.

¿Cuáles son estas afirmaciones que asume el usuario sin necesidad de andar firmando ni juramentando nada? Se pueden distribuir en cuatro órdenes. El orden de las emisiones que impone el deseo de las ceremonias religiosas televisadas. El orden de un progreso que libere de los límites del tiempo y el espacio al momento sagrado de la misa. El orden de la paridad entre técnica y litúrgica que viene a provocar al mero acompañamiento o respaldo acercándose a una relación de constitución. Y el orden de la verdad en que son posibles las emisiones, que comprende tres supuestos: a) el hombre es la medida en las emisiones, b) Cristo es el “perfecto comunicador”, como un perfecto Hermes mensajero, y finalmente, c) se supone a la verdad como algo que se puede constatar a través de los informadores.

El usuario, en su orden, mirando una misa por streaming usa diciendo en silencio en:

  1. El orden de las emisiones
  • Que “entre las emisiones religiosas más apropiadas y deseables están las de la santa misa y otras ceremonias litúrgicas”.v
  • Que “la frecuencia y duración de estas emisiones se debe adaptar a los deseos de los espectadores”.vi
  • Que “el público ve, en los directores y responsables de estos programas religiosos, sean laicos o eclesiásticos, a verdaderos enviados e intérpretes de la Iglesia”.vii
  • Que “los oyentes y espectadores de las emisiones religiosas han de esforzarse en mejorarlas expresando su juicio sobre las mismas”.viii
  1. El orden de la continuidad de la misa televisada a la misa por streaming
  • Que “el progreso de la ciencia hace prever -dados los avances técnicos de los satélites artificiales- que las noticias llegarán dentro de poco y simultáneamente a todo el mundo, tanto visual como acústicamente”.ix
  • Que “los rápidos progresos técnicos y especialmente el uso de los satélites artificiales y la posibilidad de grabar y repetir las emisiones ya difundidas, han liberado a estos medios de comunicación de límites de lugar y tiempo. Y todo hace esperar que en el futuro habrá medios aún más asombrosos y poderosos”.x
  • “Conviene pues que la Iglesia se esfuerce en que estas emisiones sean cada día más numerosas y perfectas”.xi
  1. El orden de la técnica y la liturgia
  • “Es necesaria la colaboración y mutuo respeto entre los católicos encargados de esta misión y los técnicos responsables de la difusión radiofónica o televisiva”.xii
  • “Es necesario que se preparen (las emisiones) con el mayor cuidado, tanto en el aspecto litúrgico como técnico”.xiii
  • “La frecuencia y duración de estas emisiones se debe adaptar a los deseos de los espectadores”xiv
  • 152. Las homilías y charlas religiosas deben acomodarse a la naturaleza de cada uno de los instrumentos de comunicación que se utilicen.xv
  1. El orden de la verdad en las emisiones

El hombre:

  • “El hombre mismo es la norma en el uso de los Medios de comunicación”.xvi
  • “Se ha de reconocer en ellos (los instrumentos de comunicación social), ante todo, la importancia del factor humano que sobrepasa a la misma técnica maravillosa de la mecánica y la electrónica.xvii

Cristo:

  • “El mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto «Comunicador».xviii
  • “Cristo, en su vida terrestre, presentó la forma y figura más perfecta de «Comunicador».xix

La verdad de los hechos:

  • “No obstante, las opiniones que corren más abiertamente, dado que manifiestan la mentalidad y deseos del pueblo, deben ser tomadas en atenta consideración, sobre todo, por las autoridades tanto religiosas como civiles”.xx
  • “Los corresponsales transmiten la verdad de los hechos aunque “con frecuencia se ven obstaculizados por aquellos a quienes interesa oscurecer u ocultar la verdad”.xxi
  • El “público, en general (es) apresurado y distraído (…) atraído por la curiosidad”.xxii
  • “Estando en juego el bien común, la información ha de ser prudente y discreta”.xxiii
  • “Los informadores confirman verdad de los hechos ayudando a los usuarios a situarse en el contexto total de los acontecimientosxxiv.

El orden del usuario, supuesto en Communio et Progressio, crea el espacio de su vitalidad, de su vida en común con otros usuarios, y las leyes de sus interacciones. Antes, durante las misas televisadas, a partir de 1949, el usuario esperaba un juego de representaciones determinado. Una misa, su público, las cámaras visibles en momentos de la transmisión, zócalos informativos. Ahora, una misa retransmitida en vivo, sin la representación del público, sin esos pequeños avisos de la tecnología mediando con sus cámaras y cables, el plano fijo, el usuario, presencia la realidad virtual de una misa sin transubstanciación. Ninguna comunión posible, ni siquiera la espiritual.

Communio et Progressio, en más de un párrafo parece a simple vista un documento que adolece de cierta ingenuidad, o al menos excedido en su buena voluntad. Pero no es así. El texto de la Instrucción es muy claro cuando pretende que los usuarios, aunque separados, e individuales, sin forma orgánica, pueden, afirma, “hacer mucho aislados”. Una lectura superficial, insistamos, del documento hasta parece llevar adelante una intención de corrección clasistaxxv. Proponiendo a los medios de comunicación como ese gran corrector de las diferencias sociales. No es así.

El concepto de usuario y el de foro público, en la Instrucción, muestran otra pretensión. El párrafo 83 parece tener ecos de esa forma dieciochesca de definir a la sociedad como un simple conjunto de individualidades. Sabemos cuales son los que pierden con esta descripción. “Podría objetarse que los hombres que forman este foro público, pueden hacer muy poco aislados e individualmente. Pero no se olvide que asociados y unidos tienen gran fuerza”xxvi. Del mismo modo, pensar que la acción recíproca de hablar en un espacio común pueda llegar a una comunicación feliz y posible no sería visto académicamente como una tesis ingenua sino de apoyo hacia aquellos que tienen efectivamente más poder de hablar que otros. El párrafo 24 reproduce esa vieja tesis de las palabras transparentes a las acciones del hombre bendito en estado de bondad insuperable, “los instrumentos de comunicación son como un foro público donde los hombres recíprocamente se hablan”.xxvii Otro ejemplo, de lo mismo, en el párrafo 19: “los modernos adelantos de la comunicación humana, congregan, por así decirlo, a los hombres de nuestro tiempo, en un estrecho círculo de diálogo, que persigue la fraternidad y colaboración de todos”. xxviii

Cuando el abad de Clear Creek se preocupa, en las Pascuas de 2020, del fenómeno del “live streaming”, en relación a las celebraciones litúrgicas retransmitidas, se preocupa, aunque él no lo diga y posiblemente no lo sostenga así, de un evento creado mucho antes que la peste viral del covid-19. “Me preocupa –dice- que muchos fieles vengan a suponer que lo único que les queda para acercarse a Dios sea la televisión o la pantalla de su computadora.xxix.

¿Acaso esa no es una suposición posible en Communio et Progressio? El usuario aislado en el foro asistiendo a una misa en vivo. Cristo, reposicionado, en “el perfecto comunicador”, y la verdad de los hechos, eso que, ahora, se transmite en vivo.

(…) Finalmente, enriquecen el espíritu, ya que por medio del sonido y de la imagen viva, hacen visibles y concretas las cosas.xxx

¿Acaso vamos a creer que eso es cierto?

Gustavo Nózica

i Voegelin, Eric, La nueva ciencia de la política: una introducción; 1ed; Buenos Aries; Katz, 2006; p. 180.

ii Gómez Cantero, Antonio, Obispo de Teruel y Albarracín; La inusitada efervescencia, (“han hecho de su fe una costumbre atávica”), en https://www.revistaecclesia.com/la-inusitada-efervescencia-por-antonio-gomez-cantero/.

iii Davies, Michael, La nueva misa del Papa Paulo, cap. VI p.149, versión en castellano.

iv Instrucción pastoral Communio et Progressio sobre los medios de comunicación social preparada por mandato especial del Concilio Vaticano II; Proemio, punto 1. Este documento de 1971 sostiene como válida la afirmación de un “creciente progreso” adoptando una mirada lineal sin rupturas en la producción científica, una posición epistemológica bastante controvertida que no es dogmática. Se consultó este texto en el sitio en http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_23051971_communio_sp.html#

v Instrucción pastoral Commnuio et Progresssio, ob.cit., parr. 151.

vi Idem. anterior.

vii Instrucción, ob.cit., parr. 154.

viii Instrucción, ob.cit., parr. 155.

ix Instrucción, ob. cit., parr. 181.

x Instrucción, ob. cit., parr. 148.

xi Instrucción, ob. cit., parr. 150.

xii Instrucción, ob. cit., parr. 156.

xiii Instrucción, ob. cit., parr. 151.

xiv Instrucción, ob. cit., parr. 151.

xv Instrucción, ob. cit., parr. 152.

xvi Instrucción, ob. cit., parr. 14.

xvii Instrucción, ob. cit., parr. 63.

xviii Instrucción, ob. cit., parr. 11.

xix Instrucción, ob. cit., parr. 126.

xx Instrucción, ob. cit., parr. 32.

xxi Instrucción, ob. cit., parr. 36.

xxii Instrucción, ob. cit., parr. 40.

xxiii Instrucción, ob. cit., parr. 42.

xxiv Instrucción, ob. cit., parr. 75, “Los informadores atentos continuamente a la observación de los hechos, como atisbando por una ventana abierta al mundo, han de escrutar los acontecimientos, las opiniones y las corrientes del pensamiento humano» (45)45. A ellos corresponde no sólo confirmar la verdad de los hechos, sino además, destacando con sus comentarios lo más notable de ellos, desentrañar su sentido e iluminar la conexión de unos con otros”.

xxv Instrucción, ob. cit., parr. 20, “Son igualmente válidos para la promoción y auténtica liberación de los hombres, sobre todo en las zonas de lento desarrollo (…) crean y defienden una mayor igualdad entre los hombres, al permitir que todos los estamentos sociales sin distinción disfruten de los mismos bienes morales y de las mismas diversiones (…) Los instrumentos de comunicación, aceleran la desaparición de las barreras que los tiempos y las circunstancias locales habían levantado entre unos hombres y otros y se nos presentan como artífices de una cercanía más estrecha y de una unidad más firme”.

xxvi Instrucción, ob. cit., parr. 83.

xxvii Instrucción, ob. cit., parr. 24.

xxviii Instrucción, ob. cit., parr. 19.

xxix Abad Philip Anderson, Meditation for a Time of Pestilence, Palm Sunday, 2020, “While I well appreciate that the phenomenon of live streaming enables many faithful to participate in some manner in the celebration of Mass, I worry that some will be under the impression that their television or computer screen has become their only hope, the only contact with God that is left to them”. En https://clearcreekmonks.org/meditation-for-a-time-of-pestilence/

xxx Instrucción, ob. cit., parr. 19.

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Gustavo Nozica

Gustavo Nózica nació en Buenos Aires , es abogado y profesor egresado de la Universidad de Buenos Aires, ayudante en la cátedra de Cardineaux de epistemología en el profesorado de Cs. Jurídicas (UBA), Formó parte en 2012-2014 del Proyecto de investigación DeCyT (UBA). Enseño Derecho Civil y Romano en la Unpaz. Participó de ponencias en la Sociedad Argentina de Sociología Jurídica (SASJU) Se especializó en tutorías a estudiantes secundarios (IJVG). Escribió “Las violencias del maestro ignorante de Ranciére”; “¿Por qué no hay producción didáctica de las ciencias jurídicas para la enseñanza media y superior?”;“Los equívocos de Michel Foucault sobre san Juan Bautista de la Salle”; “Algunos problemas gravísimos de la teoría de género y la distribución de justicia”; “Una lectura crítica de Vigilar y Castigar de Michel Foucault” ;Tradujo de Michael Davies: “La nueva misa del Papa Pablo” y “El ordo divino de Cranmer. La destrucción del catolicismo a través del cambio litúrgico” “Derrida y Fontgombault sobre la hospitalidad: una pregunta por la amistad”