• Jue. Dic 9th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La realidad del amor en medio del mal

la realidad del amor

El Señor nos enseña la realidad del amor frente al mal, a través de una confianza incondicional en Su amorosa Providencia

La realidad del amor en medio del mal: más allá del optimismo y pesimismo, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

En el peregrinaje de la Iglesia sobre la tierra, el “vivir juntos” está en crisis. Podemos mirar la falta de obediencia a los pastores, tanto como el frecuente abuso de la posición y autoridad jerárquica; una catequesis pobre y seducciones sectarias; una liturgia cursi y una lamentable teología; escasas vocaciones e iglesias cerradas; confusión y perversión sexual; un secularismo sofocante. Todos estos problemas (y más) tienen un rostro social definido. No son problemas de laicos o clérigos aislados, sino que conciernen al cuerpo de los fieles en su totalidad extendido a través del mundo. Muchos católicos de hoy en día se están sintiendo tentados a sentirse desconcertados, desanimados, inactivos y desesperados

Sin embargo, debemos resistir a estas tentaciones con todas nuestras fuerzas, puesto que solo le hacen el juego al enemigo de la humanidad, el cual busca nada menos que nuestra descalificación en la carrera de la santidad y desarmarnos en la lucha por la verdad. Permitiendo esta crisis, Nuestro Señor nos enseña una difícil lección acerca de la necesidad de la confianza incondicional en Su Providencia y para que, más que nunca, tengamos una intimidad más cercana con Él.

Es crucial ir más allá de una fácil oposición del optimismo (“Sin duda que las cosas son difíciles, pero básicamente están bien) y del pesimismo, (“La Iglesia está siendo destrozada frente a nuestros ojos y no existe que podamos hacer para detenerlo”) y ganar a través de la perspectiva del Evangelio mediante la meditación de los misterios de la vida de Jesús. La Iglesia ha vivido y siempre volverá a vivir la vida de su Señor, no solo una vez y en una pequeña parte del mundo, como Él vivió Su vida, sino muchas veces y en tantas partes como las semillas del Evangelio sean sembradas. Para ella, como para Él, algunas épocas serán predominantemente épocas de obscuridad y de pobreza, de traición, agonía y muerte; y otras de resurrección, triunfo y gloria. Y todas estas experiencias de avance y declinación, de renacer y de avance estarán juntas mezcladas, en los corazones individuales y en las comunidades, familias, parroquias y diócesis.

Consideremos el comentario de Joseph Ratzinger en Sal de la Tierra:

“Tal vez estamos enfrentado un nuevo y diferente tipo de época en la historia de la Iglesia, donde el cristianismo estará de nuevo personificado por la semilla de mostaza, donde esta existirá en pequeños, diseminados e insignificantes grupos que, no obstante, viven en una intensa lucha contra el mal y llevan el bien al mundo, dejando a Dios entrar.”

“Pequeños, diseminados e insignificantes grupos”, ¿No suena como a nosotros? Es la historia de David y Goliat a una escala cósmica. Ratzinger dice en la misma entrevista que el cristianismo ha tenido siempre y continuará teniendo la tarea de “crear lugares de supervivencia para la humanidad.” Un pensamiento profundo: crear lugares de supervivencia para la humanidad y más allá de eso, lugares de resurgimiento y redescubrimiento, de rejuvenecimiento y resurrección. En la mirada realista de Ratzinger, si bien ya encontramos muchas sociedades cristianas en el mundo de hoy, encontramos diseminadas semillas de fe y de esperanza, potentes semillas que tranquilamente echan raíz donde quiera que son transportadas por el viento del Espíritu, y tienen la resistencia para sobrevivir en condiciones hostiles.

“En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante.” (Juan 12, 24)

No estamos solos, a pesar de que a veces podemos sentirnos bastante solos, incluso abandonados. En esto como en todo, Jesús en nuestro modelo, nuestro pastor y nuestra consolación. Él fue el grano solitario de trigo que tenía que morir si Su Inmaculada Novia iba a nacer de su traspasado Corazón. Entramos en Su soledad justo cuando entramos en Su comunión con el Padre en el Espíritu Santo. Su amor invencible, el cual siempre se encarna en la Iglesia y en su vida, es la garantía de nuestra última victoria. “Os he dicho estas cosas, para que halléis paz en Mí. En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo” (Juan 16, 33).

¿Qué es lo que más le cuesta al mundo moderno creer? Se podría decir que Dios, o Jesucristo o la Iglesia, pero fundamentalmente nuestros contemporáneos a lo que están más tentados a dudar, es sobre la posibilidad misma del verdadero amor interpersonal, desinteresado, sin miramientos, de manos abiertas, leal. A dudar de la realidad de una verdadera comunidad que acoge a cada uno de sus miembros por las personas que son, al tiempo que los desafía a convertirse en las personas que Dios quiere que sean.

Cuando las personas están acostumbras a ver las relaciones como transacciones comerciales, los instintivos desencuentros o las implícitas rivalidades de poder, fácilmente se cansan del “amor.” Nada o casi nada en su rango de experiencia ha dado un testimonio convincente de bienes por los que vale la pena vivir o morir. La misma noción de “bien común” se ha alejado hacia el reino de ideales inalcanzables. Y, por sobre todo, no han visto la belleza de una vida, la belleza de muchas vidas, trabajando y descansando en armonía, consagrada al supremo e incondicional bien común, la por siempre bendita Trinidad. Este es el testimonio que siempre y donde quiera que sea podemos dar en el mundo: simplemente siendo fieles en la obra de amor y de paz que se nos confió, “amando a los hermanos” que Dios nos ha dado, al conyugue, a los hijos, a los conocidos o amigos que Dios ha colocado en nuestras vidas, para ser recibidos como Cristo.

En este sentido, cuando se trata de vida comunitaria, tenemos mucho que aprender de los grandes fundadores religiosos. Podemos, por ejemplo, aprender de las lecciones de San Benito sobre la cálida hospitalidad, de la muta edificación, y, por sobre todo, de la perseverancia en la oración comunitaria, tremendo símbolo del apasionado amor que une a la Iglesia a su divino Novio.

Sí, Dios ya está en todas la cosas a través de Su presencia, esencia y poder, como lo enseña Santo Tomás de Aquino. Pero Él quiere, por sobre todo, estar presente en las almas mediante el don de Su gracia, por la misteriosa morada de las divinas Personas. Somos los predicadores de esta presencia: Emanuel, “Dios con nosotros.” Cuando Jesús caminó sobre la tierra, emergió de Él su poder para destruir las obras del demonio y atraer a las almas a su divina amistad. El mismo Señor mora entre nosotros hasta el fin de los tiempos, en Su Cuerpo Místico, en Su Cuerpo Eucarístico, en las buenas obras que Su Espíritu nos inspira. Él siempre busca a los muchos, a los dispersos, y se esfuerza por hacerlos uno, reunidos en Su nombre, para su felicidad, para su gloria. Aferrémonos a Él, para que Su gracia y Su verdad puedan encontrar un hogar en nosotros un canal listo para el mundo.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/the-reality-of-love-in-the-midst-of-evil-beyond-optimism-and-pessimism/

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/