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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La presencia real de Cristo en la Eucaristía

PorFirma invitada

Feb 15, 2021
La presencia real de Cristo en la Eucaristía-MarchandoReligion.es

El templo es un lugar de encuentro con Dios y en la Eucaristía está la presencia real de Cristo, ¿Somos conscientes de ello? ¿Ponemos el debido cuidado cuando vamos a comulgar al Señor?

La presencia real de Cristo en la Eucaristía. Gabriela Gorkin

«Viénenme algunas veces unas ansias de comulgar tan grandes, que no sé si se podría encarecer. Acaecióme una mañana que llovía tanto, que no parece hacía para salir de casa. Estando yo fuera de ella, yo estaba ya tan fuera de mi con aquel deseo, que aunque me pusieran lanzas a los pechos, me parece entrara por ellas, cuanto más agua» V 39,22

En el Libro de la Vida, nos comparte aquí la Santa Madre Teresa de Jesús, sus ansias por la Eucaristía que ella llamaba el Santísimo Sacramento.

Y éste párrafo lo encontramos en Las Relaciones 35:

Estando en la Encarnación el segundo año que tenía el priorato, octava de San Martín, estando comulgando, partió la forma el Padre Fray Juan de la Cruz, que me daba el Santísimo Sacramento, para otra hermana. Yo pensé que no era falta de Forma, sino que me quería mortificar, porque yo le había dicho que gustaba mucho cuando eran grandes las Formas (no porque no entendía no importaba para dejar de estar el Señor entero, aunque fuese muy pequeño pedacito) Díjome su Majestad: «No hayas miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de Mí»; dándome a entender que no importaba.

Seguido de esta gracia vendría el Matrimonio Espiritual.

Miremos, caigamos de la cuenta, cómo Teresa de Jesús tenía conciencia clara que en un pequeño pedacito de la Eucaristía también se encontraba el Señor, por más pequeño que sea. Y yo sé porque lo leí, que la Forma, tan bella, redonda y perfecta, como cuando está en la Custodia, que comulgamos, se desprenden pequeñas partículas que al quedar por ejemplo en la mano del comulgante, no son consumidas y me espanta pensar dónde van a parar.

¿Qué hacemos si caen nuestras monedas al suelo? Enseguida nos abajamos para recogerlas, hasta los céntimos ¿Y los diminutos trocitos del Señor? ¡Santa María, Madre de Dios y nuestra! Yo creo que esto sucede por falta de conocimiento del Santísimo Sacramento… ¿Qué podemos hacer para que esto cambie? ¿Catequesis de adultos? Si tienes miedo de contagiarte comulgando en la boca, pues hazlo espiritualmente, que muchas gracias trae al ver el Señor nuestro amor. ¿Y antes? ¿No nos daba miedo de contagiarnos? Porque virus y bacterias y de éstas cosas hay desde que Adán y Eva pecaron y fueron expulsados del Paraíso.

Yo libro un combate diario, por la tensión que hay en mi, por querer responder sin obstáculos a la llamada del Señor, siento que Él me quiere santa y reconozco su voz, soy una ovejita de su rebaño, pero para caminar hacia Jesús, tengo que sufrir un viento muy fuerte en contra, por mis miedos infantiles y por mi miseria.

Bueno, me he propuesto escribir ésta redacción, como cuando era niña y me encantaba hacerlo, ¡Sobre todo porque Dios se lo merece! Recibí el bautismo de la Madre Iglesia con 40 años ¡Y después de un trayecto en el que Jesús, Amor de las almas, fue haciéndose el encontradizo ¡Me hizo suya en Vísperas de Todos los Santos! ¡Delante del Santísimo Sacramento, cuando yo no sabía ni siquiera que estaba delante de Él! Porque era una Adoración nocturna y sólo se veían las lucecitas de los dos cirios a uno y otro lado. Y desde ese día, en que Dios me mostró el acto de entrega total entre Ellos Tres, que yo ya no anduve más perdida, sino que supe dónde está la Fuente de la Vida misma. A veces me quejo que nunca Jesús me da una gracia especial en la Santa Misa y yo ando buscando su abrazo, le digo que lo mismo da, si también fuese el de María Santísima o el de San José o mi ángel de la guarda, aunque preferiblemente el de Él… pero aunque sigo esperando su abrazo, que puede ser también por ejemplo mientras hago otra cosa, ya sabéis eso de cuando Tú quieras, donde Tú quieras, como Tú quieras, un día me di cuenta que en la Santa Misa, al llegar la Consagración, más o menos por ahí, siempre se me hace la boca agua y diría que subconscientemente, sé que voy a comer el Manjar más apetitoso del Universo y ya lo tengo probado, aunque ahora lo diga acá, me coge por sorpresa y ésta tarde en la Santa Misa, me volverá a pasar si Dios quiere.

Un día leí algo, hace mucho, y decía, igual fue una Homilía: ¿Qué harías si al entrar a la Iglesia estaría sentado en el medio el Rey y la Reina de España. ¿Qué harías? Silencio, mucho silencio. Y resulta que el Templo es un Sagrario, porque está la Eucaristía y la Presencia del Señor, su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, por el que existen y subsisten todas las cosas, nosotros mismos, seamos lo que seamos. Pero sobretodo nosotros los católicos, que tenemos en nuestras espaldas la amorosa responsabilidad de amar y hacer amar a Jesús, Nuestro Señor, Nuestro Salvador y Redentor. No alcanzaría las páginas de todos los libros que se escribieron y se escribirán en el mundo, para decir algo de Jesucristo, pero ve a la Adoración y pregúntale, seguro que te responde.

Los sacerdotes, sus ministros, a quien Jesús ama con predilección, porque sois quienes le traen al Altar cada día en la Santa Misa, enseñadnos por favor a recibirlo con el amor y la reverencia que Él se merece, que es Dios y Hombre verdadero, que dicho por Él mismo inclusive, es el Camino, la Verdad y la Vida. Esto no puede modificarse, ni por un virus muy contagioso ¡VCR y MR!

Gabriela Gorkin

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