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Católica, Apostólica y Romana

La oración litúrgica y la oración privada

PorMarchando Religion

Feb 23, 2022
La oración litúrgica y la oración privada-MarchandoReligion.es

Siguiendo la Teología de Royo Marín nos adentramos en la explicación sobre la oración litúrgica y la oración privada, ¿A qué se refiere un término y el otro? ¿Son necesarias ambas?

La oración litúrgica y la oración privada. Teología de Royo Marín

Del libro Teología de la perfección cristiana, de A. Royo Marín O.P.

Preparación de los textos: Grupo Hijos de María.

A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos Sus palabras.

La oración litúrgica y la oración privada.

Debemos contemplar a Jesús. Él es Dios revelándose a nosotros. Nosotros tenemos la solución de todas nuestras dificultades en una humilde fe en ÉL. Cuando queremos penetrar en el santuario de los secretos divinos, Dios nos dice: “He aquí mi Hijo muy amado, escuchadle… Contemplándole, no tenemos dificultad ninguna en comprender que Dios es Amor”.(Sufriendo con Cristo, Beato Dom Columba Mairmon).

La oración litúrgica.

Los fieles que celebran la Liturgia de las Horas se unen a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, por la oración de los salmos, la meditación de la Palabra de Dios, de los cánticos y de las bendiciones, a fin de ser asociados a su oración incesante y universal que da gloria al Padre e implora el don del Espíritu Santo sobre el mundo entero”( 1196 Catecismo de la Iglesia Católica).

Según Royo Marín siguiendo su obra “Teología de la perfección cristiana”, la oración litúrgica ocupa objetivamente el primer lugar entre todas las demás clases de oración que el cristiano puede practicar. Es la oración oficial de la Iglesia, en la que interviene todo el Cuerpo Místico de Cristo con su divina Cabeza al frente. Juntamente con el Santo Sacrificio de la Misa, con el que se relaciona íntimamente, la oración litúrgica constituye la expresión más completa de la religión.

Nos va explicando el teólogo que el fundamento último de la excelencia del oficio divino es el canto eterno del Verbo divino en el seno del Padre. El Verbo es el himno sublime que Dios se canta a sí mismo eternamente y que brota de los abismos insondables de su propia divinidad. Dios Padre se complace infinitamente en Él, puesto que expresa exhaustivamente sus infinitas perfecciones. No tiene necesidad de ninguna otra alabanza, ya que es imposible añadir absolutamente nada a la glorificación infinita que el Padre recibe del Verbo en unión con el Espíritu Santo en el seno de la Trinidad Beatísima.

Además de la alabanza divina, que es su finalidad primaria, la oración litúrgica se convierte para el que la recita debidamente en fuente inagotable de gracias y en un medio de santificación personal porque la liturgia nos ofrece bellísimas fórmulas de oración, de súplica o petición y durante la recitación del oficio divino se multiplican los actos de fe, esperanza, caridad, paciencia, humildad etc. Además, la liturgia nos pone delante la persona y los misterios de Cristo a través del año litúrgico. Todo nos conduce a contemplar a Jesús y acercarnos íntimamente a Él. Para ello, es preciso recitar la oración litúrgica atentamente y devotamente, con el mayor ímpetu posible de caridad y en unión íntima con Cristo, cabeza del Cuerpo místico, y de toda la Iglesia militante, purgante y triunfante.

Todos los días la Iglesia canta en Vísperas el Magnificat. Repitamos pues, a menudo con ella y con la Iglesia: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra de gozo en el Dios Salvador mío, porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava… En adelante, todos los pueblos me llamarán bienaventurada, porque el Todopoderoso ha realizado en mí cosas maravillosas…¿Qué pediremos nosotros a la Madre de Jesús sino que sobre todo forme a Jesús en nosotros comunicándonos su fe y su amor?…. (Beato Dom Columba Mairmon, Jesucristo, vida del alma.)

La oración privada.

Hay algunos que se esfuerzan por insinuar que las oraciones dirigidas a Dios en privado son de poca monta, mientras que las que valen de hecho son, más bien, las públicas, hechas en nombre de la Iglesia, ya que brotan del Cuerpo Místico de Jesucristo. Todo esto es ciertamente erróneo: porque el divino Redentor tiene estrechamente unidas a sí, no sólo a su Iglesia como esposa que es amadísima, sino en ella también a las almas de cada uno de los fieles, con quienes ansía conversar muy íntimamente, sobre todo después que éstas se acercan a la mesa Eucarística. Y aunque la oración pública, como procedente de la misma Madre Iglesia, aventaja a todas las otras por razón de la dignidad de la esposa de Cristo, sin embargo, todas las plegarias, aún las dichas muy en privado, contribuyen mucho a la utilidad del mismo Cuerpo Místico en general, ya que en él, todo lo bueno y justo que obra cada uno de los miembros, redunda, por la comunión de los santos, en el bien de todos”.(Encíclica Mystici Corporis Christi, Pio XII).

Según nos explica el teólogo, si grande es la importancia de la oración litúrgica, no es menor la eficacia santificadora de la oración privada, entendiendo por tal, principalmente, la oración mental practicada en el recogimiento y la soledad. Según Royo Marín, ambas formas de oración se complementan y benefician mutuamente, siendo la oración mental el mejor fruto de la litúrgica, y a su vez, su mejor preparación.

Podemos definir la oración mental como la aplicación razonada de la mente a una verdad sobrenatural para convencernos de ella y movernos a amarla y practicarla con la ayuda de la gracia.

Al principio, debe el alma atesorar conocimientos que afiancen su fe, porque sin ellos no encontrará qué decir, y la conversación degenerará en pura fantasía sin fondo ni fruto o se convertirá en un ejercicio enojoso, que pronto abandonará el alma. “(Beato Dom Columba, Jesucristo vida del alma).

Las materias ordinarias que es conveniente meditar son las que unen al alma con Dios, la mantienen en la fiel observancia de sus mandamientos y la ayudan a santificar su vida. Los principiantes insistirán ante todo en las materias que puedan inspirarles aversión al pecado (novísimos, necesidad de purificarse…etc); las almas adelantadas encontrarán pasto abundantísimo en la vida y pasión de nuestro Señor; y las muy unidas a Dios , en realidad no tienen ni necesitan materia.

Toda meditación bien hecha ha de terminar en un propósito y en una plegaria: un propósito enérgico de llevar a la práctica las consecuencias que se desprenden de aquella verdad o misterio que hemos considerado y amado y una plegaria a Dios pidiéndole su gracia y bendición para poderlo cumplir, ya que nada absolutamente podemos hacer sin Él.

La oración mental es incompatible con el pecado, con la oración mental bien hecha no podrá permanecer el alma en el pecado mucho tiempo, o dejará la oración o dejará el pecado San Alfonso María de Ligorio.

Según el teólogo, el conocimiento de sí mismo, la humildad profunda, el recogimiento y soledad, la mortificación de los sentidos y otras muchas cosas absolutamente necesarias para caminar hacia la perfección, apenas se conciben ni son posibles moralmente sin una vida seria de meditación bien preparada y asimilada.

La oración escribe Dom Columba, refiriéndose a la mental , es uno de los medios más eficaces para realizar acá en la tierra nuestra unión con Dios y nuestra imitación de Jesucristo. El contacto frecuente del alma con Dios en la fe, por la oración y la vida de oración, ayuda poderosamente a la transformación de nuestra alma desde el punto de vista sobrenatural (…) Un alma que no se entrega con fidelidad a la oración puede recitar el oficio divino, asistir a la santa Misa, recibir los sacramentos, oír la palabra de Dios; pero sus progresos serán con frecuencia muy mediocres. ¿Por qué así? Porque el autor principal de nuestra perfección y de nuestra santidad es el mismo Dios, y la oración mantiene el alma en contacto frecuente con Dios; la oración establece y mantiene en el alma como un brasero, en el cual, aunque no siempre en actividad, se esconde siempre el fuego del amor; y cuando esta alma se pone en comunicación directa con la vida divina, por ejemplo en los sacramentos, es como un soplo poderoso que la envuelve, la levanta y la llena con una abundancia maravillosa…El reino de Dios se edifica sobre todo en el silencio; es ante todo, interior, y escondido está en las profundidades del alma… En el fondo del corazón es donde se basa la verdadera intensidad de la vida cristiana, allí donde Dios habita, adorado y servido en la fe, el recogimiento, la humildad, la obediencia , la simplicidad, el trabajo y el amor.

¿Qué mayor obra podemos realizar aquí abajo que promover el reino de Cristo en las almas? (Dom Columba, Sufriendo con Cristo).

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

y tú estabas dentro de mí y yo afuera,y así por fuera te buscaba;

y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

Reteníanme lejos de Ti aquellas cosas que,si no estuviesen en Ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;

exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;

gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;

me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.”.

San Agustín

Preparación de los textos: Grupo Hijos María.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología

Nuestra recomendación para escuchar en nuestro canal de Youtube : Plegaria de María Stang


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