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Marchando Religión

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Covid, una pequeña ventana a la música en latín

PorFirma invitada

Dic 5, 2020
Covid, una pequeña ventana a la música en latín-MarchandoReligion.es

Un organista desde Costa Rica, nos cuenta como a través de una situación crítica como es la pandemia, han podido dar a conocer la música en latín a los fieles, ¿les llama la atención? Lean el artículo, no tiene desperdicio.

COVID, una pequeña ventana a la música en latín. Un artículo de Francisco Montero Navarro.

La actual pandemia por la que atraviesa el mundo, ha demostrado que nuestra sociedad es frágil, que el baluarte de nuestra especie, la civilización, puede ser derribada por un ser microscópico. En cierta forma, nuestra civilización (que se creía invencible) fue derrotada y al igual que un buque, se fue a pique.

No quiero en realidad hablar sobre cuán socavados están los cimientos de nuestra sociedad en estos momentos, ni de cuan profundo ha calado la pandemia en cada uno de nosotros; en efecto, muchos campos de la vida cotidiana se han visto afectados en gran medida por esta enfermedad, y hemos sido testigos (al menos en Costa Rica) de como la pandemia alejó incluso a las personas de los templos; tampoco quiero tocar este tema, ya que, para bien o para mal las autoridades de salud decidieron cerrar los templos en su momento, hoy al menos y atados a un estricto protocolo, los templos puede abrir y recibir a los fieles (300 si el templo está en condiciones de hacerlo) sin embargo, festividades de la iglesia, cualquier tipo de peregrinaje o visitas en masa a algún templo, están prohibidas, vuelvo a repetir, para bien o para mal, estas son decisiones tomadas por las autoridades de la salud teniendo en mente salvaguardar la salud de las personas.

Como organista, he de decir que esta pandemia me ha dejado “de brazos cruzados” y podría escribir sobre como muchos organistas se han visto afectados (económicamente hablando) pero, ya fue suficiente de malas noticias, ya fue suficiente de recordarle a los fieles como el COVID ha cambiado la forma de vivir la fe (con misas transmitidas por televisión, redes sociales y haciendo la comunión espiritual) algo bueno se ha de decir sobre esta tragedia y sin pensarlo, he llegado a la conclusión más inusual de todas, el COVID abrió una pequeña ventana para nosotros los organistas (y espero también para todos aquellos que animan la eucaristía con el canto) hacia un pasado distante y casi olvidado, a una época de latín e himnos sagrados que ya no se escuchaban, una pequeña ventana a los cantos antiguos del repertorio de la música sacra.

Me remontare a los 60´s, durante el concilio vaticano segundo, se promulgo uno de los textos que más interesan a los músicos que desempeñamos nuestra labor al servicio de la iglesia, la constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, en dicho texto podemos encontrar en el capítulo VI todo lo referido a la música sagrada y de cómo debe ser considerada como parte fundamental de la celebración litúrgica y cito “[…] el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne[…]”, además brinda una amplia guía de como los músicos debemos desempeñar nuestra labor en la celebración litúrgica, y fomenta el uso de música, ritmos e instrumentos tradicionales propios de cada región haciendo siempre hincapié en anteponer por su naturaleza (y en mi opinión personal, grandiosidad y sonido celestial) al órgano como acompañamiento en las celebraciones. En su momento, esto abrió la posibilidad de usar cantos adecuados a cada región, lo que no está mal, sirvió para que los diferentes pueblos se sintieran más cerca de la religión y de dios al ver que su cultura se mezclaba con lo sagrado.

Sin embargo, se olvidó mencionar en el texto que no se debían dejar de lado los cantos tradicionales de la iglesia, me refiero a los himnos en latín, y es que, si bien es cierto los cantos de entrada, ofertorio, comunión y envío, pudieron y fueron adaptados a cada región (en nuestro caso, Latinoamérica) los cantos considerados como un rito en sí mismos (Kyrie eleison, Gloria, Sanctus, Agnus dei y demás cantos tradicionales como las secuencias) no debieron ser cambiados o al menos se debió buscar la manera de integrarlos, más no dejarlos de lado al punto de que los fieles ya no sepan distinguir el latín del idioma ingles (pequeña anécdota mía, luego de una misa donde canté el Agnus dei, una señora algo mayor me dijo que no cantara en ingles porque no entendía) esto por supuesto no se dio. No tengo la autoridad ni el criterio para decir si esto es bueno o malo, al fin y al cabo, para mí el escuchar la basílica donde toco llena de fieles cantando al unísono “Gloria” de A. Mejía no tiene precio, más, me queda esa pequeña espina en el pie, como en Europa si se conservaron los cantos en latín y en nuestra querida tierra no.

He aquí donde entra en escena la pandemia del COVID y es lo que trato de dar a conocer con estas mal escritas líneas mías, cuando el ministerio de salud permitió que los templos reabrieran haciendo uso de un estricto protocolo y un aforo limitado, se le dio especial atención al canto de los fieles, se llegó a decir que incluso en las celebraciones no debía haber canto y solo música instrumental o hacer la famosa “misa rezada”, esto por suerte no se llegó a dar y en cambio se permitió el canto en las misas siempre y cuando los fieles no cantaran, según fui testigo en los cantos de entrada, ofertorio y comunión, los fieles no seguían el canto, pero en el gloria o el santo, la historia fue otra; supongo que con el temor de recibir una sanción por parte de las autoridades de salud, se tomó la decisión de suprimir estos importantes cantos y en su lugar hacerlos rezados.

Por suerte a algunos organistas (más importantes o simplemente preocupados por la forma en que se desarrollarían las misas) esta idea “no les hiso nada de gracia” y sin permiso de nadie, comenzaron a sonar las bellas notas del Gloria de la missa VIII de Angelis con tal de que los fieles no siguieran el canto, iniciando así una tendencia que marcó a los organistas, sacar empolvadas y con olor a humedad las partituras de los himnos en latín.

Esa, es la pequeña ventana que abrió el COVID, una ventana que (en mi opinión) nos llevó a una época distante, a una época donde los grandes órganos de tubos cantaban al son de “Domine deus rex caelestis, deus pater omnipotents”, a un momento donde la música sagrada elevaba con fuerza la plegaria de los fieles, una ventana que por un lapso de tiempo finito nos devuelve estos cantos.

Por Francisco Montero Navarro

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