• Sáb. Nov 27th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La muerte del relativismo

PorMario Guzmán

Jun 28, 2021
La muerte del relativismo-MarchandoReligion.es

¿Cómo hacerle frente al absolutismo moral? ¿Qué es el relativismo? Estas preguntas tienen respuesta en el artículo de nuestro querido doctor. Al final del artículo tienen el enlace para conocer el último libro del Doctor Mario Guzmán, les invitamos a a su lectura.

La muerte del relativismo. Por Mario Guzmán Sescosse

En abril 18 del 2005, el entonces Cardenal Ratzinger ofreció su última homilía antes de convertirse, un día después, en el Papa Benedicto XVI. Dicha homilía (ver aquí) se hizo famosa, no solo por ser parte de la misa que daba inicio al conclave, pero también porque acuñó el concepto de “La Dictadura del Relativismo”. Fue un llamado profético de lo que estábamos a punto de contemplar en el mundo Occidental. Él próximo papa, nos advertía: «Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos». Esta advertencia se convirtió de manera súbita y contundente en una clara realidad. Dieciséis años después podemos verlo en la forma en que un gran número de personas entienden temas como la vida, el aborto, la eutanasia, la sexualidad, lo que llaman “género”, el matrimonio, la religión y Dios. La predicción del papa fue correcta, pero ha llegado a su fin pues ahora estamos presenciando la muerte del relativismo.

La sentencia a muerte del relativismo moral llegó junto con una de las muertes humanas más populares y utilizada con fines políticos de la época actual. En mayo 25 del 2020 el señor George Floyd era detenido y asesinado a manos del policía Dereck Chauvin, quien lo sometió el piso y le asfixió presionando la rodilla en el cuello de su víctima. Sin duda un acto de brutalidad policial ante un hombre que tenía un largo historial de violencia y actos criminales. Dicho evento dio pie a una revuelta social en los Estados Unidos, revuelta aplaudida y celebrada por políticos, académicos, los llamados “activistas sociales”, los promotores de la “justicia social” y hasta algunos clérigos y jerarcas de la Iglesia Católica. Todos ellos querían ser parte de la revuelta que por momentos parecía más un evento mediático que un clamor de justicia. Todos ellos querían tener lugar en la fotografía que aparentemente condenaba el asesinato del señor Floyd, pero que en realidad daba a luz una nueva época histórica y cultural a una nueva forma de dictadura, la dictadura del absolutismo moral.

Kerry Floyd en conversación con Nathaniel Binversie explica (ver aquí) que el absolutismo moral, a diferencia del relativismo moral, se presenta como una superioridad moral ante todo aquel que no comparta sus principios. El relativismo moral se basaba en la premisa de “cada uno es libre de hacer lo que quiera, no hay verdades fundamentales, cada uno construye su verdad”, en cambio el absolutismo moral se basa en la premisa “si tú no estás de acuerdo con los LGBT+, con los Black Lives Matter y con el Critical Race Theory, entonces eres un racista, homofóbico, sexista, y retrograda, Nazi y fascista”. En el absolutismo moral, como en todo tipo de absolutismo, nadie está a salvo, todos están en riesgo pues discrepar representa traición, herejía, e infamia que debe de ser condenada, atacada y “cancelada”.

Este absolutismo moral no surgió a manera de generación espontánea con la muerte de Floyd, sino que fue su catalizador. Desde años atrás, la nueva religión de la academia progresista ha venido adoctrinando a los feligreses que creen ser alumnos universitarios, pero que en realidad son sujetos de adoctrinamiento ideológico. Las aulas, convertidas en parroquias del progresismo, han dado homilías acerca de lo malos que son los blancos, los cristianos (sobre todo los católicos) los heterosexuales y sobre todo quienes se apegan a la visión tradicional de matrimonio y familia. Desde el púlpito, lo clérigos de la nueva religión, dicen quiénes son fieles a la doctrina y quiénes son herejes. Quiénes deben ser celebrados y quiénes deben ser cancelados. Poco a poco, dichos clérigos y feligreses han ido dejando las aulas-parroquias para incorporarse a la vida política y desde ahí cumplir con su “misión” con su “su lucha” (como la de Hitler) y con “su revolución” (Como la de Lenin y Stalin).

Así pues, el absolutismo moral es el credo de la nueva religión llamada progresismo. Con la influencia de la academia y el poder del Estado y a través de sus voceros que son los medios de comunicación y las redes sociales que han ido imponiendo una peligrosa forma de entender al ser humano, a la vida en comunidad y sobre todo al alcance de las instituciones y de los gobiernos.

Dicha visión conlleva el uso del Estado, de las instituciones internacionales y de la ley para someter a todo aquel que no esté de acuerdo. En la academia “cancelan” a los profesores “disidentes”, en el Estado amenazan con persecución. Ejemplo de estas dos afirmaciones son, por un lado, los profesores que han sido despedidos injustamente en Estados Unidos por oponerse a la visión dominante actual, y por otro lado, lo que sucede con el Gobierno de Biden bajo el Equality Act que amenaza las libertades religiosas e individuales como lo ha afirmado la Conferencia Episcopal Americana en su carta al Senado Estadounidense (ver aquí) o como la reciente “lista negra” del Foro Parlamentario Europeo para los Derechos Sexuales y Reproductivos (EPF) (ver aquí) donde advierte de una supuesta “comunidad transnacional de extremistas religiosos afines y actores de la extrema derechaque toman decisiones estratégicas de financiación a través de las fronteras internacionales” y que no se apegan a la visión LGBT+ y pro-aborto. Dentro de los grupos nombrados en la lista negra se encuentra el Opus Dei, la Fundación Lejeune y el mismo Vaticano.

En concreto, el progresismo y su credo de absolutismo moral están comprometidos con una persecución intelectual, cultural e incluso legal que veremos crecer en los próximos 5 o 10 años. El absolutismo moral y sus consecuencias a la sociedad hacen que el relativismo moral se vea como cosa de niños, algo que incluso podemos llegar a extrañar, pues al final la premisa de “cada uno haga lo que quiera” permitía que católicos y ateos, judíos y musulmanes, creyentes o no creyentes tuvieran el mismo valor, pero ante el absolutismo moral no es así. Nadie, excepto los que apoyan la causa absolutista, tienen valor, por lo tanto, cualquiera es sujeto de cancelación y represión.

Ante un escenario así, ¿qué se puede hacer? ¿cómo hacerle frente al absolutismo moral?

Lo primero es entender que la creciente popularidad del absolutismo nos habla de una genuina necesidad humana, la de identidad y sentido de comunidad. Tanto BLM como los grupos LGBT+ nos hablan de una necesidad psicológica y espiritual del ser humano, la de sentirse que son parte de algo mayor a ellos. La de saber que su vida tiene sentido y propósito. Muchos de los integrantes de estos grupos están convencidos moralmente de que es su obligación la de “luchar” por esas causas, y es que, ¿quién en su sano juicio apoyaría la injusta discriminación basada en el color de la piel o de la actividad sexual? Lo que no ven, es que ese deseo de acabar con la discriminación está siendo utilizado con fines políticos. Los jóvenes “luchadores de la justicia social” terminan siendo peones políticos, sujetos utilizados que al final experimentaran más desconexión y desesperanza.

Lo segundo es recordar que hacerle frente al absolutismo moral no puede ser bajo otro absolutismo moral. Es decir, no puede haber dos bandos creyendo “nosotros somos los buenos y ellos son los malos” de ser así las cosas terminarán muy mal, como han solido terminar a lo largo de la historia cada que vemos dichas posiciones.

Lo tercero es tener presente que el absolutismo moral es el movimiento pendular que provocó el relativismo moral, la enantiodromía de la que habló Jung. Dicho movimiento pendular que va de un extremo a otro tiene un antídoto, pues ante el relativismo y el absolutismo solo queda el realismo. Un realismo personalista que ve más allá de los intereses ideológicos, políticos e históricos. Un realismo personalista cuyo objetivo es la persona humana, el individuo que se tiene enfrente.

Lo cuarto es comprender que, desde esta visión realista personalista, resulta imperante reconocer que el otro, al igual que uno mismo, es hijo de Dios, un ser creado a la imagen y semejanza de Dios y por lo tanto un ser llamado a encontrar la Verdad, el Camino y la Vida. De ahí que nosotros estamos encomendados a presentar esa Verdad desde el encuentro, desde la premisa de que el otro no es mi enemigo al que debo vencer, sino mi enemigo al que debo amar y justo por amor he de acercarlo a la fe.

Quinto, acercar a la fe a un enemigo se dice fácil, pero es extremadamente difícil en la realidad. La estrategia no es ganar el argumento, no es presentar la defensa apologética, ni tampoco es una conquista intelectual. En realidad, es un querer al otro. Querer que el otro experimente lo que uno mismo ha experimentado. Querer que el otro experimente el mismo amor y la misma alegría que uno ha recibido.

Estas cinco propuestas que acabamos de ver apuntan a que todos, incluso sin saberlo, buscamos lo mismo. Buscamos la experiencia de Dios, la participación de su plan salvífico. De ahí que la solución no sea acabar con el otro, sino amar al otro.

El Cardenal Ratzinger, en su homilía del 2005, nos enseñó cómo hacerle frente a la dictadura del relativismo, dicha enseñanza también es la manera en que hemos de hacerle frente a la dictadura del absolutismo. En realidad, es la manera preeminente que los cristianos tenemos para enfrentar cualquier dictadura. Las siguientes son las palabras de quien sería Benedicto XVI:

“Debemos estar impulsados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios se nos ha dado para que llegue también a los demás. Hemos recibido la fe para transmitirla a los demás; somos sacerdotes para servir a los demás. Y debemos dar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. Pero ¿qué permanece? El dinero, no. Tampoco los edificios; los libros, tampoco. Después de cierto tiempo, más o menos largo, todas estas cosas desaparecen. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. Por tanto, el fruto que permanece es todo lo que hemos sembrado en las almas humanas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Así pues, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a dar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios”.

Por lo tanto, sembrar amor, conocimiento, gestos capaces de tocar el corazón y la palabra que abre el alma a la alegría del Señor es la forma en como hemos de enfrentar la nueva dictadura del absolutismo moral y cualquier otra dictadura que venga en el futuro.

Saludos a todos.

Por Mario Guzmán Sescosse

Si encuentras de interés el contenido que produzco te invito a comprar mi libro www.lucas24.com y mi libro www.latransformaciondeladolescente.com en ellos podrás profundizar más en las ideas que comparto.

Les invitamos a recorrer nuestra web: Marchando Religión


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor

Mario Guzmán

Dr. Mario Guzmán Sescosse es profesor e investigador de tiempo completo en Trinity Christian College en la ciudad de Chicago en EUA. Es doctor en psicología y cuenta con dos maestrías en psicología y psicoterapia, además de la licenciatura en psicología y estudios en filosofía. Es autor del libro "La Transformación del adolescente", de diversas obras científicas y capítulos de libro. Tiene más de 17 años de experiencia como terapeuta. Sus intereses académicos son psicología y religión, psicoterapia, psicopatología y desarrollo humano. Además, está casado y tiene 3 hijos junto con su esposa. https://www.drmarioguzman.com/